Portaestandarte orco en 28 mm

He usado algo de tiempo libre en las últimas semanas para ir arreglando algunas de las muchísimas minis de 28 mm que tengo sin pintar. La última, ha sido este portaestandarte de la línea de El señor de los anillos de GW.

Como la espada que lleva el modelo me parecía delgada y sin expresión, corté el brazo por encima de la protección y le adapté una pieza de la matriz de hombres de armas bretonianos. Mi idea es que los guerreros orcos llevan armas y armaduras desparejadas, con piezas obtenidas de sus víctimas, por lo que esta especie de alabarda y la protección diferente en ambos brazos quedaban muy bien.

Ésa fue la única conversión que le hice (además de doblar un poco la esquina libre del estandarte para simular un poco de vuelo, lo que ha quedado bastante natural). Antes de empezar ya sabía que, en lugar del emblema que aparece en las minis pintadas por el equipo de GW (que copian de las películas), quería algo un poco más personal. En mi mente, no sé por qué motivo, estaba el que aparece en el escudo del orco de la portada de Las puertas de Mordor, módulo de ICE para MERP ilustrado por el genial Angus McBride. En la parte de detrás dibujé un hacha con el mismo color, por lo que el modelo puede servirme para las partidas ambientadas en Lüreon, donde el mito del Hacha Roja es una leyenda importante entre los trasnos.

En cuanto al resto del proceso, decidí usar en todas las mezclas algo de azul neutro (en concreto, el Azul Ultramarines de la gama de Citadel, que acaba de quedar obsoleta). Al unirlo en diferentes cantidades a diferentes marrones rojizos, como el Marrón Quemado de Citadel o el Marrón Cuero de Rackham, se logra saturarlos y obtener algunos tonos muy interesantes. Las diferentes capas de ropa y piezas de armadura están todas pintadas de diferente forma, y las pinceladas están dadas con un cierto 'descuido'. Todo ello para que el orco tenga un aspecto sucio y descuidado. Una buena capa de barniz mate aplicado a pincel (el de Vallejo es sensacional), ayuda a eliminar los brillos de los metales, lo que viene muy bien a esta miniatura.

Aquí tenéis algunas fotos, aunque esta vez no me han salido muy bien. Hacía tanto que no tocaba la cámara para estos menesteres, que no recordaba qué valores debía poner, y me ha tocado ir probando de nuevo.


La primera huelga documentada

Os dejo con una pequeña nota del número 100 (el presente) de la revista Historia National Geographic:

HUELGA EN LA CONSTRUCCIÓN (Hacia 1155 aC)
Corría el año 29 del reinado de Ramsés III, soberano de la dinastía XX, y la situación en Egipto no era nada boyante. Más bien todo lo contrario. Los obreros que construían las tumbas del Valle de los Reyes recibían con tal retraso sus provisiones que decidieron adoptar una inusual medida de presión: acordaron dejar de trabajar, lo que hicieron tres veces. El relato de esta primera huelga de la historia nos ha llegado merced al denominado "Papiro de la huelga de Turín". Quizá lo redactó Amennakht, el escriba que, según se refiere en el "Ostracón Cairo", se hartó de las demoras en las entregas y marchó al templo funerario del faraón Horemheb, donde se hizo entregar 46 sacos de trigo.

La Historia está con nosotros, así que ya saben: ¡A por nuestro trigo!


Diario de campaña nº 109: la tumba del rey olvidado

Los cuatro de marras
El pasado domingo, las Garras del Fénix volvieron a reunirse una vez más. Por unas u otras razones, sólo cuatro jugadores acudieron a la llamada de las armas {digo 'sólo', porque como sabéis a veces hemos llegado a los diez}, lo que provocó que pudiéramos hacer bastantes cosillas.

Básicamente, los aventureros lograron limpiar una tumba y eliminar a un extraño grupo formado por dos magos, dos trols y dos huargos.

En primer lugar, la información proporcionada por Gänimer (enchironado y con terribles heridas gracias al grupo) les había conducido a una suerte de túmulo construido bajo el lecho de un río.

Nali, intentado alcanzar al mago,
recibe una 'contracarga' de los trols
Estaba protegido por un par de trampas y algunos guardianes, pero las Garras lograron llegar finalmente a la cámara del sepulcro. Allí descubrieron que se encontraban en la tumba de Kinael Alpeliaur, el último rey de Etön Ezil y padre de un Pael unificado. Más de cinco siglos han transcurrido en Lüreon desde su existencia, y desde hace mucho alimenta las leyendas populares. Una de las cosas que llamó la atención del grupo fue un mural de la cámara, donde aparecía desplazándose por los aires lo que a todas luces era una ciudad voladora.

Tras pasar una tranquila noche en un claro cercano al lugar, los PJ decidieron acabar con un grupo de trols (acompañados de huargos), cuyo rastro habían encontrado por primera vez en su camino desde el Valle del Roble Rojo. Con vistas a ello, el día anterior habían enviado a rastrear al lince de Vaire, que logró llevarles hasta el lugar en pocas horas.

Se trataba de un ancho desfiladero con unas cavernas, que el grupo no dudó en explorar. En una de ellas, un solitario trol (durmiendo el pobre) cayó muerto mientras intentaba alcanzar su enorme garrote. Lo sorprendente fue encontrar, en la parte más profunda de la caverna, un muro de ladrillos que separaba una habitación. Aunque vacía, unos pergaminos indicaban que allí vivía un mago. {¿Un mago usando un trol como segurata?}

El combate arrecia
En el otro complejo de cavernas, más grande pero con parecida estructura, tuvo lugar el combate final de la sesión: dos magos, con otros dos trols como guardias, y unos huargos en añadidura. Sin embargo, los hechiceros no contaban con el poder de convocación derivado de la licantropía de Jarad (que puso a los huargos de su parte) ni con las excelentes dotes combativas del grupo.

Sólo quedó uno de los magos como superviviente, a quien dejaron atado y amordazado. Sin embargo, cometieron la imprudencia de destaparle la boca para preguntarle algo sobre su guarida, y el mago (que había preparado mentalmente el sortilegio) transformó su cuerpo en una sombra intangible y escapó.

"Alea iacta est" hubieran dicho los trols de saber latín
Así acabó la partida, con un enemigo más en la lista de las Garras del Fénix y las bolsas un tanto más llenas.

¿Y ahora? De momento, cobrar la recompensa por las cabezas de trols, y luego buscar nuevas aventuras o regresar a Canalburgo.

Si la Bestia no se interpone en su cometido, claro...