“El amanecer llegó sumido en una bruma ligera mas,
como un brioso corcel vuela por la anchurosa pradera al escuchar el restallido de la fusta,
y se aleja pronto del alcance de la vista,
así se disipó la niebla en cuanto Diktis, el primero de los Soles, la azotó con sus furiosos rayos”.

eSdlA, peli vs libro: Muchos encuentros

Después de un descanso prolongado, continuamos con este resumen pormenorizado y análisis comparativo entre El Señor de los Anillos y su adaptación al cine. Comenzamos hoy el libro II, todavía dentro de La Comunidad del Anillo. Esta parte cuenta con diez episodios, algo más largos que en el libro I (que tenía 12). El corte entre ambas partes, si lo recuerdan, vino propiciado por el desmayo de Frodo tras el cruce del Bruinen por el vado que lleva a Rivendel. Así que el libro II comienza con las palabras «Frodo despertó», y continúa desde ahí, para presentar Muchos encuentros.

En el libro:

Frodo despierta en una habitación de la casa de Elrond, y encuentra a Gandalf guardando su descanso. El mago parece haber averiguado ya algunas cosas del viaje de los hobbits, aunque todavía no quiere contar las noticias de su retraso. «Hay muchos poderes en el mundo, para el bien y para el mal. Algunos son más grandes que yo. Contra otros, todavía no me he medido. Pero mi tiempo se acerca». Sí le cuenta, por supuesto, que ha pasado en su estado cuatro días con sus noches, hasta que Elrond pudo extraerle de la herida una esquirla del cuchillo de Morgûl, así como también lo que sucedió en el vado.

Después de otro descanso, Frodo se levanta de la cama, y justo entonces aparece Sam, ilusionado porque está rodeado de elfos: «Algunos como reyes, terribles y espléndidos, y otros alegres como niños». Sam le guía por los pasillos y escaleras de la casa de Elrond, para reunirse con Merry, Pippin y Gandalf, a tiempo para una fiesta. En la cena, coincide con Glóin, uno de los doce compañeros de Thorin con los que viajó Bilbo (véase El hobbit). Esta escena sirve para «actualizar» lo que sabría de la región de las Tierras Ásperas un lector de aquel libro: Grimbeorn el Viejo, hijo de Beorn, era ahora el señor de los beórnidas; el nieto de Bardo, Brand, gobierna a la gente de Valle; Dáin sigue reinando Bajo la Montaña, y de los que sobrevivieron a la Batalla de los Cinco Ejércitos, siete enanos siguen con él (nada se sabe de Balin, Ori y Oin, razón por la que Glóin ha acudido a Rivendel).

Tras la cena, pasan a la Sala del Fuego, donde Frodo se reúne con un muy envejecido Bilbo. Éste le cuenta que su viaje le llevó a Rivendel, y que tras una visita a Valle, regresó para quedarse. Luego llega Aragorn, que debe ayudar al pobre Bilbo con la composición de una canción sobre Eärendil, que es recitada poco después. Frodo y Bilbo se retiran finalmente, y disfrutan de algunos recuerdos comunes antes de irse a dormir.


En la peli:

Este capítulo se traslada a dos escenas: Rivendel, donde Frodo despierta junto a Gandalf, éste le pone al día y, ante la pregunta sobre su retraso, vemos en flashback la escena de su huida de Orthanc, a lomos de un águila gigante; y Muchos encuentros, una escena muy breve donde llega Sam, junto a Frodo se reúnen con Pippin y Merry y, muy cerquita, encuentra a Bilbo.

Muy interesante aquí resulta poder contemplar de nuevo el libro rojo donde Bilbo escribe su historia, y descubrir el enorme envejecimiento del pobre hobbit. Por último, Sam y Frodo comentan que su misión ya está cumplida, y que pronto regresarán al hogar.

De nuevo, un capítulo bonito, aunque de escasa importancia, cuya adaptación pasa sin pena ni gloria ante los ojos del espectador.


En una próxima ocasión seremos testigos de lo que sucede en El Concilio de Elrond.

Reseña: El Muro de Hielo, de Douglas Niles


Ya hemos visitado un par de veces obras de Douglas Niles, en concreto Los dragones, novela muy secundaria dentro de la ambientación de Dragonlance, y Trilogía de las Moonshaes, para Reinos Olvidados.

Las tres novelas que hoy tratamos, y que en realidad componen una única historia con idénticos personajes, tienen grandes paralelismos con las tres situadas en las islas Moonshaes: se ubican en lugares alejados del continente principal, no afectan al desarrollo de otros acontecimientos, están protagonizados por personajes poco profundos y cuyas relaciones se tratan de forma superficial, se alternan diversos puntos de vista, etc. Sin embargo, esta serie me ha resultado mucho menos entretenida, y debo reconocer que no he llevado un buen ritmo de lectura, a pesar de que entre las tres no suman ni novecientas páginas. Los tramos narrados desde la óptica de los ogros son superficiales y aburridos, la trama de las tres obras es esencialmente la misma, y el escenario cuanto apenas se describe. Además, hay momentos en que el tiempo transcurrido en los diferentes puntos de vista no cuadra, lo que es un síntoma claro de una estructura demasiado endeble.

Pero vayamos más despacio.

Las novelas se sitúan en la región denominada Límite del Glaciar, en las costas del Mar del Oso Blanco, y unos cinco siglos antes del Cataclismo que cambió la faz de Krynn. Una región extrema, con montañas ocupadas por hielos eternos, y un tiempo dominado por una noche y un día de varios meses, separados por una transición muy corta.

El Mensajero abre la serie y la considero la mejor de las tres. Comienza con un asalto de los ogros a una posición de arktos (uno de los grupos humanos, junto a los montañeses, que habitan la zona) y el exilio de un elfo silvanesti. De aquí se sigue el viaje en busca de un nuevo refugio para el invierno y el encuentro, como es lógico, de los personajes. Como sucedía en Moonshaes los «buenos» no se alían inmediatamente, y se plantean ciertas fricciones y problemas que podrían dar lugar a situaciones interesantes si al tío Niles le hubiera dado por escribirlas; en su lugar, parece que luchar contra otra amenaza mayor parece limar toda aspereza, y el tema no se vuelve a nombrar. Y así una y otra vez.

La esfera dorada es un artilugio que los ogros pretenden utilizar para hacerse con el Roquedo de los Helechos, el refugio humano, en la segunda novela. Para conseguir más esclavos, naturalmente, porque los ogros poseen una civilización esclavista y apasionada con el oro. Un grupo de personajes decide ir a Dracoheim, una fortaleza ogra donde se está construyendo la esfera, con el fin de destruirla.

Sin embargo, uno de ellos es apresado y llevado a Winterheim, donde acudirán a liberarlo sus compañeros en el tercer volumen. Y lo de Espartaco se queda en una nimiedad si se compara con lo que preparan en la capital de los ogros. Buena parte del final del libro está ocupada por una serie de combates y escenas rápidas, que quedan en agua de borrajas en un final donde casi se oye la música de Heidi.

En definitiva, una serie que podría haber quedado mejor con un poquito de atención adicional a los personajes y sus conflictos (y menos trama ogra), o que, al contrario, se podría haber resumido en una obra más breve eliminando un par de escenas superfluas.

Diario de campaña 146 y 147: restauración Zelion



Las Garras del Fénix tenían la misión de eliminar a Qilsaen, el líder de los aislacionistas albos más reticentes a la vuelta a la vida política de Ärulen Zelion: los asesinos llamados Kilmeavinyali (en lustalí: Nuevos Elegidos).

Así que los PJ se internaron en el nivel secreto de la alta torre central de su fortaleza, una suerte de entresuelo entre las plantas 13 y 14, que acabó recibiendo el nombre de «piso 13 y 3/4» por motivos obvios para cualquiera que sepa un poco de Harry Potter.

El grupo se enfrentó con un golem metálico que les puso en serios problemas al ser inmune a armas mágicas, pasó por encima de diversas trampas, y finalmente luchó contra Qilsaen, eliminándolo con relativa facilidad.

La partida acabó con una frase del albo, murmurado entre estertores: «La venganza será mía al final: el que ordenó los asesinatos fue en realidad Ärulen Zelion». Unas palabras que no sorprendieron a los jugadores, que ya se sabían marionetas del Guardián del Fëa y no habían creído en ningún momento que estuviera muerto, ni siquiera tras ver el cadáver.

En la siguiente partida, con mayor asistencia, los jugadores tuvieron un par de buenas ideas para lograr el cese de hostilidades entre los restantes Kilmeavinyali y el ejército que los asediaba, comandado por un viejo amigo de Ärulen. Aún así, tuvieron que enfrentarse a los albos que custodiaban el mecanismo de apertura del portón.

Solucionado el problema y vencidos sus enemigos, el grupo se reunió con sus aliados para recibir una mala noticia: Ärulen, aprovechando la ausencia de tropas en los alrededores de la capital, había tomado control de ella y del consejo de albos. Se había expulsado a los extranjeros hasta que pudiese asegurarse el establecimiento de un consejo verdaderamente libre y «democrático» (debe entenderse más bien oligárquico).

Así pues, la caravana comercial, que de nuevo tomaba la forma de carretas, debía partir enseguida. Las Garras del Fénix se reunieron con Trisio, y abandonaron Lygra. Algunos días después, se encontraron con el Fénix, el barco volador construido por Arïk el Rojo con el cuerpo del dragón que los PJ eliminaron hace ya muchas sesiones de juego. Eso quiere decir que un par de jugadores retomaron sus personajes propios, y el grupo está completo una vez más.

Y entonces llegó la sorpresa: nuestro amigo Vilem, que habitualmente hace de portavoz del grupo, lanzó un golpe de estado rolero y tomó control de la pantalla de Narrador. Ya he enviado espías al otro lado de la frontera, y he comenzado a reclutar tropas para realizar mi propia restauración, pero mientras tanto espero disfrutar de la aventura llevando a Drar (de ahí que ayer les mostrara la nueva figura).

No hubo mucho tiempo de juego (encontrar una casa en llamas y seguir un rastro hasta un pequeño subterráneo ocupado por un cutreculto a una especie de dioses-insectos). Espero tener tiempo para relatar, en personaje, la próxima sesión del grupo.