Un héroe para Círculo de Sangre


Hace unas semanas les traje un relato sobre Gimur Yelmo de Hielo, el personaje con el que participaba en el primer Concurso de Héroes lanzado por Last Bullet Games, en el que tuve la suerte de ganar el tercer premio. Hoy les muestro rápidamente el proceso de pintado de la miniatura que lo representa.

Elegí el Campeón de Hierro de Avatars of War (parte del premio que gané en el Primer Concurso de Cofradías) aunque le hice algunas modificaciones, metiendo bastante masilla verde.




Tras imprimar en negro comencé con un tono de piel rosado. Dediqué algo de tiempo en detalles como el afeitado de la cabeza y el tatuaje en la calva. Para realizar los metales elegí MNM. La malla dorada la hice en realidad con la técnica para plateados, añadiendo algunos lavados con amarillos y marrones para simular el tono correcto.



La capa y el metal de las placas. Para esto último elegí un tono de bronce hecho a partir de marrones oscuros (desde un marrón chocolate a una carne rosada). Para complementar el efecto añadí algunos puntos de verdín con Verde antiguo (Rackham).



Capa de pieles. El esculpido no es muy allá, y tampoco pasé mucho tiempo con ello: base, lavado y resaltado.


Barba en tonos marrones, para huir un poco del encarte oficial y mantener el amiente general. Pero sin embargo perdí definición entre los diferentes elementos.


Metales plateados. A diferencia de los bordes de las gemas y de la decoración de los brazales, no quedé muy contento con la espada, y volví a intentarlo un par de veces más.


Y detalles finales, como las gemas y el pelo del yelmo. También le pegué un poco de algodón para simular el humo de la pipa.




Con otro fondo. El resultado no es malo, pero no he quedado totalmente contento con ella. Como decía más arriba, fui perdiendo definición y limpieza conforme avanzaba el proceso. De cualquier forma, eso sí, esta figura cuenta para mis cuarenta enanos del 2015.



eSdlA, peli vs libro, III-8: El camino de Isengard


Retomo esta serie de resúmenes comparativos entre El Señor de los Anillos y su adaptación cinematográfica. Hace ya un año que empecé este «proyecto» (por llamarlo de alguna manera). Pensaba que a estas alturas ya lo habría terminado, pero me gusta ir variando los temas de las entradas (salvo alguna «semana temática») lo que, unido a mi mala costumbre de realizar rachas de muchas entradas seguidas por muchos días sin actualizar, ha logrado alargar el tema. Tampoco es que vaya a cambiar ahora mi forma de llevar este sitio, pero lo aclaro por si a alguien se le hace ya muy pesada la serie.

Sea como fuere, el capítulo 8 de Las Dos Torres continúa justo donde quedó El Abismo de Helm: los orcos de la Mano Blanca han huido de la batalla para desaparecer bajo la sombra de los árboles de Fangorn.

En el libro:

Los héroes se reúnen en el prado a orillas de la Corriente del Bajo: Théoden, Gandalf, Aragorn, Legolas y Erkendrand por un lado, y al poco aparecen Gamelin, Eomer y Gimli. Éste «no llevaba yelmo y una venda manchada de sangre le envolvía la cabeza; pero la voz era firme y sonora. -¡Cuarenta y dos, maese Legolas! -gritó-. ¡Ay! ¡Se me ha mellado el hacha! El cuadragésimo segundo tenía un capacete de hierro». Todos creen que es Gandalf quien ha llevado el bosque hasta allí, pero él lo niega, y recita sobre el verdadero responsable unos enigmáticos versos (aunque el lector sabe que se trata de Bárbol). El mago insiste en acudir a Isengard para hablar con Saruman, y Théoden escoge a une veintena para que, después de un descanso, les sirvan de escolta.

Aunque ningún orco quedaba con vida en la fortaleza, «muchos de los montañeses se habían rendido, atemorizados, y pedían clemencia». Erkenbrand lo desarma y los pone a trabajar, perdonándoles la vida si juran no volver a Rohan en pie de guerra. En el campo de batalla se preparan dos túmulos, uno para los jinetes de los Valles del Este, y otro para los del Folde Oeste. «En una tumba a la sombra de Cuernavilla, sepultaron a Háma, capitán de la guardia del Rey. Había caído frente a la Puerta». Los cadáveres de los orcos se amontonan en grandes pilas, no lejos de la linde del bosque.

El grupo marcha hacia el bosque, y avanza por un camino junto a la Corriente del Bajo. A Gimli no le gusta la presencia sobrenatural de los árboles, y Legolas trata de tranquilizarlo. «Me hubiera gustado poder detenerme un momento ahora y pasearme entre ellos; tienen voces y quizá con el tiempo llegaría a entender lo que piensan». Pero Gimli sigue prefiriendo otros lugares, y le describe al elfo las Cavernas Centelleantes de Aglarond, que los rohirrim tratan como simples refugios y depósitos. Legolas le ofrece regresar cuando la guerra acabe, y contemplar juntos Fangorn y el Abismo de Helm.

Atraviesan los Vados del Isen y se acercan al Nan Curunir, el valle donde se encuentra Isengard, cuando se detienen a hacer noche. La narración corta para describir el amanecer en Cuernavilla, donde los rohirrim se encuentran con que el bosque ha desaparecido de nuevo, dejando una gran colina de piedras, que luego sería conocida como la Quebrada de la Muerte.

Los jinetes alcanzan a mediodía Isengard, y el texto nos deleita con una descripción completa de cómo era antes de la llegada de Saruman, y de cómo el mago la fue transformando. Finalmente, de nuevo bajo la óptica de los héroes, se describe el efecto de la pasada noche: las puertas arrancadas, piedras desmenuzadas por doquier, agua y humo ocupando el anillo interior, arcones y barriles flotando despedazados. En un gran montón de escombros se encuentran dos figuras pequeñas, descansando tras una comida: Meriadoc y Peregrin, naturalmente, quienes les dan la bienvenida de parte de Bárbol.


En la peli:

Al contrario de lo sucedido con el capítulo anterior, donde la batalla descrita se extiende como mantequilla sobre demasiado pan para ocupar más de media película, este episodio sólo se trata brevemente.

En la escena El recuento final aparece una pequeña gracia de nuevo a costa de Gimli, que aquí no ha sido herido. Lo que no entiendo es qué conoce un enano de la Tierra Media sobre el sistema nervioso, ni por qué en lugar de 41-42 han quedado 42-43 (alguno pensará que eso es sacar demasiada punta, pero si no tiene importancia, ¿a qué ese cambio?). Por otro lado, de la frase de Gimli en el libro sobre que el último que mató llevaba un capacete de hierro, podemos deducir que el aspecto de los uruk-hai de la Mano Blanca, con sus armaduras fabricadas en serie, se aleja bastante del imaginado por Tolkien. Y, por cierto, nada se dice tras la batalla de los montañeses que aterrorizaban las aldeas rohirrim, y tampoco de las bajas. Aunque la muerte que más lamenta Théoden es la de Háma, que en la peli ocurrió en el asalto de los huargos.

El final de la segunda película se acelera, y poco más se dice de este episodio. En la primera parte de la escena titulada "La batalla por la Tierra Media no ha hecho más que comenzar", vemos al grupo de jinetes (con el cambio Eomer > Gamelin) plantados hacia el distante futuro, mientras Gandalf suelta una perorata.

Para terminar correctamente este episodio debemos irnos a la tercera entrega de la adaptación. En concreto a la tercera escena, La ruta hacia Isengard, con algo de rodaje extra en la edición extendida. Contiene buena parte del diálogo que se produce al encontrarse los jinetes con Merry y Pippin, aunque aquí los hobbits sonn algo más toscos y están bebidos. La adorable rusticidad con que los retrata Tolkien transformada en mera grosería.

En cualquier caso, la impresión que me queda es que este capítulo fue bastante ignorado. Consecuencia, supongo, de alargar la batallita de marras.


El próximo día veremos Restos y despojos.

Reseña: Preludios de la Dragonlance (1-3)


Después de los seis libros de la serie Compañeros de la Dragonlance (que ya reseñamos en esta entrada y en esta otra), ocupados en narrar los encuentros e inicios de los diferentes amigos que protagonizan las historias principales de la ambientación, otra serie de seis libros narra lo que les ocurrió a los mismos personajes durante los cinco años en que el grupo se separó, supuestamente en busca de pruebas de la presencia de los dioses verdaderos en Krynn.

El problema vuelve a ser el mismo que en Compañeros: cada libro está escrito por autores diferentes, con su propio estilo y su manera de manejar a los personajes. Y aquí además se multiplica la falta de coherencia con otros libros. Por si fuera poco, lo narrado corresponde a alguna aventurilla sin mucha importancia, que ni de lejos puede ocupar esos cinco años de ambientación.

Veamos hoy los tres primeros libros, y dejaremos los siguientes para otra entrada.

El guardián de Lunitari, en el original Darkness & light, es obra de Tonya R. Carter y Paul B. Thomson, quienes en esta ambientación parece que siempre escriben en tándem. Se trata de un libro más largo de lo común en estas historias secundarias: medio millar de páginas que se hacen aún más largas porque el cierre de la historia parece un añadido a la trama que en realidad se quería contar. Después de la separación de los amigos en la posada de Solace, Kitiara y Sturm se encaminan juntos hacia Solamnia, ambos en busca de huellas de sus padres respectivos. Para acelerar su periplo, deciden viajar en un barco volador, un ingenio gnomo que, como no podía ser de otra manera, funciona, pero no completamente bien, y la nave acaba llegando a Lunitari, una de las lunas de Krynn. Ni frío, ni aire enrarecido, ni falta de raciones; un completo absurdo. Además, allí encontrarán a un par de personajes que están, por decirlo suavemente, un poco mal de la cabeza, hasta que al final consigan regresar al planeta. Pero una vez de vuelta, Kitiara y Sturm se separan, rota su camaradería por su muy diferente visión del mundo. La historia se centra en el solámnico, que descubre las malas relaciones que existen entre los caballeros de su nación, pero logra hacerse con la armadura y la espada de su padre. El problema principal de este libro, más allá del absurdo viaje y del pegote final, son los personajes: ninguno de los dos principales consigue tener mucho carisma en esta obra, y los gnomos son demasiados como para estar bien definidos.

El país de los kenders, o más bien Kendermore, es obra de Mary Kirchoff. La novela se centra en Tasslehoff, quien debe hacer frente a un matrimonio impuesto por las leyes de su nación, y realizará un viaje con una enana y su joven ayudante. Al mismo tiempo, el tío de Tas, Saltatrampas, y la supuesta prometida se verán envueltos en la búsqueda de un tesoro por parte de un ambicioso humano que vivía en Kendermore. La trama avanza muy despacio, lo que da lugar a un libro poco entretenido. El final se resuelve rápidamente, al estilo de las comedias de Lope de Vega: palos para el malo y boda que quiere sorprender al lector.
Los hermanos Majere, que mantiene el título del original, es obra de Kevin Stein. En esta ocasión son Caramon y Raistlin los protagonistas, aunque no sabría en qué punto de sus vidas puede situarse exactamente (teniendo en cuenta sobre todo lo narrado en La forja de un túnica negra). También aparece Earwig, un kender que los hermanos conocieron en el relato corto Raistlin y el caballero de Solamnia, obra de Weis y Hickman, aparecido en la antología La Guerra de la Lanza. Los hermanos y el kender llegan a la ciudad de Mereklar siguiendo un cartel que ofrece un trabajo: sus habitantes desean encontrar a la multitud de gatos que vivían en las calles de la ciudad. Todo tiene que ver con un oscuro culto que desea abrir las puertas a la Reina de la Oscuridad, aunque al final el asunto se resolverá al estilo deus ex machina, gracias a un protector del lugar. Se trata de una novela más entretenida que las anteriores, aunque Mereklar parece un lugar no demasiado típico de la ambientación.