Alianza Dorada

Es una especie de gremio selecto internacional, formado por los mayores comerciantes de Lüreon. Sus miembros, ricos y poderosos, son los maestros gremiales, los señores del crimen de las grandes ciudades, la nueva nobleza con grandes negocios,... Forjan pactos informales entre ellos para conseguir más riquezas y poder, y usan cualquier medio a su disposición para derribar a los comerciantes rivales, incluso contratar mercenarios para asaltar sus caravanas. Este grupo es muy activo, estando presente en la política de diversos estados e influenciando a funcionarios y militares con fuertes sobornos.
Una de sus ramas, llamada simplemente la Red Secreta, utiliza cualquier medio para conseguir el control y el poder en los territorios donde operan. Sus prácticas incluyen el asesinato de líderes, la infiltración en otras organizaciones, la tortura, el secuestro, la piratería, la insurgencia militar o el terrorismo. La Red prefiere acciones encubiertas, pero no evitará una confrontación abierta, siempre que no salpique el nombre de un miembro de la Alianza. De momento, la Red Secreta y la Alianza Dorada son una misma cosa, pero en cualquier momento, eso puede cambiar.
Otra de sus ramas, el Gnóstico Circular, oculta sus verdaderas actividades al resto del mundo, proclamando ser una sociedad para estudiosos de historia pudientes. Muchos de sus miembros poseen impresionantes colecciones personales de raros tomos históricos y reliquias de antiguas civilizaciones; algunos están interesados realmente en el pasado. El Gnóstico Circular actúa como fuente de recursos, más que como fuerza activa: sus miembros comparten conocimientos para mejorar las fortunas personales de la Alianza Dorada, o para derrotar a rivales comunes.

El Túmulo Susurrante

Un domingo más, nuestros héroes, conocidos en Lüreon como Las Garras del Fénix, se reunieron para disfrutar de una partida largamente esperada. Aunque ya habíamos jugado tras acabar mis exámenes, hacía ya casi 100 días que mis compañeros no se encontraban con los verdaderos protagonistas de la campaña de Los Dos Imperios. Pues bien, por segunda vez, quedamos en casa de Guille y Miki.
Un motivo adicional para esas ganas de jugar se debía a que la partida anterior quedó en uno de esos momentos de crisis que todos los grupos, ya sea en una serie de televisión o en un buen libro, deben sufrir: el enfrentamiento entre sus integrantes. En este caso el responsable, lo admito, fui yo, ya que había infectado a dos de los personajes con un polén corrompido por el poder del dios exiliado, Volegar el Oscuro. Así pues, esos dos personajes, siguiendo mis instrucciones, habían puesto en peligro al grupo en repetidas ocasiones. La partida, tres meses atrás, había sido parada justo cuando el resto de personajes empezaban a entender qué estaba pasando, y acudían con ganas de venganza.
Por las ganas que tenían de jugar, está claro que el cliffhanger funcionó con ellos. El inicio de la partida fue, por tanto, solucionar este problema. Afortunadamente, el Sumo Pontífice de los duergos, Lompûr, llevado por el siempre genial Alex, pudo sacar a esos entes de los cuerpos de sus amigos. Aunque no se ve gran cosa, por la falta de escenografía y dibujos, principalmente, aquí a la derecha les dejo una imagen. Al fondo, unos dados junto a su bolsa, y nuestro perfeccionado sistema de conteo de Puntos de Vida y Aguante: habichuelas y lentejas.
Esta vez sí que cogí la cámara, y pude hacer algunas de esas fotos que tanto les gustan: tras la pantalla. De izquierda a derecha, Miguel (con el norteño Jarad), Ana (con el alba Lenara), Alfredo (con el cábiro Taffel), Guille (con el landerio Vilem), Alex (con el duergo Lompûr), Robi (con Grar) y mi querida Eva (con el duergo Nali y el alba Vaire). Más abajo, las chuletas en la parte trasera de la pantalla, un par de relojes de arena, algunos dados y la aventura, traducida y editada por mí mismo a partir de The Whispering Cairn, la primera de las aventuras de la serie Age of Worms.


Tras solucionar el problema interno, el grupo siguió adelante en la exploración del Túmulo Susurrante, logrando llegar hasta el último guardián, un terrible elemental de hierro que absorbía sin daño aparente todos los golpes de nuestros esforzados héroes. Sin embargo, en seguida se les ocurrió usar la magia para "oxidarlo", y la cosa fue más fácil.
Durante el descanso para la comida, Miguel se dedicaba a subir algunas opciones de su personaje, Jarad, que llevaba largo tiempo sin sufrir mejoras. Se nos había añadido para el refrigerio su novia, Pilar, y el pobre Alfredo tuvo que dejar abandonado a Taffel, en manos de Guille, pues tenía que currar:

Durante la tarde, el grupo llegó por fin al final de la tumba, y, tratando de volver a casa, encontraron a Ragnor Piedradoro, que les propuso un buen dinero por limpiar su mina de zombies. Lo que el grupo se temía, debido a la facilidad en llegar a un acuerdo económico y a la rapidez en ser llevados a los niveles inferiores, eran mayores dificultades; lo que no se esperaban era ser objetivo de una Bolsa de maraña, una poción de Nube de adormidera y un sortilegio de Mutatio mentis para dormir a Vaire (que era la única que había logrado superar los efectos de la pequeña bomba) nada más salir del montacargas. Luego fueron atados y amordazados, y copiados por unos cambiapieles. El pobre Grar se despertó sujeto por dos fortachones, con un oscuro sacerdote junto a él y una caída a una piscina de esponjoso material negro frente a él. Y ¡zas!, final de episodio. Ahí me la jugué, porque mis jugadores querían matarme (me salvó el ser más grandote que el resto, y, sobre todo, que si me mataban no habría continuación), pero estaba cansado, era un buen cliffhanger (ya sé que no hay que abusar, pero no puedo evitarlo), y deseaba pensar con tranquilidad cuáles eran las intenciones del sacerdote de Volegar. Espero que mis jugadores sepan perdonar a este pobre Narrador.
Un par de momentos más de la partida. Miguel y Ana pensando en cómo deshacerse del elemental de hierro; y Vilem indicándole a Alex cómo encontrar alguna habilidad en su hoja.
 

 

Escenografía: una estatua en Antagis (montaje)

Son ya algunas ocasiones en que he mostrado cómo quedaría uno de los personajes lúreos visto en un tamaño de 28 o 56 mm. Lo que generalmente no vemos casi nunca son escenas de la vida de Lüreon. Sus paisajes, las arquitecturas de sus ciudades, la manufactura de sus elementos decorativos,... La entrada de hoy viene a poner un pequeño remedio a ese problema.
En concreto, lo que pondré ante sus ojos es la estatua que la ciudad de Antagis, líder de facto de la Confederación de Ciudades Alanas, construyó para el general del ejército mercenario que salvó a la ciudad de Mecania del avance imperial: Vilem el Misericordioso. Se trata de una estatua de bronce que representa al héroe portando un estandarte de Antagis (una imprecisión del artista, claro), colocada sobre una alta columna de mármol azul (que incluye una placa conmemorativa y un pebetero), y con todo el conjunto sobre una fuente de base circular. Vamos con las fotos.
Primero, una vista global. Iremos viéndolo poco a poco, pero ya les adelanto que el coste en materiales es prácticamente nulo:

En primer lugar, la base, formada por un CD que iba a tirar. Sobre él coloqué dos tiras de cartón grueso (para tomar las medidas usé el propio CD y un mini-disc para el círculo interior), a las que tapé las zonas laterales con cinta de carrocero (para que no se vieran las celdillas), que afortunadamente ya me dieron la forma de piedras desgastadas en la parte interior. Sobre ellos recorté trozos de una cartulina, para simular un empedrado. La parte central se compone de la pieza metálica superior de la tapa de una olla (que no fui capaz de arreglar) colocada del revés. Justo en el centro, un tapón de un bote de pintura de Citadel, con una cadenita (si me sale bien al pintar, por sus huecos saldrá el agua) y una peana como basa (la base de la columna). Con algunos estandartes de Playmobil, conseguidos en mi etapa por la juguetería y convenientemente recortados, conseguí simular los postes. Los pegué sirviéndome de trozitos de clips, pero como la base es de cartón, siguen moviéndose; también los atravesé con clips transversalmente, doblándolos para formar las sujeciones de las cadenas. Las cadenas son parte de la caja de arqueros bretonianos de Warhammer, y las fui recortando e insertando en los clips justo antes de doblarlos. Los restos de los eslabones, al ser cortados, los he pegado alrededor de la pieza central, como elemento decorativo. También a última hora se me ocurrió hacer algunas monedas con masilla verde, ayudándome de los capuchones protectores de los pinceles. Menudo tostón les estoy dando; ahí tienen la foto:
Por lo que respecta a la columna, es un trozo de un palo de escoba (de los antiguos de madera), aunque, como es un material muy duro, no pude serrar de forma recta. Para solucionarlo, use masilla verde, con la esperanza de poder luego pintarlo y que simulara una reparación por obreros antagisíes. El capitel está formado por dos peanas unidas por la base. El pebetero es una pieza de Playmobil, y la informe masa verde que ven en su interior quiere ser fuego (era la primera vez que esculpía algo parecido desde cero; esperemos poder arreglarlo al pintar).

Aquí tienen una vista frontal. La placa es únicamente un trozo de cartulina, en el que escribí el texto deseado, realizando unos cortes para, al pintar, mantener el efecto de grabado. El texto, en oretano, dice: "VILEM, ILTIREN BAITUTE", que significa simplemente "Vilem, Protector de la Ciudad". Una cosita adicional fue añadir una pasada general (salvo a la estatua) con una mezcla de agua, cola blanca y bicarbonato, lo que, aunque deja esas manchas blancas que han ido viendo, otorga una pequeña textura que se agradece a la hora del pincel seco:

La estatua fue bien sencilla de realizar. Cogí una de las minis sobrantes que tengo de El señor de los anillos de Citadel. Eliminé la espada que sujetaba en la mano, taladrando después para traspasar el clip que sirviera como palo del estandarte. También me di cuenta de que, al eliminar la espada de la mano, la vaina vacía quedaba bastante mal, así que recorte otra espada que tenía en mi caja de restos. En la fase final, añadí al extremo del estandarte una punta de masilla verde, y arreglé como pude el hueco de la peana.

El propio estandarte está realizado con peltre blando de una tazita vieja, que pude recortar incluso con tijeras. Dejé dos tiras largas, que doblé sobre el clip, y coloqué en lo alto la pieza de una lanza. Luego le pegué algunos detalles con cartulina, simulando el estandarte de Antagis:

Y eso es todo, a falta del pintado. Lo más caro de todo es la mini (pero puede usarse cualquier otra, por ejemplo de plástico), y el resto de materiales son sustituíbles o incluso eliminables (como el pebetero y las cadenas).