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eSdlA, peli vs libro, IV-5: Una ventana al oeste


Alcanzamos con este episodio la mitad del cuarto libro; las tres cuartas partes, por tanto, de Las Dos Torres. Sam y Frodo se han topado con los montaraces de Ithilien, quienes por un momento obstaculizarán su viaje.

En el libro:

Faramir regresa con sus hombres («unos doscientos o trescientos») e interroga a Frodo, pero el hobbit debe mantener ciertos puntos en secreto (como qué es el Daño de Isildur que se nombraba en los sueños de Faramir). El montaraz les revela que Boromir era su hermano, y que ha fallecido. Él mismo, mientras vigilaba el Anduin, vio descender la balsa en que viajaba su cuerpo y sus pertrechos, salvo el cuerno de Gondor, cuyas dos partes fueron halladas por separado también en el río. Faramir decide llevar a los hobbits a una guarida, situada cerca de allí, pues su deseo es conducirlos a Minas Tirith. Además, el viaje hacia el sur sería más arriesgado, tras la emboscada a los haradrim. Manda a sus hombres en pequeños grupos, y junto a Mablung y Damrod escolta a los dos compañeros.

Por el camino, vuelve al tema del Daño de Isildur, e intuye acertadamente que fue motivo de discordia dentro del grupo. También habla del Peregrino Gris, de quien aprendió una pequeña parte del conocimiento guardado en los archivos de Minas Tirith, y sabe que el Daño de Isildur debe ser un objeto de gran poder: «Si fuese un talismán que procura ventajas en la guerra, puedo creer por cierto que Boromir, el orgulloso y el intrépido, el a menudo temerario Boromir, siempre soñando con la victoria de Minas Tirith (y con su propia gloria), haya deseado poseerlo y se sintiera atraído por él». Por su parte, Faramir se muestra más cauto y pacífico: «Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden».

Cuando el grupo alcanza un pequeño río, les vendan los ojos a Frodo y Sam, para que no se descubra su escondite, una gran caverna oculta tras una cascada, Henneth Annûn ("Ventana del Sol Poniente"). Allí se han reunido los hombres de Faramir, que preparan las mesas para la cena. Después de la misma, Faramir se reúne con los dos hobbits. Frodo resume sus aventuras, extendiéndose en el papel de Boromir. El montaraz se extiende en la historia de su pueblo: la herencia de Númenor, la alianza con los rohirrim y el declive de los hombres Altos. Luego, apasionado por el tema élfico, Sam comenta que Boromir quiso el Anillo del Enemigo. Entonces Faramir demuestra que en sus palabras anteriores hablaba con franqueza: «Yo no deseo verlo, ni tocarlo, ni saber de él más de lo que sé (y ya es más que suficiente), no sea que el peligro me tiente, y si me enfrentara a esa prueba no sé si tendría la entereza de Frodo, hijo de Drogo».


En la peli:

Una escena con el mismo título adapta este episodio, aunque es breve (incluso habiendo sido ampliada en la versión extendida) y representa un corte brusco para las escenas anteriores (que tratan de Arwen y el destino de los elfos en esta guerra).

La escena se inicia con algo que no puede ser más que una concesión para aquéllos que vayan un poco perdidos con el tema Isengard-Rohan y Gondor-Mordor: el capitán Faramir, frente a un mapa, siguiendo las indicaciones que le da su segundo (aquí es Madril, quien todavía no ha aparecido en el libro). Pero estas indicaciones son sólo generales, y además de una incoherencia supina, puesto que en Gondor no pueden saber todavía que Isengard ha atacado Rohan.

Luego sí, hay una pequeña charla con los hobbits, donde se descubre que Faramir y Boromir son hermanos, y hay una suerte de escena onírica donde el primero ve la balsa con el cuerpo de su hermano. Efectivamente, a Faramir le pareció como un sueño, pero él mismo dice que no lo era, pues no tuvo que despertar. Es decir, en el libro se describe el efecto de irrealidad que sufre el personaje (uno de los mecanismos de defensa de la psique).

La siguiente escena, nueva en la versión extendida, se llama Hijos del Siervo. Es un recuerdo de Faramir, una analepsis por tanto, donde podemos ver a Boromir arengando a las tropas en Osgiliath, y poco después la llegada de Denethor nos muestra la enfermiza fijación de éste por su primogénito, y sus insultos al hijo menor. La escena en sí, sobra en este punto, y puede entenderse que no se incluyera en la versión estrenada en cines, ya que cuadra mucho mejor con lo que se cuenta en El retorno del rey. Además, creo que los guionistas no fueron nada sutiles (como en otros puntos) con los sentimientos de Denethor. Por otro lado, el propio Faramir dice sobre el viaje a Rivendel realizado por su hermano: «Yo habría sido elegido por mi padre y los ancianos, pero él se adelantó, por ser el mayor y el más osado (lo cual era verdad), y no escuchó razones». Por si fuera poco, Denethor le comunica a Boromir que el motivo de la reunión parece ser que el Anillo (así, tal cual) ha sido encontrado.

Por tanto, una escena que en realidad no se ha adaptado (nada se cuenta de la historia de Gondor, y la prueba de Faramir se deja para más adelante, -y entonces sucede algo horrendo, como ya veremos-).


El próximo día podremos contemplar El Estanque Vedado.

eSdlA, peli vs libro, IV-4: Hierbas aromáticas y guiso de conejo


En este episodio Sam, Frodo y Gollum viajan hacia Ithilien, las boscosas tierras al este de Gondor.

En el libro:

Después de descansar a la sombra de las oscuras montañas, los tres personajes inician su marcha hacia el sur. Gollum les apremia, y para cuando llega el alba se encuentran en «una región ya menos yerma y estragada». El aire parece más fresco, y la vegetación comienza a tener mayor presencia. Duermen durante el día, tendidos en un brezal, y al caer la noche descienden al camino (del que se han mantenido apartados por miedo a ser descubiertos) y avanzan rápidamente. Al llegar el día, alcanzan una garganta de paredes profundas, y contemplan el paisaje. «Ithilien, el jardín de Gondor, ahora desolado, conservaba aún la belleza de una dríade desmelenada».

Descienden la ladera, y siguen el curso de un arroyo hasta una pequeña laguna junto a la que se cobijan. Al ver que Gollum se marcha de caza, Sam le pide que encuentre también algo para ellos. Poco después, Gollum le trae dos conejos pequeños, y Sam se dispone a guisarlos (luego de pedir a Gollum que llene las cazuelas de agua). Aunque Gollum discute brevemente con él porque piensa que va a «arruinar la preciosa carne», y se niega a buscar las hierbas que le pide (incluyendo la famosa pregunta «¿Qué son las patatas, mi tesoro?»), Sam termina de cocinar y junto a Frodo dan cuenta del guiso.

Cuando va a lavar las cazuelas, Sam comprueba que la hoguera está humeando, y le parece escuchar «como si alguien imitara el sonido de un pájaro». Al poco, oyen voces, y cuatro hombres, vestidos de verde y castaño, entran en el claro. Aunque ambos grupos preparan las armas, el encuentro es bastante amistoso: se trata de Faramir, capitán de Gondor, y algunos de sus hombres. Frodo se presenta, y oportunamente comenta que iniciaron el viaje con una compañía más numerosa, y pronuncia el nombre de Boromir. Al oírlo, Faramir le pregunta sobre el acertijo que aquél llevó a Rivendel («Busca la espada quebrada / que está en Imladris / ...»), y Frodo le dice que ellos son los medianos de los que habla el poema. Faramir desea hablar más sobre ello, pero tiene una misión que cumplir, así que debe marcharse, y deja a dos de sus hombres con ellos: «Un hombre sabio no se fía de un encuentro casual en estas tierras».

Los dos hombres que quedan de custodios son Mablung y Damrod, montaraces de Ithilien, y del linaje de los dúnedain del sur. Aclaran que la misión por la que se han alejado tanto del río Anduin es la de montar una emboscada contra un regimiento de hombres de Harad, que avanzan para unirse a las fuerzas de Mordor. El estrépito del combate resuena justo sobre el refugio de los hobbits, y Sam se asoma para ver la huida de los haradrim. Uno de ellos cae muy cerca: «Era la primera vez que Sam veía una batalla de hombres contra hombres y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón, o qué amenazas lo habían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido en verdad quedarse alí en paz...». El hilo de sus pensamientos es cortado por el sonido de «un mugido o una trompeta estridente», y puede ver a un mûmak huyendo hacia el sur.


En la peli:

Tres son las escenas que supuestamente adaptan este capítulo, poniendo el final al primer DVD de la versión extendida.

La primera, Los bosques de Ithilien, deja ver de fondo ese lugar, con la vegetación y ruinas dispersas que se describen en el libro. Pero lo que ocurre no tiene nada que ver. Es una discusión entre Frodo y Sam a propósito de Gollum y el Anillo, donde Frodo deja ver la gran empatía que siente por la criatura (tiene miedo de convertirse él mismo en algo parecido), y que comienza por un insulto de Sam hacia Gollum, y Frodo preguntándole por qué lo trata mal. Pues sí, yo también me lo pregunto. En el libro, Sam no se fía de él, y aunque lo considera rastrero y mentiroso (perdón: lo es), no destila ese odio que podemos ver en sus miradas de la película. Y Frodo coincide en no fiarse, aunque en su trato con Gollum usa más la mano izquierda.

La siguiente escena, Gollum y Sméagol, contiene una aclaración de algo que en el libro ya se ha visto con los ojos de Sam: esa suerte de doble personalidad de la criatura. Sin embargo, aquí vence el duelo una personalidad que puede considerarse servicial y sincera en sus atenciones, y parece como si se hubiera quitado de encima el peso por haber llevado el Anillo. Esto no sucede en el libro, donde ambas personalidades coinciden en querer el Anillo, sólo que una es más directa y agresiva, mientras que la otra es más paciente, y si guía a los dos hobbits es sólo esperando un momento más propicio.

La tercera escena, que lleva el mismo título que el capítulo y que fue ampliada en la versión extendida, es más cercana a su contenido. El momento del guiso está prácticamente igual (aunque llevar los conejos es una iniciativa de Gollum, que a Sam le sienta mal). La emboscada de los montaraces está bien llevada, aunque el personaje de Faramir le roba a Sam los pensamientos sobre la bondad de los hombres del sur y los engaños que los llevan a la guerra. No está mal presentar a Faramir con ese sentimiento antibélico, pero no me gusta que a Sam sigan tratándolo como un secundario patoso y ya, habida cuenta de lo que está por venir. Por lo que respecta a los olifantes, son geniales. Cuando vi la película me parecieron demasiado grandes (de hecho parecen cambiar de tamaño si se los compara con la escena de El retorno del rey en la que Éomer pasa cabalgando por debajo de la panza), pero el propio Tolkien quiebra la cuarta pared en su descripción para indicar que sus descendientes actuales en la Tierra Media no son ni la sombra de los mûmakil.

Sin embargo, y a pesar de los espléndidos olifantes (en el libro sólo hay uno, pero qué más da), un capítulo muy justito.


En el próximo capítulo miraremos por Una ventana al oeste.

eSdlA, peli vs libro, IV-3: La Puerta Negra está cerrada


En este tercer capítulo del libro IV Sam y Frodo continúan su viaje hacia Mordor, guiados por Gollum. Es una escena breve, con poco peso en la narración.

En el libro:

Después de describir someramente la distribución de las montañas que rodean Mordor, el texto se centra en el desfiladero donde se encuentra una gran puerta de hierro, el Morannon ("Puerta Negra"), protegida por dos grandes torres de vigilancia, llamadas los Dientes de Mordor, y muchos orcos habitando en las cavernas de las laderas.

Sam y Frodo observan desde un borde rocoso, no muy lejos de una de las torres. Comprueban que será imposible entrar en Mordor, y Gollum, aunque primero intenta que Frodo abandone su viaje (y de paso le entregue el Tesoro para esconderlo), acaba confesando que existe otro camino, «más oscuro, más difícil de encontrar, más secreto». Poco después da algunos datos por los que Frodo averigua que se trata del camino que pasa junto a la que fuera llamada Minas Ithil, en ese momento en manos de los orcos. Pero Gollum afirma que existe una escalera y un túnel, que dan a un paso más elevado que el camino de la torre.

Frodo sigue sin decidirse, y echa de menos el consejo de Gandalf. Interrumpe sus cavilaciones la llegada de más tropas a Mordor, procedentes en esta ocasión del sur. Sam se ve defraudado por la ausencia de olifantes entre sus tropas, pero al menos el suceso ha servido para que Frodo se decida: acompañarán a Gollum hacia el sur.


En la peli:

La adaptación de este capítulo se realiza en una escena que lleva el mismo título. Las frases de los tres personajes son calcadas a algunas de las que aparecen en el libro, aunque aquí se ha convertido la decisión de Frodo en una especie de elección que pone a Gollum por delante de Sam. Algo absurdo.

Además, no hay caída que ponga en peligro a los dos hobbits, ya que la llegada de las tropas (cuya descripción es más parecida al aspecto de los haradrim en la película) sólo es vista desde lo alto. Pero supongo que sin eso la escena gana algo de fuerza en la pantalla.

El aspecto visual es impresionante, y aunque lo construido por Sauron consistía en un parapeto de piedra cuyo único acceso era una puerta de hierro, el aspecto de la Puerta Negra resulta apabullante. Un acierto, salvo por los trols que manejan el mecanismo. Entiendo que son olog-hai (la raza de trols creada por Sauron mediante reproducción selectiva), ya que no se convierten en piedra de día. Y las fuerzas de Mordor no malgastarían unas fuerzas de élite en realizar esa tarea (ni creo que lo aceptaran). Además son demasiado grandes, y su fuerza está desproporcionada (no quiero ni ponerme a calcular el peso de esa puerta).

Pero por muchas pegas que le ponga, la escena está bien trasladada.


El próxima día podremos oler Hierbas aromáticas y guiso de conejo.

eSdlA, peli vs libro, IV-2: A través de las ciénagas


Segundo capítulo del segundo libro del segundo tomo. Frodo y Sam continúan su viaje hacia Mordor, guiados por Gollum.

En el libro:

La criatura, que se ha vuelto más amistosa desde que realizó su promesa, les conduce hasta un sendero que baja por la garganta hasta llegar a las ciénagas. Sam sigue sin fiarse de él, y se pregunta qué comerá. De hecho, cuando llega la mañana y Gollum decide refugiarse de la «Cara Amarilla» junto a la base de la garganta, descubren que no puede comer lembas: ya las hojas en que están envueltas le producen desagrado, y tose y se ahoga cuando las prueba. «Polvo y cenizas, eso él no lo puede comer. Se morirá de hambre. Pero a Sméagol no le importa. ¡Hobbits buenos! Sméagol prometió».

Después de descansar durante las horas de luz, y aprovechando que Gollum ha ido en busca de alimento, Sam se pregunta si tendrán suficientes lembas para todo el camino. Frodo, sin embargo, no desea preocuparse por lo que todavía está por llegar: «Terminar con este trabajo, como tú dices... ¿qué esperanzas tenemos de terminarlo alguna vez? Y si lo hacemos, ¿sabemos acaso qué habremos conseguido? Si el Único cae en el Fuego, y nosotros nos encontramos en las cercanías, yo te pregunto a ti, Sam, ¿crees que en ese caso necesitaremos pan alguna vez? Yo diría que no. Cuidar nuestras piernas hasta que nos lleven al Monte del Destino, más no podemos hacer. Y empiezo a temer que sea más de lo que está a mi alcance».

Al amanecer del día siguiente alcanzan las ciénagas, «una red interminable de charcas, lodazales blandos y riachos sinuosos y menguantes». Cuando el sol comienza a calentar, a través de las neblinas del lugar, Gollum vuelve a suspender el viaje, que retoman al caer la noche. Durante su marcha, comienzan a ver fuegos fatuos, y «caras muertas en el agua»: «caras horrendas y malignas, y caras nobles y tristes. Una multitud de rostros altivos y hermosos, con algas en los cabellos de plata. Pero todos inmundos, todos putrefactos, todos muertos». Han alcanzado el corazón de la Ciénaga de los Muertos.

Mientras siguen su camino, un repentino vendaval arrastra la niebla, y recortada sobre la luna aparece «una figura alada, inmensa y aciaga». Les sobrevuela con un grito, aunque acaba desapareciendo: «en las alas de la ira de Sauron voló rumbo al oeste». Gollum, gimoteando por el terror y la presencia de la luna, dice que son Espectros con alas.

Finalmente, las tierras pantanosas dan paso a grandes turberas y zonas de barro seco, y en la mañana del quinto día desde que iniciaron viaje con Gollum, alcanzan la desolación a los pies de las montañas que rodean Mordor. Pasan el día en una hondonada, y cuando Sam despierta es testigo de una discusión entre las dos personalidades que pugnan dentro de Gollum-Sméagol. Poco después, se ponen una vez más en camino.


En la peli:

Este capítulo está adaptado en una sóla escena que lleva un título casi idéntico: A través de la ciénaga. Aparece allí todo lo que puede leerse en el episodio: el sendero que desciende por la grieta, los rostros muertos en los pantanos y el vuelo del Nazgûl, en una sucesión tan parecida que lo hace uno de los episodios mejor adaptados de Las Dos Torres.

Sin embargo, algunos detalles empañan esa sensación, como sucedía con el capítulo anterior. Los hobbits, que viajan de día no sé por qué motivo, en lugar de estar rodeados por fuegos fatuos caminan entre antorchas de jardín a ras de suelo. ¿Se supone que esas llamas representan gases ardiendo o algo así? Y hablando de efectos pobres: la visión del espectro que Frodo tiene bajo las aguas se me antoja un efecto bastante anticuado. Cuando la veo, me recuerda a la versión de Bakshi y su uso del rotoscopio. Además, en la narración es Sam quien tropieza con una rama y al caer ve esas caras.

Por otro lado, para forzar la empatía entre Frodo y Gollum, aparece ya ese diálogo en el que la criatura sabe cómo se siente Frodo, ya que él lo ha vivido anteriormente. Lo más parecido a esto que aparece en la narración es el sentimiento de Frodo sobre el peso del Anillo, que aumenta cada vez más, y la extraña fuerza que parece frenar su avance, y que él llama el Ojo (aunque no es un ojo real que lo esté buscando, es únicamente una sensación).

Aún así, esos detalles son impresiones subjetivas, y el capítulo está plasmado casi sin cambios.


El próximo día descubriremos que La Puerta Negra está cerrada.

eSdlA, peli vs libro, IV-1: Sméagol domado


Después de un largo descanso, continúo con el resumen comparativo entre El Señor de los Anillos y su adaptación cinematográfica. El libro IV, segunda parte de Las Dos Torres, retoma el viaje de Frodo y Sam, dejando las peripecias del resto del grupo para el comienzo del siguiente volumen.

En el libro:

Frodo y Sam se encuentran en un acantilado, después de tres días de viaje (desde que se separaron del grupo) buscando una salida de las Emyn Muil. Pasan la noche en una hondonada, y por la mañana comentan que tal vez hayan perdido a Gollum, pues no lo han visto en los últimos dos días.

Después de una nueva jornada, tratan de descender por una garganta, pero una tormenta repentina y un grito similar al de un Jinete Negro les dan un buen susto. Sam prefiere esperar a la mañana para volver a intentarlo, pero Frodo insiste: «No me quedaré aquí ni un minuto más de lo necesario, atado de pies y manos al borde de este precipicio mientras los ojos del País Oscuro nos observan a través de las ciénagas». A la luz de la luna, consiguen descender a la llanura. Sam lamenta dejar atrás la cuerda élfica, pero al darle un tirón, parece soltarse y caer hasta ellos.

Para pasar la noche, se refugian junto a un pedrusco, desde donde contemplan sorprendidos y atemorizados cómo Gollum desciende por la pared de roca como una araña. Sam salta sobre él cuando alcanza el suelo firme, aunque el forcejeo es ventajoso para Gollum, por lo que Frodo se lanza en su ayuda: «Esta espada es Dardo. Ya la has visto antes. ¡Suéltalo, o esta vez sentirás la hoja!». Gollum suplica por su vida, y Frodo, recordando las palabras de Gandalf, siente lástima por él, y decide que la criatura los ayudará a entrar en Mordor. Atan uno de sus tobillos con un extremo de la cuerda élfica, pero eso daña a Gollum, y Frodo decide que tal vez puedan confiar en una promesa suya. La criatura se ofrece a jurar sobre el Anillo. «Por un instante, Sam tuvo la impresión de que su amo había crecido y que Gollum había empequeñecido: una sombra alta y severa, un poderoso y luminoso señor que se ocultaba en una nube gris, y a sus pies, un perrito lloroso».


En la peli:

Capítulo muy recortado en su versión estrenada en cines, ya que La cuerda élfica es una escena añadida y Sméagol domado fue ampliado con algunos minutos extra. En general, aparecen los detalles del libro, sin muchos cambios, pero se nota cierta levedad en el guión, como si el sentido épico que destila el texto de otros personajes no fuera adecuado para Sam y Frodo, y tuviera que ser sustituido por ese forzado sentimentalismo. Podría achacarse a que es el inicio de la segunda película, pero es algo que como ya veremos continúa a lo largo de los siguientes episodios.

Y si la relación entre Sam y Frodo no está bien reflejada, la presencia de Gollum no arregla la situación. Además de llevarlo atado del cuello, como un perro, la agresividad de Sam es excesiva. Siente una manifiesta aversión, por supuesto, pero incluso cuando le ata el tobillo, Frodo comprueba después que «no estaba demasiado apretado; al contrario. Sam había sido más compasivo que sus propias palabras».

Así que la adaptación del capítulo no me parece correcta. No tanto por contener lo poco que se narra en sus páginas, sino por los cambios realizados en los personajes. Gollum, eso sí, está fantástico.


El próximo día viajaremos A través de las ciénagas.

Criticón: Las aventuras del capitán Alatriste


A estas alturas es innecesario presentar a Pérez-Reverte, o a su serie de novelas ambientadas en el siglo XVII. Las aventuras del capitán Alatriste reúnen características de la recreación histórica, con el rigor académico de su autor (como ya viéramos en obras como El maestro de esgrima o Cabo Trafalgar), con lo mejor de los personajes folletinescos (género que cuenta con la predilección del autor como es obvio por la lectura de El club Dumas, entre otros).

Ya han pasado unos años desde el estreno de la película que adaptaba esas novelas, dirigida por Díaz Yanes. Hubo en su momento algunas quejas sobre el reparto, aunque para mí lo peor fue observar que la película pasaba de largo sin detenerse en algunos hechos (no hay Limpieza de sangre, y lo poco que aparece de El sol de Breda está situado como prólogo), y sin embargo se extendía en territorio desconocido al incluir escenas que deberán aparecer (o no) en novelas todavía no publicadas. Y ya se sabe, «el que mucho abarca poco aprieta». Pero en la película, sea como fuere, se nota el presupuesto y el respeto hacia una época y su literatura. Por cierto que fue un exitazo en Asia, pero pegó el batacazo en América.

En el presente año ha llegado otra adaptación, esta vez bajo la forma de una serie que de momento cuenta con trece episodios. Hubiera estado bien que solucionaran lo que comentaba sobre la película. Tal vez dos o tres novelas por temporada, por ejemplo. Hubiera estado bien.

Ya antes de su estreno, algunos vertían por el colmillo veneno contra esta serie. Sobre el rodaje, se quejaban de que fuera en Europa del Este. Pues dos más dos son cuatro: Juego de tronos elige Andalucía como Dorne, y los de Mediaset / Beta Film construyen unos decorados en Budapest. Será cuestión de hacer números. Eso hace que algunos actores tengan que ser doblados, lo cual también les parece malo a otros. Considero que algunas series españolas y muchas de nuestras películas mejorarían bastante (tanto en calidad de sonido como en dicción) si fueran dobladas. Sé que hay gente que prefiere ver según qué cosas en la lengua original, subtitulada como mucho, pero a mi entender no nos merecemos los estudios de doblaje que tenemos en España. Porque a pesar de ciertas metidas de pata (como ese «pegarla» -hablando de maltrato a una mujer- que meten los que doblan Bones), su trabajo es excepcional. No sé si sabrán que en otros países no se molestan en cuadrar lo que el personaje dice con la forma en que el actor mueve los labios, algo que se hace aquí prácticamente siempre.

De los decorados y el vestuario, también se ha hablado y escrito. Y es cierto que los verdes y rosados tan vivos que se ven por las calles de Madrid ya los querrían los de Decathlon, sobre todo si tenemos en cuenta que la moda de la época era el negro. Y el luto, una costumbre casi continua. De los decorados, ya dijo Pérez-Reverte que el problema es que están emitidos con demasiada luz. Por ejemplo, la primera vez que aparecen el conde-duque y el de Alquézar el resultado es pésimo; tanto, que parece que hayan grabado la escena sobre un fondo azul, y luego añadido los detalles de la pared. Sin embargo la Taberna del Turco no pinta mal en pantalla, gracias al ambiente en semipenumbra.

Todo eso me daría igual si hubieran seguido, más de cerca o más de lejos, las peripecias de don Diego Alatriste y Tenorio. Que es quien da nombre a la serie. Así que ahí seguía, viendo como la trama del príncipe inglés (quien aparece en la primera novela, pero es más bien un McGuffin, una simple excusa dramática) se alargaba como la búsqueda de Águila Roja, sin entender mucho de por qué María de Castro tiene una hermana que es como Sor Juana Inés de la Cruz pero medio siglo antes y un océano más al este, o por qué Íñigo de Balboa, en lugar de servir a Alatriste tal y como está mandado, «quiere ser soldado, quiere ser soldado, quiere ser soldado»; tanto lo desea que parece el hijo de Águila Roja. Y que haya nombrado esa otra serie dos veces, no es gratuito.

Así estaba, cuando llegó el cuarto capítulo. No les había hecho mucho caso al segundo y al tercero, la verdad. Se había convertido ya en una serie más y, según mis usos y costumbres, hacía otra actividad mientras los veía. En ese capítulo, el capitán Alatriste ayuda a un par de críos a vengarse de unos rufianes que han matado a su padre, antiguo compañero de armas. Eso no aparece en los libros, pero no sería descabellado en el personaje, y sería una buena forma de alargar un poquito la trama (si quisiéramos hacer una temporada por cada libro, por ejemplo) y meter alguna escena de acción. Lo sería, a menos que sólo incluyéramos cuatro o cinco escenas breves de esta trama, interrumpidas por las otras tramas que ocupan mucho más metraje: los celos de la Lebrijana (una cosa es que sea celosa, y con motivo, y otra es estar a la gresca toda la maldita serie con el hombre al que ama), el matrimonio de la infanta con el príncipe inglés (quien es retratado como un pelele ignorante una y otra vez) y los engaños de Angélica Alquézar (que, por muy lista que fuere, una cosa es que esté destinada a convertirse en una mujer que dejaría a Milady de Winter a la altura del betún, y otra es que se codee, con sus lozanos once o doce, con fray Emilio Bocanegra).

¿Qué quieren que les diga? Para ver amoríos y sinsentidos seguro que hay otros programas más interesantes. Y otras series y películas retratan mucho mejor la corte de los Austrias. Pensaba que iba a ver una adaptación de las novelas, y salvo el primer episodio (donde se hizo, aunque no del todo a mi gusto), todo se queda en agua de borrajas y adopta la forma de un culebrón. Así que ahí se queda; no la veré más.


eSdlA, peli vs libro, III-11: El Palantir


Último episodio de la primera parte de Las Dos Torres, antes de que la narración vuelva atrás, para ver cómo les ha ido a Sam y Frodo.

En el libro:

«Gandalf y sus compañeros, y el rey y los jinetes partieron de Isengard. Gandalf llevaba a Merry en la grupa del caballo y Aragorn llevaba a Pippin». Cabalgan durante un buen trecho, incluso cercados por la noche, hasta que alcanzan Dol Baran, la última montaña al sur de las Montañas Nubladas, donde montan un campamento.

Pippin se encuentra nervioso y no logra conciliar el sueño. Conversando con Merry, confiesa que quiere saber qué es esa bola de vidrio que Gríma les lanzó y Gandalf recogió con tanta prontitud. Poco después, con su amigo ya dormido, se levanta y acude junto a Gandalf, cambiando la bola que el dormido mago sostiene bajo el brazo por una piedra. Observa la esfera, que por un momento brilla con unas luces incandescentes, para luego apagarse. Pippin, con un grito que pone en alerta a todo el campamento, cae de espaldas después de haber «contactado» con Sauron, pues la piedra es la forma en que se comunicaban Isengard y Mordor.

Gandalf le pide a Aragorn que porte la esfera, y éste acepta: «Hay alguien que puede reclamarla por derecho propio. Porque éste es sin duda el Palantir de Orthanc, del tesoro de Elendil, traído aquí por los Reyes de Gondor. Se aproxima mi hora. La llevaré». El mago se marcha enseguida en Sombragrís, llevándose a Pippin en dirección a Minas Tirith. El resto debe partir hacia el Abismo de Helm.

La conversación entre Gandalf y Pippin a lomos de Sombragrís, hablando sobre los siete Palantiri, sobre las bestias aladas de los Nazgûl y sobre los problemas de Saruman por culpa de su alianza con Mordor, ocupa el final del capítulo.


En la peli:

Este episodio aparece en la tercera entrega de la adaptación, en una escena con el mismo título, El Palantir, que incluye algunos minutos más en la edición extendida. Las diferencias con el libro son bastante claras: ocurre en Edoras, en lugar de un campamento al sur de Isengard, y entre las visiones de Pippin aparece el Árbol Blanco de Minas Tirith entre llamas. Esto último es lo que hace marchar con rapidez a Gandalf (pues son los planes de Sauron), mientras que en el libro el mago ya tiene esa información, obtenida en los días anteriores a la batalla del Abismo de Helm.

Un par de cambios sin mucha importancia. Aunque, eso sí, que la escena aparezca en la tercera película es, una vez más, achacable a la enorme cantidad de tiempo dedicada a la batalla del Abismo de Helm en la segunda.


El próxima día veremos a Sméagol domado.

eSdlA, peli vs libro, III-10: La voz de Saruman


Después del interludio que supone el episodio anterior, el capítulo 10 de Las Dos Torres continúa la narración de lo ocurrido en Isengard. En esta ocasión se nos muestra un enfrentamiento, aunque no con las armas habituales.

En el libro:

Aragorn y sus compañeros se reúnen con Gandalf y la escolta del rey, dispuestos a hablar con Saruman. El mago propone que ascienda con él Aragorn, y Théoden se suma, acompañado de Eomer. Gimli insiste en que él y Legolas deben también estar presentes, como representantes de su raza. «Merry y Pippin se sentaron en el último escalón, sintiéndose a la vez poco importantes y poco seguros».

Gandalf aporrea las puertas de la torre y despacha con prontitud a Gríma. Luego se asoma Saruman con una voz que «era ya un encantamiento (...). Nadie, sin un esfuerzo de la voluntad y la inteligencia, podía permanecer indiferente, resistirse a las súplicas y las órdenes de aquella voz (...). El tono era el de un corazón bondadoso dolorido por injurias inmerecidas». Las palabras de Saruman logran sembrar la duda en Théoden y los caballeros. Éstos ven «el final de la Marca, hundida en el abismo de tinieblas al que Gandalf parecía arrastrarla, mientras Saruman entreabría la puerta de la salvación». Pero Gimli rompe el hechizo: «-Las palabras de este mago no tienen pies ni cabeza -gruñó, a la vez que echaba mano al mango del hacha-. En la lengua de Orthanc ayuda es sinónimo de ruina, y salvación significa asesinato». Ante un nuevo acoso de Saruman, Eomer acude en ayuda de su rey: «-¿Habremos conquistado la victoria para terminar aquí, paralizados y estupefactos ante un viejo embustero que se ha untado de mieles la boca viperina?».

Por fin reacciona Théoden, echando en cara al mago las muertes habidas entre su gente. Saruman, que poco a poco ha ido enfureciéndose, se calma de repente y busca una alianza con Gandalf, lisonjeándole de forma abierta. Pero el mago no cae en la trampa, y realiza una oferta: Saruman puede rendirse y marchar en libertad. Como no acepta las condiciones, Gandalf se ve obligado a usar su propio poder: «-¡Mírame! No soy Gandalf el Gris a quien tú traicionaste. Soy Gandalf el Blanco que ha regresado de la muerte. Ahora tú no tienes color y yo te expulso de la orden y del Concilio. (...) Saruman, tu vara está rota. -Se oyó un crujido, y la vara se partió en dos en la mano de Saruman; la empuñadura cayó a los pies de Gandalf-. ¡Vete!». Justo entonces, un objeto redondo y brillante cayó desde lo alto, pasando muy cerca de Gandalf y yendo a parar junto a Pippin, quien la recoge y la sostiene brevemente, antes de que el mago se la arrebate con preocupación.

Así termina el intento de parlamento. Los compañeros se despiden de Bárbol, quien ya ha añadido a los hobbits a la Larga Lista de criaturas que conocen los ents. Bárbol queda ahora guardando a Saruman y Gríma, cercados en la torre de Orthanc.


En la peli:

Nada de esto pudo verse en el cine. En la versión extendida de El retorno del rey se añadió una escena con el mismo título que el presente episodio, La voz de Saruman, justo tras la escena que vimos hace dos capítulos (en El camino de Isengard). Aunque el diálogo está desordenado y la actitud de Saruman es mucho más orgullosa y agresiva, está bastante bien adaptado. Sin embargo, la patada al libro viene con el final de la escena, pues Gríma aparece para acuchillar al mago. Esto sucede en realidad durante El saneamiento de la Comarca, cerca del final de la novela, y ya cuando los hobbits han regresado a casa. Además, durante el diálogo de la película Saruman se encuentra en lo alto de la torre, un lugar desde donde difícilmente se puede hablar a gente que está al pie de la misma. La única justificación, al parecer, es hacer que el mago caiga desde bien alto sobre esa extraña rueda (¿es un molino de agua? ¿por qué tiene pinchos? ¿al caer desde esa altura le mata el pincho, el golpetazo, o el simple miedo?).

Así que salvo ese par de detalles sobre el fin de Saruman, el capítulo está bien adaptado, aunque es una lástima que escenas como éstas aparezcan sólo en una versión extendida, y por si fuera poco, donde no les corresponde.


El próximo día veremos qué sucede con El Palantir.

eSdlA, peli vs libro, III-9: Restos y despojos


Continúo la marcha hacia el final del libro III y la mitad de Las Dos Torres. El capítulo 9 sigue el punto en que se quedó el anterior: con los héroes en Isengard, que ha sido tomada por los ents.

En el libro:

Gandalf y Théoden, junto con la escolta de éste, se alejan para hablar con Bárbol, mientras los que fueran los Tres Cazadores se quedan con sus amigos. Unos y otros quieren ponerse al día, pero antes deciden acudir a una garita del muro para comer. Gimli no quiere saber nada de casas o comidas de orcos, pero Merry le tranquiliza: «Saruman, a pesar de todo, tuvo la prudencia de no fiarse de los orcos. Eran hombres los que custodiaban las puertas: algunos de sus servidores más fieles, supongo».

Mientras comen comentan el crecimiento de los hobbits gracias al agua de los ents, y poco después Merry muestra un pequeño tesoro encontrado entre los restos flotantes: dos barriles de tabaco de pipa de Valle Largo. Salen de nuevo al exterior para fumar y descansar, y los hobbits resumen los tres días pasados con los orcos. Aragorn les entrega a ambos sus puñales, y también el broche de la capa a Pippin. «Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado».

Merry y Pippin cuentan a continuación la marcha de los ents y su entrada a Isengard, liderando una hueste de «ucornos, como los llamaban los ents en la "lengua abreviada". Bárbol no quiso hablar mucho acerca de ello, pero yo creo que son ents que casi se han convertido en árboles, por lo menos en el aspecto (...); pero se han vuelto huraños y salvajes. Peligrosos». Saruman decidió evacuar Isengard y lanzar al combate a todos los orcos y semiorcos, cuyas caras recordaron a Merry al sureño de Bree, espía de Saruman. «Entre los de una y otra especie, debían de ser por lo menos diez mil».

La narración continúa con Bárbol asaltando las puertas. Los compañeros comentan que Saruman no supo al parecer qué hacer, pues no había contado en sus planes con los ents. «No tiene muchas agallas, ni mucho coraje cuando se encuentra a solas en un sitio cerrado sin esclavos y máquinas y cosas». Pero de hecho el mago puso en funcionamiento alguna de sus máquinas, y «empezaron a brotar llamaradas y humaredas nauseabundas: los respiraderos y los pozos vomitaron y eructaron por toda la llanura». Bárbol calma la furia de los ents, y deja algunos guardias alrededor de la torre, mientras con otro grupo y con los ucornos pasa el día entero preparando la inundación de Isengard para arrastrar «la inmundicia de Saruman». Al anochecer aparece Gandalf (que los hobbits aún creían muerto) y habla brevemente con Bárbol, para a continuación marcharse a toda prisa.

Merry continúa contando cómo los ents rompieron los diques, y Pippin le sucede para describir la llegada de Gríma Lengua de Serpiente, quien trató de engañarlos diciendo ser un mensajero. Pero Bárbol ya había sido advertido: «Pon todas las ratas juntas en una ratonera, me dijo Gandalf, y eso es lo que haré», y dejó ir a Gríma hacia la torre. Luego pidió a los hobbits que estuvieran atentos a la llegada del rey.

Así acaba el episodio, cuando los hechos pasados alcanzan el presente de la narración. Una nota premonitoria de Aragorn, quien se pregunta cómo llegaron los barriles con tabaco de la Cuaderna del Sur a Isengard, constituye sus últimos párrafos.


En la peli:

Lo que en el libro nos cuentan Merry y Pippin ya ha sido visto en orden más o menos cronológico. El viaje con los orcos, la estancia en Fangorn y el Ent-cuentro ya han sido revisadas en capítulos precedentes, y no volveré sobre ello.

En la escena titulada La inundación de Isengard vemos el ataque de los ents sobre la fortaleza de Saruman. Hay un cambio interesante: en la adaptación los ents luchan contra los orcos, en lugar de hacer huir simplemente a la escasa guarnición de humanos. Si los ents únicamente se dedicaran a roer piedras y derribar muros, sería difícil para el espectador obtener la catarsis (en términos aristotélicos) que debería desencadenar el fin del imperio de Saruman. No me acaba de cuadrar la actitud un tanto exagerada de Saruman, quien se encuentra al borde del paroxismo por la derrota de sus fuerzas; pero el espíritu del libro no deja de estar detrás de esa afectación.

No aparece en la adaptación la charla entre los miembros de la Compañía (ya que no es necesaria una explicación de lo sucedido anteriormente), pero en la escena Restos y despojos, una adición a la versión extendida, podemos ver cómo Merry y Pippin encuentran la enorme despensa de la garita de guardia.

En resumen, un capítulo que considero bastante bien trasladado: la escena en sí no aparece, pero casi todo lo que se cuenta en ella sí.


El próximo día escucharemos La voz de Saruman.

eSdlA, peli vs libro, III-8: El camino de Isengard


Retomo esta serie de resúmenes comparativos entre El Señor de los Anillos y su adaptación cinematográfica. Hace ya un año que empecé este «proyecto» (por llamarlo de alguna manera). Pensaba que a estas alturas ya lo habría terminado, pero me gusta ir variando los temas de las entradas (salvo alguna «semana temática») lo que, unido a mi mala costumbre de realizar rachas de muchas entradas seguidas por muchos días sin actualizar, ha logrado alargar el tema. Tampoco es que vaya a cambiar ahora mi forma de llevar este sitio, pero lo aclaro por si a alguien se le hace ya muy pesada la serie.

Sea como fuere, el capítulo 8 de Las Dos Torres continúa justo donde quedó El Abismo de Helm: los orcos de la Mano Blanca han huido de la batalla para desaparecer bajo la sombra de los árboles de Fangorn.

En el libro:

Los héroes se reúnen en el prado a orillas de la Corriente del Bajo: Théoden, Gandalf, Aragorn, Legolas y Erkendrand por un lado, y al poco aparecen Gamelin, Eomer y Gimli. Éste «no llevaba yelmo y una venda manchada de sangre le envolvía la cabeza; pero la voz era firme y sonora. -¡Cuarenta y dos, maese Legolas! -gritó-. ¡Ay! ¡Se me ha mellado el hacha! El cuadragésimo segundo tenía un capacete de hierro». Todos creen que es Gandalf quien ha llevado el bosque hasta allí, pero él lo niega, y recita sobre el verdadero responsable unos enigmáticos versos (aunque el lector sabe que se trata de Bárbol). El mago insiste en acudir a Isengard para hablar con Saruman, y Théoden escoge a une veintena para que, después de un descanso, les sirvan de escolta.

Aunque ningún orco quedaba con vida en la fortaleza, «muchos de los montañeses se habían rendido, atemorizados, y pedían clemencia». Erkenbrand lo desarma y los pone a trabajar, perdonándoles la vida si juran no volver a Rohan en pie de guerra. En el campo de batalla se preparan dos túmulos, uno para los jinetes de los Valles del Este, y otro para los del Folde Oeste. «En una tumba a la sombra de Cuernavilla, sepultaron a Háma, capitán de la guardia del Rey. Había caído frente a la Puerta». Los cadáveres de los orcos se amontonan en grandes pilas, no lejos de la linde del bosque.

El grupo marcha hacia el bosque, y avanza por un camino junto a la Corriente del Bajo. A Gimli no le gusta la presencia sobrenatural de los árboles, y Legolas trata de tranquilizarlo. «Me hubiera gustado poder detenerme un momento ahora y pasearme entre ellos; tienen voces y quizá con el tiempo llegaría a entender lo que piensan». Pero Gimli sigue prefiriendo otros lugares, y le describe al elfo las Cavernas Centelleantes de Aglarond, que los rohirrim tratan como simples refugios y depósitos. Legolas le ofrece regresar cuando la guerra acabe, y contemplar juntos Fangorn y el Abismo de Helm.

Atraviesan los Vados del Isen y se acercan al Nan Curunir, el valle donde se encuentra Isengard, cuando se detienen a hacer noche. La narración corta para describir el amanecer en Cuernavilla, donde los rohirrim se encuentran con que el bosque ha desaparecido de nuevo, dejando una gran colina de piedras, que luego sería conocida como la Quebrada de la Muerte.

Los jinetes alcanzan a mediodía Isengard, y el texto nos deleita con una descripción completa de cómo era antes de la llegada de Saruman, y de cómo el mago la fue transformando. Finalmente, de nuevo bajo la óptica de los héroes, se describe el efecto de la pasada noche: las puertas arrancadas, piedras desmenuzadas por doquier, agua y humo ocupando el anillo interior, arcones y barriles flotando despedazados. En un gran montón de escombros se encuentran dos figuras pequeñas, descansando tras una comida: Meriadoc y Peregrin, naturalmente, quienes les dan la bienvenida de parte de Bárbol.


En la peli:

Al contrario de lo sucedido con el capítulo anterior, donde la batalla descrita se extiende como mantequilla sobre demasiado pan para ocupar más de media película, este episodio sólo se trata brevemente.

En la escena El recuento final aparece una pequeña gracia de nuevo a costa de Gimli, que aquí no ha sido herido. Lo que no entiendo es qué conoce un enano de la Tierra Media sobre el sistema nervioso, ni por qué en lugar de 41-42 han quedado 42-43 (alguno pensará que eso es sacar demasiada punta, pero si no tiene importancia, ¿a qué ese cambio?). Por otro lado, de la frase de Gimli en el libro sobre que el último que mató llevaba un capacete de hierro, podemos deducir que el aspecto de los uruk-hai de la Mano Blanca, con sus armaduras fabricadas en serie, se aleja bastante del imaginado por Tolkien. Y, por cierto, nada se dice tras la batalla de los montañeses que aterrorizaban las aldeas rohirrim, y tampoco de las bajas. Aunque la muerte que más lamenta Théoden es la de Háma, que en la peli ocurrió en el asalto de los huargos.

El final de la segunda película se acelera, y poco más se dice de este episodio. En la primera parte de la escena titulada "La batalla por la Tierra Media no ha hecho más que comenzar", vemos al grupo de jinetes (con el cambio Eomer > Gamelin) plantados hacia el distante futuro, mientras Gandalf suelta una perorata.

Para terminar correctamente este episodio debemos irnos a la tercera entrega de la adaptación. En concreto a la tercera escena, La ruta hacia Isengard, con algo de rodaje extra en la edición extendida. Contiene buena parte del diálogo que se produce al encontrarse los jinetes con Merry y Pippin, aunque aquí los hobbits sonn algo más toscos y están bebidos. La adorable rusticidad con que los retrata Tolkien transformada en mera grosería.

En cualquier caso, la impresión que me queda es que este capítulo fue bastante ignorado. Consecuencia, supongo, de alargar la batallita de marras.


El próximo día veremos Restos y despojos.

eSdlA, peli vs libro, III-7: El Abismo de Helm


Séptimo capítulo de Las Dos Torres, que continúa con la línea argumental de Aragorn, Legolas, Gimli y Gandalf, en su viaje desde Edoras. Este episodio tiene bastante más movimiento que los anteriores, así que el resumen será un poco más extenso.

En el libro:

Los rohirrim se dirigen hacia los vados de Isen, donde los hombres del rey contenían a las tropas de Saruman, pero al segundo día de marcha, un jinete les alcanza y les cuenta que han sido derrotados y que el muro de contención ha caído, pues Saruman ha usado todas sus fuerzas, e incluso ha armado a los montañeses y pastores salvajes para lanzarlos contra los rohirrim. Erkenbrand, el líder del Folde Oeste, se ha replegado hacia la fortaleza del Abismo de Helm, y los demás se han dispersado.

Théoden decide dirigirse hacia el Abismo, en lugar de seguir hacia los vados. En ese momento, Gandalf decide abandonarlos para cumplir una misión de la que nada cuenta. «Le dijo una palabra a Sombragrís y como una flecha disparada desde un arco, el caballo echó a correr. Apenas alcanzaron a verlo partir: un relámpago de plata en el atardecer, un viento impetuoso sobre las hierbas, una sombra que volaba y desaparecía».

Se describe el desfiladero llamado Abismo de Helm, con la torre de Cuernavilla y el muro que cerraba el lugar.

Cuando el grueso de los jinetes llega a la entrada del valle, los exploradores regresan para anunciar que unos jinetes montados en lobos lo ocupan, y que una horda de orcos y hombres salvajes avanza hacia el sur desde los vados del Isen. Es posible que Erkenbrand sea capturado antes de alcanzar la Puerta de Helm. La tropa avanza por el desfiladero y, perseguidos de cerca por los orcos, logra alcanzar la empalizada que, a un cuarto de milla de la Puerta, constituye una primera defensa. Encuentran una guarnición establecida allí por Erkenbrand antes de partir a los Vados del Isen. Gamelin es su jefe y les pone en antecedentes: «Quizá contemos con unos mil hombres (...). Pero la mayoría ha visto muchos inviernos, como yo, o demasiado pocos, como el hijo de mi hijo, aquí presente. (...) Atrás, en las cavernas del Abismo, están las tres cuartas partes de los habitantes del Folde Oeste, viejos y jóvenes, niños y mujeres». El rey y su séquito atraviesan las puertas, y Eomer distribuye a sus tropas para defender el Muro del Bajo (que tiene «veinte pies de altura»).

Pasada la medianoche, el enemigo toma la empalizada y obliga a la guarnición a retroceder. Comienza a caer un aguacero, mientras la horda de orcos gigantescos y montañeses salvajes va ascendiendo. Flechas y pedruscos los ponen en desbandada, pero una y otra vez se repliegan y avanzan, alcanzando cada vez un punto más alto. Finalmente, un par de arietes surgen de entre sus filas y avanzan hacia la Puerta. Eomer y Aragorn, junto a un puñado de valientes, salen por una poterna y atacan a los que manejan los arietes, logrando dispersarlos gracias en buena parte al fuego blanco con que resplandece Andúril. Mientras los héroes se repliegan, un grupo de orcos se lanzan sobre ellos y hacen caer a Eomer; en ese momento, Gimli salta hacia ellos: «Un hacha osciló como un péndulo. Dos orcos cayeron, decapitados. El resto escapó».

Comienza entonces la competición entre Legolas y el enano: Gimli lleva dos en su cuenta; su compañero, que ha vaciado el carcaj, por lo menos veinte.

Los rohirrim amontonan piedras tras la poterna y barrican de hierro los portales, y sus enemigos tratan de ascender las murallas usando escalas de cuerda. «Los hombres de Rohan empezaban a sentirse fatigados. Habían agotado todas las flechas y habían arrojado todas las lanzas; las espadas estaban melladas y los escudos hendidos». En ese momento, un buen número de orcos ataca desde el Abismo, pues habían logrado escabullirse hacia el canal y buscar su oportunidad. Gimli, acompañado de Gamelin y algunos guardias, logra deshacerse de ellos. Luego refuerzan esa entrada con piedras y regresan a la muralla. La cuenta sigue aumentando: el enano ha alcanzado veintiuno, pero Legolas lleva dos docenas, pues sobre la muralla hubo un combate, y usó sus puñales.

De repente hay «un estallido atronador, una brusca llamarada y humo», y un boquete se abre en el muro, por el que penetra una horda de orcos. Los rohirrim se ven obligados a replegarse. Aragorn y Legolas entran en la ciudadela, pero Eomer, Gamelin y Gimli se quedan combatiendo a la entrada del Abismo. Aragorn habla con el rey: Théoden tiene intención de cargar contra la horda con la intención de abrirse paso, o tener «un fin digno de una canción... si queda alguien para cantar nuestras hazañas».

Los orcos vuelven a usar el «fuego de Orthanc» para derribar la puerta del muro, y en ese momento, al amanecer, resuena el cuerno de Helm, que da nombre a Cuernavilla, y Théoden, Aragorn y otros jinetes se lanzan sobre ellos. Desde las cavernas del Abismo, cargan también los hombres del rey, y juntos alcanzan la empalizada. Allí contemplan que el valle ha sido ocupado, de la noche a la mañana, por un bosque de grandes árboles. Aparece entonces en una cima cercana un jinete vestido de blanco, con más de un millar de hombres a pie, liderados por Erkenbrand. Cargan Théoden y los suyos, y también Erkendrand con su hueste. Los orcos huyen: «Pasaron, gimiendo, bajo la acechante sombra de los árboles; y de esa sombra ninguno volvió a salir».


En la peli:

Hemos dicho que el resumen sería un poco más extenso, pero ni punto de comparación con lo que hacen los guionistas de la adaptación, que convierten este capítulo, con un par de añadidos, en aproximadamente una hora de metraje (más de un cuarto de la película). Y como todas las tramas de esta entrega van alternándose en pantalla, el resultado es que Las Dos Torres parece más una película de guerra que cualquier otra cosa.

Con el viaje desde Edoras da comienzo el segundo DVD de la película, en una serie de escenas que sólo marginalmente tienen como punto de partida el libro que adaptan. Mujeres enanas crea una escena simpática gracias a tomar como personaje gracioso, como no, a Gimli; aunque hay que reconocer que esta vez esta medio justificado (sin embargo, recordemos que Eowyn y los refugiados se dirigen a El Sagrario, y no marchan con los jinetes). Uno de los Dúnedain, añadido en la versión extendida, es algo de agradecer, ya que logra poner un poco en perspectiva al personaje de Aragorn, que no en vano tiene 87 años cuando transcurre la Guerra del Anillo (pero el viejo vigoroso no se marchita). La Estrella de la Tarde es sólo un recuerdo que el montaraz tiene de su amada, y sólo tiene sentido por las escenas que vienen poco después. Los guionistas trataron bien el tema del amor entre una elfa y un humano, pero no lo hicieron tan bien con el personaje de Elrond: su afecto por su hija parece que de alguna manera ensombrece su opinión sobre Aragorn. O tal vez es impresión mía. De todas formas, es una escena que aporta poco más que El destino de Arwen (la cual aparece poco más adelante), lo que explica que sea un añadido a la versión extendida.

Los lobos de Isengard es un completo desastre que añade una trama inexistente, anunciada ya con las escenitas de Brego y de Éxodo de Edoras en el anterior capítulo. Los refugiados sufren un ataque de jinetes de huargos. Un ataque que no está en el libro, por supuesto, y cuya consecuencia principal es que Aragorn se despeña por un acantilado. Además, Háma, el ujier del rey Théoden del que nada se dice en el presente capítulo, es el primero que fallece a manos de los ¿lobos? En serio, ¿eso son huargos? Supuestamente los huargos son lobos grandes e inteligentes, que suelen guiar a bandadas de lobos. Ya aparecieron como montura de los orcos en El hobbit, pero en este episodio sólo se los nombra. Pero es que, ¡no dejan de ser lobos grandes y fieros! ¿Qué narices han creado para la película? Por su cruz elevada y el tamaño de su cuello podrían pasar por hienas, pero su cara me recuerda a la de Stitch, ¡el de Lilo & Stitch!

Sigue El Abismo de Helm, con los refugiados llegando a la fortaleza y seguidos poco después por los jinetes. En Las fuerzas de Isengard se deja bastante claro que el fuego de Orthanc del que se habla en la película es pólvora, y aparece trazado el plan de Saruman.

La gracia de los Valar, El destino de Arwen y, después de un salto sobre el hilo argumental de Sam y Frodo, El retorno de Aragorn son escenas derivadas únicamente de la trama extra añadida por los guionistas. Todas ellas aportan poco a Las Dos Torres.

En Las cavernas, se agradece que se pegue un vistazo, aunque sea rápido, a las Cavernas Centelleantes. Lo que ya no es tan correcto es que Legolas sufra tal episodio de desesperanza, y que cuando los tres compañeros son armados (algo que transcurre en Edoras) tenga lugar otro momento de humor a costa del enano. Su continuación, ¿Qué ha sido del jinete y su caballo?, pone en labios de Théoden el poema que cantara Aragorn, también en el capítulo anterior. Théoden comienza así su periplo épico. En esta escena le acompaña el supuesto Gamelin. Digo supuesto porque al personaje ya lo vimos en el salón del trono, junto a Háma, mientras que Gamelin es el viejo a cargo de la guarnición de Cuernavilla, que aquí no aparece.

Las huestes de los Eldar es otro golpe en los morros. ¿Haldir, señor de los vigilantes de Lórien, acude a proteger el Abismo de Helm? ¿En serio? No hay elfos en esta lucha, salvo Legolas, y desde luego no vendría Haldir a traer un «mensaje de Elrond de Rivendel»; como mucho vendría de parte de la Dama Galadriel. A continuación vienen las escenas de lucha, como ya hemos dicho alternadas con otras tramas: La batalla de la fortaleza que escenifica el acercamiento de los uruk-hai de la Mano Blanca; La fractura del muro, con el uso del fuego de Orthanc; Retirada, con el repliegue hacia la ciudadela y Eorlingas, con la carga de Théoden. En la versión extendida se añade, de forma un tanto brusca, Fangorn llega al Abismo de Helm, con los orcos escapando hacia los árboles y muriendo bajo su sombra.

Hay varios cambios menores, por supuesto: la salida por la poterna de Aragorn y Gimli, solos, con una pequeña broma traída desde Moria; que la carga al amanecer sea idea de Aragorn ante la desesperanza de Théoden; y la ausencia de Eomer, que sustituye a Erkenbrand en la carga final (que éste realiza a pie, no a caballo). Por otro lado, los guionistas han reducido a trescientos el número de defensores, cuando en el libro se dice específicamente (y eso es raro, porque casi nunca se habla de la cantidad de tropas de los ejércitos) que era de dos mil («más de mil» traía Théoden desde Edoras y «quizá mil» estuvieran junto a Gamelin), y son demasiado exactos al hablar de diez mil orcos, que en el libro forman una horda y hasta este punto únicamente se aproxima su número cuando se dice que son más numerosos que los rohirrim que avanzan desde Edoras (en un par de capítulos más sí hay un par de indicaciones que deja la cifra en diez mil, entre orcos y semiorcos).

En definitiva, un sencillo capítulo sobre una batalla, que ha sido extendido hasta abarcar y "protagonizar" la película al completo. En esta ocasión no veo que los cambios sean acertados, ni que añadan nada importante.


El próxima día seguiremos por El camino de Isengard.

eSdlA, peli vs libro, III-6: El Rey del Castillo de Oro


Retomo esta serie de entradas, que he dejado de lado ya por mucho tiempo. Continuamos con el sexto capítulo de Las Dos Torres. Habíamos dejado a Gimli, Legolas, Aragorn y Gandalf cabalgando hacia Edoras.

En el libro:

La marcha dura toda la larga noche, y al amanecer, a lo lejos, contemplan Edoras y, en su cima, el castillo dorado de Meduseld. En su aproximación a la villa, pasan cerca de los montículos donde descansan los antepasados de Théoden, el rey de Rohan. Todos coinciden en que, según la óptica de los hombres, mucho tiempo ha transcurrido desde que se construyó el Castillo de Oro. Aragorn canta entonces en la lengua de los rohirrim, y luego traduce para sus amigos los versos, que un poeta olvidado escribió al evocar a Eorl el Joven: «¿Dónde están ahora el caballo y el caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba?».

Al entrar en la población, unos guardias con brillantes túnicas de malla les cierran el camino con las lanzas. Los compañeros averiguan que un tal Lengua de Serpiente ha ordenado que no se permita la entrada de ningún extranjero. Gandalf consigue que un guardia acuda a anunciar su presencia, y logran entrar, ascendiendo la escalera que lleva hasta Meduseld. Allí se encuentran con Háma, el Ujier de Théoden, que les ordena dejar las armas antes de entrar en el castillo. Aragorn no desea abandonar a Andúril, pero Gandalf lo convence dejando a su vez a Glamdring. Sin embargo, el mago no entrega su bastón, y Háma, convencido de que son personas honorables sin propósito malvado, los deja pasar.

Théoden los recibe con cierta animosidad: «Tu bienvenida es aquí dudosa, señor Gandalf. Siempre has sido portador de malos augurios. Las tribulaciones te siguen como cuervos y casi siempre las peores. (...) ¿Por qué habría de darte la bienvenida, Gandalf, Cuervo de la Tempestad?». Habla entonces Lengua de Serpiente, consejero del rey, que se empeña en acusar a Gandalf de no venir con ayuda, si no con necesidad de ella, y de apoyar a la «Hechicera del Bosque de Oro». El mago, cansado de «cambiar palabras torcidas con un sirviente», lo derriba con un sortilegio. Luego ofrece a Théoden salir del castillo, al aire fresco y la luz de la mañana. El rey parece renovado, y se alza «alto y enhiesto»: «Sombríos fueron mis sueños en los últimos tiempos -dijo-, pero siento como si acabara de despertar. Ahora quisiera que hubieras venido antes, Gandalf, pues temo que sea demasiado tarde y sólo veas los últimos días de mi casa».

Gandalf aconseja al rey liberar a Eomer, encarcelado por amenazar de muerte a Lengua de Serpiente. Mientras Háma acude a buscarlo, el mago le cuenta en secreto al rey cuál es su esperanza, perdida en algún lugar del País de las Sombras. Justo cuando Théoden solicita una espada, aparece Eomer para ofrecerle la suya. El rey la toma, y «les pareció a todos que el débil brazo del anciano recobraba la fuerza y la firmeza». Théoden entona la llamada a las armas, y le traen su propia espada, Herugrim, que estaba oculta en un baúl de Lengua de Serpiente. A éste se le propone seguir a su rey a la guerra, pero Gríma se ofrece a quedarse como Senescal. Gandalf entonces asegura que trabaja para Saruman, y que su recompensa sería Eowyn, la sobrina del rey. Eomer, que ya estaba al tanto, amenaza de nuevo con matarlo, pero Gandalf aconseja proporcionarle un caballo para que demuestre a quién sirve verdaderamente. Lengua de Serpiente escupe a los pies del rey y huye.

Théoden invita a Eomer y a sus huéspedes a comer, mientras el pueblo se prepara para la guerra, y luego traen «paramentos de guerra de los arcones del rey, y vistieron a Aragorn y Legolas con cotas de malla resplandecientes. También eligieron yelmos y escudos redondos (...). Gandalf no aceptó una cota de malla; y Gimli no necesitaba cota, aún cuando encontraran alguna adecuada a su talla, pues no había en los arcones de Edoras un plaquín que pudiese compararse al jubón corto forjado en la Montaña del Norte. Pero escogió un capacete de hierro y cuero que le cubría perfectamente la cabeza redonda; también llevó un escudo pequeño con el emblema de la Casa de Eorl, un caballo al galope, blanco sobre fondo verde», forjado para Théoden cuando aún era un niño. Preparados para la guerra, el rey debe nombrar a un Senescal, y Háma sugiere que sea Eowyn. Théoden lo confirma, y le entrega una espada y una cota de malla, ordenando que lidere al pueblo hacia El Sagrario, un refugio en la montaña.

Más de mil hombres esperan ya al rey, a quien le entregan su caballo, Crinblanca. Eomer se ofrece, como reconciliación, a llevar a Gimli en su montura, Pies de fuego, y Gandalf silba para que acuda Sombragrís. Ya dispuestos, marchan al oeste. «Sola e inmóvil, de pie delante de las puertas del castillo silencioso, Eowyn siguió con la mirada el centelleo de las lanzas que se alejaban por la llanura».


En la peli:

Como en el resto de Las Dos Torres, este capítulo se encuentra dividido en varias escenas, que además incluyen cosas que no aparecen en el libro.

La primera escena tendría que ser la Masacre en el Vado de Isen, aparecida en la versión extendida, que muestra cómo la compañía de Eomer encuentra a Théodred, moribundo, entre los cadáveres de los suyos y algunos orcos de la Mano Blanca. A ésta la sigue El destierro de Eomer, donde Gríma logra este objetivo, después de que el sobrino del rey le desenmascare. Ya hemos indicado que Eomer no ha sido desterrado, sino encarcelado, y además esto ocurre después del encuentro con los Tres Cazadores. Por otro lado, la enfermedad de Théoden es mucho más grave en la película, y el control de Gríma mucho mayor, ya que ha conseguido que un grupo de rohirrim estén a su favor. En el libro, los rohirrim hacen caso a las órdenes del rey, y éstas nacen de los consejos de Gríma. Aquí Lengua de Serpiente hace y deshace a su antojo.

Luego saltamos adelante, hacia una sucesión de escenas que sigue esta trama. La primera lleva por título el de este capítulo, El Rey del Castillo Dorado, y en ella los cuatro compañeros llegan a Edoras y consiguen pasar al salón del trono. Antes, sin embargo, se nos muestra el acoso de Gríma hacia Eowyn. Interesante el simbolismo del estandarte que sale volando para caer casi a los pies del heredero de Isildur. Pero hay un par de cambios raros. El primero, los rohirrim que atacan a Gandalf para arrebatarle la vara, y que son frenados a puñetazos por Aragorn, Legolas y Gimli. Totalmente innecesario y ajeno al espíritu con el que Gandalf y los suyos entran en Edoras, y sólo comprensible por el estado casi vegetativo en que se encuentra el rey, quien no olvidemos que en el libro es capaz de hablar. El segundo cambio, esa especie de posesión de Saruman hacia Théoden y el "exorcismo" realizado por Gandalf (con frases que me recuerdan a películas con esa palabra en el título, como «sal de él» o «no tienes poder aquí»). Esto viene a continuar aquel poder a tan luenga distancia que veíamos en la primera película, cuando Saruman invoca la tormenta del Caradhras. Algo ajeno al libro, y que está metido con calzador. Si Saruman poseía ese poder sobre Théoden, y era capaz de hablar a través de él, ¿para qué necesitaba a Gríma susurrando sus aviesos consejos? Por otro lado, el efecto inmediato sobre el aspecto del rey es excesivo, y queda mucho mejor en el libro, donde se produce de forma casi milagrosa pero en tres o cuatro pasos a lo largo del capítulo.

A continuación sigue El funeral de Théodred, una escena añadida en la versión extendida que muestra el enterramiento del hijo del rey, y Simbelmynë, el lamento de Théoden por este fallecimiento. Esta última reúne frases aparecidas al comienzo del capítulo del libro, cuando los cuatro compañeros atraviesan entre los túmulos, y tras el "despertar" del rey, cuando habla con Gandalf.

Sigue la horrible escena de La decisión del rey, y no sólo porque Gimli eructe (lo que aún podría pasarse) y se limpie la cerveza ¡con la barba! (lo cual sería inadmisible para cualquier enano, pues esta raza se precia de sus barbas, las cuidan y las trenzan, y es algo casi sagrado para ellos). Lo importante es que la decisión del rey es ¿no ir a la guerra? ¿En serio? Es algo así como: "-Mira Théoden, los orcos campan a sus anchas por Rohan y los hombres brunos queman las aldeas de la pobre gente del campo, y todo tu pueblo está siendo masacrado. -Oh, pero no voy a perder más hombres. No voy a la guerra. Voy a refugiarme al Abismo de Helm". Que ésa es otra: en la peli se dice de Helm que es «una ratonera». Vamos a ver, que al parecer no lo habéis entendido: el Abismo de Helm es un baluarte defensivo, una pedazo de fortaleza construida para defenderse de una agresión. Los que van al refugio, en El Sagrario, son los niños y los abuelos, y Rohan va a la guerra. ¿Lo habéis entendido? Pues que no vuelva a oíros decir lo contrario.

Sigue una escena que inicia una historia muy bonita, pero que es una invención expresa de los guionistas. Es posible que a Tolkien, amante de los caballos, le hubiera gustado, pero no la escribió. Brego describe cómo el caballo de Théodred, que lleva este nombre, ha enloquecido. Sólo Aragorn parece saber calmarlo y lo libera. Por último, Hija de reyes, se centra en el miedo de Eowyn a vivir enjaulada. Un canto contra la imagen débil de la mujer. Pero no lo entiendo mucho. En la película han reflejado una Eowyn alzada en contra de una sociedad, la de los rohirrim, que, por contraposición a ella, es claramente machista. Lo veo, sin embargo, bastante pasado de moda. Algo demagógico y vacío para nuestro tiempo, y ajeno a Tolkien, que refleja una situación difícil sin denigrar a la sociedad dentro de la que se presenta: ante la ausencia de líder, Háma nombra a Eowyn, y el rey la arma y la deja como senescal de su pueblo en ausencia suya. No es una lucha abierta entre dos bandos, es un paso lógico hacia la solución del problema: el sexo de un individuo no es obstáculo para ocupar un cargo de gobierno.

Esta escena está flanqueada por dos en las que Gríma pone sobre aviso a Saruman: El anillo de Barahir, donde el mago de Isengard adivina que Gandalf cree tener al heredero de Isildur, y Éxodo de Edoras, donde Gríma describe cómo los refugiados pasarán por un paso estrecho donde podrán ser atacados.

Y ahora toca pedir perdón por la extensión del presente análisis, pero las escenas se han multiplicado en este capítulo, y las divergencias con respecto al libro son en algunos puntos aberrantes. Lo mejor de todas estas escenas es la ambientación y la música: Edoras y Meduseld son de los escenarios mejor retratados, con todos esos detalles hípicos y todas las vestimentas, y los acordes que acompañan la aparición de los jinetes son de mis preferidos.


El próximo día visitaremos El Abismo de Helm.

eSdlA, peli vs libro, III-5: El Caballero Blanco


Quinto capítulo de Las Dos Torres, que retoma la trama de los Tres Cazadores, aparcada durante los dos episodios previos.

En el libro:

Aragorn, Gimli y Legolas despiertan a la mañana siguiente de su encuentro con la figura vestida de blanco, al borde del bosque de Fangorn. Aragorn continúa su rastreo de la zona, logrando desentrañar con buenas mañas lo sucedido a sus amigos, incluyendo las razones de los orcos para capturarlos y conducirlos hacia Isengard. Deciden continuar las escasas huellas, a pesar de que ello los conduce hacia el interior del bosque. «Es viejo, muy viejo -dijo el elfo-. Tan viejo que casi me siento joven otra vez, como no he vuelto a sentirme desde que viajo con niños como vosotros. Viejo y poblado de recuerdos. Yo podría haber sido feliz aquí, si hubiera venido en días de paz». Gimli pierde entonces su aprensión: «A donde tú vayas, yo también iré. Pero ten el arco bien dispuesto y yo llevaré el hacha suelta en el cinturón. No para usarla contra los árboles -dijo deprisa, alzando los ojos al árbol que se erguía sobre ellos-. No me gustaría tropezarme de improviso con ese hombre viejo sin un argumento en la mano».

Los viajeros alcanzan el hogar de Bárbol, y ascienden para mirar los alrededores. Así es como los alcanza una figura encapuchada, que creen que corresponde a Saruman. Preparados para la lucha, el mago les ordena abandonar las armas y los inmoviliza. Se acerca sin miedo, aunque sin mostrar el rostro, y los interroga sobre su viaje, informándoles de que sabe que los dos hobbits que persiguen están sanos y a salvo. Cuando se sienta en una roca, para charlar con tranquilidad, el sortilegio se rompe y los tres compañeros se lanzan al ataque. Sin embargo, son detenidos de nuevo por la magia de Gandalf, pues no es sino él con quien se han encontrado. «En verdad soy Saruman, podría decirse. Saruman como él tendría que haber sido».

Gandalf les cuenta algunas cosas, aunque no hace un relato de sus andanzas y, siguiendo su costumbre, no da más detalles de los necesarios. Habla sobre la guerra iniciada por Sauron (quien tiene miedo de que el Anillo sea usado por Minas Tirith, y por tanto ha decidido dar el primer golpe), del regreso de los Nazgûl montados esta vez en bestias aladas, de la doble traición de Isengard (pues Saruman desea el Anillo para sí) y de Bárbol y los ents. «He pronunciado palabras de esperanza. Pero sólo de esperanza. La esperanza no es la victoria». Ante el acoso de sus amigos, resume el enfrentamiento con el balrog y su recuperación en Caras Galadon, aprovechando para transmitirles algunos mensajes proféticos de la Dama (referidos al paso por los Senderos de los Muertos y al viaje final atravesando el mar, aunque de todo ello el lector nada sabe todavía).

Decididos a acudir junto al rey Théoden, a quien amenaza la guerra con Isengard, los cuatro amigos regresan al campamento, donde todavía no hay rastro de los caballos. El mago lanza tres largos silbidos, y aparece Sombragrís dirigiendo a los otros dos caballos, que habían huido la noche anterior ante la aparición fantasmal. Pronto se lanzan a galopar hacia Meduseld. Al atardecer, el horizonte se tiñe de rojo y se ve una gran humareda. «¡La batalla y la guerra!».


En la peli:

La escena principal que adapta este capítulo se llama exactamente igual: El Caballero Blanco. La escena, ampliada ligeramente en la versión extendida, sigue prácticamente sin cambios la novela (salvo que allí el que quería atacar al anciano sin dejarle hablar es Gimli, y en la adaptación Aragorn ha abandonado la cautela del original). Muchos diálogos aparecen tal y como pueden leerse, lo cual se agradece.

En medio de la escena, aparecen unas imágenes analépticas del combate que Gandalf y el balrog mantuvieron en lo alto de la Escalera Interminable, en la cima del Celebdil. Junto a la escena que hace de prólogo a la película, Los Cimientos de Piedra (donde puede verse la caída de ambos contendientes hasta llegar a las Profundidades Insondables), este flashback es igual al contenido en el libro.

Por último, el diálogo entre Gandalf y Aragorn que aparece en la escena El heredero de Númenor (añadida en la versión extendida) proporciona la misma información que el Gandalf del libro, cuando éste habla de la guerra de Sauron y la traición de Isengard. Son precisamente estas razones las que, en la novela, llevan a los personajes hacia Edoras, aunque aquí aparecen cuando ya la decisión está tomada. Y ya por ponernos quejicosos, diremos que Gimli monta junto a Gandalf, y aún así Sombragrís debe refrenarse para que Arod y Hasufel puedan seguir su ritmo.

De cualquier forma, un capítulo muy bien adaptado, que recuerda el buen hacer de La Comunidad del Anillo.


En la próxima ocasión sabremos quién es El rey del Castillo de Oro.