Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Difícil retorno

Terminadas las vacaciones, había pensado retomar con fuerza el blog, y de hecho ya tengo varias entradas pensadas.

Sin embargo, estoy pasando las paperas. Así, con 32 tacazos. Ahora mismo la fiebre y el malestar son los que dominan mis horarios, y estar delante del ordenador es algo muy secundario para ellos.

Así que tendré que seguir tomándome las cosas con calma.


PS: ¿Creen que nos pudimos olvidar a los gatos cuando nos marchamos de vacaciones?