“El amanecer llegó sumido en una bruma ligera mas,
como un brioso corcel vuela por la anchurosa pradera al escuchar el restallido de la fusta,
y se aleja pronto del alcance de la vista,
así se disipó la niebla en cuanto Diktis, el primero de los Soles, la azotó con sus furiosos rayos”.

Cómo publicar con Amazon en siete pasos (1/7): concepto de autopublicación


Después de experimentar con el proceso de publicación «Amazonico», tenía pensado comentar por aquí cómo me ha ido. Pero en lugar de hacer una entradita ligera, he pensado crear una serie a modo de tutorial, centrándome por separado en apartados concretos. Tampoco voy a seguir mi forma de actualización habitual, basada en alternar tema en entradas consecutivas (rol, lectura, etc), sino que en esta ocasión intentaré dejar el tema zanjado durante esta semana y la siguiente.

Éste no será, sin embargo, un tutorial paso a paso del proceso (hay otras páginas que lo cuentan mucho mejor, sólo hace falta escribir «cómo publicar en Amazon» en Google o cualquier otro de los Santos Buscadores de la Red). Lo que haré es aclarar un par de puntos oscuros y fijarme en esos detalles más importantes y que más puedan interesar a un novato en estas lides.

Oriento el texto para los escritores noveles que no puedan, o no quieran, dejarse dinero en un proceso de publicación, pero mucho de lo que diga será útil para todo el que desee vender algo realizado por él mismo, y que no pretenda «salir de pobre» de la noche a la mañana. Aquí incluyo a autores de poemarios, comics o juegos de rol.

Éste es el esquema que voy a seguir en esta serie de entradas:
  1. Comprender qué es la autopublicación (la entrada de hoy).
  2. Edición y maquetado del texto.
  3. Autoría y derechos, ISBN y depósito legal.
  4. La portada.
  5. Distribución y precio. Detalles finales.
  6. Edición electrónica.
  7. Publicidad y ventas.
¿Qué es autopublicarse?

Quién más, quién menos, se dará cuenta de que «autopublicarse» significa de forma literal «publicarse a uno mismo», pero muchas veces se nos escapa el sentido completo de la expresión.

Para entenderlo, creo que no estaría mal fijarnos en una noción bastante básica en la teoría de la información (tan básica, de hecho, que entra dentro del temario para las asignaturas de lengua en los colegios, aunque allí no se use ese término tan rimbombante de «teoría de la información»). Se trata de la transmisión de un mensaje, desde un emisor hasta un receptor. Supongo que a muchos les sonará el siguiente esquema (que puede complicarse, pero no es necesario):


Publicar un libro, por cualquier medio, no deja de ser una comunicación entre un emisor (quien escribe) y un receptor (quien lee). En el caso de la publicación tradicional, el canal viene sustituido por una serie de pasos, que resumo (quitando algunas partes) en el siguiente esquema:


Pues bien, en la autopublicación, es el autor o escritor quien realiza (o consigue que otros realicen para él) los pasos intermedios, hasta llegar al lector final de su obra. Incido un poco más sobre esto: El autor debe editar su trabajo, maquetar el contenido, crear una portada, imprimir los libros, y vender éstos a los posibles compradores. Y cada punto de esa serie debe llevarse a cabo en solitario, o bien contratando a alguien o, si tiene suerte, gracias a la ayuda desinteresada de un amigo. Y no son pasos optativos, o que puedan dejarse de lado, salvo a costa de que el producto final que llegue al receptor (si le llega) sea deficiente.

En las próximas entradas trataré un poco más por extenso estos puntos, pero ya adelanto que una de las soluciones más obvias para el tema de la autopublicación es Amazon. No es la panacea (algunos de hecho dicen que es el Imperio del Mal), pero pone al alcance del autor herramientas gratuitas que permiten facilitar el proceso.

Diario Salvaje 16: los Domos de la Hiena


Parece que la llegada del buen tiempo ha recuperado un tanto la salud de nuestro grupo de juego, así que en nuestra última quedada pudimos disfrutar de una sesión de las largas, con buena asistencia de jugadores.

Por lo que respecta a la propia partida, ya se va notando que las tierras exploradas alrededor de Këlmaran se encuentran al límite de lo que sería alcanzable por unos exploradores que deben, al mismo tiempo, participar como miembros del Consejo en una reunión que se celebra cada ochana. Después de los encuentros que llevaron al grupo a Lumenkanto durante la última partida, los PJ sólo pudieron ocupar un día adicional en explorar, antes de verse obligados a regresar a la villa.

Esto lo había previsto, aunque no sabía en qué punto pasaría. Por eso mismo, ya les había advertido a los jugadores que pasadas algunas aventuras, tenía pensado que el grupo de personajes abandonara Këlmaran, después de nombrar a algunos sucesores PNJ como consejeros. Eso nos permitirá seguir jugando la subcampaña que he montado y, al mismo tiempo, continuar el avance y desarrollo de la emergente nación.

El Caballero Amarillo
Al llegar a Këlmaran, los PJ acudieron a ver a la alquimista, la arpía Endrela, para hacerle entrega de algunos trofeos con los que, por ventura, pudiera fabricar objetos interesantes para ellos. Además de grandes pedazos de escorpión gigante y de ciempiés gigante, los PJ se libraron de morralla que ni siquiera sabíamos cuándo consiguieron, pero que tenían apuntada en sus hojas de personaje, como «3 plumas de pegaso» o «sangre de dríada». Por un momento, no sabía si estábamos jugando a rol o a una aventura gráfica.

La arpía, además, les dijo que Almäa, líder de Këlmaran, había dado aviso para que acudieran a verla nada más llegar de su viaje. Así se iniciaba el gancho para la nueva misión: los rumores hablaban de que una líder hienántropa, que se hacía llamar la Dama Carroñera, estaba reuniendo un ejército dispuesto a retomar Këlmaran. Estos rumores habían llegado a la villa en boca del Caballero Amarillo, un extraño personaje con el que ya habían topado con anterioridad, y cuyo nombre había aparecido en varias ocasiones desde entonces). Los PJ no se fiaban de él, pero aún así decidieron que no podían hacer otra cosa que acudir a los Domos de la Hiena, el lugar donde se está reuniendo ese supuesto ejército.

Kik-klig, guardia hienántropo
Pero antes celebraron la sexta reunión del Consejo. Preocupados por si los rumores eran ciertos, los consejeros decidieron tomar posiciones al oeste de la ermita de Kärantel, y dieron órdenes de comenzar la construcción de una almenara en el lugar. Además, para reforzar la seguridad de Këlmaran iniciaron un muro que rodeará la sección sur, ya que el resto del perímetro cuenta con la protección natural de la elevación sobre el terreno circundante.

Al día siguiente realizaron el viaje hacia los Domos de la Hiena, un antiguo emplazamiento en las quebradas al oeste de Këlmaran, donde se inicia uno de los dos desniveles que dominan la geografía de las Tierras Salvajes. Antes de su llegada, sin embargo, se toparon con un pequeño grupo de guardias hienántropos. El combate fue muy desigual, pero el líder hienántropo prefirió, antes de la rendición, sacrificarse usando un ingenio mágico, con el fin de dañar a los héroes. No les sirvió de mucho.

Compuesto en su origen por unas cuantas cámaras excavadas en la roca, a modo de lugar de peregrinación, los Domos de la Hiena reciben ese nombre por las cúpulas que coronan algunos de los edificios monumentales con los que fue agrandándose la población. A su llegada, los PJ se encontraron con un conjunto de cavidades y pequeñas puertas situadas sin ningún orden. Si deseaban descubrir algo del interior, les iba a tocar arremangarse y explorar hueco a hueco.

Bloglob, el inspirado diaño
Así es como encontraron en una vieja cripta abandonada a Bloglob, un clérigo diaño (si los trasnos de Lüreon fueran como los orcos negros de Warhamer, los diaños serían goblins, o tal vez snotlings). Hay que reconocer que Bloglob estaba un poco mal de la cabeza. Tal vez el calor del desierto le había frito los sesos, o por ventura fuese verdad que la Madre Blanca lo había visitado en sueños para mostrarle que unos héroes enviados por ella llegarían a los Domos de la Hiena para eliminar la herejía. Así que les puso en antecedentes: un clérigo ¿con genes demoníacos? había realizado algunos experimentos con un par de especímenes hienántropos, añadiéndoles un tercer ojo. Era difícil entender lo que decía con exactitud, pero los PJ le prometieron eliminar la herejía y marcharon de allí.

Poco después, al entrar en un pórtico sostenido por anchas columnas, el grupo hizo saltar una trampa, y media docena de guardias hienántropos se lanzaron sobre ellos. El combate se inició bien para los héroes, que lograron eliminar a un par de guardias; pero la mala suerte hizo que un miembro del grupo fuera el siguiente en caer, debido a una fea herida que lo dejó a las puertas de la muerte. No había tiempo para más, y con un suspense hiperbólico se cerraba la sesión.

Los Domos de la Hiena están basados en House of the Beast, la segunda aventura de la campaña Legacy of Fire. Pero allí es un templo más típico, rodeado de algunas torrecillas y situado sobre un subterráneo de varios niveles que a mi gusto queda demasiado largo. Elegí los encuentros que me gustaron, y, salvo aquéllos que funcionaban bien juntos, los separé para acabar quedándome con catorce ubicaciones. Éstas las fui situando sobre una imagen (también obtenida de uno de los libros de Paizo para esta campaña) que me recordaba a la ciudad de Petra. Durante la partida, en lugar de describir o dibujar un plano, les mostré la imagen (sin los lugares eeñalados) a los jugadores, preguntándoles dónde querían ir. Cambió un poco la dinámica habitual de nuestras partidas, creo que para bien. Ésta es la imagen:


eSdlA, peli vs libro, IV-5: Una ventana al oeste


Alcanzamos con este episodio la mitad del cuarto libro; las tres cuartas partes, por tanto, de Las Dos Torres. Sam y Frodo se han topado con los montaraces de Ithilien, quienes por un momento obstaculizarán su viaje.

En el libro:

Faramir regresa con sus hombres («unos doscientos o trescientos») e interroga a Frodo, pero el hobbit debe mantener ciertos puntos en secreto (como qué es el Daño de Isildur que se nombraba en los sueños de Faramir). El montaraz les revela que Boromir era su hermano, y que ha fallecido. Él mismo, mientras vigilaba el Anduin, vio descender la balsa en que viajaba su cuerpo y sus pertrechos, salvo el cuerno de Gondor, cuyas dos partes fueron halladas por separado también en el río. Faramir decide llevar a los hobbits a una guarida, situada cerca de allí, pues su deseo es conducirlos a Minas Tirith. Además, el viaje hacia el sur sería más arriesgado, tras la emboscada a los haradrim. Manda a sus hombres en pequeños grupos, y junto a Mablung y Damrod escolta a los dos compañeros.

Por el camino, vuelve al tema del Daño de Isildur, e intuye acertadamente que fue motivo de discordia dentro del grupo. También habla del Peregrino Gris, de quien aprendió una pequeña parte del conocimiento guardado en los archivos de Minas Tirith, y sabe que el Daño de Isildur debe ser un objeto de gran poder: «Si fuese un talismán que procura ventajas en la guerra, puedo creer por cierto que Boromir, el orgulloso y el intrépido, el a menudo temerario Boromir, siempre soñando con la victoria de Minas Tirith (y con su propia gloria), haya deseado poseerlo y se sintiera atraído por él». Por su parte, Faramir se muestra más cauto y pacífico: «Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden».

Cuando el grupo alcanza un pequeño río, les vendan los ojos a Frodo y Sam, para que no se descubra su escondite, una gran caverna oculta tras una cascada, Henneth Annûn ("Ventana del Sol Poniente"). Allí se han reunido los hombres de Faramir, que preparan las mesas para la cena. Después de la misma, Faramir se reúne con los dos hobbits. Frodo resume sus aventuras, extendiéndose en el papel de Boromir. El montaraz se extiende en la historia de su pueblo: la herencia de Númenor, la alianza con los rohirrim y el declive de los hombres Altos. Luego, apasionado por el tema élfico, Sam comenta que Boromir quiso el Anillo del Enemigo. Entonces Faramir demuestra que en sus palabras anteriores hablaba con franqueza: «Yo no deseo verlo, ni tocarlo, ni saber de él más de lo que sé (y ya es más que suficiente), no sea que el peligro me tiente, y si me enfrentara a esa prueba no sé si tendría la entereza de Frodo, hijo de Drogo».


En la peli:

Una escena con el mismo título adapta este episodio, aunque es breve (incluso habiendo sido ampliada en la versión extendida) y representa un corte brusco para las escenas anteriores (que tratan de Arwen y el destino de los elfos en esta guerra).

La escena se inicia con algo que no puede ser más que una concesión para aquéllos que vayan un poco perdidos con el tema Isengard-Rohan y Gondor-Mordor: el capitán Faramir, frente a un mapa, siguiendo las indicaciones que le da su segundo (aquí es Madril, quien todavía no ha aparecido en el libro). Pero estas indicaciones son sólo generales, y además de una incoherencia supina, puesto que en Gondor no pueden saber todavía que Isengard ha atacado Rohan.

Luego sí, hay una pequeña charla con los hobbits, donde se descubre que Faramir y Boromir son hermanos, y hay una suerte de escena onírica donde el primero ve la balsa con el cuerpo de su hermano. Efectivamente, a Faramir le pareció como un sueño, pero él mismo dice que no lo era, pues no tuvo que despertar. Es decir, en el libro se describe el efecto de irrealidad que sufre el personaje (uno de los mecanismos de defensa de la psique).

La siguiente escena, nueva en la versión extendida, se llama Hijos del Siervo. Es un recuerdo de Faramir, una analepsis por tanto, donde podemos ver a Boromir arengando a las tropas en Osgiliath, y poco después la llegada de Denethor nos muestra la enfermiza fijación de éste por su primogénito, y sus insultos al hijo menor. La escena en sí, sobra en este punto, y puede entenderse que no se incluyera en la versión estrenada en cines, ya que cuadra mucho mejor con lo que se cuenta en El retorno del rey. Además, creo que los guionistas no fueron nada sutiles (como en otros puntos) con los sentimientos de Denethor. Por otro lado, el propio Faramir dice sobre el viaje a Rivendel realizado por su hermano: «Yo habría sido elegido por mi padre y los ancianos, pero él se adelantó, por ser el mayor y el más osado (lo cual era verdad), y no escuchó razones». Por si fuera poco, Denethor le comunica a Boromir que el motivo de la reunión parece ser que el Anillo (así, tal cual) ha sido encontrado.

Por tanto, una escena que en realidad no se ha adaptado (nada se cuenta de la historia de Gondor, y la prueba de Faramir se deja para más adelante, -y entonces sucede algo horrendo, como ya veremos-).


El próximo día podremos contemplar El Estanque Vedado.