Ruta de Castro desde Chóvar

Pinchar para ver más grande
Hace ya casi tres semanas quedé con Guille para, con la compañía del siempre fiel Syrio, hacer una escapadita senderista. Elegimos acudir a la población de Chóvar y realizar un sendero de pequeño recorrido que acaba uniéndose al GR-36 en Eslida. Sin embargo, el sendero está totalmente transformado, y ahora es una «ruta verde» llamada del barranco de Ajuez o de Castro. Prácticamente no se ven las viejas señales en blanco y amarillo, salvo en el extremo más alejado de la ruta (desde Chóvar), donde pude comprobar que el sendero seguía de frente, mientras nuestro itinerario giraba para convertirse en un sendero circular. Sin estar en buena forma, logramos hacer el recorrido completo (11 km, con un desnivel acumulado de 325 m), con un par de breves descansos, en poco más de cuatro horas. En realidad, la ruta dice 3 horas, pero luego añade otra si se desea hacer el sendero completo, con la visita a la nevera (así que, creo, que en realidad son bastante más de 11 km).

La ruta se inicia saliendo de Chóvar (población que cuenta con un enorme aparcamiento bien señalizado que facilita mucho las cosas) en dirección NO, donde nos encontramos el barranco de Ajuez (punto 1 del mapa). Su nombre procede de un vocablo árabe que vendría a significar «tierras comunales dedicadas al pastoreo», y contiene las aguas embalsadas que descienden por las paredes de roca que, en breve, ascenderemos. Ya existía en el siglo XIII, cuando los árabes fundaron Chóvar.

Nuestra ruta enseguida comienza a ascender entre alcornocales y paredes de la infame piedra ródano, ambos característicos de esta preciosa Serra d'Espadà (Sierra de Espadán).



El ascenso se realiza junto al barranco de Ajuez, prácticamente en línea recta. En breve llegamos a la llamada Fuente Fresca (punto 2 del mapa). Supuestamente, éste es su aspecto:


Pero nosotros la encontramos así:



La senda continúa ascendiendo un trecho más (en las siguientes imágenes se nota el desnivel), para luego dar a una zona donde llanear un poquito.




Y poco después llegamos a la mina de cinabrio llamada El Socavón (punto 3 del mapa). Abandonada en 1966, todavía podemos encontrar un par de vagonetas y de retorcidos raíles, así como un par de edificios ruinosos de diferente manufactura.



Luego se continúa el ascenso, hasta llegar a un collado (punto 4 del mapa) donde el sendero desemboca en una ancha pista de tierra que, culebreando, nos lleva (si elegimos hacer la ruta más larga) hasta la nevera de Castro (llamada así por una edificación defensiva -castillo de Castro- que queda fuera de la ruta y demasiado lejos como para poder visitarlo). Pero restaba lo más duro, porque el ascenso por la ladera del monte Nevera, después de los kilómetros previos, era arduo. Algo peor para Guille y no tanto para Syrio (aunque poco después descubrí que la maldita piedra ródano le había limado las almohadillas y llegó a hacerse heridas):



Finalmente, logramos llegar a la nevera (punto 5 del mapa) y luego realizar el regreso sin incidentes, disfrutando, eso sí, de las maravillosas vistas de los cortados que conforman el barranco de Ajuez y que, horas antes, habíamos ascendido.


Durante el descenso nos encontramos, ya cerca del embalse, a unos cuantos trabajadores que estaban eliminando las plantas que ya comenzaban a cubrir algunas zonas del sendero. Lo cual es una alegría, porque significa que en estos tiempos de crisis el ayuntamiento de Chóvar aún es capaz de gestionar unos pocos puestos de trabajo realmente útiles. Es de agradecer que se cuide el monte y sus accesos, porque sin estas iniciativas disfrutar de un día de senderismo no sería tan fácil.

De los críticos de "El hobbit"

Si Tolkien siguiera con vida, hoy sería su centésimo vigésimo cumpleaños. No puedo dejar de hablar en tan señalada fecha del suceso que ha conmovido a toda la comunidad tolkiendili en el año que ya dejamos atrás: el estreno de la primera parte de la adaptación que Peter Jackson ha realizado de El hobbit.

No voy a hablar de mi opinión al respecto (por mi parte, creo que la adaptación es genial) sino de un motivo que se me ocurre para que la gente haya criticado la peli. Y es que desde el mismo día de su estreno empecé a encontrar mensajes (en diferentes medios) de gente que vertía una cierta cantidad de bilis en detalles tan nimios que no podían empañar de esa forma la imagen de Un viaje inesperado. Que si tiene demasiadas cosas en común con la adaptación de El Señor de los Anillos, que si las canciones sobran, que si Radagast, que si el tirachinas,... y así un carro de pegas.

Y sinceramente, creo que toda esta gente sufre una misma «enfermedad». Y hago un «diagnóstico» basándome en la experiencia con uno de mis mejores amigos, que sufre justamente el mismo mal. Esta persona es tan amante de la Tierra Media como el que más: ha leído no sólo el Silmarillion, sino también los Cuentos Inconclusos, recuerda muy bien la historia de los diversos pueblos de Arda, y se sabe la mayor parte de los nombres de los personajes (salvo, tal vez, los más oscuros). Para él, Tolkien es la leche, y cualquier libro o autor sale desmejorado cuando se compara con la obra del Profesor. Un «cuadro clínico» que se repite entre muchos de los frikis a todo lo ancho de nuestro globo.

Ahora bien, pienso que toda esa gente que se parece a mi amigo sufren un cierto olvido. Un olvido que les lleva a considerar como bueno fuera de toda mesura lo que llega de la mano de Tolkien. Un olvido que les lleva a ignorar que El hobbit es a pesar de todo la historia que Tolkien comenzó a escribir para sus hijos, en un momento en que toda la Tierra Media no estaba definida de forma absoluta. Una historia sin agujeros, por supuesto, pero donde los trece enanos son unos payasetes que deben ser rescatados una y otra vez por Gandalf o por Bilbo (al menos, hasta que llega el baile de leches en los momentos finales). Una historia con un estilo literario maravilloso (desde aquí recomiendo su lectura en inglés para el que pueda, porque es realmente sorprendente cómo es capaz de crear un ritmo en cierta forma musical), pero que no deja de ser una «historia menor» en el corpus de su autor.

Si mantenemos en mente esa premisa (que El hobbit, a pesar de todos sus aciertos, es literatura infantil o juvenil), entenderemos mejor la adaptación de Peter Jackson. De hecho, otro amigo, que ni siquiera ha leído los libros, consideró mejor esta adaptación que cualquiera de las tres que forman El Señor de los Anillos. Eso dice bastante de su calidad y de su capacidad de entretenimiento (que, en el fondo, es para lo que sirve el cine).

Acabemos con una palabras de Tolkien, que bien podrían hoy ser pronunciadas por Peter Jackson:
"No me quejo si alguien que ha leído el libro lo encuentra aburrido, absurdo o despreciable, ya que yo tengo una opinión similar sobre sus comentarios"
Feliz cumpleaños, Profesor.

Diario de campaña 121: el templo de Kernunnos

Hace ya más de dos semanas, nuestro grupo de juego se reunió para despedir el año rolero. Han sido, a lo largo de 2012, dieciocho partidas en total; por lo que podemos decir que, de media, nos hemos reunido una vez cada veinte días. No está nada mal.

Las Garras del Fénix, prácticamente al completo (en la foto falta una jugadora, que no pudo estar por la tarde), lanzaron el cadáver de Venatore al río y luego acudieron al puesto comercial de Olgo, dispuestos a asegurarse de que el lugar está a punto para la llegada de la caravana que, partiendo desde Canalburgo, les sigue a algunos días de distancia.

Como tenían noticias de que una banda de lobos, liderados por un enorme y sangriento huargo, está causando problemas en el Valle de Bosquesquilmado, Jarad logró enviar a buscar lobos a su recién amaestrado draco. Pero eso lo tendrían que solucionar otro día, ya que en la pasada aventura se centraron en la búsqueda de un nuevo lugar de culto para Ignis. Y es que una sacerdotisa, interesándose por la actuación de Canalburgo en la zona, llegó recientemente al puesto comercial, y al ver a las famosas Garras no pudo evitar pedirles el favor.

Así que allá fueron los héroes, en busca de algún lugar con el encanto y la situación idóneos para la Señora de la Curación. De camino, por supuesto, tuvieron sus problemas, aunque lograron sobrepasarlos con facilidad. Lo peor fue que una araña de pozo gigante logró envenenar a uno de ellos, pero con la ayuda de Boko, un druida que acababan de conocer, consiguieron encontrar el ingrediente necesario para hacer un antídoto que le salvara la vida.

Finalmente, siguiendo las indicaciones del druida, encontraron un antiguo santuario de Kernunnos, cuyo sacerdote había sido enloquecido y, convertido en un enorme oso pardo por haber realizado un sacrificio sangriento indebido, atacaba a cualquier ser que se acercara. El grupo se encargó fácilmente de él, logrando así santificar el lugar.

Y eso fue todo. La verdad es que la partida fue rápida en cuanto a número de escenas, pero tuve que cargar sobre mis hombros la tarea de hacer que la cosa avanzara, ya que la mitad de los jugadores no estaba en buenas condiciones por haber trasnochado. También es cierto que en las localizaciones que fueron atravesando el número de combates que merezcan ser así llamados fue prácticamente nulo, ya que cuando creé el mapa de la región los dejé para la parte más alejada del valle (y, por tanto, del inicio de la aventura). Lo hice así a propósito, aunque habida cuenta de la marcha de la partida tal vez deba considerarlo un error de diseño. Veremos cómo va el próximo día.

Objetivos cumplidos hasta el momento en «Los Peligros de Bosquesquilmado» (entre paréntesis incluyo sólo lo nuevo):
  • Lugares visitados: 14/38.
  • Recompensas logradas: 2/5.
  • Rumores comprobados: 5/12 (trampero desaparecido; mago desaparecido; ermitaño).
  • Misiones secundarias: 2/?? (encontrar un santuario para Ignis).