Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, IV-4: Hierbas aromáticas y guiso de conejo


En este episodio Sam, Frodo y Gollum viajan hacia Ithilien, las boscosas tierras al este de Gondor.

En el libro:

Después de descansar a la sombra de las oscuras montañas, los tres personajes inician su marcha hacia el sur. Gollum les apremia, y para cuando llega el alba se encuentran en «una región ya menos yerma y estragada». El aire parece más fresco, y la vegetación comienza a tener mayor presencia. Duermen durante el día, tendidos en un brezal, y al caer la noche descienden al camino (del que se han mantenido apartados por miedo a ser descubiertos) y avanzan rápidamente. Al llegar el día, alcanzan una garganta de paredes profundas, y contemplan el paisaje. «Ithilien, el jardín de Gondor, ahora desolado, conservaba aún la belleza de una dríade desmelenada».

Descienden la ladera, y siguen el curso de un arroyo hasta una pequeña laguna junto a la que se cobijan. Al ver que Gollum se marcha de caza, Sam le pide que encuentre también algo para ellos. Poco después, Gollum le trae dos conejos pequeños, y Sam se dispone a guisarlos (luego de pedir a Gollum que llene las cazuelas de agua). Aunque Gollum discute brevemente con él porque piensa que va a «arruinar la preciosa carne», y se niega a buscar las hierbas que le pide (incluyendo la famosa pregunta «¿Qué son las patatas, mi tesoro?»), Sam termina de cocinar y junto a Frodo dan cuenta del guiso.

Cuando va a lavar las cazuelas, Sam comprueba que la hoguera está humeando, y le parece escuchar «como si alguien imitara el sonido de un pájaro». Al poco, oyen voces, y cuatro hombres, vestidos de verde y castaño, entran en el claro. Aunque ambos grupos preparan las armas, el encuentro es bastante amistoso: se trata de Faramir, capitán de Gondor, y algunos de sus hombres. Frodo se presenta, y oportunamente comenta que iniciaron el viaje con una compañía más numerosa, y pronuncia el nombre de Boromir. Al oírlo, Faramir le pregunta sobre el acertijo que aquél llevó a Rivendel («Busca la espada quebrada / que está en Imladris / ...»), y Frodo le dice que ellos son los medianos de los que habla el poema. Faramir desea hablar más sobre ello, pero tiene una misión que cumplir, así que debe marcharse, y deja a dos de sus hombres con ellos: «Un hombre sabio no se fía de un encuentro casual en estas tierras».

Los dos hombres que quedan de custodios son Mablung y Damrod, montaraces de Ithilien, y del linaje de los dúnedain del sur. Aclaran que la misión por la que se han alejado tanto del río Anduin es la de montar una emboscada contra un regimiento de hombres de Harad, que avanzan para unirse a las fuerzas de Mordor. El estrépito del combate resuena justo sobre el refugio de los hobbits, y Sam se asoma para ver la huida de los haradrim. Uno de ellos cae muy cerca: «Era la primera vez que Sam veía una batalla de hombres contra hombres y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón, o qué amenazas lo habían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido en verdad quedarse alí en paz...». El hilo de sus pensamientos es cortado por el sonido de «un mugido o una trompeta estridente», y puede ver a un mûmak huyendo hacia el sur.


En la peli:

Tres son las escenas que supuestamente adaptan este capítulo, poniendo el final al primer DVD de la versión extendida.

La primera, Los bosques de Ithilien, deja ver de fondo ese lugar, con la vegetación y ruinas dispersas que se describen en el libro. Pero lo que ocurre no tiene nada que ver. Es una discusión entre Frodo y Sam a propósito de Gollum y el Anillo, donde Frodo deja ver la gran empatía que siente por la criatura (tiene miedo de convertirse él mismo en algo parecido), y que comienza por un insulto de Sam hacia Gollum, y Frodo preguntándole por qué lo trata mal. Pues sí, yo también me lo pregunto. En el libro, Sam no se fía de él, y aunque lo considera rastrero y mentiroso (perdón: lo es), no destila ese odio que podemos ver en sus miradas de la película. Y Frodo coincide en no fiarse, aunque en su trato con Gollum usa más la mano izquierda.

La siguiente escena, Gollum y Sméagol, contiene una aclaración de algo que en el libro ya se ha visto con los ojos de Sam: esa suerte de doble personalidad de la criatura. Sin embargo, aquí vence el duelo una personalidad que puede considerarse servicial y sincera en sus atenciones, y parece como si se hubiera quitado de encima el peso por haber llevado el Anillo. Esto no sucede en el libro, donde ambas personalidades coinciden en querer el Anillo, sólo que una es más directa y agresiva, mientras que la otra es más paciente, y si guía a los dos hobbits es sólo esperando un momento más propicio.

La tercera escena, que lleva el mismo título que el capítulo y que fue ampliada en la versión extendida, es más cercana a su contenido. El momento del guiso está prácticamente igual (aunque llevar los conejos es una iniciativa de Gollum, que a Sam le sienta mal). La emboscada de los montaraces está bien llevada, aunque el personaje de Faramir le roba a Sam los pensamientos sobre la bondad de los hombres del sur y los engaños que los llevan a la guerra. No está mal presentar a Faramir con ese sentimiento antibélico, pero no me gusta que a Sam sigan tratándolo como un secundario patoso y ya, habida cuenta de lo que está por venir. Por lo que respecta a los olifantes, son geniales. Cuando vi la película me parecieron demasiado grandes (de hecho parecen cambiar de tamaño si se los compara con la escena de El retorno del rey en la que Éomer pasa cabalgando por debajo de la panza), pero el propio Tolkien quiebra la cuarta pared en su descripción para indicar que sus descendientes actuales en la Tierra Media no son ni la sombra de los mûmakil.

Sin embargo, y a pesar de los espléndidos olifantes (en el libro sólo hay uno, pero qué más da), un capítulo muy justito.


En el próximo capítulo miraremos por Una ventana al oeste.

Diario Salvaje 14 y 15: el pueblo de los deslenguados


Las últimas dos partidas han sido muy breves, pero el escaso número de jugadores nos ha permitido avanzar un poco en la trama, merced a un par de escenas de exploración.

En la partida anterior, los Cayados de Levante habían retornado a Këlmaran justo a tiempo para una nueva sesión del Consejo. Acabada la misma, el grupo decidió acudir a la aldea de Lumenkanto. Sesiones atrás habían topado por el desierto con un tal Barkas, o Balkas, que se hacía llamar el Caballero Amarillo. Efectivamente, el extraño hombrecillo iba montado sobre un caballo, conseguido, según contó muy amablemente, en las llanuras al este de Këlmaran. Sin embargo, decía, antes de tomar uno había que pedir permiso a los habitantes de Lumenkanto, dueños de las yeguadas. Y aunque durante su última aventura los Cayados habían encontrado pruebas que delataban al Caballero Amarillo como alguien indigno (trataba con los asesinos Vorkstag y Grin), la curiosidad y los posibles beneficios de contar con monturas y bestias de tiro, les llevó a embarcarse en un largo viaje hacia la zona.

En su camino, se dieron casi de bruces con una caravana de carretas pintadas de vivos colores: un grupo de zíngaros a los que les habían llegado noticias del resurgir de Këlmaran, pero que se habían despertado esa mañana para encontrarse con que una niña del grupo había desaparecido. Así que los voluntariosos héroes se lanzaron en su búsqueda. El rastro los llevó hasta una mina abandonada (por una fuga de agua), donde se había refugiado la pequeña. Y es que la perseguía un terrible monstruo: un escorpión gigante (el mismo que había hecho huir a los PJ algunas sesiones antes) se había situado ante la entrada esperando un bocado fácil. El grupo, que ya iba sobre aviso, le golpeó duro, no sin antes «ablandarlo» un poco con algo de magia e, incluso, aceite ardiendo. He visto un escorpión en llamas más allá de Këlmaran.

Después de llevar a la niña junto con el grupo de zíngaros (y terminar una sesión de juego), los Cayados pasaron los siguientes dos días explorando las colinas que separaban su floreciente villa de la región donde se sitúa Lumenkanto. Media docena de trasnos intentaron arrebatarles su oro y sus armas, pero recibieron un duro castigo.

Por fin, los héroes llegaron a Lumenkanto, sólo para encontrar una aldea deshabitada. Aquí jugué un poco con el panorama típico de los pueblos del western: cuatro casas separadas por una amplia zona de paso, y un cartel anunciador: Bienvenidos a LUMENKANTO, el pueblo de la luz con encanto. Población: 23 21. Los PJ se dirigieron al edificio más grande, un templo, y allí encontraron lo único que merecía la pena ser encontrado: bajo una losa rota, se escondía en un hueco en el suelo una pequeña vasija demoníaca. En esta ocasión, para horror de los jugadores, se encontraba destapada, y llena de monedas de plata. Pero no tuvieron mucho tiempo para preguntarse qué significaba aquello, al ser asaltados por cuatro extraños zombis: su lengua y mandíbula inferior había sido sustituida (desde dentro) por una enorme larva parasitaria. Los zombis, de todas formas, no eran rival para los Cayados, salvo cuando por la puerta del templo comenzaron a entrar los otros 17 (para completar la población de Lumenkanto), en una escena digna de The walking dead. Encontrar una forma de subir al parapeto donde estaban las ventanas, saltar al exterior, cerrar la puerta del templo y prenderle fuego al edificio fue todo uno. Protocolo NBQ, lo llaman. Un pequeño combate con un ciempiés gigante (mucho menos peligroso que el escorpión) terminaba la sesión.

Estos encuentros semialeatorios también proceden de las aventuras de Pathfinder que estoy adaptando en esta subcampaña. El encuentro con la troupe de circo tiene lugar al inicio de Trial of the Beast (segunda parte de Carrion Crown), aunque no tiene ninguna relación con aquella trama. Cambié a los personajes que hablan con los PJ (me inventé a la duerga imberbe, algo que les hizo mucha gracia a los jugadores) y por supuesto la ubicación donde el grupo rescata a la niña, uniéndolo con algo de sesiones anteriores. Por su parte, los zombis larvarios aparecen en Children of the Void (segunda parte de Second Darkness), aunque allí son resultado de unas criaturas del espacio que llegan a Golarion en el meteorito que da lugar a toda esa aventura. En este caso, como los jugadores ya intuyeron, se trata de una infección producida por el ente demoníaco encerrado en la vasija (aunque tambiés se preguntaron si podría ser por el ciempiés, pues habían encontrado antes algunos ejemplares de la «versión pequeña»). El detalle del dinero dentro de la vasija es algo que entenderán un poco más adelante, cuando Idriel termine de descifrar los papeles encontrados en el despacho de Armäk, el hechicero ogro con el que se enfrentaron en una sesión anterior.

eSdlA, peli vs libro, IV-3: La Puerta Negra está cerrada


En este tercer capítulo del libro IV Sam y Frodo continúan su viaje hacia Mordor, guiados por Gollum. Es una escena breve, con poco peso en la narración.

En el libro:

Después de describir someramente la distribución de las montañas que rodean Mordor, el texto se centra en el desfiladero donde se encuentra una gran puerta de hierro, el Morannon ("Puerta Negra"), protegida por dos grandes torres de vigilancia, llamadas los Dientes de Mordor, y muchos orcos habitando en las cavernas de las laderas.

Sam y Frodo observan desde un borde rocoso, no muy lejos de una de las torres. Comprueban que será imposible entrar en Mordor, y Gollum, aunque primero intenta que Frodo abandone su viaje (y de paso le entregue el Tesoro para esconderlo), acaba confesando que existe otro camino, «más oscuro, más difícil de encontrar, más secreto». Poco después da algunos datos por los que Frodo averigua que se trata del camino que pasa junto a la que fuera llamada Minas Ithil, en ese momento en manos de los orcos. Pero Gollum afirma que existe una escalera y un túnel, que dan a un paso más elevado que el camino de la torre.

Frodo sigue sin decidirse, y echa de menos el consejo de Gandalf. Interrumpe sus cavilaciones la llegada de más tropas a Mordor, procedentes en esta ocasión del sur. Sam se ve defraudado por la ausencia de olifantes entre sus tropas, pero al menos el suceso ha servido para que Frodo se decida: acompañarán a Gollum hacia el sur.


En la peli:

La adaptación de este capítulo se realiza en una escena que lleva el mismo título. Las frases de los tres personajes son calcadas a algunas de las que aparecen en el libro, aunque aquí se ha convertido la decisión de Frodo en una especie de elección que pone a Gollum por delante de Sam. Algo absurdo.

Además, no hay caída que ponga en peligro a los dos hobbits, ya que la llegada de las tropas (cuya descripción es más parecida al aspecto de los haradrim en la película) sólo es vista desde lo alto. Pero supongo que sin eso la escena gana algo de fuerza en la pantalla.

El aspecto visual es impresionante, y aunque lo construido por Sauron consistía en un parapeto de piedra cuyo único acceso era una puerta de hierro, el aspecto de la Puerta Negra resulta apabullante. Un acierto, salvo por los trols que manejan el mecanismo. Entiendo que son olog-hai (la raza de trols creada por Sauron mediante reproducción selectiva), ya que no se convierten en piedra de día. Y las fuerzas de Mordor no malgastarían unas fuerzas de élite en realizar esa tarea (ni creo que lo aceptaran). Además son demasiado grandes, y su fuerza está desproporcionada (no quiero ni ponerme a calcular el peso de esa puerta).

Pero por muchas pegas que le ponga, la escena está bien trasladada.


El próxima día podremos oler Hierbas aromáticas y guiso de conejo.

Un vistazo a Greyhawk: La Hermandad Escarlata


El relanzamiento del mundo de campaña de Falcongrís tras la compra de TSR por Wizards of the Coast trajo consigo un puñado de aventuras (pueden verlo aquí y aquí), una actualización de la ciudad principal de la ambientación y una Guía del jugador para personalizar los PJ. En esa lista se echa de menos otro tipo de guías más generales tratando regiones de Terra, aunque eso probablemente se debió a la tendencia de esta ambientación por dejar bastante margen a los jugadores para desarrollar sus propias campañas y a la existencia de información previa, como la presentada en Greyhawk Wars y From the ashes.

Lo más parecido a una guía regional que encontramos es La Hermandad Escarlata, la cual describe, además de la organización que le da título, la región meridional del continente principal de Terra: la Península de Tilvanot, Terrahepmona y la Región Amedia. El autor principal es Sean Reynolds, quien ya escribiera las dos primeras aventuras de Las Tumbas Perdidas, aunque en los créditos figuran nombres que también aparecen en otros productos de la línea, como Lisa Stevens o Roger Moore. Las ilustraciones interiores (un buen puñado de monstruos y personajes) y la cartografía (los mapas de tres ciudades, a media página cada uno) corren a cuenta de Sam Wood, como en los otros manuales. La portada, de carácter más pictórico, es obra de Doug Beekman, más conocido por sus trabajos dentro del género de espada y brujería.

El manual, que cuenta con 96 páginas con la consabida doble columna, es acompañado por tres mapas: el de Terrahepmona y el de Amedia a tamaño folio, y el de la Península de Tilvanot al doble. Son bastante sencillos, pues sólo deben indicar algunos accidentes geográficos y un puñado de poblaciones, y luego señalar la extensión verde de la selva.

El propio libro se estructura en las tres partes que hemos señalado más arriba, con la adición de un pequeño apéndice variado.

La Hermandad Escarlata ocupa casi exactamente un tercio del total. A unos breves apuntes sobre la filosofía de la organización (en realidad, una justificación de su alineamiento), le sigue una larga sección sobre su historia. Luego se detallan las diferentes clases sociales en los territorios dominados por la Hermandad, y se continúa con la descripción de los diferentes momentos de la vida de sus habitantes. A ésta le sigue otra larga sección sobre los dioses y sus sacerdotes. A continuación aparecen datos más interesantes: a pesar de que la Hermandad es bastante monolítica, se describen algunas facciones internas con objetivos divergentes, y luego los Ministerios, donde se presentan los PNJ que controlan la nación, con detalles adicionales sobre los objetivos del grupo. También se describen los planes de la Hermandad en los diferentes territorios de Oerik. Luego aparece un glosario geográfico: poblaciones, accidentes geográficos e instituciones militares. No se da mucha información de cada uno, pero algunos pueden proporcionar alguna idea de aventura. Una lista adicional de PNJ completa la sección.

La segunda parte, Terrahepmona, es un pelín más corta, principalmente al no tener que detallar una organización. Sin embargo, es necesario un poco más de texto para describir las razas y los idiomas presentes en el lugar (de hecho, se describen por primera vez los touvanos), así como las nuevas deidades. El glosario geográfico también se alarga, describiendo por encima una veintena de ciudades-estado. Tras los accidentes geográficos, unas tablas de clima y una lista de PNJ, se dan media docena de ideas para aventuras.

La tercera parte, La jungla Amedia, es aún más breve. Después de realizar una introducción histórica de la región, se pasa por los mismos puntos que en la sección anterior, pero de forma más rápida. Sólo aparecen cinco estados, y el número de PNJ e ideas de aventuras también es menor.

Por último, un largo apéndice (más de veinte páginas) describe en términos de AD&D las clases de personaje del asesino y el monje de la Hermandad Escarlata, y realiza un repaso a los dioses suelios adorados por la Hermandad. Se añaden unos pocos objetos mágicos, un par de conjuros, y media docena de monstruos, todos aparecidos en el texto. Y por último, un breve vocabulario de palabras suelias cierra el módulo.

La impresión que deja esta guía podría definirse como buena, pero insatisfactoria. Puede hallarse una buena cantidad de información, pero de un montón de asuntos y lugares. Es un libro que puede dar para muchas partidas, e incluso una campaña entera (con dos variantes: una con los PJ como miembros de la Hermandad, y otra como agentes extranjeros) que abarcaría distancias enormes. Sin embargo, cualquier detalle que quiera utilizarse deberá ir seguido de mucho trabajo por parte del Narrador (salvo que ese trabajo sea elegir una aventura de otro sitio y señalar un lugar dónde ubicarla). Hay buenas ideas en las descripciones de ciudades o PNJ, pero no hay nada que pueda jugarse tal y como viene. De cualquier forma, y aunque no llega a la altura de Empieza la aventura, viendo el resultado final lamento que no revisaran información anterior para crear más guías de este estilo.

eSdlA, peli vs libro, IV-2: A través de las ciénagas


Segundo capítulo del segundo libro del segundo tomo. Frodo y Sam continúan su viaje hacia Mordor, guiados por Gollum.

En el libro:

La criatura, que se ha vuelto más amistosa desde que realizó su promesa, les conduce hasta un sendero que baja por la garganta hasta llegar a las ciénagas. Sam sigue sin fiarse de él, y se pregunta qué comerá. De hecho, cuando llega la mañana y Gollum decide refugiarse de la «Cara Amarilla» junto a la base de la garganta, descubren que no puede comer lembas: ya las hojas en que están envueltas le producen desagrado, y tose y se ahoga cuando las prueba. «Polvo y cenizas, eso él no lo puede comer. Se morirá de hambre. Pero a Sméagol no le importa. ¡Hobbits buenos! Sméagol prometió».

Después de descansar durante las horas de luz, y aprovechando que Gollum ha ido en busca de alimento, Sam se pregunta si tendrán suficientes lembas para todo el camino. Frodo, sin embargo, no desea preocuparse por lo que todavía está por llegar: «Terminar con este trabajo, como tú dices... ¿qué esperanzas tenemos de terminarlo alguna vez? Y si lo hacemos, ¿sabemos acaso qué habremos conseguido? Si el Único cae en el Fuego, y nosotros nos encontramos en las cercanías, yo te pregunto a ti, Sam, ¿crees que en ese caso necesitaremos pan alguna vez? Yo diría que no. Cuidar nuestras piernas hasta que nos lleven al Monte del Destino, más no podemos hacer. Y empiezo a temer que sea más de lo que está a mi alcance».

Al amanecer del día siguiente alcanzan las ciénagas, «una red interminable de charcas, lodazales blandos y riachos sinuosos y menguantes». Cuando el sol comienza a calentar, a través de las neblinas del lugar, Gollum vuelve a suspender el viaje, que retoman al caer la noche. Durante su marcha, comienzan a ver fuegos fatuos, y «caras muertas en el agua»: «caras horrendas y malignas, y caras nobles y tristes. Una multitud de rostros altivos y hermosos, con algas en los cabellos de plata. Pero todos inmundos, todos putrefactos, todos muertos». Han alcanzado el corazón de la Ciénaga de los Muertos.

Mientras siguen su camino, un repentino vendaval arrastra la niebla, y recortada sobre la luna aparece «una figura alada, inmensa y aciaga». Les sobrevuela con un grito, aunque acaba desapareciendo: «en las alas de la ira de Sauron voló rumbo al oeste». Gollum, gimoteando por el terror y la presencia de la luna, dice que son Espectros con alas.

Finalmente, las tierras pantanosas dan paso a grandes turberas y zonas de barro seco, y en la mañana del quinto día desde que iniciaron viaje con Gollum, alcanzan la desolación a los pies de las montañas que rodean Mordor. Pasan el día en una hondonada, y cuando Sam despierta es testigo de una discusión entre las dos personalidades que pugnan dentro de Gollum-Sméagol. Poco después, se ponen una vez más en camino.


En la peli:

Este capítulo está adaptado en una sóla escena que lleva un título casi idéntico: A través de la ciénaga. Aparece allí todo lo que puede leerse en el episodio: el sendero que desciende por la grieta, los rostros muertos en los pantanos y el vuelo del Nazgûl, en una sucesión tan parecida que lo hace uno de los episodios mejor adaptados de Las Dos Torres.

Sin embargo, algunos detalles empañan esa sensación, como sucedía con el capítulo anterior. Los hobbits, que viajan de día no sé por qué motivo, en lugar de estar rodeados por fuegos fatuos caminan entre antorchas de jardín a ras de suelo. ¿Se supone que esas llamas representan gases ardiendo o algo así? Y hablando de efectos pobres: la visión del espectro que Frodo tiene bajo las aguas se me antoja un efecto bastante anticuado. Cuando la veo, me recuerda a la versión de Bakshi y su uso del rotoscopio. Además, en la narración es Sam quien tropieza con una rama y al caer ve esas caras.

Por otro lado, para forzar la empatía entre Frodo y Gollum, aparece ya ese diálogo en el que la criatura sabe cómo se siente Frodo, ya que él lo ha vivido anteriormente. Lo más parecido a esto que aparece en la narración es el sentimiento de Frodo sobre el peso del Anillo, que aumenta cada vez más, y la extraña fuerza que parece frenar su avance, y que él llama el Ojo (aunque no es un ojo real que lo esté buscando, es únicamente una sensación).

Aún así, esos detalles son impresiones subjetivas, y el capítulo está plasmado casi sin cambios.


El próximo día descubriremos que La Puerta Negra está cerrada.

Reseña: Las puertas de Thorbardin y Espada de reyes


Aunque no están escritas por el mismo autor, los personajes no son los mismos (como sí sucedía con el doblete sobre Galen), ni una es continuación de la otra (como las obras sobre Huma y Kaz), las novelas segunda y cuarta de la serie Dragonlance heroes (que en español componen dos trilogías), pueden leerse como pareja de hecho.

Ambas tienen mucha relación con el reino de los enanos, aunque buena parte de lo narrado no sucede allí mismo, y ambas están situadas en el tiempo de la Guerra de la Lanza. En ambas un agente del Mal desea tomar Thorbardin, y en ambas hay un objeto importante para el futuro cercano de dicho reino. En ambas aparecen enanos entre los personajes principales, claro, pero también hay un mago y hay un kender. Aún así, una y otra no tienen relación directa, y por eso pueden leerse en cualquier orden.

Siguiendo la cronología de Krynn, Las puertas de Thorbardin es anterior. Escrita por Dan Parkinson, quien fuera el autor de la trilogía sobre Las naciones enanas, a esta novela le falta algo de fuelle. O tal vez de condimento. La línea principal sigue a un pequeño grupo de personajes (enano, kender, mago) en una búsqueda iniciada por una visión onírica. Sin embargo, el peligro principal es que un grupo de mercenarios los sigue para averiguar cómo podrían penetrar en Thorbardin los ejércitos del Mal, que están a punto de invadir Krynn. Pero ambas tramas no están bien hilvanadas, y los conflictos entre los personajes no están bien resueltos. Los mismos defectos que hallaba en Las naciones enanas, aunque al menos, en esta ocasión los personajes están un poco más redondeados, e incluso evolucionan un tanto a lo largo del libro.

Por su parte, Espada de reyes es obra de Nancy Varian Berberick. Las más de cuatrocientas páginas y su estilo ampuloso son un poco exagerados para lo que cuenta: forja de una espada, robo de la espada, viaje con la espada hasta Thorbardin. Y ya. Sí, uno de los thanes enanos es un malvado y trabaja para Takhisis. Y sí, aparecen algunos de los famosos Héroes de la Lanza a modo de estrellas invitadas, que son, de hecho, parte de los refugiados cuya presencia pone en movimiento la resolución del conflicto. Pero no deja de tener un argumento flojo con cero interés y menos evolución psicológica de personajes.

Léanse otra cosa. O vean alguna serie. Al menos no perderán el tiempo.

Diario Salvaje 12 y 13: el juicio de la Bestia


Dos sesiones breves fueron necesarias para finalizar lo que quedaba de Trial of the Beast, la segunda aventura de Carrion Crown que había adaptado para las Tierras Salvajes de Lüreon.

Los Cayados de Levante habían investigado el lugar donde se produjo el último crimen perpetrado por la llamada Bestia de Lebreles (donde descubrieron que, quien quiera que controlara a la criatura, buscaba una de las vasijas de contención demoníaca -y, casi más importante, sabía dónde podía hallarla-) y también las ruinas calcinadas del sanatorio, donde parecía claro que se habían llevado a cabo oscuros experimentos.

A continuación acudieron a la granja de los Mora, donde su último habitante les relató la terrible noche en que lograron alzarse contra la Bestia, y perseguirla hasta que fue atacada por una araña lancera, que la arrastró a su cubil para devorarla (o eso creyeron). El anciano los condujo al punto exacto desde el que la Bestia espiaba a sus futuras víctimas antes de raptarlas, y los Cayados hicieron un provechoso descubrimiento: un cofre, enterrado en la arena, contenía una bata de médico o de enfermero, un bisturí, y un frasco con una sustancia que, supusieron, serviría para drogar a las víctimas.

Convencidos de que los encargados o dueños de «Químicas Vorstag y Grin» estuvieron implicados en el incendio del sanatorio y usaron a la Bestia como chivo expiatorio, y sin posibilidad de saber nada de dicha empresa, los aventureros visitaron las casas cercanas a la antigua cantera, donde la Bestia supuestamente había matado a media docena de niños. Allí tuvieron la suerte (o la desgracia, según se mire), de ser atacados por el Hermano Enjambre, un alma condenada a vagar eternamente por los crímenes cometidos. Después de eliminarlo definitivamente, se sorprendieron al ver los restos de la criatura: una bata de médico o enfermero, muy parecida a la que habían encontrado poco antes.

A la caída del atardecer, los Cayados acudieron junto a la juez Darama para contarle sus descubrimientos, y ésta decidió adelantar el juicio, para así evitar en lo posible la presencia de los habitantes del pueblo. Pero los leporidesanos ya se olían algo, y cuando la Bestia fue declarada no culpable intentaron entrar en el Salón del Consejo y ejecutarla igualmente. La Bestia eligió ese momento para pedir a los Cayados que la condujeran junto a su Padre Creador, y con la ayuda de la jueza el grupo escapó por la puerta trasera, en dirección a las cercanas cumbres.

Allí tenía su pequeña torre Áureo Vrod, un antiguo mekranista (expulsado de la orden porque sus experimentos se alejaban demasiado de lo natural -y eso, en boca de los mekranistas, es mucho decir-). A las puertas de la misma se enfrentaron con un desalmado Grin (literalmente, le habían arrancado el alma), que no fue un gran escollo para los miembros del grupo. Mucho más serio fue cruzar un pequeño barranco que daba verdadero acceso al lugar, porque los dados decidieron en ese momento jugar una mala pasada a un jugador, y su personaje decidió zambullirse en picado sobre un seco uadi. Para mejorar las cosas, una tormenta eléctrica aumentaba su fuerza sobre las cabezas de los héroes, y de la Bestia no había ni rastro.

Así terminaba la primera sesión. El tiempo de investigar había acabado, y era hora de poner en juego la fuerza de las armas.

Después de parchear a su compañero con los poderes inspirados por Kärantel, la divinidad de la naturaleza salvaje, el grupo penetró en el hogar de los Vrod. Durante su exploración inicial hallaron un armario repleto de pieles y rostros arrancados, aún sanguinolentos, y en una sala llena de vasijas de productos químicos, a aquél que usaba dichas pieles, Vorstag el Carnicero.

Fue un combate demasiado sencillo, incluso con los gases de los productos, pues Vorstag al parecer había menospreciado la fuerza del grupo (y su suerte).

Eliminados definitivamente los dos criminales, los Cayados ascendieron por la torre, topando con una extraña sala de máquinas, cuyo centro estaba ocupado por una suerte de sarcófago o caja metálica, conectado por unos cables al pináculo de la torre. En lo alto, saltando y trepando por gruesas telarañas tendidas entre los cables, se movía un experimento más salvaje, el Aberrante Prometeo.

Por Áureo, que estaba encerrado en la caja metálica, los aventureros supieron que sólo la Bestia podría vencer a esta criatura, pero le faltaría valor, así que era necesario controlarla. Así que mientras un par de ellos ascendían para conectar el aparato, otros trataban de molestar y mantener entretenida a la aberración, y mientras la maga arreglaba los cables rotos (cortados por ellos mismos un momento antes), el duergo se introducía en el sarcófago para controlar los movimientos de la Bestia. Lo que no sabía es que las descargas eléctricas necesarias para conectarlo iban a acabar matándolo, y que sus compañeros apagarían la máquina demasiado tarde.

La Bestia, que hasta ese momento había servido de poco contra el Prometeo, al ser liberada del lazo empático se encontró con que era atacada por su "hermano", e hizo lo único que podía hacer: defenderse. El Aberrante Prometeo se precipitó torre abajo hacia la muerte.

Todo esto había sucedido en segundos, y el grupo se preguntó qué podría hacer para ayudar a su compañero. A alguien se le ocurrió que encender la máquina de nuevo podría hacer latir de nuevo su corazón y, afortunadamente para el jugador, los dados estuvieron de su parte.

Después de un merecido descanso y de una jornada de estudio o trabajo público en Këlmaran, los Cayados de Levante asistieron a la quinta reunión del Consejo. Decidieron construir una cantera en el lugar elegido por el PNJ Gili Martillodorado (quien pagará la mitad de su construcción) y una costosa granja en el territorio entre la villa y la ermita de Kärantel, por donde pasa el canal construido algunas ochanas atrás. Këlmaran podrá contar con agua, madera, piedra y algo de comida, e incluso parece que tras las últimas aventuras el tesoro de la villa ha aumentado un poco. Eso es bueno para el grupo y para sus patrones, la organización mekranista, pero también convierte a Këlmaran en un suculento objetivo para otros grupos...

eSdlA, peli vs libro, IV-1: Sméagol domado


Después de un largo descanso, continúo con el resumen comparativo entre El Señor de los Anillos y su adaptación cinematográfica. El libro IV, segunda parte de Las Dos Torres, retoma el viaje de Frodo y Sam, dejando las peripecias del resto del grupo para el comienzo del siguiente volumen.

En el libro:

Frodo y Sam se encuentran en un acantilado, después de tres días de viaje (desde que se separaron del grupo) buscando una salida de las Emyn Muil. Pasan la noche en una hondonada, y por la mañana comentan que tal vez hayan perdido a Gollum, pues no lo han visto en los últimos dos días.

Después de una nueva jornada, tratan de descender por una garganta, pero una tormenta repentina y un grito similar al de un Jinete Negro les dan un buen susto. Sam prefiere esperar a la mañana para volver a intentarlo, pero Frodo insiste: «No me quedaré aquí ni un minuto más de lo necesario, atado de pies y manos al borde de este precipicio mientras los ojos del País Oscuro nos observan a través de las ciénagas». A la luz de la luna, consiguen descender a la llanura. Sam lamenta dejar atrás la cuerda élfica, pero al darle un tirón, parece soltarse y caer hasta ellos.

Para pasar la noche, se refugian junto a un pedrusco, desde donde contemplan sorprendidos y atemorizados cómo Gollum desciende por la pared de roca como una araña. Sam salta sobre él cuando alcanza el suelo firme, aunque el forcejeo es ventajoso para Gollum, por lo que Frodo se lanza en su ayuda: «Esta espada es Dardo. Ya la has visto antes. ¡Suéltalo, o esta vez sentirás la hoja!». Gollum suplica por su vida, y Frodo, recordando las palabras de Gandalf, siente lástima por él, y decide que la criatura los ayudará a entrar en Mordor. Atan uno de sus tobillos con un extremo de la cuerda élfica, pero eso daña a Gollum, y Frodo decide que tal vez puedan confiar en una promesa suya. La criatura se ofrece a jurar sobre el Anillo. «Por un instante, Sam tuvo la impresión de que su amo había crecido y que Gollum había empequeñecido: una sombra alta y severa, un poderoso y luminoso señor que se ocultaba en una nube gris, y a sus pies, un perrito lloroso».


En la peli:

Capítulo muy recortado en su versión estrenada en cines, ya que La cuerda élfica es una escena añadida y Sméagol domado fue ampliado con algunos minutos extra. En general, aparecen los detalles del libro, sin muchos cambios, pero se nota cierta levedad en el guión, como si el sentido épico que destila el texto de otros personajes no fuera adecuado para Sam y Frodo, y tuviera que ser sustituido por ese forzado sentimentalismo. Podría achacarse a que es el inicio de la segunda película, pero es algo que como ya veremos continúa a lo largo de los siguientes episodios.

Y si la relación entre Sam y Frodo no está bien reflejada, la presencia de Gollum no arregla la situación. Además de llevarlo atado del cuello, como un perro, la agresividad de Sam es excesiva. Siente una manifiesta aversión, por supuesto, pero incluso cuando le ata el tobillo, Frodo comprueba después que «no estaba demasiado apretado; al contrario. Sam había sido más compasivo que sus propias palabras».

Así que la adaptación del capítulo no me parece correcta. No tanto por contener lo poco que se narra en sus páginas, sino por los cambios realizados en los personajes. Gollum, eso sí, está fantástico.


El próximo día viajaremos A través de las ciénagas.