Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, IV-4: Hierbas aromáticas y guiso de conejo


En este episodio Sam, Frodo y Gollum viajan hacia Ithilien, las boscosas tierras al este de Gondor.

En el libro:

Después de descansar a la sombra de las oscuras montañas, los tres personajes inician su marcha hacia el sur. Gollum les apremia, y para cuando llega el alba se encuentran en «una región ya menos yerma y estragada». El aire parece más fresco, y la vegetación comienza a tener mayor presencia. Duermen durante el día, tendidos en un brezal, y al caer la noche descienden al camino (del que se han mantenido apartados por miedo a ser descubiertos) y avanzan rápidamente. Al llegar el día, alcanzan una garganta de paredes profundas, y contemplan el paisaje. «Ithilien, el jardín de Gondor, ahora desolado, conservaba aún la belleza de una dríade desmelenada».

Descienden la ladera, y siguen el curso de un arroyo hasta una pequeña laguna junto a la que se cobijan. Al ver que Gollum se marcha de caza, Sam le pide que encuentre también algo para ellos. Poco después, Gollum le trae dos conejos pequeños, y Sam se dispone a guisarlos (luego de pedir a Gollum que llene las cazuelas de agua). Aunque Gollum discute brevemente con él porque piensa que va a «arruinar la preciosa carne», y se niega a buscar las hierbas que le pide (incluyendo la famosa pregunta «¿Qué son las patatas, mi tesoro?»), Sam termina de cocinar y junto a Frodo dan cuenta del guiso.

Cuando va a lavar las cazuelas, Sam comprueba que la hoguera está humeando, y le parece escuchar «como si alguien imitara el sonido de un pájaro». Al poco, oyen voces, y cuatro hombres, vestidos de verde y castaño, entran en el claro. Aunque ambos grupos preparan las armas, el encuentro es bastante amistoso: se trata de Faramir, capitán de Gondor, y algunos de sus hombres. Frodo se presenta, y oportunamente comenta que iniciaron el viaje con una compañía más numerosa, y pronuncia el nombre de Boromir. Al oírlo, Faramir le pregunta sobre el acertijo que aquél llevó a Rivendel («Busca la espada quebrada / que está en Imladris / ...»), y Frodo le dice que ellos son los medianos de los que habla el poema. Faramir desea hablar más sobre ello, pero tiene una misión que cumplir, así que debe marcharse, y deja a dos de sus hombres con ellos: «Un hombre sabio no se fía de un encuentro casual en estas tierras».

Los dos hombres que quedan de custodios son Mablung y Damrod, montaraces de Ithilien, y del linaje de los dúnedain del sur. Aclaran que la misión por la que se han alejado tanto del río Anduin es la de montar una emboscada contra un regimiento de hombres de Harad, que avanzan para unirse a las fuerzas de Mordor. El estrépito del combate resuena justo sobre el refugio de los hobbits, y Sam se asoma para ver la huida de los haradrim. Uno de ellos cae muy cerca: «Era la primera vez que Sam veía una batalla de hombres contra hombres y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón, o qué amenazas lo habían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido en verdad quedarse alí en paz...». El hilo de sus pensamientos es cortado por el sonido de «un mugido o una trompeta estridente», y puede ver a un mûmak huyendo hacia el sur.


En la peli:

Tres son las escenas que supuestamente adaptan este capítulo, poniendo el final al primer DVD de la versión extendida.

La primera, Los bosques de Ithilien, deja ver de fondo ese lugar, con la vegetación y ruinas dispersas que se describen en el libro. Pero lo que ocurre no tiene nada que ver. Es una discusión entre Frodo y Sam a propósito de Gollum y el Anillo, donde Frodo deja ver la gran empatía que siente por la criatura (tiene miedo de convertirse él mismo en algo parecido), y que comienza por un insulto de Sam hacia Gollum, y Frodo preguntándole por qué lo trata mal. Pues sí, yo también me lo pregunto. En el libro, Sam no se fía de él, y aunque lo considera rastrero y mentiroso (perdón: lo es), no destila ese odio que podemos ver en sus miradas de la película. Y Frodo coincide en no fiarse, aunque en su trato con Gollum usa más la mano izquierda.

La siguiente escena, Gollum y Sméagol, contiene una aclaración de algo que en el libro ya se ha visto con los ojos de Sam: esa suerte de doble personalidad de la criatura. Sin embargo, aquí vence el duelo una personalidad que puede considerarse servicial y sincera en sus atenciones, y parece como si se hubiera quitado de encima el peso por haber llevado el Anillo. Esto no sucede en el libro, donde ambas personalidades coinciden en querer el Anillo, sólo que una es más directa y agresiva, mientras que la otra es más paciente, y si guía a los dos hobbits es sólo esperando un momento más propicio.

La tercera escena, que lleva el mismo título que el capítulo y que fue ampliada en la versión extendida, es más cercana a su contenido. El momento del guiso está prácticamente igual (aunque llevar los conejos es una iniciativa de Gollum, que a Sam le sienta mal). La emboscada de los montaraces está bien llevada, aunque el personaje de Faramir le roba a Sam los pensamientos sobre la bondad de los hombres del sur y los engaños que los llevan a la guerra. No está mal presentar a Faramir con ese sentimiento antibélico, pero no me gusta que a Sam sigan tratándolo como un secundario patoso y ya, habida cuenta de lo que está por venir. Por lo que respecta a los olifantes, son geniales. Cuando vi la película me parecieron demasiado grandes (de hecho parecen cambiar de tamaño si se los compara con la escena de El retorno del rey en la que Éomer pasa cabalgando por debajo de la panza), pero el propio Tolkien quiebra la cuarta pared en su descripción para indicar que sus descendientes actuales en la Tierra Media no son ni la sombra de los mûmakil.

Sin embargo, y a pesar de los espléndidos olifantes (en el libro sólo hay uno, pero qué más da), un capítulo muy justito.


En el próximo capítulo miraremos por Una ventana al oeste.

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