Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Respuestas a la defensa estilística

Tal vez alguno de mis ínclitos lectores recuerde que antes del verano publiqué una entrada sobre los tres estilos literarios. Poco después de aquello pude leer un par de artículos relacionados con el mismo tema. Por supuesto, no se trata de respuestas a mi entrada (algo imposible para un blog que recibe con suerte cien visitas diarias), pero voy a simular que sí lo son, que ciertas personas leyeron mi artículo y opinaron sobre el mismo. De esa forma completo la información ofrecida con comentarios ajenos, que pueden apoyar o derribar mi exposición.

Antes, sin embargo, me gustaría aclarar un detalle ofrecido por mi amigo Juan, quien me comentó que, en lugar de una defensa de los tres estilos, yo parecía haber hecho una «apología del estilo grandilocuente». Pues sí, es cierto. En mi entrada hablaba del estilo literario de cada cual, pero lo hacía desde la posición del estilo ornamentado, entendiendo que es atacado por aquellos que promulgan una literatura sencilla, concisa y plana. Tal vez pudiera malinterpretarse mi intención, que fue demostrar que cada escritor debe crear un estilo propio, y adecuarlo según obra, situación y personaje.

Dicho lo cual, pasemos al meollo. Empezamos por alguien muy conocido y cuyo argumento va en la misma línea que mi artículo. Se trata de Víctor García de la Concha (tres veces director de la RAE -ahora honorario- y director del Instituto Cervantes). En julio, antes de una conferencia que realizaba como parte del curso de verano del centro UNED de Plasencia, declaró que «al empobrecer el idioma empobrecemos el pensamiento y la expresión porque nos preocupamos poco de los matices de la construcción». Pueden leer el artículo completo aquí.

Pasemos ahora a una opinión contraria a lo que yo exponía en aquella entrada, pronunciada por alguien que, así a bote pronto, yo metería en el grupo de los que llamo «enemigos del estilo propio» y que, sin embargo, es filólogo. Pasemos a analizar sus palabras. Se trata de Javier Cercas (autor de siete novelas -entre ellas la genial Soldados de Salamina- y diversas obras literarias). En una entrevista de julio, al ser preguntado sobre la sencillez de su estilo, declaró que para él «literatura es aquello que no suena a literatura, los embellecimientos, los ornamentos han de ir fuera» y que «cuando uno empieza siempre quiere parecer literario y cuando más sabe menos quiere parecerlo, porque la literatura auténtica, tal y como la entiendo, no tiene que parecer literatura». Además, señaló que «escribir en los periódicos es un ejercicio estilístico fundamental porque te obliga a la transparencia, a la claridad, a la exactitud...». Pueden leer la entrevista completa, muy interesante, aquí.

Debo decir que yo ni siquiera he comenzado a empezar, y tal vez sea verdad que desee parecer literario, y nunca he trabajado como columnista. Sin embargo, creo que el estilo de Cercas funciona en sus obras, pero no podemos hacer de ello el instrumento literario definitivo. Para mí lo literario se define por la voluntad de estilo de su autor (sobre este tema ya escribiremos otro artículo), y por tanto me parece una herejía lingüística decir que la ornamentación o los intentos de embellecimiento deben eliminarse. Lo que debe hacerse es utilizarlos adecuadamente, olvidando aquella vieja máxima de «el arte por el arte» y adecuando el estilo a {no me cansaré de repetirlo} obra, situación y personaje.

5 comentarios:

  1. Caray, tenía una entrada tuya sin leer.

    Es un tema bastante complejo, porque cada autor es un mundo y por desgracia no tengo todo el tiempo que me gustaría para poder exponer una opinión que toque todos los puntos de vista, así que intentaré ser breve.
    Yo, comparado con un escritor profesional no soy más que un borrego que potrea a su teclado. Tengo mucho por depurar y mucho por instruirme para acercarme aunque sea levemente, pero una cosa la tengo más que clara. En cualquier arte, especialmente en el que hay una historia de por medio, el estilo va muy ligado a la obra. De una forma u otra. No se puede enternecer (enardecer, asustar, lo que sea) al lector con una narración plana, pues eso básicamente es periodismo (más bien, lo que debería ser periodismo); explicar lo que ocurre sin más objetivo que el de informar. Un escritor, cómo cualquier artista, ha de intentar transmitir unos sentimientos, además de simplemente lo que ocurre en su historia. Y para eso, está el estilo adecuado a cada obra. E incluso se puede mezclar estilos y géneros, para conseguir efectos que incluso sean chocantes.
    Sin embargo, la narración se puede aligerar de muchas otras formas, sin necesidad de afectar a ese sentimiento final. Lo verdaderamente complicado es encontrar el que nos acomode a cada uno sin que sea incómodo para el lector.

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  2. "Tal y como él entiende" la literatura, Javier Cercas debe de dejar fuera a prácticamente todo lo escrito antes del siglo XIX, cuando algunos autores comenzaron a implementar esta forma carente de recursos estilísticos evidentes. Pero lo hacían para presentar la historia de una forma más impersonal, algo novedoso en su momento.

    Esa "falta de ornamentos estilísticos" es un estilo en sí mismo, como se ve en el Ulyses de Joyce, o en A sangre fría. Así que me parece corto de miras y una gran falta de perspectiva en querer englobar toda la literatura dentro de lo que no es más que el método de moda. Quién sabe si dentro de cien años volvemos a los textos recargados del Siglo de Oro, y entonces lo que se desprecia es la sobriedad.

    En fin, un autor necesita confiar en sí mismo, y estar seguro de que lo que hace es bueno, y aplica los mejores métodos, así que tampoco hay que hacer demasiado caso a estas opiniones.

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  3. Gracias a ambos, Vilem y Cronista. Me alegra ver que coincidimos. A veces, leer que todo el mundo parece querer «aplanar» el estilo literario me deja mal sabor de boca. Comprobar que me equivoco, y que no es todo el mundo, es un soplo de aire fresco. ¡Nos leemos!

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  4. Es que hombre, hacer literatura plana es hacer dibujos obviando la perspectiva; te podrán salir muy bien, pero no son interesantes.

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    1. Hombre, tampoco es eso. «Nada en demasía», ésa es la clave. Los dibujos planos pueden ser interesantes según su función y lo que deseen representar. O simplemente porque el dibujo no es lo importante y es sólo un canal para otra cosa (véase "Los caballeros de la mesa del comedor"). Pero, y esto es por lo que escribí este par de entradas, lo malo es querer imponer el estilo plano como el único, o el definitivo.

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