Baraeko
Dios protector de los poblados y de las ciudades amuralladas. Aparece en muy pocos mitos y se conoce poco de su culto hoy día, pero se cree que se practicaban rituales en su honor durante la creación de fortificaciones y por parte de las poblaciones asediadas. Su imagen estaba asociada a las llamas del calor hogañero.
Boemana
Diosa protectora del ganado. Los ritos que sus sacerdotes, generalmente eunucos, celebraban en la antigüedad eran bastante sangrientos, aunque lentamente se fueron equiparando a los del resto de deidades patronas.
Dibus y Deabus
Dioses gemelos y contrarios; se les invocaba en los casamientos y durante los partos. Se contaba que en realidad eran simples humanos, y que uno de ellos (uno u otro según la versión) murió durante el parto. Cuando Tagotis apareció para llevárselo, las súplicas de la madre, y sobre todo el llanto de su hermano, hicieron que se apiadara, y permitió que los hermanos permanecieran juntos durante la primera mitad del año, aunque luego envió a Tameöbigo para llevarse a ambos a los infiernos, donde permanecieron durante la segunda mitad. Este ciclo se repitió incluso tras su muerte, cuando Vael ordenó a Saur construir un arca de metal a modo de reposo final, que fue suspendida en las alturas; durante la primera mitad del año es visible en el cielo, por encima del horizonte meridional. Anteriormente a este hecho, su carácter semidivino hizo que los hermanos fueran partícipes de multitud de juramentos y uniones matrimonales.
Durbed
Genio lujurioso de ríos y lagos. No aceptó el ascenso al trono de Vael, y alzó en rebelión a las ninfas y espíritus de las aguas. Endovëliko era uno de sus principales generales, aunque en realidad actuaba bajo mandato del dios–lobo. Ofreció a Durbed yacer al mismo tiempo con Frouida, recién caída a la tierra, y con Lida; el rebelde cayó en la trampa y pudo ser atrapado. Vael entonces destrozó su cuerpo, con garras y colmillos, y lo desperdigó en finísimos trozos, que fueron transportados por Favonius hasta las alturas. Allí, gracias al calor de Lug y Baelisto, volvió a caer a la tierra y buscó su hogar entre las corrientes y los estanques.
Endovëliko
Espíritu infernal de la noche. Astuto, engañador y viajero, asociado a los caminos y espacios abiertos, era el principal patrón de los ladrones, y en general se disputaba el control de los senderos con Sitiovo, reflejado en la posesión alternativa del cadúceo. Su característica principal era el ingenio, lo que le confiere una cierta ambigüedad moral (según se enfrente la astucia a la fuerza del bruto, o a la honradez del puro). Su símbolo es el cuervo, pues se decía que eran sus enviados y podían comunicarle los secretos espiados a la gente o a otros dioses. Desconfiado pero valeroso, tramposo y curioso hasta límites insondables, es una de las deidades cuya caracterización mejor se ha transmitido.
Aparece en multitud de mitos, siendo el más importante la explicación de su extraña amistad con Baelisto, uno de los dioses de la luz. Gracias a su habilidad pudo arrebatarle el arco, que debía usar Lida para derribar a Arkoni, pero, finalmente, su zalamería fue lo único que pudo calmar momentáneamente la ira del que hace aparecer la luz. Endovëliko aprovechó entonces para clavarle un asta que Saur, por error, había cortado de la cornamenta de Kernunnos, y Baelisto, definitivamente tranquilo, adquirió así el don de la sabiduría. En ciertas comunidades se explica que también consiguió de él la cura para la peste propagada durante su locura, adorándole también como divinidad médica.