SL-CV 116: Sot de Ferrer - Navajo León


Esta mañana nos hemos dado una vueltecita siguiendo un sendero facilón, muy bien señalizado, y por si fuera poco de muy fácil acceso. Es una ruta circular que únicamente acumula unos 150 metros de ascenso. Tiene algo menos de 5'5 km, que pueden recorrerse en poco más de una hora. Pueden encontrar bastante información de la ruta por internet, como por ejemplo en wikiloc.

El CV-116 es relativamente nuevo, por lo que abundan los postes de señalización y las marcas aún son muy visibles. Además, hay paneles informativos en los puntos más interesantes a los que se aproxima esta ruta, que en cierto modo constituye un paseo por el pasado inmediato de esta población, reflejo de muchas otras en tierras valencianas.

La ruta comienza en Sot de Ferrer, una población de fácil acceso gracias a la Autovía Mudéjar. Dignos de una visita son la enorme iglesia parroquial, la antigua casa del señor y el puente milenario que se alza junto al que actualmente está en uso. El inicio del sendero se sitúa a los pies del calvario, cuyas paredes blanqueadas son visibles a gran distancia y lo convierten en un hito inconfundible de Sot de Ferrer.

Así que aparcamos en la parte alta del pueblo, rodeados de casas de dos o tres pisos, y ascendemos por el Via Crucis hasta alcanzar la ermita de San Antonio de Padua. Desde allí, panorámica del pueblo y del río Palancia. El propio sendero conduce a dos puntos interesantes: el horno de cal o calera de San Antonio, y un enorme aljibe llamado Navajo León. Sin embargo, aún más importantes son las estupendas vistas de los alrededores.

Esta ruta puede hacerse con mascotas o con niños, incluso llevando carrito, pues no hay grandes desniveles (únicamente en un punto, y sólo si se desea visitar la calera). El sendero está bastante despejado, pero puede encontrarse en ambos lados una frondosa sombra donde realizar una paradita agradable. Además, el día puede alargarse tomando otras rutas, como la que lleva a Soneja o a las proximidades de la Sierra de Espadán.

Una de las bonitas viviendas de Sot de Ferrer
Parte de las vistas desde la ermita
Otra vista, con uno de los lados de las etapas del Via Crucis

Ya de regreso, vista de los cultivos escalonados


Guardianes del Trono Zafíreo, en 25 mm

Había pensado representar el cuerpo de guardia más próximo a la familia imperial de Zalisdonia, también conocidos como Guardianes Grises, usando las miniaturas de los orientales de Tierra Media, perpetrados por Games Workshop. Tengo seis catafractos, una pequeña unidad de figuras de plástico y el grupo de mando compuesto por capitán y portaestandarte, de tal manera que pueden constituir un pequeño ejército para mi mesa de juego.

Por supuesto, como siempre, he decidido personalizar las figuras, y lo primero que hice fue eliminar esa especie de cuernos o antenas colocadas sobre el casco, que no podrían tener otra utilidad más que perder dinero (por el acero invertido tontamente) y hacer a las tropas más visibles en caso de subterfugio. Espero poder usar esos pedacitos de plástico en algún edificio o algo así. Por otra parte, el pintado de las minis venía definido por el nombre que adquieren: el gris del metal y el azul de la prenda principal de ropa.

Únicamente tengo pintados (de momento) una figura básica, en la que comprobé el esquema de color, y el capitán, al que añadí algunas zonas de metales dorados. Probablemente, también el portaestandarte y los catafractos lleven zonas doradas, aunque no tan numerosas. Al capitán, además, lo situé sobre una peana ligeramente más alta y lo personalicé añadiéndole una larga capa (creo que de los Altos Elfos, aunque no estoy seguro) que pinté con el mismo azul pero añadiendo un poco de pigmento metálico, para crear un aspecto más sedoso (el flash de la cámara hace que brille demasiado).





Reseña: Onmagiër

W. J. Maryson es el pseudónimo de Wim Stolk, holandés nacido en 1950 que comenzó su carrera artística pintando retratos y paisajes de fantasía. Antes había ocupado un puesto gubernamental, y más adelante creó una agencia de publicidad. En 1995 publicó una novela de fantasía llamada Mago Maestro - la primera espada: Sperling, primera de una serie de seis (Meestermagiër) que no ha sido publicada en castellano. En 1996 creó una banda de rock sinfónico, Maryson, cuyos temas se centraban justamente en los tomos de esta serie de novelas; publicaron dos álbumes, correspondientes a los dos primeros libros. En 2002 se publicó la primera novela de Onmagiër, nueva serie de novelas (esta vez la seguirían sólo dos, publicadas en años sucesivos) que sería traducida al inglés en 2010. Después de escribir otras dos novelas pertenecientes a una nueva serie (De Grote Legende), Stolk/Maryson murió en 2011.

La traducción española de Onmagiër llega a partir de la inglesa. En esa versión se ha traducido como Unmage, lo que es muy lógico. Me resisto a usar, por tanto, el nombre de El No Mago, que es el que se le ha dado en castellano, porque me sería mucho más fácil entender El Inmago, creando así el neologismo específico que merece.

El primer libro de Onmagiër, llamado Las torres de Romander, logra transmitir la existencia de un mundo completo. El parecido con Terramar, el universo ficticio creado por Ursula K. Le Guin es obvio, no sólo en el mapa que acompaña a las historias, o en su argumento basado en la existencia de algo intangible que va destruyendo el mundo, con su punto de mira situado, precisamente, en los usuarios de magia, sino también en cosas menos evidentes como el título de algunos capítulos (como La costa más lejana) o la importancia de los nombres de los personajes. Por supuesto, que un personaje nazca sin magia en un lugar donde todo el mundo la tiene en mayor o menor medida (la isla de Loh), también recuerda a La espada de Joram, pero en este caso ahí acaba el parecido.

Las torres de Romander, decía, logra mostrar un mundo completo, con cierta profundidad. Por ejemplo, con la descripción del tipo de duelo llevado a cabo en la isla de Quym y un par de pinceladas más, uno ya sabe cómo son sus gentes. La lectura se hace muy rápida gracias a los cortos capítulos que conforman la novela, aunque la pega es que suceden pocas cosas: la narración salta diversas veces entre los personajes para mostrarnos la situación previa de todos ellos y al que claramente es su personaje principal lo tenemos en escena mucho menos de lo que nos gustaría. Además, la cantidad de información proporcionada por sus compañeros se nos da a cuentagotas, pero de una forma un tanto brusca: un personaje empieza a explicar algo de su pasado, o referente a lo que buscan, y de repente se interrumpe, dejando al lector con la miel en los labios. Eso sí, las descripciones son muy plásticas, casi pictóricas, y el manejo de los colores para representar sensaciones es digna del trasfondo de su autor.

La segunda novela, Los abismos de Lan-Gyt, sigue la línea de la anterior, aunque se agravan algunos defectos. Las transiciones entre capítulos no están demasiado bien tratadas, y la aparición del que parecía personaje central se va reduciendo cada vez más. La historia se centra en desarrollar otros aspectos mucho más lentos, como la traición de un Alto Myster o las disputas en torno al trono de Romander. Por si fuera poco, los momentos «oníricos», en los que uno de los personajes vive una experiencia mágica o paranormal, se van ampliando excesivamente, haciendo que la historia sea más lenta, flojeando allí donde la anterior brillaba.

La tercera historia, El señor de las profundidades, no hace más que agravar estos problemas: multitud de momentos de ensoñación y aparición de personajes y escenas que no tienen ninguna importancia en el desarrollo de la historia (¿qué importa quién tenga el control de Romander, si lo que está en juego es la existencia misma del mundo?). Además, los pequeños textos que se situaban al inicio de cada capítulo, con citas o fragmentos de libros propios de la ambientación, se alargan hasta mostrar historias por sí mismas, lo cual queda un pelín raro, cuanto menos.

Resumiendo: una historia que, sin ser excesivamente original en su planteamiento, es tratada con muy buenas manos en un primer libro brillante por su ligereza. Pero todo queda en agua de borrajas con un final de serie lento y aburrido.