Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Etéreo Tau, en 28 mm

Ya les comenté que he empezado a pintar un ejército de los Tau para un amigo. La primera figura que elegí fue uno de los líderes, un etéreo, aunque tengo entendido que no lo usa mucho en el campo de batalla.

Antes de hablar del pintado, debo decir que es la primera vez que tengo en mis manos una figura de resina de Finecast, y he descubierto que tiene bien merecido el sobrenombre de Failcast. Mi experiencia previa con la resina se reducía a un busto de magnífica factura (aquí pueden verlo ya terminado), de una sola pieza y sin rebabas de ningún tipo. La mini que les enseño a continuación me llegó con la lanza partida, y tras arreglarla con un perno para que no volviera a soltarse, se rompió por otra parte al darle un golpecillo durante el proceso de pintado (¡!). De todas formas, creo que lo peor con este Finecast que GW quiere vender como la panacea (y cara, además) es que podría funcionar para miniaturas de una única pieza, pero resulta horrorosa para realizar transformaciones. El material reúne los dos puntos negativos de los materiales típicos de otras figuras: el plástico de las matrices habituales es fantástico al hacer transformaciones o cambios sencillos (yo lo prefiero), ya que puedes cortar y limar con facilidad, y luego cuando pegas las piezas con cianocrilato la unión queda firme, fundida en realidad. Lo bueno del metal es el detalle fino que suele lograr, y la dureza de los extremos delgados (me refiero a espadas, lanzas, y demás). Bien, pues la masilla es difícil de pegar (como el metal), pero no rígida (como el plástico), y sin embargo cuesta limarla convenientemente. En fin, un desastre que puede funcionar, como digo, para piezas sencillas y sin personalizar.

Pero vamos con la mini. Después de situarla sobre una peana especial, para elevarla del suelo, le añadí en la mano izquierda (que la figura original sostiene en línea recta hacia atrás) una especie de estandarte formado con dos escudos enanos pegados entre sí, y los restos de la larga estola que le corté a uno de los hechiceros imperiales. Además, le pegué en la espalda una capa decorativa que conseguí de una figura de Rackham. En cuanto al proceso de pintado, tenía claro que deseaba conseguir un contraste fuerte entre dos colores: el azul que correspondía al color del planeta, y los dorados que incluso desde la distancia marcan al etéreo como una figura llamativa en el campo de batalla. el primero no tiene mayores complicaciones que iniciar el proceso de iluminación desde el negro. Los dorados, por su parte, incluyen en la mezcla un poco de Ocre Tau, lo cual resulta muy conveniente, y los diferencia bastante de los dorados rojizos acostumbrados en GW.

Aquí les dejo algunas fotos. Los brillos se deben a que he barnizado la figura con dos capas, para que aguante los rigores del campo de batalla. Como siempre, pinchen en las imágenes para ver los detalles.





Reseña: Las Guerras Demoníacas


Ya hemos traído por aquí varias series de R. A. Salvatore, a quien no creo necesario presentar. Ya saben: escritor de franquicias, como yo los llamo, aunque de los de arriba del montón, y cuya principal característica es ese tipo de descripciones de acción de estilo hollywoodiense. Esta vez se trata de una de sus series propias, lo cual me permitiría saber cómo es Salvatore a la hora de crear mundos diferentes.

Lo primero que sorprende es que las novelas que componen la trilogía (falsa trilogía, por supuesto, pues es una misma historia), y que llevan los títulos de The Demon awakens (1997), The Demon spirit (1998) y The Demon apostle (1999), fueron editadas en español en seis novelas diferentes cuyos títulos, además de romper la estructura tan bonita de los originales, son spoilers en sí mismos. Esta transformación, debida sin duda al arte del birlibirloque, debe estar fundada en la creencia de que los tomos de seiscientas páginas asustan a los hispanolectores, que necesitan libros más pequeñitos. Respecto a la traducción, debemos agradecer el trabajo de Mª José Vázquez, porque creo que dentro de las novelas de fantasía norteamericanas, pocas consiguen un estilo semejante. La segunda sorpresa llega cuando uno busca información de la serie en inglés, porque descubre que en realidad lo que puede encontrar en español (seis libros, como hemos dicho, pero correspondientes a una "trilogía") va continuado por otros cuatro libros, que corresponderían a una segunda "trilogía" con un tomo en medio que hace de puente. Veámoslo con un pelín más de detalle.

Pero antes, echemos un vistazo general a la ambientación en que se sitúan estas novelas. No descubrimos, sin embargo, demasiado del mundo de Corona, pues lo que se nos muestra en el mapa (y en las novelas no se añade mucho más) es únicamente el reino de Honce el Oso, con algunos territorios fronterizos. Al norte, Alpinador, una región más pequeña de hombretones rudos, al sur Behren, cuyos habitantes tienen la piel oscura y una religión diferente. Respecto a la religión, en Honce el Oso sólo existe la Iglesia Abellicana, que es un trasunto de cristianismo deslavazado. Como puede verse por estas pocas frases, la cosa parece tener poco trabajo detrás, la verdad. ¿Y qué hay de los conflictos que dan origen a la narración? Pues un demonio muy muy muy malo que se despierta para movilizar a todos sus ejércitos, pero al que matan en seguida y que se dedica únicamente a poseer a un par de personajes para, subrepticiamente, seguir trayendo el caos al mundo; unos trasgos que son malvados, cobardes, débiles y tontos; unos powris (enanos con gorras mojadas en la sangre de sus víctimas) que son malvados y crueles; y unos gigantes que son malvados y muy tontos. Básicamente, si aparece cualquiera de ellos a la vista de uno de los personajes, hay que matarlo. No queda otra, y no hay ningún tipo de conflicto.

Afortunadamente, el problema con los ejércitos del mal queda solucionado en un par de novelas, y luego las luchas son entre humanos, y eso da para pensar un poquito más. ¿Y respecto a los buenos? Pues poco que decir, salvo que se componen de un reino humano cuyo ejército brilla por su ausencia; de la Iglesia Abellicana, dominada prácticamente toda ella por un solo hombre y cuyo poder viene de unas gemas que caen cada porrón de años en una isla perdida; y de los Touel'alfar (una especie de elfos bajitos, con alas en la espalda -con las que, aunque no pueden volar, alargan sus saltos y demás-, que pasan del mundo de los humanos pero que no dudan en intervenir cuando les sale del higo). Aquí encontramos cosas más originales, pero el problema es que toda la información se nos da al principio de la historia, y el resto del tiempo lo pasamos viendo las consecuencias de los movimientos previos.

El despertar del demonio y Barbacán, la guarida del maligno. Las primeras novelas de la serie son bastante interesantes, al comenzar la descripción de los parajes salvajes del noroeste, y además traer muy pronto los problemas a los jóvenes personajes principales, Elbryan y Pony. Su aldea es arrasada por un ejército de trasgos, y ellos son los únicos supervivientes. Pero a él lo acogen los Touel'alfar para convertirlo en un guardabosques (es decir, una suerte de protector) y ella, que ha perdido la memoria por el shock, es criada por una simpática pareja que regenta una posada en Palmaris, una ciudad al sur. Junto a ellos aparece Avelyn, un joven monje que se va dando cuenta de que la Iglesia Abellicana no es la digna institución que él creía. Las dos novelas transcurren con velocidad, gracias en parte a ir saltando de un personaje a otro mediante capítulos no demasiado extensos. Poco a poco, se va creando un grupo de amigos que se dirigirá a un enfrentamiento final cargado de sacrificios (tal vez demasiado amontonados, pero agradables al variar un poco el esquema habitual de se-salva-todo-el-mundo). Además, si se lee hasta este punto, la historia queda lo suficientemente cerrada.

El espíritu del dáctilo y Markwart, el abad maléfico. En las siguientes novelas volvemos al Salvatore bronco que llena páginas y páginas de combates descritos de forma efectista. Sin embargo, he encontrado que en esta serie estas descripciones son mucho más lentas, y no logran transmitir bien los movimientos. El otro problema es que la mitad de los capítulos (o tal vez más), están centrados en las acciones de Markwart, la cabeza de la Iglesia Abellicana y al que, supuestamente por culpa del dáctilo, Salvatore convierte en una especie de inquisidor obsesionado con un monje al que cree traidor. Al mismo tiempo, el abad inicia una serie de intrigas para extender el poder de su iglesia. Todo esto hace que esta parte sea más lenta, y un poco aburrida, en parte por la casi ausencia de conflictos internos.

El apóstol del demonio y El hijo de Elbryan. La última parte continúa exactamente como la anterior, con el agravante de que los "buenos" se dividen, y van viajando por diversas partes del reino, mientras que la Iglesia Abellicana se dedica a intentar cazarlos. Lo peor de todo, que la lucha contra Markwart se resuelve en menos de diez páginas, y que el epílogo parece la escena final de una peli de terror de las malas, cuando te muestran algo que te indica que el mal no ha sido eliminado del todo.

Mortalis, Ascendence, Trascendence e Immortalis. Las cuatro novelas que no están disponibles en español, publicadas en años sucesivos entre 2000 y 2003. Por lo que he podido leer, la primera se encarga del aprendizaje de Aydrian, el hijo perdido de Elbryan y Pony, en tierras de los Touel'alfar; mientras que las otras tres generan el nuevo conflicto (creado por el dáctilo y su nuevo anfitrión) y lo resuelven finalmente.

Creo que queda claro que a mi entender son demasiadas páginas para una trama tan poco original situada en un mundo tan poco trabajado. Hay algunos detalles muy buenos, y personajes muy simpáticos, pero como he indicado antes, el primer libro (en nuestra edición, los dos primeros) gusta por ser novedoso; el resto pecan de los defectos típicos en Salvatore: abundancia de batallas y exceso de escenas protagonizadas por unos malos simplones (o, mejor dicho, demasiado malos). Mi recomendación es leer sólo los dos primeros títulos, porque la historia queda cerrada, y hemos descubierto todo lo que el mundo de Corona puede ofrecernos.