“El amanecer llegó sumido en una bruma ligera mas,
como un brioso corcel vuela por la anchurosa pradera al escuchar el restallido de la fusta,
y se aleja pronto del alcance de la vista,
así se disipó la niebla en cuanto Diktis, el primero de los Soles, la azotó con sus furiosos rayos”.

eSdlA, peli vs libro: El Concilio de Elrond


Ya comenté que los capítulos del segundo libro de La Comunidad del Anillo son algo más extensos que los del primero. Éste se lleva la palma, pues es aún más largo que los otros. Siempre he considerado éste el punto de inflexión de la obra. Para alguien que no sea aficionado a la lectura, o que «lea lento» como suele decirse, este capítulo forma el límite a batir. Superado El Concilio, la narración se hace más rápida, los personajes toman una nueva dimensión, y el mundo presentado en la novela crece constantemente hacia el horizonte. Pero no nos adelantemos. Vayamos con el capítulo de hoy. Pido perdón anticipadamente por su extensión; incluso así, dejo muchas cosas sólo nombradas.

En el libro:

Junto a Bilbo y Gandalf, Frodo acude al Concilio convocado por el señor de Rivendel (Sam los sigue, a pesar de no haber sido invitado). Frodo reconoce unas pocas caras, mas Elrond se encarga de desvelar el nombre de los desconocidos: junto a Glóin, su hijo Gimli; junto a Glorfindel, otros consejeros de Elrond, de quienes Erestor era el jefe; Galdor, enviado por Cirdan desde los Puertos Grises; Legolas, enviado por Thranduil (éste aparecía en El hobbit, pero no aquél); y Boromir, llegado del Sur, que es descrito con mayor detalle. Por supuesto, también está allí Trancos, apartado en un rincón.

El narrador de la historia nos presenta únicamente la parte del Concilio que versa sobre temas interesantes para Frodo, pues no los había escuchado antes. Así, por mediación de Glóin se narra la partida de Balin (junto a Ori, Oin y mucha otra gente) hacia Moria, ocurrida treinta años atrás. Mucho más tarde, un año antes del Concilio, llegó un mensajero de Mordor, ofreciendo la amistad de Sauron a cambio de un anillo insignificante robado por un ladrón hobbit. Dáin decidió pedir consejo a Elrond, y avisar a Bilbo de la amenaza.

Elrond interviene entonces, dispuesto a ofrecer respuestas. «Para este propósito habéis sido llamados. Llamados, digo, pero yo no os he llamado, no os he dicho que vengáis a mí, extranjeros de tierras distantes. Habéis venido en un determinado momento y aquí estáis todos juntos, parecería que por casualidad, pero no es así». Preparado para contar la historia del Anillo por orden cronológico, comienza por hablar él mismo de los herreros de Eregion y el engaño de Sauron, de Númenor y los Reyes de los hombres, de la Última Alianza y el Daño de Isildur (el Anillo), de la caída de Arnor y la supervivencia de Gondor.

Interviene entonces Boromir, pues Gondor es su patria. Habla con orgullo de la defensa frente a los haradrim y los orientales, y frente a la Sombra, y se lamenta de la pérdida de Ithilien y de Osgiliath (ocurrida algunos meses atrás). El motivo de su viaje a Rivendel es que en la víspera del ataque sobre Osgiliath, su hermano tuvo un sueño que se ha repetido en otras ocasiones: una luz pálida hace frente a la tormenta que llega del este, y la luz grita unos versos «Busca la espada quebrada / que está en Imladris; / habrá concilios más fuertes / que los hechizos de Morgul. / Mostrarán una señal / de que el Destino está cerca; / el Daño de Isildur despertará, / y se presentará el Mediano».

Aragorn muestra entonces la espada rota, y Elrond revela que desciende de la línea de Isildur. Gandalf pide a Frodo que saque el Anillo. Boromir no parece confiar en que Aragorn y su espada rota sean los verdaderos, así que el montaraz toma la palabra y habla con orgullo del trabajo de los dúnedain y de su propia vida. «Poco me parezco a esas estatuas majestuosas de Elendil e Isildur tal como puedes verlas en las salas de Denethor. Soy sólo el heredero de Isildur, no Isildur mismo. He tenido una vida larga y difícil; y las leguas que nos separan de Gondor son una parte pequeña en la cuenta de mis viajes. (...) Los viajeros nos miran de costado y los aldeanos nos ponen motes ridículos. Trancos soy para un hombre gordo que vive a menos de una jornada de ciertos enemigos que le helarían el corazón, o devastarían la aldea, si no montáramos guardia día y noche».

Después de que Bilbo relate su aventura con Gollum, Frodo también cuenta lo sucedido en los capítulos previos. Galdor se pregunta qué dice Saruman del tema, y entonces es cuando Gandalf interviene por fin, despejando los misterios que quedan por revelar: su entrada en Dol Guldur y la huida del Nigromante (Sauron mismo), la visita a la biblioteca de Minas Tirith y la inscripción del Anillo, la caza de Gollum (contada por Aragorn), y su huida (relatada por Legolas). Por último, Gandalf explica su retraso, al narrar detalladamente su encuentro con Radagast el Pardo (enviado por Saruman para avisarle del peligro de los Nazgûl), la visita a Isengard, convertida en prisión debido a la jugada de Saruman, que ante el cambio de los tiempos, ha decidido ser uno de los poderosos: «Podemos tomarnos tiempo, podemos esconder nuestros designios, deplorando los males que se cometan al pasar, pero aprobando las metas elevadas y últimas: Conocimiento, Dominio, Orden, todo lo que hasta ahora hemos tratado en vano de alcanzar, entorpecidos más que ayudados por nuestros perezosos o débiles amigos». Gandalf termina su relato con su huida de Orthanc gracias a Gwaihir, una de las grandes águilas, su paso por Rohan, y su combate contra los jinetes negros en la Cima de los Vientos.

Se propone entonces la cuestión de qué hacer con el Anillo: enviarlo a las Tierras Imperecederas (donde no lo aceptarían), esconderlo o enviarlo a Bombadil (pero en ningún lugar estaría a salvo), usarlo (lo cual es demasiado peligroso) o destruirlo (lo cual sólo puede hacerse en el Monte del Destino). El viejo Bilbo se ofrece a llevar el Anillo, y Gandalf lo rechaza amablemente. Poco después lo hace Frodo, y Elrond lo acepta sin dudar. «Ésta es la hora de quienes viven en la Comarca, de quienes dejan los campos tranquilos para estremecer las torres y los concilios de los grandes». Por supuesto, Sam lo acompañará, igual que lo ha seguido a un Concilio secreto.


En la peli:

Después del encuentro de Frodo con sus amigos y con Bilbo, la escena El Destino del Anillo nos muestra a dos observadores de esas simpáticas escenas: Elrond y Gandalf, que hablan de la resistencia de Frodo y del fin de los días de los elfos. Gandalf pone su confianza en la raza de los hombres, pero Elrond muestra una actitud cercana a la animadversión, debido a lo que considera una traición por parte de Isildur, tres mil años atrás. Este sentimiento es completamente ajeno al personaje de la novela (sería lo que los fanfics denominan «Out of Character»), que apoya a los dúnedain y tiene a Aragorn en un pedestalito particular. En un momento dado, Gandalf dice que Saruman ha creado una raza nueva mezclando «orcos y duendes» («orcs and goblin-men» en el original en inglés). Esto, por supuesto, es un absurdo (empeorado en la traducción), ya que Saruman usa a los orcos y a la raza de los hombres brunos, descendientes de los dunlendinos que no se aliaron con Gondor y Arnor.

La versión extendida amplía la siguiente escena, La Espada que fue Quebrada, donde pueden verse los fragmentos de Narsil colocados, al parecer con cierta reverencia, en una estatua que ocupa el centro de una habitación con un enorme mural en el que Isildur sostiene el fragmento de la empuñadura, tal y como puede verse en el prólogo. Caigo ahora en la cuenta de que toda esa habitación no cuadra en absoluto con la actitud de Elrond que he comentado. ¿Cómo cabría tal sala en una casa cuyo señor piensa que los hombres no son dignos de confianza? La escena se centra en la actitud de Boromir ante ese objeto, que en cierto modo adelanta sus palabras en el Concilio.

Los Evenstar es el título en castellano de la siguiente escena, que debería llamarse Estrella de la Tarde. En el libro, Frodo ve que Aragorn y Arwen, la hija de Elrond, mantienen una conversación; pero no sabremos lo que se han dicho hasta llegar a los apéndices. Aquí se nos presenta ya la historia de amor y la renuncia de Arwen a su inmortalidad. Aunque el regalo del colgante se hace más avanzada la novela, la inclusión de la escena es acertada.

Y luego llega El Concilio de Elrond. Directamente, Frodo muestra el Anillo, y Boromir lanza su perorata sobre utilizarlo para vencer al Enemigo. No es que su pensamiento diverja demasiado del mostrado en el libro, donde el uso para la lucha es tratado de pasada; pero allí es un personaje honorable, orgulloso, mientras que aquí, desde el principio, sabes que la cosa va a acabar mal. Tanto, que dudo mucho de que Elrond o Gandalf le permitieran viajar junto al resto de la Comunidad, habida cuenta de su deseo de poseer el Anillo. Por si fuera poco, sus palabras al descubrir que Aragorn es el heredero de Isildur («Gondor no tiene rey. Gondor no necesita rey») corresponden a la actitud de su padre, Denethor, más que a la suya, ya que en el libro piensa que la Espada reforjada -y, por tanto, quien la esgrima legítimamente- puede ayudar en la lucha contra Mordor. Finalmente llega la discusión sobre quién llevará el Anillo, de nuevo en una escena muy distinta a lo sucedido en la novela, donde ni siquiera interviene Gimli, y Legolas lo hace escasamente. Esta escena adelanta a la obra, ya que la Comunidad aparece formada al acabar el Concilio.

Por tanto, la adaptación de este capítulo no me parece buena en absoluto. Los capítulos previos se veían lógicamente resumidos (eliminando algunos personajes y eludiendo un par de escenas), pero en los diálogos se trasladaban las mejores frases de la novela. En el presente fragmento, que en el libro presenta toda la historia del Anillo y los problemas causados por Mordor, falla al crear diálogos demasiado directos, y actitudes que no parecen sinceras en este punto de la trama. Ahora que no están las frases extraídas directamente de la novela para sostenerlo, el guión parece cojear. Ni Elrond piensa mal de los humanos, ni Boromir parece querer lanzarse sobre el Anillo. En lugar de presentarse todos como voluntarios para llevar el Anillo a Mordor, en la novela no se presenta nadie. Si tanta falta hacía demostrar que Arwen no es simplemente una decoración, ¿por qué no meterla aquí, y darle las frases de, por ejemplo, Erestor -que no es nombrado siquiera-, en lugar de sustituir a Glorfindel en la huida hacia el Vado?


El próximo día veremos cómo El Anillo va hacia el sur.

Tierra Media en Lüreon (II)


Hace tiempo que dejé de lado hablarles de las adaptaciones de aventuras y módulos con las que estoy ocupando el presente año de nuestra mesa de juego. Vamos a ir remediando el descuido.

Pongámonos antes en situación. El grupo de jugadores decidió acudir al norte para acabar con la Muerte Blanca, y continuar la exploración de aquella dura región. Por mi parte, hice que uno de los PNJ montara una enorme expedición comercial, que partiendo de Canalburgo ha atravesado ya la República de Paël y el reino albo de Lustal. Aquí tienen un pequeño mapa. El observador perspicaz y con buena memoria, tal vez descubra un par de nombres nuevos, añadidos precisamente para animar el viaje.


Como Narrador, mi misión es hacer que ese viaje esté plagado de aventuras para los PJ, y nada mejor que tomar algunos clásicos, e ir adaptándolos a los tiempos modernos, a nuestro estilo de juego, y al Sistema del Dodecaedro. Para llevar un control de lo que iba adaptando, creé un esquema visual del orden de las aventuras. Puede parecer algo caótico, pero es bastante sencillo: las aventuras en rojo pertenecen al juego de El Señor de los Anillos, las moradas a la campaña de El enemigo interior, las verdes son publicaciones de Paizo, y el resto son cada una de su familia. Si el cuadradito tiene una sombra debajo, significa que la aventura ya ha sido adaptada, y si está en blanco (salvo por la sombra) es que dicha adaptación ya se ha jugado por el grupo.


Hoy pensaba tratar de las aventuras alrededor de Nimaerga, señaladas en el esquema con un cuadro de conjunto. En concreto, tomé prestados diversos encuentros de tres aventuras de ICE, y añadí algunos de los escenarios previos de la campaña El enemigo interior.

Rogues of the Borderlands no fue editada en español, pero contamos con la traducción realizada por Roberto Vecillas. Es un módulo de escaso peso, pero en sus cuarenta páginas nos cuenta algunos datos de interés de la zona de Numeriador (flora y fauna, gentes y culturas, política y poder, asentamientos) y luego presenta tres pequeñas tramas, que se resuelven sin excepción acudiendo a un lugar y limpiándolo de enemigos. Es, por tanto, uno de los módulos típicos de ICE, en los que más que una aventura encontramos unos encuentros que pueden desarrollarse para dar lugar a algo más, y que destacan sobre todo por los PNJ.

En mi caso, ignoré completamente la tercera trama (unos túmulos que limpiar). La segunda (que trataba sobre las luchas de unos trolls) fue usada casi sin cambios, salvo sustituir una pareja de trolls por unos ogros, y al troll solitario por el fantasma de un gigante. Eso le dio cierta variedad a la aventura. De la primera misión tomé al personaje que busca la ayuda del grupo, porque me gustaba su historia (el viejo Báir, asustado por algunas «luces nocturnas») pero no el hecho de que su problema se resolviera luchando contra unos bandidos en unas cuevas de hielo. Así que esa trama la metería más adelante, junto a otras.

El fantasma de la Marca del Norte, publicado por JOC, fue la base con la que construí la población de Nimaerga. Es otro módulo de cuarenta páginas, pero en este caso centrado en tres aventuras completas (aunque algo simples): El fantasma de los bosques (en la que los PJ deben encontrar a Hannei, una suerte de bruja, y frenar sus planes contra el pueblo), El acertijo de Ridorthu (centrado en la búsqueda de una criatura que ha dejado una huella enorme, y que resulta ser un gigante con ganas de jugar a los acertijos) y El daño de Gerse (que enfrenta al grupo ¡contra un dragón!). Todas las aventuras incluyen localizaciones propias y unos cuantos PNJ. La clave, en caso de querer jugarlas como están, es tirar de la tabla de encuentros aleatorios y prepararse algunos diálogos interesantes con los PNJ. Cada una incluye un enemigo más duro que la anterior, y como es habitual en estos módulos, el número de objetos mágicos en los tesoros es excesivo.

Para jugarlas, hice que algunas de las pistas encontradas en la segunda parte (la del gigante) fueran en realidad obra de los ogros o del gigante de la segunda trama de Rogues. También le di a la bruja de la primera aventura algunos poderes de cierta importancia, debido a su unión con la región de Nimaerga {a día de hoy, los jugadores todavía se están preguntando cómo pudo hacer ciertas cosas, y quién era concretamente (unos dicen que ella era el dragón, otros que si era el Astrólogo)}. Además, la convertí en amiga-alumna del dragón de la tercera aventura, por lo que éste, llegado el momento, atacó la población de Nimaerga. También hice que el susto del viejo Báir tuviera que ver con Hannei, por lo que constituía una pista más para encontrarla.

Ghosts of the Southern Anduin tampoco fue editada en castellano, pero de nuevo tenemos el trabajo de Roberto Vecillas (a quien habría que dedicar un altar {yo me llevo bastante bien con el inglés, pero dónde va a parar poder leer un módulo en mi propia lengua}). En cierta forma, sus cuarenta páginas son un punto medio entre lo que sucedía en los casos previos: se incluyen cuatro tramas algo más trabajadas que en el primer caso, aunque no llegan a ser verdaderas aventuras; todas suceden en la misma población, e incluso hay lazos importantes entre dos de ellas, por lo que el trabajo ya está casi hecho.

Este módulo me dio algunas ideas para introducir en Nimaerga el conflicto entre aislacionistas e intervencionistas, dos visiones enfrentadas en la política del reino de Lustal, a partir de lo que puede leerse en la primera y la tercera aventuras, donde los PJ tal vez descubran un oscuro culto entre algunos de los habitantes de la población que describe. En un momento dado, cuando en la aventura raptan a un muchacho, el cotilla hijo del sastre, yo di una vuelta de tuerca, haciendo que el secuestro fuera una maniobra de los «malos» (desde el punto de vista de los PJ) para hacer perder poder al otro bando. Como quiera que había colocado en el bando de los «buenos» a un Hojamarga (familia enemiga de un miembro del grupo, y por extensión del grupo al completo), creo que el conjunto conformó una buena lección sobre fiarse de las apariencias y primeras impresiones. Respecto a las otras aventuras, de la segunda simplemente tomé la idea de que un accidente había cerrado el tráfico fluvial (para hacer que los PJ se interesaran) y de la cuarta tomé un guante mágico de control de mórtidos que, tras pasar por el brazo de la bruja Hannei, está ahora en posesión de un miembro del grupo. Ya veremos qué sucede más adelante con ese objeto maldito.

Así pues, ya podrán advertir que de tres módulos fui tomando los ingredientes que me interesaron para crear dos aventuras de cierta importancia (la venganza de Hannei y la lucha contra los aislacionistas) y un escenario menor (los ogros y el fantasma del gigante). Además, introduje en Nimaerga los primeros compases de El enemigo interior (eso lo veremos otro día), por lo que el grupo de jugadores estuvo entretenido unas cuantas sesiones, entremezclando los argumentos e interveniendo en la vida pública de Nimaerga. Dejando huella de su paso y, espero, guardándose ellos mismos un buen recuerdo del lugar.

Ruta por el nacimiento del Palancia


El pasado jueves, Vaire y yo disfrutamos de una buena caminata en el entorno del nacimiento del Palancia. 

Es una ruta circular que puede hacerse en cuatro o cinco horas. No se trata de una senda homologada (aunque comparte algunos tramos con un GR y un PR), y ciertos puntos son un poco complicados. Eso hace necesario el uso de mapa y/o GPS y, por supuesto, un buen sentido de la orientación. Aún así es una ruta sencilla que se puede hacer con niños, aunque no con carro o bicicleta.

Para llegar al lugar, hay que dirigirse en primer lugar a Bejís, provincia de Castellón, siendo lo más sencillo tomar la salida 47 (a Viver) de la A-23 o autovía Mudéjar. Luego sólo nos resta seguir las indicaciones hacia Bejís, y una vez en la población tomar la estrecha carretera que nos llevará hacia la fuente de los Cloticos, donde se emplaza la planta embotelladora de Agua de Bejís, empresa que le da a este municipio cierta vidilla, extraña en una región con tan escasa densidad de población.

En la zona pueden verse algunas sabinas y abundantes pinos de diferentes variedades (nigral, ródeno, silvestre), así como mucha maleza de menor porte, como el espino y el romero. Entre la fauna, destacan unas grandes lagartijas nada tímidas. Tuvimos la suerte de poder ver a lo lejos un par de águilas culebreras, volando lánguidamente sobre las cimas que alcanzaríamos durante la ruta; luego, una vez allí, una nos pasó lo bastante cerca como para diferenciar sus colores, aunque no tuve tiempo de sacar la cámara antes de que descendiera y la perdiéramos de vista.

(1) A una centena de pasos de la planta embotelladora, siguiendo la calzada, puede hallarse una pequeña área recreativa, junto a la propia fuente de los Cloticos. En una pared tenemos el único cartel informativo que encontraremos en todo nuestro camino, y que responde en realidad a una ruta que sale de la propia Bejís.





Siguiendo la ruta en sentido horario, debemos tomar la dirección de «El Molinar» en la primera intersección (es decir, a izquierda), y luego seguir las señales hacia «Nacimiento del Palancia».

(2), un giro en ascenso nos permite contemplar de frente el Peñascabia, hito que dominará desde la distancia buena parte de la ruta. Como pueden ver por el color de la piedra, estamos en una zona de afloramientos rocosos de carácter calcáreo.



(3) Después de un nuevo giro, comenzamos a descender la poca altura que hemos ganado, acercándonos cada vez más al barranco que seguimos en paralelo.


(4) Vado sobre el río Resinero. A partir de este punto seguiremos una trocha más estrecha que en ocasiones invade el propio lecho seco del Palancia.


(5) Alcanzamos en breve el punto más bonito de la ruta. El estrecho del Coscojar es un desfiladero de paredes verticales separados en algunos puntos por poco más de dos metros. Saltando en ocasiones de piedra en piedra, encontraremos un par de pozas y otros lugares de belleza extrema. Las paredes, completamente lisas por el paso del agua, sorprenden a veces por sus bellos colores y porque cualquier oquedad puede servir para albergar vida.













(6) Cuando las paredes se separan y el desfiladero se convierte en una rambla, y después de realizar dos amplios giros a derecha e izquierda, tomamos un ascenso que sale a nuestra derecha, aprovechando una cuesta natural, producto de un plegamiento del suelo. Comienza la única parte dura de la ruta, que sigue una senda ancha y empinada. Primero podemos contemplar el estrecho del Coscojar, desde el otro lado, y luego, asomándonos hacia el sur, el resto del camino que ya hemos seguido.


(7) Alcanzada la Loma de la Abeja, y tras un breve respiro para almorzar, comenzamos el descenso por la ladera nororiental. Cuando el camino gira hacia la izquierda, al noroeste, tenemos dos opciones. Una es abandonar la pista y buscar unas viejas marcas de PR. La otra es continuar esa pista un poco más, y luego tomar una senda que desciende casi en ángulo recto hacia la derecha. Nosotros hicimos la primera, así que seguimos con cuidado las marcas del PR, descendiendo por la ladera hasta alcanzar el camino de la Solana o del Molinar, donde encontraremos las marcas rojas del GR. En el mapa que les presento no tomaron el track con GPS, sino que lo hicieron a mano, y aquí hay un error bastante abultado: el descenso sigue aproximadamente la vereda -marcada con dos líneas discontinuas paralelas-, y se une al camino algo más al norte del límite superior del mapa.


(8) La ruta sigue ahora largos tramos en descenso. Las vistas del valle donde se encuentra el punto de inicio son espectaculares; en la imagen podemos ver las Peñas de Amador y el siguiente giro del camino (marcado por la línea de cipreses). Un poco más adelante, cuando llevemos poco más de un kilómetro por este camino, tomaremos el desvío a la izquierda, todavía siguiendo las marcas del GR.


(9) Después de otro kilómetro, nos salimos de la ruta siguiendo la señal de «El Molinar». Pasamos por una cadena con un aviso sobre la entrada en propiedad privada. No pasa nada; podemos estar sin problemas en El Molinar, un pueblo-albergue bastante bonito al que debe llegarse, como siempre, con respeto.




(10) Aunque podemos cruzar el río Palancia sobre un puente que encontraremos a la salida de El Molinar, resulta más interesante tomar unas estrechas escaleras que aparecen a nuestra izquierda (hacia el este), que nos conducen por una estrecha senda y de ella a una pista más ancha que desciende de nuevo hacia el río, justo en el punto donde se ubica la entrada al camping de los Cloticos. Allí, esta vez sí, cruzamos el puente, donde podemos obtener esta bella imagen del todavía pequeño riachuelo.


Y por fin, llegamos al coche, donde pude deshacerme de los cuatro o cinco plásticos que algunos ingratos habían dejado tirados en diferentes puntos de la ruta.


Les dejo, por último, el mapa de la zona, un enlace a esa misma ruta en wikiloc y otra ruta, también en wikiloc, más exacta en algunos puntos, pero menos en otros (el inicio del desfiladero y el final de la ruta).