“El amanecer llegó sumido en una bruma ligera mas,
como un brioso corcel vuela por la anchurosa pradera al escuchar el restallido de la fusta,
y se aleja pronto del alcance de la vista,
así se disipó la niebla en cuanto Diktis, el primero de los Soles, la azotó con sus furiosos rayos”.

Diario Salvaje 5: explorando los alrededores


Otra nueva sesión con cuatro jugadores, pero como dos de ellos sólo podían jugar hasta mediodía, fue más breve de lo normal. Aún así, dio tiempo para hacer muchas cosas.

Básicamente, los Cayados de Levante terminaron de explorar la zona más cercana a Këlmaran. Hubo un poco de todo: un combate con unos cinocéfalos (es decir, babuinos), algunas tiradas de habilidad, y alguna decisión ética difícil que tomar: ¿Es necesario eliminar a la pareja de aepyornis pico de hacha que habitan en la pequeña arboleda al suroeste de la villa, para así poder usar la madera como fuente de materiales? De momento los jugadores postergaron la decisión hasta el momento en que puedan reclamar el lugar.

Durante uno de sus campamentos nocturnos, un pequeño grupo de diaños consiguió robarles sus pertenencias, a pesar de estar realizando guardias. Afortunadamente, con llevar a cabo una rápida persecución, lograron recuperarlas.

Más adelante, mientras reposaban en la ermita de Këlmaran, llegó un mercader malherido, quien les contó que al intentar refugiarse en el templo de Registania, a media jornada de viaje hacia el sur, y mientras hablaban con alguien que se hacía llamar el Refugiado, habían sufrido el ataque de un felino. Sus dos compañeros habían resultado muertos, y él había logrado escapar por muy poco. Así que al día siguiente, los Cayados acudieron al lugar. El templo se encuentra cerca de unas montañas, y para acceder a él tuvieron que ascender, medio trepando medio saltando, algunos cientos de metros. Lamentablemente, una tormenta de arena se alzó desde el oeste, y como tardaron demasiado en terminar el ascenso, los pilló a medias. No hubo bajas, aunque los dejó bastante fatigados.

No tuvieron mayores problemas en encontrar el templo, que estaba constituido por una fachada esculpida en la roca y un pasaje excavado en su interior que llevaba hasta una sala con el suelo repleto de vasijas exactamente iguales a aquélla en que estaba atrapado el demonio Buer, sólo que sin el sello se plomo. Todas enhiestas, y colocadas en filas. Intentando no derribar ninguna (aunque no pudieron evitarlo), llegaron a la siguiente sala, donde les esperaba el Refugiado, que, como pudieron averiguar conversando y usando los poderes dracónicos de Idriel, en realidad era un cambiapieles: a veces se convertía en una pantera, pero no controlaba el cambio. Él fue quien atacó a los mercaderes, pero no por ser malvado ni nada parecido; simplemente, eran una presa fácil. ¿Cómo asegurarse de la seguridad del territorio de Këlmaran con alguien así corriendo libremente? Después de una pequeña discusión entre los jugadores, se decidió dejar marchar al Refugiado, bajo la promesa de que se mantuviera en las montañas, alejado de la región.

En esa sala el grupo encontró una inscripción relacionada con ciertos eventos en los que andan metidos. De sus versos, los jugadores entendieron que deberán encontrar las cinco partes de una estrella de cinco puntas para conseguir que los setenta y dos demonios encerrados en vasijas dejen de escaparse. No era mi intención que lo pillaran tan pronto, pero está bien que lo hayan conseguido por sus propios medios.

Los sellos de setenta y dos,
débiles y olvidados,
se van rompiendo
bajo la arena del tiempo.

Escapa de urnas y jarrillos
una muerte sin plazos
para enterranos
bajo la arena del tiempo.

Búscala en lugares perdidos,
rota en cinco pedazos,
para ocultarnos
bajo el estrellado signo.

Los días habían ido pasando, y llegó el momento de una segunda sesión del Consejo de gobierno de Këlmaran. Se reclamó como suyo la zona más oriental de las colinas donde se enclava la ermita de Këlmaran, para así poder terminar el canal que alimente de agua la población. También se mandó reconstruir el puesto de alquimista del mercado y una mansión existente en la parte baja de la villa, que Almaä ha cedido al grupo aventurero. Por último, se pudo llegar a un acuerdo con las leóginas, y ellas y su región, donde se encuentra el Pozo de las Leonas, forman ahora parte de Këlmaran.

Con eso, dio por terminada la sesión del Consejo, y la sesión de juego.

Ya he comentado que las reglas de exploración y de gobierno surgen de la campaña Kingmaker. Los encuentros en cada uno de los hexágonos son casialeatorios: tengo preparada de antemano la lista de posibilidades ya que mientras preparaba una de las primeras sesiones, fui lanzando en la tabla de encuentros en medios desérticos, y quedándome sólo con los que me interesaba (¡no quiero tener un dragón azul saliendo de repente en la partida!). Sin embargo, la idea de los aepyornis está tomada de Children of the Void (segunda entrega de la campaña Second Darkness), donde los llaman simplemente headaxe.

El templo de Registania es una adaptación/reducción del set piece que aparece en la aventura Howl of the Carrion King. Lo que llaman set piece no es más que una ubicación secundaria, con sus propios objetivos, que puede añadirse a la aventura o jugarse de forma individual; los de Paizo las sumaron a las aventuras de dos o tres de sus adventure path. Por supuesto, no hay ninguna inscripción en verso; eso es de mi propia cosecha. Alguno tal vez se haya dado cuenta de que esa estrella rota se parece al sihedron que los aventureros recuperan a lo largo de la campaña Shattered Star, que en nuestra subcampaña va a ser una suerte de metatrama que todavía no ha salido completamente a la luz.

eSdlA, peli vs libro: El Abismo de Helm


Séptimo capítulo de Las Dos Torres, que continúa con la línea argumental de Aragorn, Legolas, Gimli y Gandalf, en su viaje desde Edoras. Este episodio tiene bastante más movimiento que los anteriores, así que el resumen será un poco más extenso.

En el libro:

Los rohirrim se dirigen hacia los vados de Isen, donde los hombres del rey contenían a las tropas de Saruman, pero al segundo día de marcha, un jinete les alcanza y les cuenta que han sido derrotados y que el muro de contención ha caído, pues Saruman ha usado todas sus fuerzas, e incluso ha armado a los montañeses y pastores salvajes para lanzarlos contra los rohirrim. Erkenbrand, el líder del Folde Oeste, se ha replegado hacia la fortaleza del Abismo de Helm, y los demás se han dispersado.

Théoden decide dirigirse hacia el Abismo, en lugar de seguir hacia los vados. En ese momento, Gandalf decide abandonarlos para cumplir una misión de la que nada cuenta. «Le dijo una palabra a Sombragrís y como una flecha disparada desde un arco, el caballo echó a correr. Apenas alcanzaron a verlo partir: un relámpago de plata en el atardecer, un viento impetuoso sobre las hierbas, una sombra que volaba y desaparecía».

Se describe el desfiladero llamado Abismo de Helm, con la torre de Cuernavilla y el muro que cerraba el lugar.

Cuando el grueso de los jinetes llega a la entrada del valle, los exploradores regresan para anunciar que unos jinetes montados en lobos lo ocupan, y que una horda de orcos y hombres salvajes avanza hacia el sur desde los vados del Isen. Es posible que Erkenbrand sea capturado antes de alcanzar la Puerta de Helm. La tropa avanza por el desfiladero y, perseguidos de cerca por los orcos, logra alcanzar la empalizada que, a un cuarto de milla de la Puerta, constituye una primera defensa. Encuentran una guarnición establecida allí por Erkenbrand antes de partir a los Vados del Isen. Gamelin es su jefe y les pone en antecedentes: «Quizá contemos con unos mil hombres (...). Pero la mayoría ha visto muchos inviernos, como yo, o demasiado pocos, como el hijo de mi hijo, aquí presente. (...) Atrás, en las cavernas del Abismo, están las tres cuartas partes de los habitantes del Folde Oeste, viejos y jóvenes, niños y mujeres». El rey y su séquito atraviesan las puertas, y Eomer distribuye a sus tropas para defender el Muro del Bajo (que tiene «veinte pies de altura»).

Pasada la medianoche, el enemigo toma la empalizada y obliga a la guarnición a retroceder. Comienza a caer un aguacero, mientras la horda de orcos gigantescos y montañeses salvajes va ascendiendo. Flechas y pedruscos los ponen en desbandada, pero una y otra vez se repliegan y avanzan, alcanzando cada vez un punto más alto. Finalmente, un par de arietes surgen de entre sus filas y avanzan hacia la Puerta. Eomer y Aragorn, junto a un puñado de valientes, salen por una poterna y atacan a los que manejan los arietes, logrando dispersarlos gracias en buena parte al fuego blanco con que resplandece Andúril. Mientras los héroes se repliegan, un grupo de orcos se lanzan sobre ellos y hacen caer a Eomer; en ese momento, Gimli salta hacia ellos: «Un hacha osciló como un péndulo. Dos orcos cayeron, decapitados. El resto escapó».

Comienza entonces la competición entre Legolas y el enano: Gimli lleva dos en su cuenta; su compañero, que ha vaciado el carcaj, por lo menos veinte.

Los rohirrim amontonan piedras tras la poterna y barrican de hierro los portales, y sus enemigos tratan de ascender las murallas usando escalas de cuerda. «Los hombres de Rohan empezaban a sentirse fatigados. Habían agotado todas las flechas y habían arrojado todas las lanzas; las espadas estaban melladas y los escudos hendidos». En ese momento, un buen número de orcos ataca desde el Abismo, pues habían logrado escabullirse hacia el canal y buscar su oportunidad. Gimli, acompañado de Gamelin y algunos guardias, logra deshacerse de ellos. Luego refuerzan esa entrada con piedras y regresan a la muralla. La cuenta sigue aumentando: el enano ha alcanzado veintiuno, pero Legolas lleva dos docenas, pues sobre la muralla hubo un combate, y usó sus puñales.

De repente hay «un estallido atronador, una brusca llamarada y humo», y un boquete se abre en el muro, por el que penetra una horda de orcos. Los rohirrim se ven obligados a replegarse. Aragorn y Legolas entran en la ciudadela, pero Eomer, Gamelin y Gimli se quedan combatiendo a la entrada del Abismo. Aragorn habla con el rey: Théoden tiene intención de cargar contra la horda con la intención de abrirse paso, o tener «un fin digno de una canción... si queda alguien para cantar nuestras hazañas».

Los orcos vuelven a usar el «fuego de Orthanc» para derribar la puerta del muro, y en ese momento, al amanecer, resuena el cuerno de Helm, que da nombre a Cuernavilla, y Théoden, Aragorn y otros jinetes se lanzan sobre ellos. Desde las cavernas del Abismo, cargan también los hombres del rey, y juntos alcanzan la empalizada. Allí contemplan que el valle ha sido ocupado, de la noche a la mañana, por un bosque de grandes árboles. Aparece entonces en una cima cercana un jinete vestido de blanco, con más de un millar de hombres a pie, liderados por Erkenbrand. Cargan Théoden y los suyos, y también Erkendrand con su hueste. Los orcos huyen: «Pasaron, gimiendo, bajo la acechante sombra de los árboles; y de esa sombra ninguno volvió a salir».


En la peli:

Hemos dicho que el resumen sería un poco más extenso, pero ni punto de comparación con lo que hacen los guionistas de la adaptación, que convierten este capítulo, con un par de añadidos, en aproximadamente una hora de metraje (más de un cuarto de la película). Y como todas las tramas de esta entrega van alternándose en pantalla, el resultado es que Las Dos Torres parece más una película de guerra que cualquier otra cosa.

Con el viaje desde Edoras da comienzo el segundo DVD de la película, en una serie de escenas que sólo marginalmente tienen como punto de partida el libro que adaptan. Mujeres enanas crea una escena simpática gracias a tomar como personaje gracioso, como no, a Gimli; aunque hay que reconocer que esta vez esta medio justificado (sin embargo, recordemos que Eowyn y los refugiados se dirigen a El Sagrario, y no marchan con los jinetes). Uno de los Dúnedain, añadido en la versión extendida, es algo de agradecer, ya que logra poner un poco en perspectiva al personaje de Aragorn, que no en vano tiene 87 años cuando transcurre la Guerra del Anillo (pero el viejo vigoroso no se marchita). La Estrella de la Tarde es sólo un recuerdo que el montaraz tiene de su amada, y sólo tiene sentido por las escenas que vienen poco después. Los guionistas trataron bien el tema del amor entre una elfa y un humano, pero no lo hicieron tan bien con el personaje de Elrond: su afecto por su hija parece que de alguna manera ensombrece su opinión sobre Aragorn. O tal vez es impresión mía. De todas formas, es una escena que aporta poco más que El destino de Arwen (la cual aparece poco más adelante), lo que explica que sea un añadido a la versión extendida.

Los lobos de Isengard es un completo desastre que añade una trama inexistente, anunciada ya con las escenitas de Brego y de Éxodo de Edoras en el anterior capítulo. Los refugiados sufren un ataque de jinetes de huargos. Un ataque que no está en el libro, por supuesto, y cuya consecuencia principal es que Aragorn se despeña por un acantilado. Además, Háma, el ujier del rey Théoden del que nada se dice en el presente capítulo, es el primero que fallece a manos de los ¿lobos? En serio, ¿eso son huargos? Supuestamente los huargos son lobos grandes e inteligentes, que suelen guiar a bandadas de lobos. Ya aparecieron como montura de los orcos en El hobbit, pero en este episodio sólo se los nombra. Pero es que, ¡no dejan de ser lobos grandes y fieros! ¿Qué narices han creado para la película? Por su cruz elevada y el tamaño de su cuello podrían pasar por hienas, pero su cara me recuerda a la de Stitch, ¡el de Lilo & Stitch!

Sigue El Abismo de Helm, con los refugiados llegando a la fortaleza y seguidos poco después por los jinetes. En Las fuerzas de Isengard se deja bastante claro que el fuego de Orthanc del que se habla en la película es pólvora, y aparece trazado el plan de Saruman.

La gracia de los Valar, El destino de Arwen y, después de un salto sobre el hilo argumental de Sam y Frodo, El retorno de Aragorn son escenas derivadas únicamente de la trama extra añadida por los guionistas. Todas ellas aportan poco a Las Dos Torres.

En Las cavernas, se agradece que se pegue un vistazo, aunque sea rápido, a las Cavernas Centelleantes. Lo que ya no es tan correcto es que Legolas sufra tal episodio de desesperanza, y que cuando los tres compañeros son armados (algo que transcurre en Edoras) tenga lugar otro momento de humor a costa del enano. Su continuación, ¿Qué ha sido del jinete y su caballo?, pone en labios de Théoden el poema que cantara Aragorn, también en el capítulo anterior. Théoden comienza así su periplo épico. En esta escena le acompaña el supuesto Gamelin. Digo supuesto porque al personaje ya lo vimos en el salón del trono, junto a Háma, mientras que Gamelin es el viejo a cargo de la guarnición de Cuernavilla, que aquí no aparece.

Las huestes de los Eldar es otro golpe en los morros. ¿Haldir, señor de los vigilantes de Lórien, acude a proteger el Abismo de Helm? ¿En serio? No hay elfos en esta lucha, salvo Legolas, y desde luego no vendría Haldir a traer un «mensaje de Elrond de Rivendel»; como mucho vendría de parte de la Dama Galadriel. A continuación vienen las escenas de lucha, como ya hemos dicho alternadas con otras tramas: La batalla de la fortaleza que escenifica el acercamiento de los uruk-hai de la Mano Blanca; La fractura del muro, con el uso del fuego de Orthanc; Retirada, con el repliegue hacia la ciudadela y Eorlingas, con la carga de Théoden. En la versión extendida se añade, de forma un tanto brusca, Fangorn llega al Abismo de Helm, con los orcos escapando hacia los árboles y muriendo bajo su sombra.

Hay varios cambios menores, por supuesto: la salida por la poterna de Aragorn y Gimli, solos, con una pequeña broma traída desde Moria; que la carga al amanecer sea idea de Aragorn ante la desesperanza de Théoden; y la ausencia de Eomer, que sustituye a Erkenbrand en la carga final (y que realiza a pie, no a caballo). Por otro lado, los guionistas han reducido a trescientos el número de defensores, cuando en el libro se dice específicamente (y eso es raro, porque casi nunca se habla de la cantidad de tropas de los ejércitos) que era de dos mil («más de mil» traía Théoden desde Edoras y «quizá mil» estuvieran junto a Gamelin), y son demasiado exactos al hablar de diez mil orcos, que en el libro forman una horda y únicamente se aproxima su número cuando se dice que son más numerosos que los rohirrim que avanzan desde Edoras.

En definitiva, un sencillo capítulo sobre una batalla, que ha sido extendido hasta abarcar y "protagonizar" la película al completo. En esta ocasión no veo que los cambios sean acertados, ni que añadan nada importante.


El próxima día seguiremos por El camino de Isengard.

Reseña: La Forja de un Túnica Negra, de Margaret Weis


Margaret Weis es, junto a Tracy Hickman, la autora principal de Dragonlance, y escribió a cuatro manos las novelas principales que avanzan la cronología de la ambientación. Si hacemos caso al prólogo del primer libro, escrito por Hickman, «Margaret dejó muy claro a todos los interesados que Raistlin era suyo y sólo suyo» y es «la persona que lo conoce mejor».

Década y media había transcurrido desde la publicación de Crónicas de la Dragonlance y Leyendas de la Dragonlance, cuando se editaron los dos libros que componen esta serie (en la traducción al español, ambos han sido divididos en dos tomos). El tiempo pasado, o simplemente las preferencias de la autora, explicarían las divergencias entre ciertos puntos de la historia del personaje con lo que aparece en otros lugares.

The Soul Forge es el primero de los libros (en español son: Raistlin, el aprendiz de mago y Raistlin, crisol de la magia). Cuenta la infancia del personaje (entrando en conflicto con lo narrado en Kitiara Uth Matar, sobre todo en el punto en que un mago viajero amigo de Par-Salian descubre su poder y se preocupa de que ingrese en la escuela de maese Theobald, ya que este descubrimiento lo realizaba allí la propia Kitiara) y su aprendizaje mágico (durante el que debe hacer frente a un grandullón con pocas trazas para ser mago -una historia ya muy manida-). Luego el libro da un pequeño salto, hasta el punto en que la relación con Sturm, Tanis y el resto de los que serán conocidos como Compañeros de la Lanza. El grupo realiza un viaje hasta la ciudad de Haven, donde se encarga de desvelar las artimañas de un grupo de supuestos adoradores de un nuevo dios. Después de esto, los compañeros se separan en busca de alguna prueba de la existencia de los antiguos dioses, prometiendo reunirse en cinco años. Pero Raistlin y Caramon tienen primero un destino más concreto: el joven mago debe pasar la Prueba, pues ha sido convocado para ello. Aquí hay importantes divergencias con lo narrado por la propia Weis en La prueba de los gemelos, relato breve incluido en la colección La magia de Krynn. Aunque en este caso hay una explicación interna: lo relatado ahora es lo que sucedió de verdad, mientras la otra versión era lo que se había hecho público, intentando salvaguardar la fama de Raistlin. Con esto termina una novela ligera y entretenida, aunque poco original.

Brothers in arms (en español Raitlin, mago guerrero y Raistlin, el Túnica Roja) está escrito a cuatro manos con Don Perrin, a la sazón marido de la autora. Mi impresión, habida cuenta del aumento en el número de escenas de acción, es que estas últimas las escribe Perrin, dejando para Weis las que tienen más carga dramática (lo mismo sucedería, pienso, en el tándem Weis-Hickman). Superada la Prueba, los dos hermanos Majere se unen a las filas de un noble que recluta mercenarios. Su medio hermana Kitiara, por su parte, se ha unido también a otro ejército: el del general Ariakas, que está reuniendo tropas en la ciudad de Sancrist. Una y otros acabarán llegando a Última Esperanza, una villa asediada por su supuesta rebeldía. Sin embargo, lo que no sabe el común de los mortales es que hay un buen montón de huevos de dragón ocultos en una gruta cercana. Resulta un libro bastante más aburrido que el anterior, sin un conflicto claro, más allá que el descubrimiento, por parte del líder mercenario, de que el general Ariakas es un malvado peligroso y de que, en realidad, los habitantes de Última Esperanza son los buenos de la historia. El lector lo sabe desde el principio, lo cual deja una historia bastante apagada, sin sorpresas y de final soso.