Diarios de campaña 139 y 140: Pico Perdido y partida de Nimaerga


De nuevo traigo el resumen de dos partidas. Pero esta vez no es por falta de tiempo o ganas, sino debido a su escaso contenido (al menos, para poder narrarlas de forma adecuada).

En la primera de ellas tuvimos algunas escenas dignas de una partida de las llamadas "políticas". Sobre todo para lo que acostumbramos en nuestro grupo. En la anterior quedada, las Garras del Fénix habían obtenido en su exploración del Torreón Negro ciertos papeles que incriminaban al líder de la familia Hojamarga (enemigos de Vaire, uno de los miembros del grupo) en diversos asuntos de espionaje y contrabando, y además habían logrado rescatar al hijo del sastre, cautivo en el mismo lugar.

Los PJ escoltaron al crío a su casa, y luego llevaron los papeles a Trisio. Éste, consciente de la amenaza, decidió presentar el asunto en una reunión del consejo (excluyendo del mismo, por supuesto, al Hojamarga). Mientras tanto, el grupo fue a investigar río abajo, donde al parecer se había aparecido una figura fantasmal que atemorizaba a los barqueros. Les sorprendió encontrar una imagen del hijo del sastre, originada en una cabaña cercana. Después de investigar un poco el lugar, llegaron a la conclusión de que el crío había estado secuestrado anteriormente en esa cabaña, para luego ser transportado al Torreón. ¿Por qué, entonces, esa imagen que les conducía al lugar, seguía estando presente?

Decidieron, con bastante acierto, que la ilusión estaba preparada para conducirles a la cabaña, y de ahí hasta el Torreón, de tal forma que encontrarían los papeles. Lo único que sucedía es que, como buenos aventureros, se habían saltado el gancho de la aventura y habían llegado al meollo del asunto in media res. La cosa ya saltó cuando, al regresar junto a Trisio y descubrir que la población estaba a punto de linchar al Hojamarga, se enteraron de que el sastre era amigo del líder de los Regobrezo, rival político del Hojamarga. Así que el grupo tuvo que convencer a los diferentes miembros del consejo de Nimaerga de la inocencia de un miembro de la familia/organización a quienes consideraban siempre como sus enemigos.

Lograron su objetivo, afortunadamente, y yo espero haber logrado que los jugadores no se confíen tanto, y dejen de hacerse amigos o enemigos de un PNJ simplemente por pertenecer a un grupo o raza.

Por la tarde, cambiando bastante de tipo de aventura, hubo un combate de larga duración. Las Garras del Fénix acompañaban a un trío de duergos hacia la población de Pico Perdido, donde Arïk el Rojo, el legendario curtidor dracónico, podría convertir los restos del dragón rojo con el que acabaron en una partida anterior en un curioso knarr volador.


Sin embargo, fueron emboscados en su camino hacia las montañas por una treintena de trasnos. Y de los grandotes. Todo se hubiera resuelto de forma más satisfactoria si los dos primeros PJ que cargaron a caballo no hubieran fallado sus ataques y no hubieran sido rodeados, derribados de la montura y apaleados (parte superior de la imagen). Tras varios asaltos de heridas mutuas pero casi ninguna baja, los tres duergos (en el centro) lograron marcar la diferencia, y el grupo pudo deshacerse de sus enemigos. Finalmente, los trasnos huyeron cuando Grar (y sobre todo su arma 'enervante de trasnos') pasó al Plano Umbrío. Lamentablemente, el problema temporal del mundo sombrío parece estar empeorando, y cuando quiso regresar descubrió que habían transcurrido cuatro semanas en Lüreon.

Así terminó esa partida. La siguiente fue mucho más corta: mientras el jugador de Grar seguía intentando llegar al mismo momento temporal (debía obtener un número concreto en el d12, y, ciertamente, el jugador no está hecho para una mesa de casino) el resto del grupo visitaba a Arïk y pedía el knarr. Alena (exPJ, y ahora PNJ) y Mizmundi (el trasno-mascota) se quedarían allí hasta que el knarr estuviera listo, para viajar luego al encuentro de los PJ. Y sí, finalmente Grar tuvo que conformarse con ese otro momento temporal, así que para la próxima partida deberá usar a otro PNJ (Drar Barba de Encina, uno de los duergos de la carreta).

Y por fin, después de más sesiones de las que pensaba, el grupo salía de Nimaerga. Al regresar a la población, tomaron una de las barcazas que ahora constituyen la caravana hacia el norte. Pero sus aventuras, por supuesto, no acaban.

Algunas leguas río abajo una de las barcazas yacía volcada, y una multitud de personas se había congregado en la orilla, alrededor de los restos calcinados de un extraño monstruo con tres patas y tentáculos (algo completamente desconocido en Lüreon). El monstruo había derribado la barcaza, pero los soldados albos que protegen la caravana lo habían rodeado a él. Entre los restos había aparecido una extraña llave de sección triangular, y como días atrás se había materializado una torre extraña en un lugar cercano, los albos habían sumado dos y dos y habían enviado un grupo. Trisio, en un acto típico en él, había logrado ya el permiso para que su "grupo especial" (es decir, las Garras) visitasen el lugar como apoyo para los guardias. Así que, imaginándose que iban a encontrar poco más que cadáveres, el grupo se encaminó hacia la torre.

Y ahí se terminó la partida, debido a una urgencia médica (todo fue una falsa alarma), que me dejo con sólo tres jugadores. Así que en lugar de seguir la aventura decidimos echarnos un Munchkin y, claro, ganó el mejor...

NMM, Ingeniero imperial en 28 mm


Primer intento con esto del Metal No-Metálico (NMM, por sus siglas en inglés) que es, simplemente, simular las piezas metálicas de las miniaturas con pinturas que no tengan pigmentos metálicos. La plata y el acero a base de grises y grises azulados, los dorados y el latón con marrones amarillentos, etc.

Nunca me ha gustado excesivamente el efecto. Sí, las miniaturas bien hechas con esta técnica quedan de vitrina, sobre todo porque con ella se controla cómo queda el reflejo de la luz en el metal, en lugar de que la propia superficie de la miniatura en esa zona refleje la luz natural que le llega. Sin embargo, en muchas miniaturas (incluso en las realizadas por los grandes maestros de este mundillo) el efecto queda un tanto antinatural, y, verbigracia, las armas pueden llegar a parecer de piedra.

Aún así, quería comprobar cómo se me daba. Y el resultado ha sido bastante satisfactorio.

Tardé un tiempo en buscar una miniatura que pudiera servirme para probar el NMM, y al final el elegido fue un ingeniero imperial de Games-Workshop, que llegó a mi pila de minis pendientes de la mano de los hermanos Roig (hablo de un par de jugadores de mi mesa rolera, no de los archifamosos Roig). Estaba a medio pintar, y aunque yo comencé de nuevo todo el proceso, conservé el esquema amarillo con cuchilladas rojas.

Intenté aplicar todo lo que he ido avanzando en los últimos meses, pero acelerando el proceso. Pintar es para mí un hobby, y me lo tomo con mucha calma, pero quería darme un poco de caña a mí mismo. Creo que la terminé en tres o cuatro madrugadas (unas dos o tres horas por sesión), lo que para mí es un récord.

En cuanto a los NMM, pueden encontrar multitud de "recetas" en la red, y de hecho lo interesante es ir variando las mezclas para lograr efectos diferentes. En mi caso, así es como lo hice:

  • Para el oro, que pueden ver únicamente en el medallón del cuello y en los anillos, usé Marrón bestial, Piel de serpiente, Marrón bubónico y Amarillo dorado (todas de Citadel), además del blanco. El efecto no es demasiado bueno, tal vez por el escaso contraste con la prenda amarilla. Lo intentaré de nuevo en otra mini.
  • El metal gris oscuro del arma está realizado a partir de un gris neutro (Gris Ironhull, de la gama P3), con luces añadiendo Gris fantasma (Cit) y luego blanco. Las sombras están hechas mezclando negro y rojo (Rojo Rackham, de, efectivamente, Rackham). El resultado me gusta. Sobre todo en la placa del cañón, donde he logrado crear el efecto de reflejo (a diferencia de los cañones, donde hubiera hecho falta un repaso de luces).
  • El latón del catalejo está conseguido cubriendo con diversas capas muy diluidas de Piel de serpiente la cagarruta de plateado que había hecho anteriormente. Me explico: pinté al mismo tiempo el catalejo y el arma, pero en el primero no logré hacer un buen efecto de reflejo, y quedaba horrible. Así que decidí volver a comenzar, y busqué en San Google algunas imágenes de catalejos reales. Vi uno de latón, y pensé que podría solucionarlo con algunos lavados controlados de ese tono, Piel de serpiente. Al final, ha resultado una de las mejores partes de la figura.
Ya dejo de darles la chapa. Si tienen cualquier duda sobre la mini, el NMM, o lo que sea, para eso están los comentarios. Les dejo con tres fotos del trabajo.





Platón contra Saruman el sofista

Andaba yo leyendo uno de los diálogos de Platón para el proyecto de mi otro blog (Epítome clásico), cuando me topé con una de esas coincidencias que no pueden serlo en absoluto.

Concretamente, leía El sofista, y encontré en un par de ocasiones el término multiforme. Creo que no le hubiera hecho mucho caso, pero el traductor, Francesc Casadesús, añade una nota a pie en la primera aparición de la palabra, diciendo que en el original griego se leía multicolor refiriéndose a la capacidad del maestro sofista para cambiar de opinión. Esa nota provocó que mi lectura se detuviera, dándome tiempo a paladear la palabra.

Multicolor. Mi mente, por supuesto, no podía dejar pasar aquello sin recapacitar un poco.

Recordé la escena de La Comunidad del Anillo en la que Gandalf relata cómo fue capturado por Saruman, su maestro en la orden de los Ístari, y ese momento en el que él dice algo así como «ya no soy Saruman el Blanco, ahora soy Saruman el Multicolor», y efectivamente su túnica reluce, como si estuviera hecha con hilos de muchos colores.

Pero debía ser sólo una coincidencia: Tolkien había decidido apodar así a Saruman, demostrando únicamente que había roto con su orden de magos, y por tanto (en realidad) con el poder de quien lo había enviado a la Tierra Media, los Valar de las Tierras Imperecederas.

Pero había algo más. Platón, en El sofista, realiza una dura crítica contra aquellos a los que considera falsos filósofos. Les achaca diversos problemas, siendo tres los principales: cobrar por sus lecciones; no conocer realmente el tema del que hablan y usar la retórica simplemente para apoyar un bando en una discusión; y por último embelesar y atraer a sus alumnos.

Lo de cobrar por las lecciones no lo veo tan mal. Hemos de recordar que Platón hablaba desde el lado aristocrático del asunto. Aunque se había desentendido de su familia, dos de sus tíos pertenecieron a los Treinta Tiranos o al grupo más cercano, y, por tanto, la hacienda de Platón debió de ser bien hermosa. Lo suficiente, al menos, para permitirle vivir sin cobrar unos honorarios de maestro.

Respecto al uso retórico, es algo que se sigue haciendo, y no sólo por los políticos. Lo interesante es que en esencia lo que les achaca con ello Platón está relacionado con el siguiente punto (embelesar y atraer), porque la idea es que los sofistas usan las palabras con un sentido falso, con la única intención de persuadir a sus oyentes, usando razonamientos engañosos al servicio del que habla (y no de la verdad).

Y aquí tenemos otra relación con Saruman, quien usaba la Voz (sí, con mayúscula) para convencer a sus interlocutores de sus razones. Eso se explica en Las Dos Torres, en la escena alrededor de Orthanc: Saruman intenta argumentar una defensa, y de hecho casi convence a Théoden. Pero su error es usar la Voz con objetivos diferentes, y Gimli, ajeno al hechizante influjo, rompe la diatriba del mago.

Así pues, tenemos a Saruman, que engaña al Concilio Blanco para que dejen de buscar el Anillo, que utiliza su Voz si necesita convencer a alguien y que se llama a sí mismo el Multicolor. Y por otro lado tenemos a los sofistas, que usan argumentos engañosos para apoyar sus discursos, tergiversan el lenguaje para hacer parecer fuertes los razonamientos débiles (y viceversa), y que por la habilidad de argumentar tanto a favor de un tema como en contra (de hecho, se entrenaban en ello y escribían obras formadas por Discursos dobles), son llamados por Platón con el término «multicolor».

Y yo les pregunto: ¿Es una coincidencia? ¿O podemos afirmar con seguridad que Tolkien leyó El sofista de Platón y tomó algunos de los rasgos negativos presentados allí para formar el personaje?