“El amanecer llegó sumido en una bruma ligera mas,
como un brioso corcel vuela por la anchurosa pradera al escuchar el restallido de la fusta,
y se aleja pronto del alcance de la vista,
así se disipó la niebla en cuanto Diktis, el primero de los Soles, la azotó con sus furiosos rayos”.

Un relato para Círculo de Sangre


Falta un día para que finalice el primer Concurso de Héroes lanzado por la gente de Last Bullet Games (aquí pueden ver las bases del concurso). Por mi parte participo con Gimur Yelmo de Hielo, que podría hacer las veces de capitán alternativo para los Protegidos de Vallark (que aparecieron ya por aquí). Hoy les traigo el relato que da vida al personaje, y también la ficha con sus características y habilidades. Dejo para otro día la explicación del pintado de la miniatura que lo representa.

Respecto al texto, al principio no sabía qué escribir, y al final las trescientas palabras tope se me han quedado un poco cortas. Hubiera podido rematar el texto con otras cincuenta o cien, pero creo que me ha quedado bien. Lo difícil, además de que surgiera alguna idea medio original, fue incluir en el relato referencias al mundo de Farenhell, ya que aunque aparece algo de trasfondo en el juego de Círculo de Sangre (cuyo manual analicé aquí) y en la página de Last Bullet Games, el texto es bastante general y poco detallado. De cualquier forma, aquí va el relato. Ya me dirán si les gusta.

El enano contempló el puerto de la ciudad de Gormalak mientras el navío en el que viajaba se movía al ritmo que marcaban las olas. Su primer viaje por mar terminaba, y se dijo que los viejos de aquella lejana posada debían de estar burlándose de él cuando le aseguraron que el mar abierto era terrible. Existían cosas peores en las Montañas de la Perdición. Reflexionó sobre aquello, pues tenía mucho que ver con su presencia en la ciudad.

Varios meses atrás la vida era tranquila en su puesto de explorador, recorriendo los elevados páramos cercanos a su Korgrak natal. Pero un día, mientras avanzaba por un collado entre dos nevados picos, se dio cuenta de que le acechaba un enorme león de montaña. Entró en pánico, ya que se encontraba sólo y aislado, pero enseguida logró calmarse, y eligió una senda que le llevaría a tierras más bajas, donde encontraría ayuda.

Ésta llegó, pero no en la forma que pensaba. Un troll, que vagabundeaba bastante lejos de las ciénagas, le cortó el camino, justo cuando su perseguidor le daba alcance. Gimur no se lo pensó dos veces, y saltó a un lado de la senda, esperando que el encuentro entre ambas criaturas le diera tiempo para escapar. Pero el troll golpeó al león con su garrote (un arbolillo arrancado de cuajo), y el aullido lastimero de la bestia provocó un derrumbamiento de nieve que los sepultó a los tres.

Cuando los encontraron, un par de días más tarde, el único superviviente fue Gimur, a quien llamaron Yelmo de Hielo. Todo el mundo comenzó a tratarlo como un héroe por su gran gesta; pero él sentía que los estaba engañando. ¿De verdad tenía el valor para ser un héroe? En Gormalak, podría averiguarlo.


Y por último, como ya indicaba más arriba, la hojita de personaje de capitán.


Guerra en color: Los cuarenta enanos


No soy muy amigo de hacer propósitos para el año entrante, y mucho menos de hacerlos públicos. Por un lado porque en mi cabeza el año lectivo, el que empieza en septiembre, está todavía vigente. Por otra porque supongo que los buenos propósitos suelen olvidarse hacia febrero o marzo.

Pero lo que sí me gusta es planificar proyectos y dividir tareas en problemas más pequeños. Como muestra de ello recordarán la planificación de la campaña de los Cayados de Levante.

Así que para afrontar el gran número de miniaturas que tengo sin pintar (unas diez veces las que tengo pintadas), he decidido plantearme a mí mismo un pequeño reto: pintar durante el próximo año todas las figuras de raza enana de mi repertorio. Bueno, todas no; tengo unas pocas minis de plástico y un par de máquinas de guerra que quedan como opcionales. Así que el objetivo se centra en pintar los personajes y grupos de mando que adquirí hace ya una porrada de años.

Suman cuarenta miniaturas, así que es un reto que me va a ser complicado cumplir. Y eso que durante el último año he «aprendido» a darle al pincel un poco más rápido, pero aún así me puedo tirar perfectamente con una figura de este tamaño un fin de semana entero. El problema entonces es ponerse a ello, sin dejar de lado mis otras aficiones ni, por supuesto, la vida real. Aún así, voy a intentarlo. Al menos me servirá para bajar la cuenta de miniaturas por pintar.

También es verdad que he llevado a cabo una pequeña gran trampa, alargando el año a casi trece meses, ya que empecé la semana pasada, y ahora tengo una figura pintada. ¡Sólo quedan 39!


Diario Salvaje 5: explorando los alrededores


Otra nueva sesión con cuatro jugadores, pero como dos de ellos sólo podían jugar hasta mediodía, fue más breve de lo normal. Aún así, dio tiempo para hacer muchas cosas.

Básicamente, los Cayados de Levante terminaron de explorar la zona más cercana a Këlmaran. Hubo un poco de todo: un combate con unos cinocéfalos (es decir, babuinos), algunas tiradas de habilidad, y alguna decisión ética difícil que tomar: ¿Es necesario eliminar a la pareja de aepyornis pico de hacha que habitan en la pequeña arboleda al suroeste de la villa, para así poder usar la madera como fuente de materiales? De momento los jugadores postergaron la decisión hasta el momento en que puedan reclamar el lugar.

Durante uno de sus campamentos nocturnos, un pequeño grupo de diaños consiguió robarles sus pertenencias, a pesar de estar realizando guardias. Afortunadamente, con llevar a cabo una rápida persecución, lograron recuperarlas.

Más adelante, mientras reposaban en la ermita de Këlmaran, llegó un mercader malherido, quien les contó que al intentar refugiarse en el templo de Registania, a media jornada de viaje hacia el sur, y mientras hablaban con alguien que se hacía llamar el Refugiado, habían sufrido el ataque de un felino. Sus dos compañeros habían resultado muertos, y él había logrado escapar por muy poco. Así que al día siguiente, los Cayados acudieron al lugar. El templo se encuentra cerca de unas montañas, y para acceder a él tuvieron que ascender, medio trepando medio saltando, algunos cientos de metros. Lamentablemente, una tormenta de arena se alzó desde el oeste, y como tardaron demasiado en terminar el ascenso, los pilló a medias. No hubo bajas, aunque los dejó bastante fatigados.

No tuvieron mayores problemas en encontrar el templo, que estaba constituido por una fachada esculpida en la roca y un pasaje excavado en su interior que llevaba hasta una sala con el suelo repleto de vasijas exactamente iguales a aquélla en que estaba atrapado el demonio Buer, sólo que sin el sello se plomo. Todas enhiestas, y colocadas en filas. Intentando no derribar ninguna (aunque no pudieron evitarlo), llegaron a la siguiente sala, donde les esperaba el Refugiado, que, como pudieron averiguar conversando y usando los poderes dracónicos de Idriel, en realidad era un cambiapieles: a veces se convertía en una pantera, pero no controlaba el cambio. Él fue quien atacó a los mercaderes, pero no por ser malvado ni nada parecido; simplemente, eran una presa fácil. ¿Cómo asegurarse de la seguridad del territorio de Këlmaran con alguien así corriendo libremente? Después de una pequeña discusión entre los jugadores, se decidió dejar marchar al Refugiado, bajo la promesa de que se mantuviera en las montañas, alejado de la región.

En esa sala el grupo encontró una inscripción relacionada con ciertos eventos en los que andan metidos. De sus versos, los jugadores entendieron que deberán encontrar las cinco partes de una estrella de cinco puntas para conseguir que los setenta y dos demonios encerrados en vasijas dejen de escaparse. No era mi intención que lo pillaran tan pronto, pero está bien que lo hayan conseguido por sus propios medios.

Los sellos de setenta y dos,
débiles y olvidados,
se van rompiendo
bajo la arena del tiempo.

Escapa de urnas y jarrillos
una muerte sin plazos
para enterrarnos
bajo la arena del tiempo.

Búscala en lugares perdidos,
rota en cinco pedazos,
para ocultarnos
bajo el estrellado signo.

Los días habían ido pasando, y llegó el momento de una segunda sesión del Consejo de gobierno de Këlmaran. Se reclamó como suyo la zona más oriental de las colinas donde se enclava la ermita de Këlmaran, para así poder terminar el canal que alimente de agua la población. También se mandó reconstruir el puesto de alquimista del mercado y una mansión existente en la parte baja de la villa, que Almaä ha cedido al grupo aventurero. Por último, se pudo llegar a un acuerdo con las leóginas, y ellas y su región, donde se encuentra el Pozo de las Leonas, forman ahora parte de Këlmaran.

Con eso, dio por terminada la sesión del Consejo, y la sesión de juego.

Ya he comentado que las reglas de exploración y de gobierno surgen de la campaña Kingmaker. Los encuentros en cada uno de los hexágonos son casialeatorios: tengo preparada de antemano la lista de posibilidades ya que mientras preparaba una de las primeras sesiones, fui lanzando en la tabla de encuentros en medios desérticos, y quedándome sólo con los que me interesaba (¡no quiero tener un dragón azul saliendo de repente en la partida!). Sin embargo, la idea de los aepyornis está tomada de Children of the Void (segunda entrega de la campaña Second Darkness), donde los llaman simplemente headaxe.

El templo de Registania es una adaptación/reducción del set piece que aparece en la aventura Howl of the Carrion King. Lo que llaman set piece no es más que una ubicación secundaria, con sus propios objetivos, que puede añadirse a la aventura o jugarse de forma individual; los de Paizo las sumaron a las aventuras de dos o tres de sus adventure path. Por supuesto, no hay ninguna inscripción en verso; eso es de mi propia cosecha. Alguno tal vez se haya dado cuenta de que esa estrella rota se parece al sihedron que los aventureros recuperan a lo largo de la campaña Shattered Star, que en nuestra subcampaña va a ser una suerte de metatrama que todavía no ha salido completamente a la luz.