Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Derecho a reseñar

Hace unos días, paseando por el centro con mi amigo Juan, entremezclando retazos de conversaciones como solemos hacer, me dijo: Oye, ¿quién te crees que eres para meterte con la obra de un autor reconocido?

Yo ya sabía el motivo que le llevaba a soltarme aquello, claro. Juanito es un tipo de ésos que lee todo lo que caiga en sus manos, desde un manual político hasta el prospecto de las pastillas de su abuelo. Mas, como cualquier mortal, tiene sus preferencias y sus debilidades. Y días atrás yo había reseñado una saga de su autor favorito.

Lo primero que se me pasó por la cabeza fue recordarle que no en vano había estudiado una filología, incluyendo asignaturas de crítica literaria. Sin embargo, rápidamente me di cuenta de que, en realidad, lo que me hace reseñar una novela no es lo que he estudiado, sino, simplemente, lo que he leído. Así que respondí a su pregunta: Pues un lector.

Joanet me miró extrañado, y yo traté de explicarme. Pero claro, una conversación es cosa de dos, y cuando hay opiniones contrapuestas uno no puede decir todo lo que quiere, y de la forma que quiere. Luego, horas después, llegan a la mente buenas frases que hubiera estado bien pronunciar. Así que por eso hago esta entrada.

Creo firmemente que cualquier persona puede opinar de cualquier tema, incluso sin tener ni idea del mismo. Por supuesto que en ocasiones las opiniones vertidas no serán veraces, o estarán teñidas por creencias o visiones divergentes, pero mientras el opinante lo haga con respeto, y no trate de sentar cátedra ni pretenda hacer ver que lo opinado es una verdad incuestionable, todo vale.

Los ejemplos son múltiples, y ni siquiera me refiero a que cada cual tenga sus preferencias y sus gustos. No hace falta estudiar solfeo para notar que una banda de rock está tocando a destiempo. Ni es necesario dar clases de escultura para ver que una figura no es simétrica. Ni, tampoco, saber escribir para comprobar que un personaje de una novela cambia su modo de actuar bruscamente y sin explicación, o que la obra es una suma de momentos de acción que no cuentan nada. Y eso, como digo, sin entrar en los gustos personales de cada uno.

Reseñar un libro o una serie de libros supone, fundamentalmente, dar una opinión. Y ésta puede estar basada en tus conocimientos, en tu experiencia con otras obras semejantes, o simplemente en lo que te ha hecho pensar o sentir. Yo, por mi parte, intento equilibrar siempre la cal y la arena: incluso en las novelas que me han agradado en extremo trato de sacar defectos, y busco aciertos en aquéllas que denuesto.

Así que, Juanillo, la razón que me lleva a reseñar es que es parte de mis derechos como lector.

2 comentarios:

  1. Muy de acuerdo contigo, en lo que dices... Y, sobre todo, en COMO lo dices.

    También soy férreo defensor de que todo el mundo puede dar su opinión, y está en su derecho de hacerlo, aunque también creo que, como todo derecho que existe, hay también una serie de deberes ligados al mismo que todo "opinador" debería respetar si quiere que su opinión sea también respetada.

    Como todo, es cuestión de recordar que no hay mejor forma de defender tus derechos que recordando tus propios deberes...

    Como siempre, gran entrada! :)

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    1. Pues muchas gracias, señor P. Siempre es un placer recibir su visita.

      Efectivamente, creo que en las críticas, reseñas o artículos de opinión deben primar el respeto (por la obra y por otras opiniones) y la subjetividad en cierto modo objetiva (es decir, una visión propia capaz de entender que existen otros puntos de vista).

      ¡Un saludo, compañero!

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