Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, III-6: El Rey del Castillo de Oro


Retomo esta serie de entradas, que he dejado de lado ya por mucho tiempo. Continuamos con el sexto capítulo de Las Dos Torres. Habíamos dejado a Gimli, Legolas, Aragorn y Gandalf cabalgando hacia Edoras.

En el libro:

La marcha dura toda la larga noche, y al amanecer, a lo lejos, contemplan Edoras y, en su cima, el castillo dorado de Meduseld. En su aproximación a la villa, pasan cerca de los montículos donde descansan los antepasados de Théoden, el rey de Rohan. Todos coinciden en que, según la óptica de los hombres, mucho tiempo ha transcurrido desde que se construyó el Castillo de Oro. Aragorn canta entonces en la lengua de los rohirrim, y luego traduce para sus amigos los versos, que un poeta olvidado escribió al evocar a Eorl el Joven: «¿Dónde están ahora el caballo y el caballero? ¿Dónde está el cuerno que sonaba?».

Al entrar en la población, unos guardias con brillantes túnicas de malla les cierran el camino con las lanzas. Los compañeros averiguan que un tal Lengua de Serpiente ha ordenado que no se permita la entrada de ningún extranjero. Gandalf consigue que un guardia acuda a anunciar su presencia, y logran entrar, ascendiendo la escalera que lleva hasta Meduseld. Allí se encuentran con Háma, el Ujier de Théoden, que les ordena dejar las armas antes de entrar en el castillo. Aragorn no desea abandonar a Andúril, pero Gandalf lo convence dejando a su vez a Glamdring. Sin embargo, el mago no entrega su bastón, y Háma, convencido de que son personas honorables sin propósito malvado, los deja pasar.

Théoden los recibe con cierta animosidad: «Tu bienvenida es aquí dudosa, señor Gandalf. Siempre has sido portador de malos augurios. Las tribulaciones te siguen como cuervos y casi siempre las peores. (...) ¿Por qué habría de darte la bienvenida, Gandalf, Cuervo de la Tempestad?». Habla entonces Lengua de Serpiente, consejero del rey, que se empeña en acusar a Gandalf de no venir con ayuda, si no con necesidad de ella, y de apoyar a la «Hechicera del Bosque de Oro». El mago, cansado de «cambiar palabras torcidas con un sirviente», lo derriba con un sortilegio. Luego ofrece a Théoden salir del castillo, al aire fresco y la luz de la mañana. El rey parece renovado, y se alza «alto y enhiesto»: «Sombríos fueron mis sueños en los últimos tiempos -dijo-, pero siento como si acabara de despertar. Ahora quisiera que hubieras venido antes, Gandalf, pues temo que sea demasiado tarde y sólo veas los últimos días de mi casa».

Gandalf aconseja al rey liberar a Eomer, encarcelado por amenazar de muerte a Lengua de Serpiente. Mientras Háma acude a buscarlo, el mago le cuenta en secreto al rey cuál es su esperanza, perdida en algún lugar del País de las Sombras. Justo cuando Théoden solicita una espada, aparece Eomer para ofrecerle la suya. El rey la toma, y «les pareció a todos que el débil brazo del anciano recobraba la fuerza y la firmeza». Théoden entona la llamada a las armas, y le traen su propia espada, Herugrim, que estaba oculta en un baúl de Lengua de Serpiente. A éste se le propone seguir a su rey a la guerra, pero Gríma se ofrece a quedarse como Senescal. Gandalf entonces asegura que trabaja para Saruman, y que su recompensa sería Eowyn, la sobrina del rey. Eomer, que ya estaba al tanto, amenaza de nuevo con matarlo, pero Gandalf aconseja proporcionarle un caballo para que demuestre a quién sirve verdaderamente. Lengua de Serpiente escupe a los pies del rey y huye.

Théoden invita a Eomer y a sus huéspedes a comer, mientras el pueblo se prepara para la guerra, y luego traen «paramentos de guerra de los arcones del rey, y vistieron a Aragorn y Legolas con cotas de malla resplandecientes. También eligieron yelmos y escudos redondos (...). Gandalf no aceptó una cota de malla; y Gimli no necesitaba cota, aún cuando encontraran alguna adecuada a su talla, pues no había en los arcones de Edoras un plaquín que pudiese compararse al jubón corto forjado en la Montaña del Norte. Pero escogió un capacete de hierro y cuero que le cubría perfectamente la cabeza redonda; también llevó un escudo pequeño con el emblema de la Casa de Eorl, un caballo al galope, blanco sobre fondo verde», forjado para Théoden cuando aún era un niño. Preparados para la guerra, el rey debe nombrar a un Senescal, y Háma sugiere que sea Eowyn. Théoden lo confirma, y le entrega una espada y una cota de malla, ordenando que lidere al pueblo hacia El Sagrario, un refugio en la montaña.

Más de mil hombres esperan ya al rey, a quien le entregan su caballo, Crinblanca. Eomer se ofrece, como reconciliación, a llevar a Gimli en su montura, Pies de fuego, y Gandalf silba para que acuda Sombragrís. Ya dispuestos, marchan al oeste. «Sola e inmóvil, de pie delante de las puertas del castillo silencioso, Eowyn siguió con la mirada el centelleo de las lanzas que se alejaban por la llanura».


En la peli:

Como en el resto de Las Dos Torres, este capítulo se encuentra dividido en varias escenas, que además incluyen cosas que no aparecen en el libro.

La primera escena tendría que ser la Masacre en el Vado de Isen, aparecida en la versión extendida, que muestra cómo la compañía de Eomer encuentra a Théodred, moribundo, entre los cadáveres de los suyos y algunos orcos de la Mano Blanca. A ésta la sigue El destierro de Eomer, donde Gríma logra este objetivo, después de que el sobrino del rey le desenmascare. Ya hemos indicado que Eomer no ha sido desterrado, sino encarcelado, y además esto ocurre después del encuentro con los Tres Cazadores. Por otro lado, la enfermedad de Théoden es mucho más grave en la película, y el control de Gríma mucho mayor, ya que ha conseguido que un grupo de rohirrim estén a su favor. En el libro, los rohirrim hacen caso a las órdenes del rey, y éstas nacen de los consejos de Gríma. Aquí Lengua de Serpiente hace y deshace a su antojo.

Luego saltamos adelante, hacia una sucesión de escenas que sigue esta trama. La primera lleva por título el de este capítulo, El Rey del Castillo Dorado, y en ella los cuatro compañeros llegan a Edoras y consiguen pasar al salón del trono. Antes, sin embargo, se nos muestra el acoso de Gríma hacia Eowyn. Interesante el simbolismo del estandarte que sale volando para caer casi a los pies del heredero de Isildur. Pero hay un par de cambios raros. El primero, los rohirrim que atacan a Gandalf para arrebatarle la vara, y que son frenados a puñetazos por Aragorn, Legolas y Gimli. Totalmente innecesario y ajeno al espíritu con el que Gandalf y los suyos entran en Edoras, y sólo comprensible por el estado casi vegetativo en que se encuentra el rey, quien no olvidemos que en el libro es capaz de hablar. El segundo cambio, esa especie de posesión de Saruman hacia Théoden y el "exorcismo" realizado por Gandalf (con frases que me recuerdan a películas con esa palabra en el título, como «sal de él» o «no tienes poder aquí»). Esto viene a continuar aquel poder a tan luenga distancia que veíamos en la primera película, cuando Saruman invoca la tormenta del Caradhras. Algo ajeno al libro, y que está metido con calzador. Si Saruman poseía ese poder sobre Théoden, y era capaz de hablar a través de él, ¿para qué necesitaba a Gríma susurrando sus aviesos consejos? Por otro lado, el efecto inmediato sobre el aspecto del rey es excesivo, y queda mucho mejor en el libro, donde se produce de forma casi milagrosa pero en tres o cuatro pasos a lo largo del capítulo.

A continuación sigue El funeral de Théodred, una escena añadida en la versión extendida que muestra el enterramiento del hijo del rey, y Simbelmynë, el lamento de Théoden por este fallecimiento. Esta última reúne frases aparecidas al comienzo del capítulo del libro, cuando los cuatro compañeros atraviesan entre los túmulos, y tras el "despertar" del rey, cuando habla con Gandalf.

Sigue la horrible escena de La decisión del rey, y no sólo porque Gimli eructe (lo que aún podría pasarse) y se limpie la cerveza ¡con la barba! (lo cual sería inadmisible para cualquier enano, pues esta raza se precia de sus barbas, las cuidan y las trenzan, y es algo casi sagrado para ellos). Lo importante es que la decisión del rey es ¿no ir a la guerra? ¿En serio? Es algo así como: "-Mira Théoden, los orcos campan a sus anchas por Rohan y los hombres brunos queman las aldeas de la pobre gente del campo, y todo tu pueblo está siendo masacrado. -Oh, pero no voy a perder más hombres. No voy a la guerra. Voy a refugiarme al Abismo de Helm". Que ésa es otra: en la peli se dice de Helm que es «una ratonera». Vamos a ver, que al parecer no lo habéis entendido: el Abismo de Helm es un baluarte defensivo, una pedazo de fortaleza construida para defenderse de una agresión. Los que van al refugio, en El Sagrario, son los niños y los abuelos, y Rohan va a la guerra. ¿Lo habéis entendido? Pues que no vuelva a oíros decir lo contrario.

Sigue una escena que inicia una historia muy bonita, pero que es una invención expresa de los guionistas. Es posible que a Tolkien, amante de los caballos, le hubiera gustado, pero no la escribió. Brego describe cómo el caballo de Théodred, que lleva este nombre, ha enloquecido. Sólo Aragorn parece saber calmarlo y lo libera. Por último, Hija de reyes, se centra en el miedo de Eowyn a vivir enjaulada. Un canto contra la imagen débil de la mujer. Pero no lo entiendo mucho. En la película han reflejado una Eowyn alzada en contra de una sociedad, la de los rohirrim, que, por contraposición a ella, es claramente machista. Lo veo, sin embargo, bastante pasado de moda. Algo demagógico y vacío para nuestro tiempo, y ajeno a Tolkien, que refleja una situación difícil sin denigrar a la sociedad dentro de la que se presenta: ante la ausencia de líder, Háma nombra a Eowyn, y el rey la arma y la deja como senescal de su pueblo en ausencia suya. No es una lucha abierta entre dos bandos, es un paso lógico hacia la solución del problema: el sexo de un individuo no es obstáculo para ocupar un cargo de gobierno.

Esta escena está flanqueada por dos en las que Gríma pone sobre aviso a Saruman: El anillo de Barahir, donde el mago de Isengard adivina que Gandalf cree tener al heredero de Isildur, y Éxodo de Edoras, donde Gríma describe cómo los refugiados pasarán por un paso estrecho donde podrán ser atacados.

Y ahora toca pedir perdón por la extensión del presente análisis, pero las escenas se han multiplicado en este capítulo, y las divergencias con respecto al libro son en algunos puntos aberrantes. Lo mejor de todas estas escenas es la ambientación y la música: Edoras y Meduseld son de los escenarios mejor retratados, con todos esos detalles hípicos y todas las vestimentas, y los acordes que acompañan la aparición de los jinetes son de mis preferidos.


El próximo día visitaremos El Abismo de Helm.

2 comentarios:

  1. A partir de aquí, las películas son un auténtico despropósito... Seguiré leyendo tus reflexiones, con las que coincido bastante. :D

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    1. Efectivamente, ninguna de las partes siguientes (por no hablar de las de "El hobbit") pudo igualar la adaptación de "La Comunidad del Anillo".
      Me alegro de que te gusten estas entradas.
      ¡Nos leemos!

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