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Reseña: La Guerra de la Lanza


Este volumen es el sexto de la serie Cuentos de la Dragonlance, y en español cierra la Segunda Trilogía. Como en el caso de sus predecesores, El reino de Istar y El Cataclismo, los relatos están situados en un intervalo temporal cercano, centrado en el conflicto bélico narrado en Crónicas.

El esquema vuelve a repetirse, con un prólogo muy breve de Weis y Hickman que presenta los relatos. Éstos no tienen ninguna relación entre ellos (salvo la ambientación, claro), y a diferencia de los dos anteriores volúmenes, la lejanía temporal no permite que, excepto en un par de casos, exista relación con el resto de la trilogía.

Las once narraciones del volumen son las siguientes:

  • Lorac, de Michael Williams. Texto en verso, que se ocupa del rey elfo sumido en la pesadilla creada por el dragón verde. Para ser sólo una revisión de un episodio de La tumba de Huma resulta demasiado extenso.
  • Raistlin y el caballero de Solamnia, de Weis y Hickman. El mago le da una lección a un inflexible caballero. En el relato, Raistlin y Caramon conocen a Earwig, el kender que los acompaña en la novela Los hermanos Majere, el tercer volumen de Preludios.
  • El regreso, de Roger E. Moore. La venganza de un espectro. Lo interesante del relato es que está escrito en primera persona, bajo la visión del propio espectro, quien al principio no sabe que ya está más allá de la muerte, ni que cumplir su objetivo le liberará.
  • Máquinas de guerra, de Nick O'Donohoe. Una ladrona entra en el monte Noimporta en busca de algún ingenio que pueda ayudar a su pueblo contra el invasor. Si los gnomos de esta ambientación crean máquinas peligrosas y mortales cuando intentan hacer otra cosa, ¿por qué no aprovecharlas? Un relato entretenidillo una vez llega a la mitad de su recorrido.
  • El sitio prometido, de Dan Parkinson. Aunque no sigue a Día libre y Ogro desmemoriado, los dos relatos de este autor aparecidos en las antologías anteriores, sí se centra en el mismo clan de enanos gullys.
  • Héroe mecánico, de Jeff Grubb. Más gnomos, aunque en esta ocasión será la llegada de una persona ajena al poblado la que traiga problemas.
  • El lobo de la noche, de Nancy Varian Berberick. Tres amigos que comparten un oscuro secreto. Se supone que está situado trescientos años antes que el resto, y sería por tanto más cercano a los relatos aparecidos en El Cataclismo.
  • Los vendedores de pócimas, de Mark Anthony. Lo que les sucede a estos vendedores cuando la gente cree en sus remedios. Sobre todo si esa gente es draconiana.
  • La mano que provee, de Richard A. Knaak. Un perverso clérigo decide recuperar unos objetos mágicos del fondo del Mar Sangriento. Aquello no puede salir bien.
  • La campaña de Vingaard, de Douglas Niles. El escriba que aparece en los relatos que Niles escribió para los otros dos volúmenes se ocupa de revisar algunos movimientos de tropas durante la Guerra de la Lanza. Sin interés ni valor literario, al menos para mí.
  • La historia que Tasslehoff prometió no contar nunca, nunca, nunca de Weis y Hickman. Se supone que en cierto momento de La tumba de Huma, Tas y Fizban viven una pequeña aventura que no se cuenta en aquel volumen. Este relato revela lo que sucedió.

Reseña: Leyendas de la Dragonlance


Después del éxito de las Crónicas (que reseñamos aquí), los prolíficos Weis y Hickman repetían su colaboración para crear una nueva trilogía ambientada en el mismo universo de Dragonlance.

Pero donde las Crónicas estaban compuestas en torno a los viajes de unos héroes que intentaban detener la invasión de los dragones del mal, las Leyendas se centran en los conflictos personales de algunos de estos mismos personajes y en la lucha entre la ambición y el amor fraternal. Donde aquéllas exploraban el mundo de Krynn, llevando a esos personajes a los hitos de importancia de las naciones principales, éstas visitan un par de momentos históricos.

Aunque en principio la historia tiene lugar durante la Guerra de la Dama Azul, en concreto cuando Kitiara ataca la ciudad de Palanthas, este arco argumental tiene importancia solo al principio y al final de la trilogía. El resto está ocupado por los viajes en el tiempo realizados por Raistlin, Caramon y Tas, junto a un nuevo personaje: la sacerdotisa Crysania. Los cuatro abandonarán su presente para visitar los días previos al Cataclismo (catástrofe que se encuentra al final del primer tomo, El Templo de Istar -en el original Time of the Twins-), y luego alterarán el desarrollo de La Guerra de los Enanos en el segundo tomo (War of the Twins). En el último, El Umbral del Poder (Test of the Twins en realidad), los personajes pasan por un futuro apocalíptico (el resultado final si no se cambia su presente) y por el Abismo.

Estos juegos con las líneas temporales son uno de los puntos fuertes de la trilogía, y los autores incluyen también un apéndice sobre el tema. Otros detalles interesantes podrían ser la lucha contra la alcoholemia por parte de Caramon, el rechazo a la tentación protagonizada por Crysania o el sacrificio de Raistlin. Sin embargo, en los dos primeros casos el tema se resuelve demasiado rápido; se pasa en un simple suspiro a la solución de una situación complicada, sostenida a lo largo de muchas páginas. Este es otro pequeño defecto que podría achacarse a las obras: la trama avanza despacio. Y no por simple acumulación de texto, si no porque algunas escenas no hacen avanzar la historia.

Aún así, la trilogía es una buena obra, superior a su predecesora en algunos lugares (aunque no en todos). Weis y Hickman no tenían ya la necesidad de ceñirse a los patrones establecidos por las aventuras de rol, ni estaban obligados a incluir un grupo variopinto de héroes. Aunque eso pueda cerrar la historia a ciertos asuntos, la profundidad psicológica que alcanzan estas obras deja muy atrás la desarrollada en las Crónicas.

Reseña: Crónicas de la Dragonlance


La trilogía que dio comienzo a una de las ambientaciones ludo-literarias más prolíficas nació de la mano de TSR, cuando decidieron reunir a un equipo creativo para lanzar al mercado una nueva franquicia para el juego estrella de la casa, D&D.

Al parecer, la estructura del mundo de Dragonlance, así como las primeras anotaciones sobre la campaña de juego, fueron obra de Tracy Hickman y su mujer, Laura. Hubo aportaciones de otras personas del equipo, y por ejemplo las descripciones de los personajes se inspiran en las obras creadas ex profeso por ilustradores que hoy ya son clásicos en el mundillo.

Los Hickman crearon también la idea para los dieciséis módulos que componían la campaña rolera original, y eso fue precisamente lo que la compañía quiso adaptar a una saga de novelas. Margaret Weis y el propio Tracy Hickman se ofrecieron a llevar a cabo el encargo (después de ver parte del trabajo realizado por otros escritores, contratados por TSR). Con la adición de los poemas creados por Michael Williams, nacían las Crónicas de la Dragonlance.

El resultado valió la pena, al menos en términos generales. Incluso a través del tamiz que conforma la traducción al español, se nota que el lenguaje está más cuidado, y dentro de la trama la acción pura está supeditada a los sentimientos y motivaciones de los personajes. No digo que el tándem Weis-Hickman pueda compararse con los grandes escritores (clásicos o de nuestra generación), pero su obra descolla por encima de las de muchos otros, particularmente dentro de las novelas y relatos de Dragonlance.

Sin embargo, que la trilogía naciera como adaptación de unos módulos de rol, se deja notar de forma negativa. Por ejemplo, lo que se consigue al final de la primera novela (los Discos de Mishakal) no sirve en realidad para el desarrollo de la trama en las posteriores entregas. Al mismo tiempo, un personaje que sólo aparece de forma breve acaba teniendo, por arte de birlibirloque, una importancia capital, después de un desarrollo casi nulo. Esto se debe a que la primera novela seguía, en efecto, los primeros cuatro módulos de rol, pero para escribir las otras los autores obtuvieron manga ancha. Reorientaron la trama, aderezaron las relaciones entre los personajes y añadieron nuevos asuntos. No fue mala cosa, pero deberían haberse planteado reescribir la primera entrega.

Por otro lado, la influencia de Tolkien es clara. Si bien es cierto que a principios de los ochenta, cuando se escribió Crónicas, el número de obras de fantasía era menor que en la actualidad, y muchos de esos títulos eran poco conocidos, el peso de El Señor de los Anillos resulta excesivo. Los propios autores lo admiten, por ejemplo como motivo de dividir la obra en tres partes, pero no sé si son conscientes de la profundidad que alcanza esa influencia. Ejemplos bastante obvios son el viaje por la oscuridad de las ruinas de Xak Tsaroth (¿a alguien le suena Moria?) y la Pesadilla de la que el rey Lorac debe ser despertado (que viene a ser como la enfermedad de Théoden, pero pasando de la mente del poseído a la realidad).

Con ocasión del veinticinco aniversario de la trilogía, se publicó una edición anotada. El que más interviene es Hickman, que llega a hacerse un poco pesado con su visión religiosa aplicada a Krynn y con los elementos de D&D que aparecen en la obra. Weis aparece en menos ocasiones, pero con algo más de miga sobre la estructura narrativa. Williams suele contar alguna anécdota cada vez que aparece uno de sus poemas. En términos generales, son entretenidas de leer, aunque debido a que se desvelan algunos elementos de la trama en unas cuantas ocasiones, los autores aconsejan ignorar las notas en una primera lectura.

El retorno de los dragones (Dragons of Autumn Twilight), la primera de las novelas, pone en marcha a los nueve compañeros que después serán llamados los Héroes de la Lanza. La guerra se cierne sobre el mundo de Krynn, con la aparición de unas criaturas cuya existencia era sólo un mito. Hoy puede resultar típico en su argumento y lineal en su desarrollo, pero ha inspirado a muchos lectores y jugadores de rol.

La tumba de Huma (Dragons of Winter Night) no sigue inmediatamente a la novela anterior. Hay un pequeño salto temporal, por lo que la acción comienza in media res (aunque creo que ese lapso está contado en uno de los últimos títulos de la ambientación, El mazo de Kharas). La trama gana en giros y desarrollo, y las motivaciones de los personajes, ahora mejor desarrollados, tienen mayor peso en la narración. Aún así, continúa el yugo rolero (o tal vez yugo heroico) ya que los personajes siguen realizando sus acciones de forma individual, frente al rebaño que conforma la masa anónima.

La Reina de la Oscuridad (Dragons of Spring Dawning) cierra la trilogía, y en mi opinión no es un gran broche. La narración se dilata, puesta en jaque por las diferentes personalidades de los protagonistas. La obra está demasiado separada de sus predecesoras, y nada de lo que los héroes han hecho hasta ahora ha significado gran cosa, habida cuenta del final, que se resuelve un poco a lo deus ex machina, pero al contrario.

A pesar de todos los puntos negativos, las considero de obligada lectura (si es que eso existe) para todos los amantes del género fantástico.

Reseña: Dalamar el Oscuro, de Nancy V. Berberick


Tenía pocas esperanzas puestas en esta novela, porque justo antes había leído otro libro ambientado en el mundo de Dragonlance y escrito por la misma autora, Espada de reyes, que, como ya dije en su reseña, me resultó un tostón con ínfulas. Debo reconocer que me vi sorprendido.

Nancy Varian Berberick, nacida en 1951, es autora de una decena de novelas y casi una treintena de relatos cortos, todos ellos dentro del género fantástico. Como creación propia tiene una serie llamada Garroc, una ambientación situada tras la muerte del rey Arturo, en la que el último de los enanos (versión de la mitología nórdica) cuenta sus vivencias. Esta saga está compuesta por cuatro historias breves y dos novelas: Shadow of the Seventh Moon (1991) y The Panther's Hoard (1994). Por otro lado tiene un par de novelas agrupadas con el nombre de Jewels of Elvish: The Jewels of Elvish (1989) y A child of Elvish (1992), de las que he encontrado poca información. Algo sobre una princesa élfica prometida a un principe humano, y un rubí hurtado por un Hechicero. Y luego está su trabajo franquiciado con Dragonlance. En casi todas las antologías de relatos para esta ambientación aparece uno de su mano, y también ha participado en un par de libros de la serie Bertrem's Guide que parecen ser obras de consulta con pequeños ensayos ambientados en el mundo de Krynn. Su primera novela en solitario fue Espada de reyes (1988), paralela a los acontecimientos de la Guerra de la Lanza, pero pasará una década hasta su siguiente obra extensa en esta ambientación, cuando junto a Linda Baker escriba Las lágrimas de Paladine (1998) una novela paralela a los acontecimientos de El ocaso de los dragones. Es autora de dos obras que exploran personajes secundarios: Dalamar el Oscuro (2000) y The Inheritance (2001) y ha escrito también dos novelas sobre las vivencias de personajes que luego serán importantes en la trilogía de La guerra de los espíritusThe lioness (2002) y Prisoner of Haven (2004).

Centrándonos en Dalamar el Oscuro, la historia no es para tirar tracas, pero está bien escrita y es entretenida. Se escapa, creo, de esa montaña de mediocridad que forman las novelas franquiciadas.

En primer lugar, en Espada de reyes la prosa de Berberick me pareció farragosa y afectada, y los largos períodos de las oraciones eran como un terreno lleno de baches. Eso no sucede en esta novela, donde el texto fluye con facilidad. Lo que no sé es cuánto de ese cambio se debe a la propia autora (doce años separan Dalamar el Oscuro de su primera novela) y cuánto se debe a la mano de las diferentes traductoras de ambas obras.

Por lo que respecta al contenido, el fallo principal es que la novela sólo retrata la historia del personaje antes de pasar al servicio del mago Raistlin (cuando éste ya se ha convertido en Amo del Pasado y del Presente y es dueño de la Torre de Palanthas) por lo que el relato parece quedar un poco cojo. En cierto modo, es como un primer tomo de una trilogía inacabada. Sin embargo, el personaje queda bien descrito, a pesar de que, paradójicamente y a diferencia de otras novelas, no se le describe directamente, sino a través de sus acciones. Los motivos que le llevan a tomar la túnica negra y al mismo tiempo intentar mantener los lazos con su pueblo se explican de forma coherente, dando un resultado un personaje pleno y redondo.

Otra cosa son los secundarios, que quedan bastante huecos. Pero eso se debe en general a su breve aparición, y sobre todo al hecho de que se contemplan siempre desde el punto de vista de Dalamar, que es casi siempre frío en el trato e introvertido.

Además, a pesar de no contar con una gran trama, ni épica ni amorosa, la obra resulta entretenida, y sus poco más de trescientas páginas son lo bastante absorbentes como para leerse con velocidad. No es una obra perfecta, ni mucho menos, pero la cuento entre las mejores de esta ambientación.

Reseña: Las puertas de Thorbardin y Espada de reyes


Aunque no están escritas por el mismo autor, los personajes no son los mismos (como sí sucedía con el doblete sobre Galen), ni una es continuación de la otra (como las obras sobre Huma y Kaz), las novelas segunda y cuarta de la serie Dragonlance heroes (que en español componen dos trilogías), pueden leerse como pareja de hecho.

Ambas tienen mucha relación con el reino de los enanos, aunque buena parte de lo narrado no sucede allí mismo, y ambas están situadas en el tiempo de la Guerra de la Lanza. En ambas un agente del Mal desea tomar Thorbardin, y en ambas hay un objeto importante para el futuro cercano de dicho reino. En ambas aparecen enanos entre los personajes principales, claro, pero también hay un mago y hay un kender. Aún así, una y otra no tienen relación directa, y por eso pueden leerse en cualquier orden.

Siguiendo la cronología de Krynn, Las puertas de Thorbardin es anterior. Escrita por Dan Parkinson, quien fuera el autor de la trilogía sobre Las naciones enanas, a esta novela le falta algo de fuelle. O tal vez de condimento. La línea principal sigue a un pequeño grupo de personajes (enano, kender, mago) en una búsqueda iniciada por una visión onírica. Sin embargo, el peligro principal es que un grupo de mercenarios los sigue para averiguar cómo podrían penetrar en Thorbardin los ejércitos del Mal, que están a punto de invadir Krynn. Pero ambas tramas no están bien hilvanadas, y los conflictos entre los personajes no están bien resueltos. Los mismos defectos que hallaba en Las naciones enanas, aunque al menos, en esta ocasión los personajes están un poco más redondeados, e incluso evolucionan un tanto a lo largo del libro.

Por su parte, Espada de reyes es obra de Nancy Varian Berberick. Las más de cuatrocientas páginas y su estilo ampuloso son un poco exagerados para lo que cuenta: forja de una espada, robo de la espada, viaje con la espada hasta Thorbardin. Y ya. Sí, uno de los thanes enanos es un malvado y trabaja para Takhisis. Y sí, aparecen algunos de los famosos Héroes de la Lanza a modo de estrellas invitadas, que son, de hecho, parte de los refugiados cuya presencia pone en movimiento la resolución del conflicto. Pero no deja de tener un argumento flojo con cero interés y menos evolución psicológica de personajes.

Léanse otra cosa. O vean alguna serie. Al menos no perderán el tiempo.

Reseña: Preludios de la Dragonlance (4-6)


Aunque el conjunto lleva por título Preludios II (hay que ver qué gusto tienen en esta ambientación por las trilogías), estas tres novelas forman una misma serie con las que ya vimos hace unas semanas. Estas obras cuentan, en principio, lo que les sucedió a los Compañeros de la Lanza durante los cinco años que transcurren entre la separación del grupo y su reunión al inicio de las Crónicas. Pero eso es, como digo, en teoría. En la práctica, las novelas resultan excesivamente episódicas, y podrían ser protagonizadas por héroes genéricos. Y salvo una excepción, tampoco puede decirse que resulten exclusivas o paradigmáticas de la ambientación.

Veámoslo con sólo un poco más de profundidad.

La misión de Riverwind, en el original Riverwind the Plainsman, es obra de Paul B. Thomson y Tonya R. Carter, y no de los dos autores principales de la ambientación (Margaret Weis y Tracy Hickman), que es lo que pone en mi edición -aunque prefiero que se equivoquen en eso, y no comentan un gazapo en el título, como en la que les muestro-. Aunque va situada en primer lugar de esta segunda trilogía, yo la pondría la última, tanto por cronología como por introducir algunos hechos que luego serán los que inicien las Crónicas. La obra narra las peripecias de Riverwind para conseguir la Vara de Cristal Azul que luego portará Goldmoon. Aunque estos dos personajes no pertenecían al grupo inicialmente, su inclusión en la serie viene avalada porque, eso sí, formarán parte de los Compañeros a partir de las Crónicas, y porque el motivo del viaje de Riverwind es el mismo que aquel que daba inicio a los periplos del resto: la búsqueda de una prueba de que los llamados dioses verdaderos no han abandonado a los habitantes de Krynn. El inicio de la novela resulta un tanto incompleto, habida cuenta de que parece partir del relato corto de Laura Hickman y Kate Novak, El corazón de Goldmoon, aparecido en Historias de Ansalom. Por ejemplo, en varias ocasiones se hace referencia a un personaje que aparece en el relato, sin dar demasiadas explicaciones. La historia resulta bastante aburrida. Durante la primera parte, Riverwind atraviesa las llanuras guiado por los huesos que lanza de tanto en tanto su inesperado compañero (el loco del poblado). El resto es una incursión en la ciudad hundida de Xak Tsaroth, la cual sería bastante interesante si no fuera porque alguien que conozca las Crónicas (y eso es lo primero -casi lo único- que cualquiera debería leer de esta ambientación) ya ha visitado el lugar y sabe que el desmemoriado Riverwind estuvo allí. Aunque los personajes están bastante bien construidos, la trama es demasiado sencilla, y por si fuera poco el final se alarga innecesariamente, como este párrafo.

Flint, rey de los gullys, Flint the King en el original, fue escrita por Mary Kirchoff y Douglas Niles (aunque en algunas portadas, como la que les muestro, aparecen los autores de la anterior). Bajo mi punto de vista, la mejor de la serie, aunque únicamente por ser la más «dragonlanciana» y la que mejor conserva el carácter del personaje, tal y como fuera en Crónicas. Flint regresa a casa y se encuentra con que los enanos malotes de Thorbardin tienen montado un negocio de armas, cual señores de la guerra. Su familia está de capa caída, y por unas razones u otras, acaba en la propia ciudad subterránea, protagonizando una suerte de profecía de los gullys. Personajes algo planos (con un cambio de actitud un poco brusco al final), pero una historia entretenida que en ocasiones hasta logra enganchar.






Tanis el Semielfo, llamado por algún motivo que no alcanzo a entender Tanis, the Shadow Years, es básicamente la fumada de la serie. Obra de Barbara y Scott Siegel (parece que el error de corta-pega sigue, ya que en algunas portadas aparecen de nuevo Thomson y Carter), la novela narra el encuentro fortuito entre Tanis y un mago moribundo, quien le invita a visitar sus recuerdos para rescatar a su amada y traerla con él, de tal forma que pueda verla antes de morir. Además, así Tanis aprovecha y conoce quién fue su padre (se refiere, no lo olvidemos {modo drama on}, al humano que forzó a su madre elfa, quien después del parto se suicidó). La historia funcionaría mejor, a mi entender y ya que estamos en un universo mágico, con un portal al pasado, porque el tema de los recuerdos da lugar a algunas incongruencias, como que el semielfo pueda mantener una conversación con dos personas mientras el mago no está presente. Además, la narración es lenta y los personajes unos simplones de motivaciones únicas.

Reseña: Preludios de la Dragonlance (1-3)


Después de los seis libros de la serie Compañeros de la Dragonlance (que ya reseñamos en esta entrada y en esta otra), ocupados en narrar los encuentros e inicios de los diferentes amigos que protagonizan las historias principales de la ambientación, otra serie de seis libros narra lo que les ocurrió a los mismos personajes durante los cinco años en que el grupo se separó, supuestamente en busca de pruebas de la presencia de los dioses verdaderos en Krynn.

El problema vuelve a ser el mismo que en Compañeros: cada libro está escrito por autores diferentes, con su propio estilo y su manera de manejar a los personajes. Y aquí además se multiplica la falta de coherencia con otros libros. Por si fuera poco, lo narrado corresponde a alguna aventurilla sin mucha importancia, que ni de lejos puede ocupar esos cinco años de ambientación.

Veamos hoy los tres primeros libros, y dejaremos los siguientes para otra entrada.

El guardián de Lunitari, en el original Darkness & light, es obra de Tonya R. Carter y Paul B. Thomson, quienes en esta ambientación parece que siempre escriben en tándem. Se trata de un libro más largo de lo común en estas historias secundarias: medio millar de páginas que se hacen aún más largas porque el cierre de la historia parece un añadido a la trama que en realidad se quería contar. Después de la separación de los amigos en la posada de Solace, Kitiara y Sturm se encaminan juntos hacia Solamnia, ambos en busca de huellas de sus padres respectivos. Para acelerar su periplo, deciden viajar en un barco volador, un ingenio gnomo que, como no podía ser de otra manera, funciona, pero no completamente bien, y la nave acaba llegando a Lunitari, una de las lunas de Krynn. Ni frío, ni aire enrarecido, ni falta de raciones; un completo absurdo. Además, allí encontrarán a un par de personajes que están, por decirlo suavemente, un poco mal de la cabeza, hasta que al final consigan regresar al planeta. Pero una vez de vuelta, Kitiara y Sturm se separan, rota su camaradería por su muy diferente visión del mundo. La historia se centra en el solámnico, que descubre las malas relaciones que existen entre los caballeros de su nación, pero logra hacerse con la armadura y la espada de su padre. El problema principal de este libro, más allá del absurdo viaje y del pegote final, son los personajes: ninguno de los dos principales consigue tener mucho carisma en esta obra, y los gnomos son demasiados como para estar bien definidos.

El país de los kenders, o más bien Kendermore, es obra de Mary Kirchoff. La novela se centra en Tasslehoff, quien debe hacer frente a un matrimonio impuesto por las leyes de su nación, y realizará un viaje con una enana y su joven ayudante. Al mismo tiempo, el tío de Tas, Saltatrampas, y la supuesta prometida se verán envueltos en la búsqueda de un tesoro por parte de un ambicioso humano que vivía en Kendermore. La trama avanza muy despacio, lo que da lugar a un libro poco entretenido. El final se resuelve rápidamente, al estilo de las comedias de Lope de Vega: palos para el malo y boda que quiere sorprender al lector.
Los hermanos Majere, que mantiene el título del original, es obra de Kevin Stein. En esta ocasión son Caramon y Raistlin los protagonistas, aunque no sabría en qué punto de sus vidas puede situarse exactamente (teniendo en cuenta sobre todo lo narrado en La forja de un túnica negra). También aparece Earwig, un kender que los hermanos conocieron en el relato corto Raistlin y el caballero de Solamnia, obra de Weis y Hickman, aparecido en la antología La Guerra de la Lanza. Los hermanos y el kender llegan a la ciudad de Mereklar siguiendo un cartel que ofrece un trabajo: sus habitantes desean encontrar a la multitud de gatos que vivían en las calles de la ciudad. Todo tiene que ver con un oscuro culto que desea abrir las puertas a la Reina de la Oscuridad, aunque al final el asunto se resolverá al estilo deus ex machina, gracias a un protector del lugar. Se trata de una novela más entretenida que las anteriores, aunque Mereklar parece un lugar no demasiado típico de la ambientación.

Reseña: La Forja de un Túnica Negra, de Margaret Weis


Margaret Weis es, junto a Tracy Hickman, la autora principal de Dragonlance, y escribió a cuatro manos las novelas principales que avanzan la cronología de la ambientación. Si hacemos caso al prólogo del primer libro, escrito por Hickman, «Margaret dejó muy claro a todos los interesados que Raistlin era suyo y sólo suyo» y es «la persona que lo conoce mejor».

Década y media había transcurrido desde la publicación de Crónicas de la Dragonlance y Leyendas de la Dragonlance, cuando se editaron los dos libros que componen esta serie (en la traducción al español, ambos han sido divididos en dos tomos). El tiempo pasado, o simplemente las preferencias de la autora, explicarían las divergencias entre ciertos puntos de la historia del personaje con lo que aparece en otros lugares.

The Soul Forge es el primero de los libros (en español son: Raistlin, el aprendiz de mago y Raistlin, crisol de la magia). Cuenta la infancia del personaje (entrando en conflicto con lo narrado en Kitiara Uth Matar, sobre todo en el punto en que un mago viajero amigo de Par-Salian descubre su poder y se preocupa de que ingrese en la escuela de maese Theobald, ya que este descubrimiento lo realizaba allí la propia Kitiara) y su aprendizaje mágico (durante el que debe hacer frente a un grandullón con pocas trazas para ser mago -una historia ya muy manida-). Luego el libro da un pequeño salto, hasta el punto en que comienza la relación con Sturm, Tanis y el resto de los que serán conocidos como Compañeros de la Lanza. El grupo realiza un viaje hasta la ciudad de Haven, donde se encarga de desvelar las artimañas de un grupo de supuestos adoradores de un nuevo dios. Después de esto, los compañeros se separan en busca de alguna prueba de la existencia de los antiguos dioses, prometiendo reunirse en cinco años. Pero Raistlin y Caramon tienen primero un destino más concreto: el joven mago debe pasar la Prueba, pues ha sido convocado para ello. Aquí hay importantes divergencias con lo narrado por la propia Weis en La prueba de los gemelos, relato breve incluido en la colección La magia de Krynn. Aunque en este caso hay una explicación interna: lo relatado ahora es lo que sucedió de verdad, mientras la otra versión era lo que se había hecho público, intentando salvaguardar la fama de Raistlin. Con esto termina una novela ligera y entretenida, aunque poco original.

Brothers in arms (en español Raitlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja) está escrito a cuatro manos con Don Perrin, a la sazón marido de la autora. Mi impresión, habida cuenta del aumento en el número de escenas de acción, es que estas últimas las escribe Perrin, dejando para Weis las que tienen más carga dramática (lo mismo sucedería, pienso, en el tándem Weis-Hickman). Superada la Prueba, los dos hermanos Majere se unen a las filas de un noble que recluta mercenarios. Su medio hermana Kitiara, por su parte, se ha unido también a otro ejército: el del general Ariakas, que está reuniendo tropas en la ciudad de Sancrist. Una y otros acabarán llegando a Última Esperanza, una villa asediada por su supuesta rebeldía. Sin embargo, lo que no sabe el común de los mortales es que hay un buen montón de huevos de dragón ocultos en una gruta cercana. Resulta un libro bastante más aburrido que el anterior, sin un conflicto claro, más allá que el descubrimiento, por parte del líder mercenario, de que el general Ariakas es un malvado peligroso y de que, en realidad, los habitantes de Última Esperanza son los buenos de la historia. El lector lo sabe desde el principio, lo cual deja una historia bastante apagada, sin sorpresas y de final soso.

Reseña: Compañeros de la Dragonlance (4-6)


Seis libros se ocupan de las relaciones previas entre los llamados Compañeros de la Lanza, y tres de ellos ya reseñamos hace algunos meses. Hoy cerramos la serie.

El Código y la Medida, que por una vez respeta el título original, The Oath and the Measure, fue escrito por Michael Williams. Muchos de los personajes están tomados de Caballero de Solamnia y Caballero Galen, novelas situadas un poco antes en la cronología de Krynn y que ya reseñamos aquí. Además, el señor Williams, que podía haberse quedado contento con encargarse sólo de los poemas de Dragonlance, repite el mismo esquema. En aquellas obras el personaje principal, una suerte de antihéroe que debería hacer reír y no llega ni a hacer gracia, era retado por un personaje o criatura sobrenatural y debía realizar un viaje repleto de obstáculos hasta alcanzar un combate final que en realidad nunca llegaba a ser un combate. En el caso que nos ocupa, Sturm Brightblade (que no es en absoluto un antihéroe sino más bien un héroe trágico) ha regresado a Solamnia, su tierra natal, en busca de su padre o al menos de su herencia. Durante un banquete (en la escena inicial del libro), un personaje sobrenatural aparece y, al ser interrumpido por él, le lanza un reto: deberá viajar a un peligroso bosque y llegar en determinada fecha. Como digo, el esquema es conocido. En resumidas cuentas, se trata de una novela simplona y aburrida, que se encuadra difícilmente en el ambiente solámnico y, aún menos, en la personalidad de su protagonista.

Pedernal y acero, nombre obtenido a partir de Steel and Stone, es una historia de Ellen Porath, la misma que junto a Mark Anthony escribiera la genial Qualinost. Aquí, sin embargo, la historia es un colador. La narración comienza un poco antes del encuentro entre Tanis y Kitiara, cuando esta última huye de un malvado hechicero para el que se encargaba de comandar las tropas. Después de unirse a Tanis, el pasado de la mercenaria les encuentra en la forma de un belicoso amante anterior, y por si fuera poco se topan con una trágica trama protagonizada por la hija del hechicero, a la que acompaña un leal búho gigante. Una sucesión de desvaríos que, en muchos momentos, me recordaba a Fuego mágico, o a alguna de las otras novelas de Reinos Olvidados. Lamentablemente, tener a dos personajes de la saga principal de una ambientación no hace que ese libro pueda pertenecer a la misma; hace falta algo más, y esta obra no lo ha encontrado.

Mithas y Karthai, o más bien The Companions, obra de Tina Daniell deja un mejor sabor de boca, aunque por poco. Su autora, la misma que escribiera la episódica y poco ágil Kitiara Uth Matar, toma ahora el control de todos los Compañeros de la Lanza (salvo Riverwind y Goldmoon, que se unirán al grupo mucho más adelante). El defecto episódico sigue estando, y la trama se parte de forma poco natural entre las escenas vividas por los personajes, que se encuentran en tres grupos: Caramon, Sturm y Tasslehoff han partido para realizar un encargo de Raistlin; este último, Tanis y Flint deberán viajar al rescate cuando un vendaval mágico aparte de su ruta al navío que los transporta; y Kitiara, que se ha metido en la boca del lobo y va a ser sacrificada para que Sargonnas, el dios de la Venganza y consorte de la malvada Takhisis, entre en Krynn para ayudar a que los minotauros lo gobiernen por entero. La trama no está mal resuelta, y la velocidad de la narración va aumentando hacia un final bastante satisfactorio. No es una novela magnífica, pero al menos pone un buen broche a una serie muy mediocre.

Terminada la reseña de las seis novelas, toca repetir un argumento que ya esgrimí al comienzo de aquella otra entrada: Las divergencias entre los autores son obvias, tanto en estructura como en tono. Además, la personalidad de algunos protagonistas a veces queda un tanto difusa, como si estuviéramos ante héroes genéricos al que les suceden aventuras que, en realidad, poco tienen que ver con ellos, en lugar de ante el desarrollo de las relaciones que, un poco más adelante, definirán la mecánica de un grupo que tendrá en sus manos el destino de muchos. Nada hay de eso, y salvo la lealtad entre Tanis y Flint, que sí se desarrolla, el resto de relaciones ya se presentan de la misma forma que en la «saga madre» (las Crónicas). Por si fuera poco, los saltos entre novelas son obvios, tanto en tiempo como en espacio. ¿Dónde están Tas y Flint cuando Tanis conoce a Kitiara en Pedernal y acero? ¿En qué momento sucede el viaje de Sturm a Solamnia, y por qué lo repite más adelante? ¿En qué punto formaron un grupo aventurero los llamados Compañeros de la Lanza?

Reseña: La serie de Geralt de Rivia (libros V a VIII)


Hace ya unos cuantos meses que, en la entrada correspondiente, reseñé las características generales de la llamada saga de Geralt, junto con algunos detalles de los primeros libros. Paso entonces, directamente, a continuar donde lo dejé.

Bautismo de fuego sigue los pasos de Geralt, mientras se recupera de sus heridas y viaja hacia el sur, en busca de Ciri. En su viaje, se le unirán diferentes personajes para acabar formando una suerte de banda de aventureros bastante extraña, que avanza esquivando como puede una guerra en la que ya ningún bando da cuartel. Por su parte, Ciri sigue sus andanzas con los Ratas. La novela, como libro de transición, no está mal. Quiero decir, el estilo del autor es característico y podría contar hasta el vuelo de una mosca y hacerlo interesante, pero no avanza en absoluto la trama central de la serie.

La Torre de la Golondrina se centra un poco más en Ciri. Retoma la estructura del relato-marco, ya que la joven le cuenta al viejo ermitaño Vysogota (quien la ha encontrado inconsciente y se ha ocupado de sus heridas) todo lo que le ha sucedido en los días anteriores. Y lo que le ha sucedido es que un siniestro personaje la persiguió, mató a sus amigos y la maltrató. Se trata de Leo Bonhart, un asesino tan bueno con la espada como para lograr una pequeña colección de colgantes de brujo (arrebatados a sus cadáveres, se entiende). El libro cuenta también con unas pocas escenas sueltas del viaje de Geralt (al que le tienden una emboscada, aunque ni siquiera tiene un objetivo claro o sabe dónde se encuentra Ciri) y una sola de Yennefer, que anda buscando al traidor Vilgefortz.

La Dama del Lago, que en la edición española se ha dividido en dos tomos, finaliza la serie. De nuevo, se trata de un relato-marco. Ciri, que tras llegar a la Torre de la Golondrina había pasado a otra dimensión, va saltando de lugar y de tiempo hasta alcanzar la fortaleza en la que Vilgefortz mantiene cautiva a Yennefer. La novela comienza in media res, cuando un tal Galahad encuentra a Ciri bañándose y la toma por la Dama del Lago. La joven le cuenta todo lo que le ha sucedido hasta llegar allí. Naturalmente, Geralt y los suyos también llegan al castillo (después de una larga estancia en el valle de Touissants), y los combates se suceden. Todo esto mientras en otro lugar ocurre la Batalla de Brena, durante la que podremos ver a muchos de los personajes secundarios de los libros anteriores, en lo que resulta una excelente manera de ir cerrando tramas. Cuando ya llega el final, Sapkowski logra que al lector le quede un buen recuerdo de la historia, aunque a algunos le puede resultar trágica. {AVISO DE SPOILER Hasta el apuntador, ¿me entienden? FIN DE SPOILER}. La edición española incluye Algo termina, algo comienza, un relato del que hablaremos enseguida.

He leído en un par de lugares que el autor ha preparado otro tomo, que estaría listo para inicios del año que viene. Pero no me quedó claro el nombre exacto ni el lugar dentro de la serie: hace tiempo leí que sería entre los libros cinco y seis, y mientras preparaba esta entrada he visto que en otro sitio decían que iría antes de toda la historia. En cualquier caso, para completar lo de hoy les traigo otro libro más.

Camino sin retorno contiene nueve relatos aparecidos en diferentes revistas. Pero no todos son de fantasía estrictamente (hay de terror y de ciencia-ficción) y alguno no lo es en absoluto. Todos ellos van precedidos de una introducción del propio autor sobre las condiciones en que se escribieron. Sobre la saga de Geralt (esta vez digo saga, con un buen motivo) aparecen dos. El que da nombre al tomo, Camino sin retorno, trata del encuentro entre la madre de Geralt y el que, por ventura, sería su padre. La trama se centra en realidad en la eliminación de un monstruo, así que está muy relacionado con los primeros relatos de Geralt. Por su parte, el otro es Algo termina, algo comienza, y habla de la boda de Geralt y Yennefer. No se trata de un final alternativo para la serie, sino de un relato de lo que pudo ser. Fue escrito cuando la serie de novelas no eran más que una serie de ideas enlazadas en la mente del autor, y me parece digno de mención el hecho de que en el final de La Dama del Lago se le dé cierta explicación, cuando Ciri le cuenta a Galahad que Geralt y Yennefer se casaron (y debemos entender que dejó sin contar la verdad, es decir, la versión que aparece allí). Parecida técnica usó Tolkien en El hobbit, cuando Bilbo les da una versión a los enanos sobre su encuentro con Gollum y, luego (en la segunda edición del libro) aparece una versión auténtica -Bilbo habría mentido a sus compañeros- que cuadra mejor con el carácter del Anillo según aparece en El Señor de los Anillos. Lo que sí que no entiendo es por qué este relato aparece aquí y al final de La Dama del Lago.

Y por último, unas conclusiones. Ya quedó claro en la primera parte de la entrada que el estilo de Sapkowski me parece sensacional, y que diversos factores de su obra contribuyen a un éxito bien merecido. También hablé allí del buen hacer presentado en las ediciones españolas, cuya traducción corre a cuenta de José María Faraldo. No volveré a ello, muy al contrario.

Conforme avanzaba en la narración, me di cuenta de que estaba siendo algo extendida. Quiero decir (y no me malentiendan, cada libro es una joya y una lectura placentera) que la historia de Geralt, Yennefer y Ciri, si se da un paso atrás y se mira con cierta perspectiva, parece dilatarse a lo largo de demasiadas páginas. Ciertos personajes adquieren en ciertos puntos de la trama una importancia inmerecida, sobre todo cuando posteriormente sus acciones han modificado más bien poco la historia. Por otra parte, la edición española parece ir aumentando sus pequeños errores conforme avanzan los libros. Se multiplican las veces en que se escapa un 'la + sustantivo en masculino' o viceversa (no tengo ni idea de polaco, pero lo achaco a la traducción), u otros fallos igualmente subsanables con una lectura rápida. La sensación que me provoca es que le ha faltado una última revisión a los dos o tres tomos finales (coincide, además, que en los dos libros que corresponden a La Dama del Lago al traductor habitual le acompañan otros dos nombres).

De cualquier forma, y ahora ya sí como conclusión, los libros de Geralt conforman una serie magnífica, épica, repleta de aventuras, dolor, amor, vida y muerte, y todo ello con unas estructuras que se salen del conocido esquema 'introducción-nudo-desenlace', y retratado con un estilo ágil, áspero en ocasiones, fluido en otras, que se sabe adaptar a las circunstancias. Si no lo han leído, no se a qué esperan.

Reseña: Compañeros de la Dragonlance (1-3)


Una larga serie de seis libros se ocupa de los años previos a la Guerra de la Lanza de Krynn, centrándose en cómo se conocieron los que luego serían llamados los Compañeros de la Lanza. A esto hace referencia su título original, Dragonlance Meetings.

Como serie, uno de sus puntos flacos es que cada libro es de su padre y de su madre. Quiero decir, que están escritos por diferentes autores (un par de ellas repiten), que además resultan ser de segunda o tercera fila, al menos en esta ambientación. Por supuesto, las diferencias de estilo son inapreciables en la traducción (ya que la misma traductora se ocupa de casi todos, o todos -en uno de ellos el traductor no aparece acreditado-), pero otras divergencias son obvias: la estructura narrativa, la longitud y disposición de los capítulos, el tipo de tramas y enfrentamientos, y algunas actitudes de los mismos personajes varían entre los diferentes libros.

Por otro lado, ninguno de los libros nos ofrece una historia apasionante o épica, limitándose a que los personajes se unan para resolver pequeños problemas. Aún así, algunos resultan entretenidos y ofrecen una lectura rápida; otros son más aburridos y repetitivos.

Hoy les traigo los tres primeros de la serie, dejando los restantes para una próxima entrada.

Qualinost, cuyo título original es Kindred Spirits, nos presenta a Tanis el Semielfo y a Flint Fireforge. Sus autores, Mark Anthony y Ellen Porath, han sabido crear una buena novela que se mueve a dos velocidades. Al comienzo la historia se centra en el ya maduro Flint, un enano de las colinas que se ha convertido en un artesano tan detallista que es llamado a Qualinost para crear en esta ciudad algunas de sus obras. Allí vivirá algún tiempo, pero pronto comenzará a realizar viajes entre esta ciudad y su querida Solace, por lo que la historia de la novela va avanzando al ritmo marcado por las estaciones, y los años se suceden con rapidez. Mientras tanto, el jovencito semielfo, Tanis, ha ido creciendo junto a sus estirados primos, pero su especial personalidad ha llamado la atención de Flint. Así que para cuando Tanis, algo más maduro, es acusado de asesinato, el enano no duda en ayudarlo a demostrar su inocencia. En este punto, la narración va poco a poco acelerándose, hasta dejar un muy buen sabor de boca. No es un libro perfecto, pero sus tres centenares y medio de páginas resultan bastante divertidas.

El incorregible Tas, llamado en origen Wanderlust, une al famoso kender, Tasslehoff Burrfoot, a los dos personajes previos. Durante la feria, en Solace, una extraña ha solicitado que Flint realice para ella un brazalete, siguiendo una «receta» muy específica, mas el preciado objeto desaparece en manos de un kender. Así que Flint y su amigo Tanis, acompañados de la mujer (que resultará ser una elfa acuática), comienzan la persecución. Pero, una vez reunidos con el kender, descubrirán que éste ya no tiene el brazalete, así que deberán continuar su viaje y enfrentarse a un mago malvado para recuperarlo. Los autores de esta serie de sinsentidos son Mary Kirchoff y Steve Winter, quienes no han sabido hacer otra cosa que crear una aventurilla simple, y complicarla un poco con algunas coincidencias o desencuentros, al estilo de las comedias francesas. Que se incluyan algunas páginas con los puntos de vista de los poseedores del brazalete, cuando éste va cambiando de manos, no ayuda nada a la trama, salvo para que así la novela sobrepase por poco las trescientas páginas.

Kitiara Uth Matar, o más bien Dark Heart, plantea de nuevo una historia desarrollada a lo largo de muchos años. Tina Daniell, su autora, nos muestra la infancia de Kitiara y, desde el punto de vista de este personaje, el nacimiento de sus medio hermanos, los gemelos Majere. Situado este inicio, la trama da un giro, y Kit, a la que Solace le queda pequeño, comienza un viaje con una banda de malhechores. Abandonada por éstos, la joven regresa al hogar, aunque más adelante volverá a partir en busca de alguna pista de su padre. La historia, por tanto, no contiene una trama central, sino un planteamiento episódico. Lo mismo sucedía en Qualinost, pero donde allí los saltos daban agilidad y ligereza, aquí dan una sensación de narración poco hilvanada. Las motivaciones del personaje principal son tontunas faltas de madurez, lo que provoca que el lector no pueda sentirse identificado. También es cierto que nunca he llegado a entender el personaje de Kitiara, puesto que una cosa es ser una mercenaria y una mujer dura, y otra diferente traicionar una y otra vez a tus hermanos y amigos (de hecho, más que al personaje, creo que lo que no llego a entender son las actitudes de los otros personajes hacia ella). En cualquier caso, creo que las más de trescientas páginas de la novela se hacen un pelín largas.

Reseña: Emperador de Ansalon, de Douglas Niles


Más que reseña, un vistazo rápido.

Ya he tratado por aquí otras veces obras de Douglas Niles (como en la Trilogía de las Moonshaes o en El Muro de Hielo), mas no creo que recuerden que lo he ido arrastrando hacia arriba y hacia abajo por la ladera del montón de escritores de franquicia. Algunas de sus obras me han mantenido bastante interesado, y otras me han defraudado. Su descripción del medio y el planteamiento de la trama suelen estar bien, pero unos personajes planos y unos conflictos que no llegan a resolverse hacen que el desarrollo y sobre todo el remate de sus obras dejen un mal sabor de boca.

Afortunadamente, eso no pasa con Emperador de Ansalon. Y ya es raro, porque la obra trata del ascenso de lord Ariakas, quien será el paladín de Takhisis, la diosa malvada, durante la Guerra de la Lanza. Cuando uno entra a la ambientación de Dragonlance por donde toca (es decir, por las Crónicas), encuentra que las legiones del Mal están dirigidas por un humano montado en un dragón rojo. Y poco más.

Doug Niles logra, en las casi trescientas páginas de esta novela, crear una historia relativamente original a partir de tan escaso bagaje. Me esperaba una caída hacia el Mal, una espiral de decadencia sin mucho sentido (como en Lord Soth), por lo que me sorprendí bastante cuando me encontré leyendo con interés una historia que es, mutatis mutandis, el ascenso de un héroe elegido. El peso ético de un paladín más tópico es nulo, por supuesto, y es sustituido por la falta de escrúpulos. Se agradece, empero, que no exista violencia gratuita: el personaje no es malvado, aunque será considerado malvado por aquéllos que se enfrenten a él, ya que no duda en aplastar la resistencia que encuentra contra los planes de su señora.

Tampoco es una obra para tirar una mascletà, pues la estructura débil y los personajes con pocas facetas parecen formar parte del sello personal del tío Niles, pero al menos es una lectura ágil y con su puntito original, que le da al antagonista de las Crónicas el trasfondo que se le negó en esa trilogía.

Reseña: Caballero de Solamnia y Caballero Galen, de Michael Williams


Tal y como sucedía con las novelas de Huma y Kaz, la tercera y sexta novela de Dragonlance Heroes pueden leerse seguidas, pues forman parte de la misma historia: la del caballero de Solamnia Galen Pathwarden.

Michael Williams, su autor, nació en 1952, en Kentucky. Además de comer pollo frito {no he podido evitarlo} trabajó para TSR y para la también compañía de juegos Pacesetter. Sus primeras novelas, las que reseñamos hoy, fueron publicadas en 1988 y 1990. Para la ambientación de Dragonlance también ha escrito El Código y la Medida (1992), que se engloba en el sexteto Compañeros y, junto a su esposa Teri, dos novelas sobre villanos: Verminaard, Señor de Nidus (1993) y Takhisis (1994). Además tiene algunos trabajos originales, como la serie From thief to king, con tres libros entre 1990 y 1992, y uno más en 2010, y la historia que forman Arcady (1996) y Allamanda (1997).

Por supuesto, también ha escrito obras breves, como las que aparecen en las antologías de relatos escritos para la ambientación Dragonlance. Me parece buena muestra de su arte el hecho de que suela encabezar estos títulos con obras en verso. Demuestra que está estilísticamente bien dotado. No es de extrañar, por tanto, que al comienzo de El caballero de Solamnia el villano de turno se presente con una ligera pincelada impresionista: está siendo observado por un niño, escondido debajo de la cama, y su pantorrilla, que el chaval ve a través de una botella de cristal, parece gruesa y propia de un gigante: la imagen distorsionada por el objeto refleja los sentimientos del muchacho. Poco después, el malvado coloca un escorpión sobre el zagal, y éste lo ve así: «La criatura permanecía totalmente inmóvil en mi brazo, como si de un broche de ébano se tratara. Un broche con un alfiler envenenado». Una bonita imagen en la que un animal es comparado con un objeto, y una parte de ese objeto hace referencia implícita a una parte del animal. Con estos dos ejemplos podemos ver el buen hacer del autor en cuanto al lenguaje. Empero, una cosa es el envoltorio, y otra el contenido.

El caballero de Solamnia presenta, en sus casi cuatrocientas páginas, la historia de cómo Galen Pathwarden pasa de ser un chiquillo borde y consentido, cobarde e interesado, a convertirse en un escudero al que merece tenerse en cuenta. En la contraportada del libro se dice que tiene un «tono humorístico» y unas «situaciones divertidas y sorprendentes». No negaré que en ciertos momentos el personaje de Galen me ha recordado a Lázaro de Tormes, ni que ciertos guiños me han arrancado a duras penas una sonrisa; pero es todo. No es un libro divertido, ni está escrito con agilidad. Las escenas son más bochornosas que divertidas, y lo único que sorprende es cómo pueden alargarse tanto algunas tramas. La buena sensación del principio se va diluyendo en manos de un personaje cobarde y rastrero que ningún caballero tomaría como escudero. Una auténtica Comadreja (es su mote, al que hace referencia el título original del libro, Weasel's luck), que en ningún momento muestra arrepentimiento o algún viso de moralidad.

Por su parte, El caballero Galen comienza un tiempo después de terminada la narración anterior, cuando el personaje ha terminado su período de escudero y ha sido nombrado caballero por derecho propio. Lo cual, habida cuenta de la escasa confianza que en él tienen su señor y su educador, es completamente ilógico. El azar quiere que deba encabezar una nueva aventura para liberar a su propio hermano de un malvado que es, básicamente, una copia del que aparecía en el volumen anterior. El personaje sigue sin merecer salir victorioso de los lances a los que es arrastrado, y no digamos nada del título de caballero. Además, si los secundarios del anterior eran simples y exagerados arquetipos, en éste nos encontramos con personajes planos que no sirven más que para aburrir al lector cuando llega un fragmento con su punto de vista. Lo único que mejora con respecto a la otra novela es su longitud, que se reduce a tres centenas y media.

Reseña: Lord Soth


Edo Van Belkom es un escritor canadiense nacido en 1962. Trabajó como periodista hasta los treinta años, momento en el que pasó a dedicarse en exclusiva a la escritura. Su obra está centrada en el amplio campo que incluye la ciencia ficción, la fantasía, el terror y el misterio. Además de publicar más de 140 historias en diversas revistas, de su mano salieron diversas obras de mayor enjundia, aunque pocas de ellas están traducidas a nuestra lengua. Entre ellas, destaca la serie conformada por Wolf Pack, Lone Wolf, Cry Wolf y Wolf Man. Además ha escrito un par de manuales a propósito de la escritura: Writing Horror y Writing Erotica. Hoy nos ocupamos de Lord Soth, una novela ambientada en el mundo de Dragonlance.


Pero poco hay que decir. La obra se ocupa de describir la vida del famoso personaje llamado lord Soth, común a las ambientaciones de Ravenloft y Dragonlance. Comienza con su matrimonio y su entrada a la orden de la Rosa (lo que sucede el mismo día), y va describiendo su caída en la lujuria, así como el momento de locura que conllevará su terrible final. Pero es que todos estos hechos ya aparecen en el relato Un auténtico caballero, obra de Weis y Hickman, publicado en la antología El cataclismo. Por supuesto, aparecen muy resumidos, en forma de complemento o trasfondo a la historia que allí se está contando. El problema es que Van Belkom añade poco más. Se limita a colocar un par de escenas de acción para explicar cómo sucedió todo, y a describir de forma pormenorizada los sentimientos y pensamientos de los personajes. Por otro lado, el lenguaje utilizado, algo anquilosado y solemne en demasía, funciona muy bien para los caballeros; mas cuando todos los personajes hablan igual, incluido el narrador de la historia (un esteta de Astinus, en la ficción), la caracterización pierde sentido.


Me gustaría añadir algo más para ampliar esta reseña tan corta, pero no creo que se merezca ni mi tiempo ni el suyo.

Reseña: El Cataclismo


Otro volumen conformado por una antología de relatos ambientados en Krynn. Es el quinto de la serie Cuentos en su versión anglosajona; el segundo de la «Segunda Trilogía» en la edición en español.

La estructura del volumen es la misma que la habida en El Reino de Istar: un brevísimo prólogo de Weis y Hickman presenta los diferentes relatos. Todos ellos tienen en común, como es lógico, describir los efectos que el Cataclismo tuvo sobre Krynn y sus habitantes. La cohesión del volumen es, por tanto, algo menor que en el anterior, pero su variedad lo hace más entretenido. Algunos de los relatos prácticamente continúan los presentados en El Reino de Istar, por lo que, a pesar de que pueden leerse de forma individual, el texto resulta más atractivo habiéndose leído primero aquéllos.

Las once narraciones de este volumen son las siguientes:

  • La palabra y el silencio, de Michael Williams. De nuevo, el volumen se inicia con una obra en verso de este autor. En este caso, se relatan las andanzas de un joven que busca vengarse de un bardo que vituperó la memoria de su padre. Bastante bueno, por lo que refleja la traducción.
  • El estigma del fuego, el estigma de la palabra, de Michael y Teri Williams. Continúa la obra anterior, al centrarse en el hijo de su protagonista, que busca la verdadera historia de su abuelo, pues los versos (y con ellos, la verdad) han variado al extenderse por las diferentes tierras de Krynn. Me llama la atención el hecho de que el relato parezca situado (por un par de referencias) tres siglos tras el Cataclismo, lo que lo haría más cercano al volumen La Guerra de la Lanza que a éste.
  • La mercader ambulante, de Mark Anthony. Cierto trato llevará a los personajes a un lugar secreto, dañado por el Cataclismo. Un final poco sorprendente para un relato algo simplón.
  • Buscadores, de Todd Fahnestock. En una aldea asaltada por la peste, un muchacho emprende un viaje para preguntar a los dioses el porqué del Cataclismo. No cuenta casi nada, aunque contiene un final repleto de patetismo.
  • Ni dioses ni héroes, de Nick O'Donohoe. Unos comerciantes novatos en busca del trato de su vida acaban convirtiéndose, sin querer, en salvadores de una aldea. En cierto momento, aparece el personaje protagonista de Estofado kender, del volumen anterior. Esta obra es de lo mejorcito del volumen.
  • En sombras, en luz, de Richard A. Knaak. Al fantasma de Rennard, uno de los «malos» de La leyenda de Huma, se le «sugiere» que realice una buena obra. Un poco extenso, pero bastante entretenido.
  • Ogro desmemoriado, de Dan Parkinson. Otro de los autores «especializados», que retoma las aventuras de los enanos gully de Día libre. En la lucha contra los esclavistas, los aghar tendrán una ayuda inesperada. El relato resulta mucho más divertido que el del volumen anterior.
  • El hijo del remendón, de Roger E. Moore. Las peripecias de un kender, narradas por él mismo. La escritura, que simula ser a vuelapluma, agiliza esta obra sencilla y le da una frescura que no tienen sus compañeras.
  • La travesía del Cazador del Sol, de Paul B. Thomson y Tonya R. Carter. La creación del Mar Sangriento, vista desde un bajel. Un breve relato muy sencillo pero con muy buenas imágenes.
  • El clérigo mayor de Concordia, de Douglas Niles. Si Foryth Teel narraba la historia de Las tres vidas de Horgan Embaucabueyes, ahora se convierte en protagonista ineludible al descubrir que los dioses no se han ido tan lejos como parecía. Al menos, una diosa. Poco sorprendente, pero ágil y entretenido.
  • Un auténtico caballero, de Margaret Weis y Tracy Hickman. Otra novela corta, que sigue completamente a Hilos de seda, llevando a sus protagonistas a diferentes lugares de Krynn, donde son testigos de los desastres ocurridos tras el Cataclismo. Esta vez Nikol y Michael reciben la ayuda del espectro de lord Soth, el caballero de la Rosa Negra. Ciertos pasajes dan la sensación de ser simples bocetos, como si los autores estuvieran probando a realizar un nuevo texto, de mayor enjundia, y se hubieran quedado a medias. No es que sea un mal relato, pero no está a la altura de sus otras obras.
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Reseña: El Reino de Istar


Este volumen es una de las antologías de relatos editadas bajo el sello Dragonlance. Forma parte, junto con El Cataclismo y La Guerra de la Lanza, de la serie «Cuentos» (en concreto, es el cuarto volumen de la edición anglosajona, que en español comenzó la llamada «Segunda Trilogía»).

Tras un corto prólogo donde los progenitores de la ambientación, Weis y Hickman, presentan el tema de la antología y dan un vistazo rápido a cada obra, el volumen está conformado por ocho relatos con una extensión media de cuatro o cinco decenas de páginas. El punto en común es que las historias se centran en los efectos que los edictos del Príncipe de los Sacerdotes (persecuciones xenófobas, prohibiciones religiosas, etc) causan en los personajes presentados. Considero que esto es el punto fuerte de esta antología (no ser simplemente un conjunto de relatos), pero también su debilidad, ya que la sensación final es que toda la gente de Krynn sabía, antes del Cataclismo, que la balanza estaba demasiado desequilibrada hacia el Bien, y que, a pesar de que el Príncipe de los Sacerdotes había enloquecido, casi todo el mundo siguió sus dictados.

Las ocho narraciones del volumen son las siguientes:

  • Seis cantos por el Templo de Istar, de Michael Williams. Un conjunto de versos en torno a una visión profética sobre la destrucción de Istar. Lo interesante es, por supuesto, el formato, algo que no puede ser apreciado de forma conveniente en una traducción.
  • Los matices de la fe, de Richard A. Knaak. Parece que algunos autores se «especializan» en ciertos argumentos o tipos de personaje, y aquí Knaak, autor de las novelas de Huma y Kaz, nos presenta a un caballero de Solamnia visitando Istar y descubriendo que su gloria y su pureza no son tales. La trama es interesante y el relato está bien escrito.
  • Estofado kender, de Nick O'Donohoe. Poner a un kender como aprendiz de caballero puede ser divertido, pero que su proceso de aprendizaje y su situación entre los otros alumnos parezcan sacados de El juego de Ender me fastidió bastante. Una escritura ágil pero que no cuenta casi nada.
  • El deseo del goblin, de Roger E. Moore. Presenta a diversos personajes (kender, goblin, minotauro y túnica negra), huidos de las persecuciones y de los cazarrecompensas. Ni ellos mismos se creen que puedan cooperar. Las sesenta páginas del relato resultan demasiado numerosas para lo que cuentan.
  • Las tres vidas de Horgan Embaucabueyes, de Douglas Niles. Más que «las tres vidas» debería llamarse «los tres fragmentos en que aparece en toda la Historia conocida de Krynn». Es bastante interesante, y de hecho se me hizo algo corto. El tío Niles, a quien vituperé hace poco, ha vuelto a ganar algunos enteros.
  • Llenando espacios vacíos, de Nancy Varian Berberick. Un cazarrecompensas es contratado para encontrar a un misterioso personaje, lo que resultará en una grata sorpresa final.
  • Día libre, de Dan Parkinson. Otro autor «especializado», autor de las Naciones enanas, narra una pequeña historia sobre unos enanos gully que viven bajo el Templo de Istar. Me resultó demasiado simple, incluso contando con la ironía de que la actuación de los gully resultara en la aprobación de cierto decreto importante para la historia de Krynn.
  • Hilos de seda, de Margaret Weis y Tracy Hickman. Por su extensión de setenta páginas resulta más una novela corta que un relato. Cuenta las andanzas de Michael, clérigo de Mishakal, y Nikol, entrenada dentro de una familia de caballeros de Solamnia. Deben rescatar al hermano de ésta, raptado para un oscuro propósito. La presencia de Raistlin y la forma en que se deja ver su extraña relación con Fistandantilus hace que este texto sólo sea apto para los que sepan de los sucesos acaecidos en Leyendas de la Dragonlance.
Por último, me gustaría resaltar que algunos de los relatos tienen una segunda parte o continuación (como la historia de Michael y Nikol, o la de los enanos gully), o al menos comparten personajes (como el amanuense que cuenta la vida de Horgan Embaucabueyes), con otras historias escritas por los mismos autores y aparecidas en El Cataclismo, que reseñaremos dentro de poco.

Reseña: El Muro de Hielo, de Douglas Niles


Ya hemos visitado un par de veces obras de Douglas Niles, en concreto Los dragones, novela muy secundaria dentro de la ambientación de Dragonlance, y Trilogía de las Moonshaes, para Reinos Olvidados.

Las tres novelas que hoy tratamos, y que en realidad componen una única historia con idénticos personajes, tienen grandes paralelismos con las tres situadas en las islas Moonshaes: se ubican en lugares alejados del continente principal, no afectan al desarrollo de otros acontecimientos, están protagonizados por personajes poco profundos y cuyas relaciones se tratan de forma superficial, se alternan diversos puntos de vista, etc. Sin embargo, esta serie me ha resultado mucho menos entretenida, y debo reconocer que no he llevado un buen ritmo de lectura, a pesar de que entre las tres no suman ni novecientas páginas. Los tramos narrados desde la óptica de los ogros son superficiales y aburridos, la trama de las tres obras es esencialmente la misma, y el escenario cuanto apenas se describe. Además, hay momentos en que el tiempo transcurrido en los diferentes puntos de vista no cuadra, lo que es un síntoma claro de una estructura demasiado endeble.

Pero vayamos más despacio.

Las novelas se sitúan en la región denominada Límite del Glaciar, en las costas del Mar del Oso Blanco, y unos cinco siglos antes del Cataclismo que cambió la faz de Krynn. Una región extrema, con montañas ocupadas por hielos eternos, y un tiempo dominado por una noche y un día de varios meses, separados por una transición muy corta.

El Mensajero abre la serie y la considero la mejor de las tres. Comienza con un asalto de los ogros a una posición de arktos (uno de los grupos humanos, junto a los montañeses, que habitan la zona) y el exilio de un elfo silvanesti. De aquí se sigue el viaje en busca de un nuevo refugio para el invierno y el encuentro, como es lógico, de los personajes. Como sucedía en Moonshaes los «buenos» no se alían inmediatamente, y se plantean ciertas fricciones y problemas que podrían dar lugar a situaciones interesantes si al tío Niles le hubiera dado por escribirlas; en su lugar, parece que luchar contra otra amenaza mayor parece limar toda aspereza, y el tema no se vuelve a nombrar. Y así una y otra vez.

La esfera dorada es un artilugio que los ogros pretenden utilizar para hacerse con el Roquedo de los Helechos, el refugio humano, en la segunda novela. Para conseguir más esclavos, naturalmente, porque los ogros poseen una civilización esclavista y apasionada con el oro. Un grupo de personajes decide ir a Dracoheim, una fortaleza ogra donde se está construyendo la esfera, con el fin de destruirla.

Sin embargo, uno de ellos es apresado y llevado a Winterheim, donde acudirán a liberarlo sus compañeros en el tercer volumen. Y lo de Espartaco se queda en una nimiedad si se compara con lo que preparan en la capital de los ogros. Buena parte del final del libro está ocupada por una serie de combates y escenas rápidas, que quedan en agua de borrajas en un final donde casi se oye la música de Heidi.

En definitiva, una serie que podría haber quedado mejor con un poquito de atención adicional a los personajes y sus conflictos (y menos trama ogra), o que, al contrario, se podría haber resumido en una obra más breve eliminando un par de escenas superfluas.