Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Pequeño respiro

Los exámenes de junio han terminado por fin; al menos, para un servidor. Espero que eso me deje un par de meses de tiempo libre para dedicarme a mis miniaturas y a Lüreon... y que ustedes lo vean.
Durante las próximas cinco semanas (bueno, en la primera tendré que preparar algunos trabajos pendientes), en las que todavía estaré currando a tiempo completo, ocuparé mis ratos libres en realizar aquellas tareas lúreas que se me han ido quedando pendientes: renovar el mapa (que necesita un giro de 30º), darle las pinceladas finales a la gramática oretana (todavía quedará el léxico), definir con amplitud la cultura de Ilder y Paelia, terminar la filosofía del Eldalie Túre, y la mitología de los primeros asentamientos fersos,... La idea es que para cuando coja vacaciones, tenga todo bien atado y pueda centrarme en escribir durante unas tres semanas...
Para después volcarme otra vez con la convocatoria de septiembre...
La rueda del tiempo gira, y las eras llegan y pasan y dejan tras de sí recuerdos...
(Robert Jordan)

Última partida, a mediados de abril

De nuevo les traigo la reseña fotográfica de una partida; esta vez un poco escasa en cuanto a fotos se refiere, y también en cuanto a jugadores, aunque intensa en su desarrollo.
A primera hora, un servidor, en todo su voluminoso esplendor, se encargaba de elegir la música adecuada para captar la atmósfera del juego.

Y la respuesta de algunos jugadores: Roberto, que en esta ocasión llevaba a Grar; Guillermo, con Vilem y Taffel; y Ana, que comenzaba la andadura de su nueva alba.

Mi querida Eva esta vez no sale en las fotos, pero se ocupaba de jugar con las 3D, dejando 'encerrados' a los tres sobrinos de Donald:

Y en ésta el siempre simpático Rob acompaña a Anabel, que, por supuesto, encarnaba a Lompûr:

Otras eras

Lo que me contó a continuación confirmó mis sospechas, y me deparó un par de nuevas sorpresas.
Incluso después de pasados unos días, lo que Beldar, el albo de los bosques de Arek, me reveló me causa gran conmoción, y paso alternativamente de la inmovilidad producto de la sorpresa a una actividad febril en busca de nuevas noticias.
Le dejé hablar sin osar interrumpirle mientras me fue posible, agradecido al fin de que la muralla de ignorancia y desconocimiento se agrietara, y así pude descubrir el gran engaño pergeñado por el pueblo albo, con Aralin Dulag a la cabeza... ¿Era Crecida? ¡¡¡¿Primera era?!!! ¡Era de los Mentirosos Albos!, debíerase llamar... Como odio esos intentos de ocultar la verdad y sumir a los pueblos civilizados en la humareda de la barbarie.
La memoria del pueblo albo se pierde, en realidad, mucho antes de la supuesta creación de Lüreon, tal y como algunos ya sospechábamos... Existe, al parecer, una constante temporal que provoca el dominio sobre nuestro mundo de una única especie, mientras las demás se hallan, o bien desarrollándose, o bien en decadencia. Sin embargo, el período en el que se extiende este dominio está acotado en ambos extremos por las salidas demoníacas: como término de inicio, puesto que anula la civilización anterior y permite el desarrollo de la nueva, y dos milenios después, como término final, ya que acaba con ésta, y otra la sustituye.
Por lo que Beldar me contó, la especie duerga llegó a dominar Lüreon unos tres mil años antes del surgir de los albos, y nadie sabe lo que sucedió antes de aquello. De hecho, es poco lo que se sabe de este período, pues los mismos duergos parecen haberlo olvidado: existían siete reinos, con sus siete coronas, que llevaron la ciencia y la tecnología a cotas nunca vistas. De estos reinos proceden las siete razas duergas de la actualidad. En este período se creó el Corazón de Lüreon, un artefacto rúnico de inmenso poder del que jamás había oído hablar, y que despertó de forma especial mi curiosidad.
Sin embargo, llegaron los demonios, y la mayoría de esos conocimientos se perdieron en la defensa contra ellos o en el aislamiento posterior, porque la predilección de los duergos por construir ciudades en cuevas y montañas surge en realidad de este momento.
Los duergos fueron sustituidos por los gigantes. Totalmente desunidos, crearon una serie de reinos con alianzas y fronteras cambiantes, que, a pesar de sus grandes conocimientos en materia militar y de su gran número, poco pudo hacer para evitar la invasión demoníaca.
En esta ocasión, se sabe que los demonios no llegaron tan al norte, y el ascendente Reino albo de Lustal comenzó a crecer en territorios y conocimientos, eliminando o expulsando hacia el este a los grupos de gigantes que encontraban.
Aquí llegamos a las tres eras que ya conocíamos, pero las preguntas no han hecho más que aumentar.