Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, III-10: La voz de Saruman


Después del interludio que supone el episodio anterior, el capítulo 10 de Las Dos Torres continúa la narración de lo ocurrido en Isengard. En esta ocasión se nos muestra un enfrentamiento, aunque no con las armas habituales.

En el libro:

Aragorn y sus compañeros se reúnen con Gandalf y la escolta del rey, dispuestos a hablar con Saruman. El mago propone que ascienda con él Aragorn, y Théoden se suma, acompañado de Eomer. Gimli insiste en que él y Legolas deben también estar presentes, como representantes de su raza. «Merry y Pippin se sentaron en el último escalón, sintiéndose a la vez poco importantes y poco seguros».

Gandalf aporrea las puertas de la torre y despacha con prontitud a Gríma. Luego se asoma Saruman con una voz que «era ya un encantamiento (...). Nadie, sin un esfuerzo de la voluntad y la inteligencia, podía permanecer indiferente, resistirse a las súplicas y las órdenes de aquella voz (...). El tono era el de un corazón bondadoso dolorido por injurias inmerecidas». Las palabras de Saruman logran sembrar la duda en Théoden y los caballeros. Éstos ven «el final de la Marca, hundida en el abismo de tinieblas al que Gandalf parecía arrastrarla, mientras Saruman entreabría la puerta de la salvación». Pero Gimli rompe el hechizo: «-Las palabras de este mago no tienen pies ni cabeza -gruñó, a la vez que echaba mano al mango del hacha-. En la lengua de Orthanc ayuda es sinónimo de ruina, y salvación significa asesinato». Ante un nuevo acoso de Saruman, Eomer acude en ayuda de su rey: «-¿Habremos conquistado la victoria para terminar aquí, paralizados y estupefactos ante un viejo embustero que se ha untado de mieles la boca viperina?».

Por fin reacciona Théoden, echando en cara al mago las muertes habidas entre su gente. Saruman, que poco a poco ha ido enfureciéndose, se calma de repente y busca una alianza con Gandalf, lisonjeándole de forma abierta. Pero el mago no cae en la trampa, y realiza una oferta: Saruman puede rendirse y marchar en libertad. Como no acepta las condiciones, Gandalf se ve obligado a usar su propio poder: «-¡Mírame! No soy Gandalf el Gris a quien tú traicionaste. Soy Gandalf el Blanco que ha regresado de la muerte. Ahora tú no tienes color y yo te expulso de la orden y del Concilio. (...) Saruman, tu vara está rota. -Se oyó un crujido, y la vara se partió en dos en la mano de Saruman; la empuñadura cayó a los pies de Gandalf-. ¡Vete!». Justo entonces, un objeto redondo y brillante cayó desde lo alto, pasando muy cerca de Gandalf y yendo a parar junto a Pippin, quien la recoge y la sostiene brevemente, antes de que el mago se la arrebate con preocupación.

Así termina el intento de parlamento. Los compañeros se despiden de Bárbol, quien ya ha añadido a los hobbits a la Larga Lista de criaturas que conocen los ents. Bárbol queda ahora guardando a Saruman y Gríma, cercados en la torre de Orthanc.


En la peli:

Nada de esto pudo verse en el cine. En la versión extendida de El retorno del rey se añadió una escena con el mismo título que el presente episodio, La voz de Saruman, justo tras la escena que vimos hace dos capítulos (en El camino de Isengard). Aunque el diálogo está desordenado y la actitud de Saruman es mucho más orgullosa y agresiva, está bastante bien adaptado. Sin embargo, la patada al libro viene con el final de la escena, pues Gríma aparece para acuchillar al mago. Esto sucede en realidad durante El saneamiento de la Comarca, cerca del final de la novela, y ya cuando los hobbits han regresado a casa. Además, durante el diálogo de la película Saruman se encuentra en lo alto de la torre, un lugar desde donde difícilmente se puede hablar a gente que está al pie de la misma. La única justificación, al parecer, es hacer que el mago caiga desde bien alto sobre esa extraña rueda (¿es un molino de agua? ¿por qué tiene pinchos? ¿al caer desde esa altura le mata el pincho, el golpetazo, o el simple miedo?).

Así que salvo ese par de detalles sobre el fin de Saruman, el capítulo está bien adaptado, aunque es una lástima que escenas como éstas aparezcan sólo en una versión extendida, y por si fuera poco, donde no les corresponde.


El próximo día veremos qué sucede con El Palantir.

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