Beldar en busto (I)

Hace ya tiempo, desde aquel primer encuentro en mi querida posada, que no tengo noticias de Beldar, el único albo que se muestra dispuesto a hablar de los momentos anteriores que en los papeles y legajos no pueden encontrarse. Me preocupa, ciertamente, porque tal vez su gente haya decidido silenciarle, y por eso no vuelve a ponerse en contacto conmigo. He resuelto buscarle por las calles de mi querida Antagis, pero para ello necesito algo que enseñar a aquellos que pregunte. Como los artistas de esta ciudad no son demasiado originales pintando albos, me decidí a hacerlo yo mismo. Éste es el proceso de la creación.

Ilusionado con el último pedido a e-minis, me decidí a no abandonar una figura, por primera vez en todo el tiempo que llevo en el hobby, hasta que estuviera acabada. Así pues, comencé por el busto denominado  Ilnimar, que, adapté al mundo de Lüreon con ese pequeño relato que han podido leer. Además, comencé rápidamente a ver el esquema de color gracias a las nuevas pinturas que había pedido, con la 'fórmula P3' de Privateer Press, un pack de seis botes con los colores de uno de los ejércitos de los Reinos de Hierro (Cygnar).
El busto, en resina y con un precio de 18'75, es comodísimo de trabajar, y no es necesario rebajar ni una sóla rebaba. Los detalles son increíbles y es un lujo simplemente poder pintarlo. Con ayuda de un clip lo coloqué en una sencilla peana (que pertenecía, en tiempos, a una de esas vírgenes pequeñas, que típicamente se colocan encima de la tele), y, tapando la parte inferior, imprimé con el spray gris de Andrea. Y ahora, por fin, pueden ver las fotos:

La imprimación gris, muy ligera, por delante y por detrás.

En seguida, comencé con el pintado de la cara. Además del color base, le di una primera capa de luces, pero paré ahí, y, para evitar complicaciones posteriores, pinté el color base de las partes en contacto con la cara: la camisa y el pelo, además de los ojos.

Aquí pueden ver las pinturas usadas hasta este punto:

Las fotos las realicé con luz natural, pensando que sería suficiente, pero al retocarlas con el Nero vision, anaranjó un poquito los tonos. En esta serie, los dos perfiles y la parte trasera:


Pinté los ojos con negro, y luego los bordeé con azul. Añadí además un par de piquitas en blanco, simulando el brillo natural.

Lo malo de estos retoques tan cercanos de las fotos es que se ve la textura (no sé si es porque las pinturas son ya viejas, pero aunque están muy diluidas no consigo que me queden las pinceladas sin grumos). Lo bueno, es que puedo ver detalles que se me escaparían. Por ejemplo, que el ojo izquierdo (a su derecha), tiene el centro demasiado azul:

En posteriores entregas, las luces y sombras de la cara.

Escenografía: una estatua en Antagis (pintado)

Cuanto tiempo ha pasado...

Hoy les traigo ya terminada la figura que les mostré montada en esta entrada.
Como pueden observar en la siguiente imagen, se trata de una estatua de bronce (con manchas abundantes de verdín), sobre una columna de piedra azulada, colocada sobre una fuente helada, todo ello salpicado aquí y allá con nieve. Ésta es la parte trasera:

La estatua en detalle (lo bonito es que, al pintarlos, no se aprecia diferencia entre los materiales de que está formada -peltre, cartulina y metal de diferentes procedencias, incluyendo un clip-):

En la parte delantera destaca el trabajo sobre el pebetero y la inscripción:

Desde lo alto, vemos las placas de hielo y nieve, en diferente grado de congelación, y también el apaño que le hice al fuego del pebetero (pegué un poco de algodón sobre la masilla ya pintada, mojándolo con una mezcla de tinta negra, agua y cola blanca):

Y lo mismo en otro ángulo. He de confesar que mi intención era hacer la fuente en pleno funcionamiento, pero el Efecto agua de Citadel reaccionó con las tintas de la capa base, y al final opté por pintar en diferentes tonos de negro y azul y aplicar una capa de esmalte endurecedor de uñas.

FénixCon I (primera parte)

Hace un par de fines de semana tuvo lugar la primera Convención Privada de las Garras del Fénix, consistente básicamente en dos jornadas de rol intensivo y en vena, salpicadas por algún evento especial.
Todo comenzó cuando uno de nuestros roleros de, digámoslo así, habitualidad secundaria, nos rogó que postergáramos nuestra partida del domingo 4 de abril para el día siguiente, que era festivo. Sin embargo, uno de los habituales (aunque impuntuales) sí que curraba el lunes. Así pues, en mi inmaculada sapiencia de Master y Narrador de historias, se me ocurrió que podíamos hacer dos partidas.
Desenrollar el ovillo que partía de ese hilo me llevó a proponer a mi grupo de juego que, para no gastar el billete en hacer dos viajes desde Valencia, se quedaran a dormir en casa, y así podríamos jugar una de La llamada con mi querido Commaster. Naturalmente, todos aceptaron, y de hecho hubo algunas adiciones extra-roleras, como en todas las convenciones, como visitar algunos de los hitos históricos de Sagunto.
Sin más preámbulos, que con este nos sobra, vamos a ver algunas fotos del primer día.

Mi querida Eva, demostrando que las chicas pueden hacer dos cosas a la vez (en este caso, pintar y jugar a rol, ¡con dos personajes!); un servidor, explicando algunas cosa (creo que en ese momento estábamos con el rollo del teletransporte que pueden ver en la anterior entrada); y Miguel, ocupado en ser cochino (¡pero no te muerdas las uñas, hombre!):


Guille, Alfredo y Rob, tratando de descubrir un nuevo sortilegio. Al fondo Pilar, la novia de Miguel, que había venido a estudiar (qué risa) y a la de Cthulhu.

En otro ángulo, las espaldas de Rob y Eva (No es fácil ser verde, y si no que se lo digan a Shrek), el Narrador extrañamente divertido y Miguel.

Un momento después, las espaldas de Rob y Alfredo, y Guille que seguía en pie. La única que no sale en las fotos de toda esa primera sesión es Ana, que está detrás de la cámara.

Y por la tarde, comenzó la visita por Sagunto. Dimos un par de vueltas y luego nos subimos en dirección al teatro y al castillo, pero, como Alex estaba a punto de llegar, únicamente llegamos hasta lo que los locales llaman el Mirador (que no es más que otro trozo de muralla). En la primera, tres chicas guapas: Pilar, Ana y Eva.

Y, tras un cambio de fotógrafa y de decorado, Pilar, Karol (que se había apuntado tardíamente y aguantó como una campeona la sesión de la La llamada e incluso acudió al día siguiente (¡ayudándonos con más comida!), y Ana.

Al fondo, vigilando desde las almenas, Rob. Miguel contemplando la siguiente línea de murallas. Y el Narrador, ¡qué pose chulesca, oye!

Para que luego digan, Rob el Arquero también protege a los embarazados.

Dos de los Roig se perdieron en la espesura durante un rato.

Y... ¡eh! ¡Que hay niños delante! ¡¿Pero es que nadie piensa en los niños?! Que potito, oye.

Y mañana, seguiremos con la partida nocturna y la del día siguiente.