Mucho tiempo después, en un nuevo lugar

El pasado 21 de Febrero nuestro grupo de juego habitual se reunió, después del parón vacacional, para jugar una nueva aventura de los Cayados de Levante. Si han estado atentos a las últimas entradas sabrán que estamos jugando The Rise of the Runelords adaptado al mundo de Lüreon. En concreto, únicamente habíamos jugado la mayoría de la tercera aventura (The Hook Mountain massacre), pero en este último día avanzamos bien poco. Cierto es que compliqué las cosas algo más de lo que aparece en el módulo, pero mis jugadores no tienen excusa: no daban pie con bola. De momento, vayamos con las fotos; eso sí, no esperen encontrar la tan apreciada "foto de grupo", también conocida como "tras la pantalla", porque no tuve ganas de coger la cámara.
La primera buena noticia es que jugar en casa de los recién mudados hermanos Roig provocó que Miguel, apodado el Perdido, volviera a echarse unos dados con nosotros:

Junto a él se encontraban Alex y Ana:

Al fondo de la mesa, Guille, pero no hay ni una sóla foto en que esté sentadito en su silla. No sé si eran los nervios por estar en su casa, o la tensión acumulada por tanto tiempo sin jugar. Aquí atiende a una tirada de Rob (debía ser importante, puesto que estaban los dos en pie):
 

También se paseó por detrás de los otros jugadores:

Aunque Alex parezca dormido, en realidad sólo es que le han pillado cerrando los ojos. Miren si no, qué ímpetu:

¿Y aquí?
 

Como ya habrán visto, también estaba Roberto. Extrañamente se portaba bien, y atendía más que cuando iba a clase:
 

Hablaba de atención... devoción parece por parte de algunos:
 

Y ése era yo, el Narrador. ¿Qué habré sacado en la tirada para sonreír de ese modo?
 

La lástima es que mi querida Eva, la fotógrafa, no ha salido. Sin embargo, nos ha dejado estos dos recuerdos, en forma de foto estratégica:
 
 
Corresponden, claro, al único combate, en el que los PJs se enfrentaban a un ingente grupo de orcos-pez, como acabaron siendo llamados. Ésta desde arriba:

Methril en 28 mm

Una de las cosas que siempre he tenido pendientes es ir separando las distintas miniaturas que componen la serie del mundo de Lüreon. Naturalmente, como ninguna marca comercial tiene una línea basada en mi mundo propio (todavía), ya saben que lo que hago es escoger algunas de las marcas más conocidas, y personalizarlas a mi gusto. Y éste es el caso, por supuesto, de la miniatura del druida Methril. Tenía claro la forma de la ropa y el aspecto genérico, así que comprobé mi caja de minis por pintar. Finalmente, escogí la siguiente:
Esta figura representa a Halbarad, y pertenece a la línea de El Señor de los Anillos. Perdonen por el granulado de la foto, pero he tenido que escanearlo de un libro, ya que en la web de Games-Workshop parecen haber cambiado de figura para Halbarad. La mini en cuestión está formada por una única pieza del pesado metal de Citadel, y hace ya mucho tiempo que el estandarte, de tanto ser enderezado, se rompió. Posteriormente, como la pose tampoco me gustaba demasiado, pensé en usar la cabeza para otra miniatura, pero el proceso de cortado... fue simplemente desastroso. Sin estandarte y sin cabeza, la figura estaba prácticamente condenada. Sin embargo, la he conseguido rescatar: una nueva cabeza (de uno de los muchos Aragorns de la serie) y un poco de masilla han hecho maravillas. La verdad es que ese 'palo', convenientemente doblado en su parte superior, espoleó mi imaginación. Éste es el resultado:
 
  
Una vez más, he metido la pata al hacer las fotos después de aplicar la capa de barniz, y por eso salen esos brillos, mucho más disimulados con la figura en mano. Por supuesto, buscaba el contraste entre el cuero de color rojizo y la capa, de verde muy vivo (muy poco habitual en mis miniaturas), con la añadidura de ese clarísimo pelo (me alegra que no se note la masilla), que obliga a centrar la mirada en la cara. El resto de elementos se han pintado con combinaciones poco llamativas y muy comunes. La posición de la cabeza y los brazos me hacía pensar en la proclamación de algún sortilegio druídico, y decoré la peana en consonancia. Ahora les dejo con una vueltecita de la mini y un par de fotos desde arriba (la última, con intenso zoom, que es donde se ven los fallos):
 

PD: He añadido siete canciones más de Immediate al reproductor de su derecha, por lo que ya hemos llegado al total de quince que quería poner. Las he colocado las primeras del listado, para que disfruten de ellas.

Influencias

Hace ya casi una semana que finalicé mis exámenes, y la verdad que ha sido muy productiva. Sin embargo, hoy querría hablarles de aquello que dejé colgado en mi última entrada: las influencias que me gustaría conseguir para Balada paelia.

Está claro que, cuando uno escribe, es inconscientemente influenciado por todo lo que constituye su ser; muy especialmente por todo aquello que ha leído. No me refiero, por supuesto, a las tramas y sucesos, sino al modo de escritura; la forma en que se desarrollan esas tramas y la cobertura que se les pone a esos sucesos. Pero otra cosa es hacer que lo que escribas se parezca a algo en concreto que tienes en mente (o al menos, que coja algo de su esencia).
En mi caso, tengo claro que cuando consiga terminar el libro, que ya ha cogido una buena marcha, leeré ciertas cosas que tengo pensadas. Y luego, tras cada una de ellas, repasaré lo escrito; o ciertos capítulos en concreto. De esa forma, al tener en la cabeza las estructuras y el estilo de esas obras, corregir ciertas frases dará como resultado un acercamiento a sus fuentes.
El listado de lecturas incluye la Ilíada y ciertas partes de la Odisea (las menos marítimas), para obtener el tono épico; El Señor de los Anillos, para añadir a la receta el sentimiento de sacrificio de los personajes y la sensación del 'gran viaje'; una novela cualquiera de Mundodisco, para ganar gracia en las salidas irónicas; Los tres mosqueteros, para ciertas escenas de combate; El capitán Alatriste, para reflejar el sabor de una época;...

Naturalmente, alguno puede acusarme de hacer trampas, de "meta-literatura" podríamos decir. Sin embargo, a la hora de dar forma definitiva a ciertos fragmentos, me he dado cuenta que mi estado de ánimo, incluyendo la última lectura realizada, influyen en lo que escribo. Así, lo único que hago es asegurarme de reflejar en cada ocasión lo que deseo de verdad. Mi estilo, se sobreentiende, no está variando en las sucesivas relecturas, porque todo esto ya se haya incluído en mi forma de hacer literatura.