Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Diario de campaña nº 104: Profanación

Una vez más, algunos miembros del afamado grupo de las Garras del Fénix nos reunimos para disfrutar de unas cuantas tiradas de dado en torno a la mesa de juego.

Como en las últimas partidas les había guiado demasiado {no en vano, fue a través de los tejemanejes del Nigromante que el grupo visitó el Plano Sombrío y realizó un viaje en el tiempo}, decidí dejarles caer algunos ganchos muy claros y típicos, para que pudieran elegir lo que les sonara más atractivo. Y como había pasado una semana no demasiado buena por un virus estomacal, me preparé unas cuantas aventuras a las que les tenía echado el ojo hace tiempo.

En primer lugar, los aventureros recibieron un paquete de parte de su amigo Osian, líder del Templo de la Sanación, donde les solicitaba que visitaran al deán del Templo del Conocimiento. Allí acudieron nuestros héroes. El deán les comentó, simplemente, que en las últimas ochanas no habían tenido noticias de una comunidad monástica situada en las estribaciones noroccidentales. La capilla, dedicada a la Señora de las Runas, se ocupa principalmente de copiar libros para su venta y distribución en Canalburgo. Los PJ fueron contratados para descubrir si todo sigue bien.

Pero no sólo eso descubrieron en el Barrio del Templo: un par de guardias informaron a las Garras de que Trisio, el encargado local de la Liga de Exploradores, les andaba buscando; y un sacerdote les comentó que habían tenido lugar algunos saqueos en el Cementerio Viejo. Además, se encontraron con los Fajines Negros, un grupo de aventureros locales de reciente creación, que solicitó algunos consejos a los veteranos PJ, ya que se disponían a partir hacia unas viejas ruinas duergas. Todos estos detalles llevaban al grupo a nuevas aventuras, pero los jugadores decidieron investigar en primer lugar lo del monasterio.

Alguno de los lectores ya se habrá dado cuenta de que estamos hablando de la aventura Profanación, del siempre prolífico Dungeon Master, que pueden conseguir en la sección de descargas de su blog, El Contemplador.

En primer lugar, los PJ atravesaron el Valle Ululante, donde eliminaron fácilmente a un draco hambriento que eligió una presa demasiado grande para sus fauces.

Una vez en el monasterio, lo suyo siguió siendo un paseo por el campo. Me gustaba la idea de que conpletaran la aventura en un sólo día, y no me defraudaron. Eliminé todo el nivel del subterráneo, y no sobrecargué el número de enemigos en los diferentes encuentros. Pero además, un par de buenas ideas de los jugadores eliminaron de un plumazo el combate contra los zombies.

Profanación es una aventura sencilla: una localización tomada por un loco malvado, lista para que los aventureros le peguen una patada a la puerta y lo limpien de arriba a abajo. Las sencillas estadísticas usadas (la aventura está preparada para Aventuras en la Marca del Este) hacen muy fácil el adaptarlo a cualquier sistema, y simplemente leyendo los párrafos escritos a tal efecto puede llevarse a buen puerto la sesión. Tiene también algo especial: Mientras leía la aventura, ciertos momentos me recordaban al genial ambiente de En tiempo de brujas (Nicolas Cage, Ron Pearlman), aunque lamentablemente, con las prisas, no fui capaz de transmitírselo a mis jugadores. Fue, eso sí, una partida rápida y entretenida.

2 comentarios:

  1. Me alegro de que os gustase :)

    Me encanta ver que se juegan mis aventuras, que encima se disfrutan . Un abrazote!

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  2. Eso faltaba, con la cantidad de curro que le echas, y que se quedaran sin ser jugadas. Y tengo algunas más esperando, claro.

    Saludos, y gracias por la visita.

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