Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Los Diarios Salvajes, sesión 7


Y aquí estamos de nuevo.

Sí, ha sido una larga pausa. En algún sitio (no aquí) ya conté que se debe al trabajo que comencé a finales de abril. Me convertí de la noche a la mañana en artesano heladero, así que como comprenderán la cantidad de trabajo en estos últimos meses ha sido abrumadora.

Y además, por si fuera poco, la musa no me ha abandonado este verano, así que tengo a punto de caramelo la conclusión de Sonata de Mekania (espero poder ponerla en preventa el próximo 4 de septiembre, cuando nuestro grupo de juego cumpla trece años).

Todo esto quiere decir que he estado con dos trabajos (vocacional por un lado y por otro el que permite pagar facturas), y no me ha quedado demasiado tiempo. Entre otras cosas, nuestro grupo lleva sin sesiones desde primeros de junio, y ni siquiera he tenido tiempo para editar los vídeos de la última.

Les dejo aquí los vídeos de la penúltima sesión, que llevan colgado ya un tiempo pero no llegué a presentar por aquí. Y en breve, mucho más.






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