A través del bosque - La larga derrota, sesión 1


El pasado noviembre pude por fin empezar la gran campaña que tenía pensada para la Tierra Media. La idea es comenzar de forma tranquila y lineal durante un par de años de juego, y luego incluir la campaña publicada para el Bosque Negro. Para que me cuadren los años (más o menos; en realidad, no es algo tan importante), deberemos jugar tres aventuras en cada año de campaña, antes de la Fase de Comunidad de Yule.

Consideré que el one-shot que habíamos jugado después de verano –el verano real, quiero decir, no el de la campaña– formaba una primera aventura del año, aunque fuera ya algo tardía. En esta entrada ya vimos el resumen de aquella partida. Además, había metido ya el gancho para empezar la campaña, y no podía dejar de aprovecharlo.


No abandonéis el sendero (2946 T.E., final del verano)


Esta es la primera aventura del módulo Wilderland Adventures (la versión 5e de Relatos de las Tierras Ásperas). La aventura no es, en realidad, una aventura al uso, pues se reduce a un único viaje: el grupo acompaña a un comerciante y a su hijo a través del Bosque Negro y... pasan cosas.

Algunas de estas cosas ni siquiera las jugamos. Primero, porque mientras preparaba la aventura me parecían demasiado forzadas. Algo que es común en muchas aventuras para este juego, pero que en este caso resulta un poco abusivo. Segundo, porque durante la sesión me di cuenta de que podía terminar en la Puerta del Bosque, de tal forma que la siguiente partida podría comenzar en la Posada del Este, donde sería más fácil meter a jugadores nuevos (faltan aún dos por incorporar al grupo).

La Compañía está formada por:
  • Eberulf, un vengador, hobbit de los Valles del Anduin, buen amigo de Beorn.
  • Caeledin, una erudita, sabia entre los Elfos del Bosque Negro.
  • Astrid, una guerrera, enana procedente de las Colinas de Hierro (con su jugadora in absentia).
  • Thorondir, un guardián dúnedain con contactos en Rivendel.
Se reunieron con Baldor y su hijo Belgo en el puente que da acceso a Ciudad del Lago. Fue allí donde conocieron al nuevo integrante del grupo: Thorondir. Igual que el resto de Héroes, el comerciante le había invitado a acompañarlos después de una charla ligera.

El viaje comenzó con buen ambiente, clima óptimo, y mejores suministros. Los balseros elfos, entre los que Baldor conocía a Caranmir, los llevaron sin problema hasta las Estancias del Rey Elfo. Fue un tramo algo aburrido, por lo monótono, pero al menos no les supuso esfuerzo alguno.

Mientras descansaban un par de días en unas habitaciones cercanas a las bodegas de Thranduil, se cruzaron con Halbrech, un vinatero de Dorwinion. A Thorondir, especialista en sacar rumores y cotilleos a los desconocidos, le habló sobre una noble llamada Una, que había partido desde Dorwinion para visitar las tierras occidentales. Mientras, Caeledin oyó hablar de una nueva posada, cercana a la Puerta del Bosque, regentada ¡por hobbits de la Comarca!

Una vez en marcha, las cosas se les complicaron un poco. La primera señal de alerta fue descubrir que el cauce del Río Encantado estaba seco, lo cual daba muestras de que sus aguas iban donde les venía en gana. Días después, aquel arroyo junto al campamento parecía tan seguro... Hasta que se hizo de noche, y Baldor fue a beber un traguito de nada.

El pobre viejo Baldor no se acordaba de nada, ¡y creía estar en Esgaroth durante el ataque del dragón! Así que escapó, huyendo entre la maleza, hasta ser atrapado por un grupo de arañas. La Compañía no dudó ni un momento en ir a rescatarlo. Tuvieron éxito, aunque Caeledin quedó malherido.

De vuelta al sendero, los siguientes días fueron duros, con el clima yendo a peor. En un momento dado encontraron un refugio extraño, en el hueco que dejaban las raíces de un árbol muerto, ocupado por un hombre aún más extraño: el Ermitaño del Bosque Negro. Su cabeza no regía muy bien, pero lograron calmarlo lo suficiente como para poder dormir en su refugio. Además, les hizo entrega de un objeto la mar de extraño: un trozo de la cabeza de un hacha, decorado con dibujos que parecían propios de las Gentes del Bosque Negro.

El viaje continuó sin mayores problemas, aunque ya empezaban a acusar el cansancio y el largo tiempo pasado en el Bosque Negro, hasta que lograron salir a la claridad de los Valles del Anduin y pasar una noche de descanso junto a los elfos de la Puerta del Bosque.

Y con esto, cerramos la sesión.

Seguir empezando


Desde hace ya años no soy muy amante de los propósitos de inicio de año. En realidad, en cierto modo siento que el año sigue empezando en septiembre, como el curso lectivo: las vacaciones de verano son más largas y la pereza que me invade con el extremo calor me deja luego con ganas de volver a empezar.

Este año, sin embargo, he notado ciertas ansias de... no, no de empezar, sino de acabar cosas. Cosas que tenía en el tintero desde hace mucho. Cosas empezadas, retomadas, abandonadas pero nunca olvidadas. Claro, en 2026 harán treinta años desde que perdí a mi madre (dos tercios de mi vida) y veinte desde que faltó mi padre. Aciagas efemérides.

Pero es que además el pasado año, en mayo, se cumplió una década desde que salió a la luz Evangelio según Longinus, esa especie de novela negra pseudohistórica de 60000 palabras. No es que fuera un gran éxito, en absoluto, pero sí hubo un goteo de ventas que me daba cierta esperanza. También de críticas negativas, aunque en su mayor parte es porque no digo que Cristo es Dios. Pero vale, esa fue mi forma de romper mano y explorar lo que era la autopublicación.

Menos de un año después, en enero de 2016, saqué Lander, legado de reyes, una antología de relatos, poemitas y epístolas en torno a los reyes que ocuparon el trono de esa nación durante sus mil años de historia. Y bueno. Menos éxito que el anterior, claro, al ser más de nicho. Pero al menos sus 70000 palabras se leyeron algo y obtuve un par de buenas críticas.

Luego, en septiembre de 2017, llegó Sonata de Mekania: meses de trabajo para llegar a las 173000 palabras (no saben lo que me cuesta alcanzar las 300 diarias), manejar seis arcos argumentales importantes que se iban cruzando, etc. Y claro, uno se confía y espera ciertas consecuencias por el currazo. No hablo del estrellato literario, ni nada de eso; simplemente, que el libro se moviera un poco. Al menos un poco más que el anterior.

Bueno, pues no puedo echar la culpa ni a la prosa remilgada, ni a su enorme cantidad de personajes, ni a la dificultad de enganchar por la gran cantidad de tramas iniciales (todo eso puede considerarse «exigente» para un lector que se acerca a un universo por primera vez, y motivo para que deje la lectura). Y no, no puedo echarle la culpa a eso porque es que el libro, directamente, no se leyó. Seis ebooks y cuatro libros impresos son el recuento total de sus ventas en todo este tiempo (y los impresos son con toda seguridad de mis amigos). El bajón fue impresionante.

Estaba claro que yo no lo había movido. No soy muy ducho en redes, y menos en autopromoción, y no quise dejarme pasta en marketing. La solución, por supuesto, pasaba por intentar que una editorial me publicara. Así que inicié alguna cosa nueva, con la intención de que fuera lo bastante buena para ser considerada publicable. Quizá para participar en algún concurso literario. Nunca las acabé, quizá porque pensaba que una editorial buscaría algo más comercial que lo que yo estaba escribiendo: muchos adjetivos, demasiadas subordinadas... ¿Y cómo iba yo a rebajar mi estilo? Por favor...

Eso incluyó muchos inicios. Algunos solo imaginados, mientras conducía de vuelta a casa, sin llegar a escribir ni una sola palabra. Otros usados como escenario para partidas de rol, como mi querido San Juan de las Dunas. Y otros avanzando a trancas y barrancas, con cien palabras hoy y otras doscientas el mes que viene. Revisando lo escrito con la intención de volver a arrancar, para luego volver a dejarlo.

Mientras tanto llegaron la boda (2019), la mudanza (2023), las niñas (2024), los ascensos laborales en un trabajo que no me dice nada (2025), las reformas (que aún duran)... Y ocho años sin publicar ninguna de las mil historias que siguen bullendo en mi cabeza.

Tocaba apretar los puños, los dientes, y hasta el alma, si hacía falta. Así que estas fiestas me he propuesto terminar uno de los relatos que tengo más avanzado. Y no ha ido mal del todo. Está casi a punto, y aún tengo cuatro días por delante. Pronto, muy pronto, podrán oír El canto de la kikimora.



La Balada de Bofri


Ya les conté que al jugar mi aventura sobe La nueva Sombra incorporé una pequeña escena en la que Lodin el Tuerto (un bardo de Ciudad del Lago) cantaba sobre Bofri el Lampiño.

La idea era crear cierto interés por parte de los jugadores, ya que en el momento en que aparece el enano dice algo así como «eh, he oído hablar de vosotros; ¡venid conmigo a ayudarme en la misión de mi vida!». En mi campaña, he pensado que varias aventuras pueden formar un hilo conductor en torno a la "reconstrucción enana", y Bofri podría ser un PNJ con gran interés dramático.

La idea de la canción era crear simplemente una buena primera impresión del enano. Por supuesto, para cuando los Héroes se encuentren con Bofri los jugadores ni se acordarán de la canción. Había que buscar una manera de recordarla.

Pero vamos primero con la canción. Escribí una primera versión centrándome solo en la rima, ya que tenía algo de prisa por tenerla lista para la partida. La he reescrito y estoy bastante contento con el resultado. Los versos forman tres octavas reales, cuyos endecasílabos son casi todos de gaita gallega (ritmo 1-4-7-10) o melódicos (3-6-10). Aquí la tienen:

Balada de Bofri

Nobles gentes, escuchad esta historia
del enano sin barba mas valiente:
Mapas de runas y sueños de gloria;
bajo el Bosque sombrío y deprimente
Bofri el Lampiño buscó su victoria
y el sendero midió en sus salientes.

Bofri, mi enano, tu barba perdiste;
largo el recuerdo de un hecho tan triste.


En el Fortín del Molino maldito
yace la Vara del Guardacaminos.
Cuentan los viejos (y yo lo repito):
cien enanos partieron entre trinos;
y en la oscura espesura se oye un grito
¡perdidos y truncados ya sus sinos!

Bofri, mi amigo, tu barba es un hito,
densa es la sombra que nubla tu mito.


Cuidado si contrata un lugareño
o a ese norteño mendigo y sin dueño.
Pues el mundo no es triste ni pequeño,
y la muerte no vale tal empeño.
Bofri, mi hermano, tu barba es un sueño,
viejo es el fuego que eleva tu ceño.

Bofri, mi amigo, tu barba perdiste,
densa es la sombra de un hecho tan triste.

La música

Entonces, mientras preparaba una escena para la siguiente partida (donde unos trasgos cantan) me decidí a probar una IA para ver si podía hacer algo interesante para la partida. Ni que decir tiene que me repele la idea de usar una IA de este tipo con interés comercial, pero para este uso concreto es genial disponer de estas herramientas. El resultado fue excelente, en cualquier caso. Tanto, que pensé enseguida en hacer lo mismo con la Balada de Bofri.

Aquí está la versión definitiva, un cruce entre Luar na Lubre y un cantautor de los 80:

Y aquí una versión genial que surgió cuando a la IA le indiqué solo "folk-metal". Tiene la letra diferente (un único estribillo repetido, en lugar de variaciones), pero no he conseguido mejorar el efecto. Y es que parece que el cantante de Leize se hubiera unido a los integrantes de Saurom:

Espero que con estas canciones los jugadores recuerden con más facilidad a Bofri el Lampiño.