Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

El mes de Mistral

Una vez más, otro pedazo de historia de la Campaña de los Dos Imperios. Poco a poco, la historia va llegando al momento actual.


2 de Mistral
Las Garras del Fénix observan la destrucción causada en Derbior.

3 de Mistral
Un único barco parte de los muelles de Derbior en dirección a Zalisdonia. En su interior viajan Jirebrak van Jert (como diplomático enviado para pedir alimentos y rebajas en los derechos de comercio), así como los restos de los Matadragones.

13 de Mistral
Las Garras del Fénix llegan a Antagis, en la Confederación Alana.

14 Mistral
Los duergos de Lompûr se encuentran con el Cryomante, que les entrega la llave elemental. Taffel, que ha conseguido escapar del Nigromante, les conduce a Antagis, donde se reúnen con el resto del grupo.

17 de Mistral
La horda del Hacha Roja, liderada ahora por un gigante poseído por un demonio de fuego, asedia Mekania.

20 de Mistral
Las Garras del Fénix llegan a los vacíos restos de Mekania.

26 de Mistral
Jirebrak y los restos de los Matadragones llegan a la corte de Basa.

32 de Mistral
El grupo conocido como los Cayados de Levante llega a Mïtabon, en las Colinas Verdes.

36 de Mistral
Se produce la Última Batalla de las Fuentes.

39 de Mistral
Los Cayados de Levante regresan a Basa.

40 de Mistral
Las Garras del Fénix pasan por Cruce de Gualtesia. Allí descubren un nexo al Plano de la Sombra, donde se enfrentan a la locura del dragón púrpura.

Medio centenar

Pues eso... que un servidor lleva cincuenta entradas, o chismes, en el blog. Salen a unas cinco por mes (que esto casi llega al año), aunque el 40 % de ellas (es decir, veinte) se escribieron en Septiembre. También es cierto que el 32 % (16 entradas) son extractos de un único trabajo: el análisis de la lengua oretana.

Sin embargo, a partir de ahora este análisis se llevará a cabo únicamente en la wiki, dejando para el blog lo relacionado con el desarrollo posterior de esta lengua, así como el resto de temas habituales. Un poquito de atención debería llevarse la descripción de las naciones y de Canalburgo, puesto que únicamente se hicieron entradas introductorias.

El mes de Poniente

Una vez más, continuamos con la campaña de los Dos Imperios:

4 de Poniente
Las Garras del Fénix pasan por Derbior.

5 de Poniente
Los duergos llegan a Bosquemado.

8 de Poniente
Los duergos pasan por Etanva.

12 de Poniente
Las Garras del Fénix pasan por Ëbinon, donde obtienen pruebas de una invasión trasna.

13 de Poniente
Los duergos llegan a Pandemonium, donde se encuentra el portal al Plano de Tierra. Taffel es hecho prisionero para el Nigromante.

14 de Poniente
Las Garras del Fénix pasan por Eron.

15 de Poniente
Llegada al Torreón de la Ceniza. Maximilian, sirviente de Vilem, muere en una emboscada.

21 de Poniente
Comienza Carencia.

23 de Poniente
Las Garras del Fénix destruyen el Puente de Cráneos, para retrasar el avance de los trasnos.

27 de Poniente
Las Garras del Fénix pasan por las ruinas de Mÿrvia. Se les une Vaire Isilenya.

30 de Poniente
Las Garras del Fénix se enfrentan al liche de León Pétreo.

31 de Poniente
La horda del Hacha Roja llega a las puertas de Derbior y la asedia.

34 de Poniente
De madrugada, comienza la Batalla de Derbior. Las Garras del Fénix eliminan a Asrin Tiakri el Escamado, líder del Hacha Roja, en un templo de los Montes Traviesos.

37 de Poniente
Las Garras del Fénix pasan por el Lago de Fuego.

39 de Poniente
Los duergos llegan a la Torre de Bronce, en el Plano de Tierra, donde obtienen información sobre la llave elemental.

La búsqueda de un albo con respuestas

Convencido, entonces, de que los ilderios formaban, en tiempos, una colonia del Reino de Arista (la más reciente, tras el este zalí, el sur senita y el norte arekés), procedo a investigar el asunto.
Pero, si la existencia de documentos escritos es nula (como ya vimos hace unos días), la única opción que nos queda son los documentos orales. En nuestro querido Lüreon tenemos la ventaja de convivir con especies muy longevas: duergos, albos y dragones. Teniendo en cuenta mi imposibilidad de abandonar mi querida Antagis, empecé a interesarme por los círculos sociales de las dos primeras razas.
Conseguí vencer con mayor facilidad la resistencia de los mercaderes duergos, consiguiéndoles algunos provechosos negocios con el gobierno local. Sin embargo, su memoria adquirida de las generaciones precedentes no alcanzaba tan lejos en el tiempo como para preocuparse por el nacimiento de un (no tan) pequeño reino humano.
Con los albos lo tuve un poco más difícil, y me costó mucho encontrar a la persona idónea. Me arrastré por los bajos fondos, y pasé también por las altas esferas, y, finalmente, casi vencido, me senté a la barra de mi taberna favorita. Allí, junto a mí, un albo me miraba fijamente, sonriendo como de una broma propia. Le invité a sentarse a una mesa, y, prácticamente sin preguntarle, comenzó a contarme.
Dijo llamarse Beldar, y pertenecer a un clan albo de los bosques de Arek, que había debido abandonar aquella triste nación tras el ataque de la Horda del Hacha Roja. Resultó que teníamos como común conocido al Fénix Azul, el nuevo Archimago de las Escuelas Mágicas.
Lo que me contó a continuación confirmó mis sospechas, y me deparó un par de nuevas sorpresas.

Huidiza inspiración

Finalmente, estos breves días de lluvia han acabado por marcharse. El sol evapora los restos de agua de esta amalgama de asfalto y ladrillos que llamamos ciudad. Con suerte, un tanto más limpia; ojalá fuera tan fácil eliminar la necedad y la hipocresía.
Sin embargo, al mirar por la ventana se echa de menos el incesante goteo, y las finas líneas que deja el agua en su caótico recorrido. La taza de humeante café nada significa ya para mí. El teclado yace inerte en la mesa, ensangrentado pero nunca vencido. La pantalla parpadea con información que nada tiene que ver con lo que ayer vislumbraba mi siempre fértil imaginación.
El momento de máxima inspiración ha pasado... La idea sigue ahí, dentro de mi cabeza, así como las ganas, pero sacarla a la luz es tan costoso en tiempo, que debo postergar una vez más esta loca dedicación mía para un momento más adecuado.
Brillará el sol en lo alto, pasarán largos días sin nubes en el cielo, y, si los hados y las musas lo permiten, seguiré escribiendo.