Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Tareas

Desde las últimas entradas en las que hablaba sobre mi pequeña crisis rolera, hemos jugado un par de partidas, y la verdad es que nuestro grupo ha superado con creces esta nueva ordalía.
Entre otras cosas, he procurado hacer que cada uno se encargue de algunas cosillas que, desde siempre, habían sido cosa mía. Otros grupos lo deben hacer así por norma, pero en mi caso yo me había acostumbrado a realizar las cosas de cierta manera, lo que, aunque parecía no tener efecto en la partida, me ha dejado más tranquilo para rolear y centrarme en la trama y los personajes.
La idea que tuve fue dar al grupo algo que hacer durante la partida, además de, lógicamente, llevar a su personaje. Sin embargo, en la práctica eso se redujo a cuatro de mis jugadores, ya que prefería dejar 'exentos para el servicio' a Miki, Alex y Alfredo, debido a que no siempre pueden asegurar su asistencia.
En primer lugar, debido a que el resto de jugadores tendrán esas cosas por hacer, los PJs de los jugadores que no vengan serán llevados sin excepción por Guille (o por un servidor), queien además hará la función de 'líder' del grupo (o mejor dicho, de voz del grupo hacia mí), independientemente de su personaje.
Por otro lado, a Ana le dimos la siempre engorrosa tarea de 'mapear' para el grupo, algo que siempre había ido haciendo yo mismo. La verdad es que su trabajo en estas dos partidas ha sido excepcional, y más que 'mapear', ella 'delinea' los lugares que el grupo atraviesa, sin que ello merme la rapidez de juego. Además, sea por esta causa, o por su propia fuerza de voluntad, Ana ha intervenido mucho más en estas dos partidas, resolviendo así en parte su asignatura pendiente.
A mi querida Vaire, que generalmente se lleva manualidades genéricas para hacer durante la partida, le otorgué el placer de llevar el registro de la partida (lo que siempre había dejado para mi memoria). La verdad es que el hecho de que ella se entretenga con otras cosas fuera de la partida no es algo que me ofenda, pero sí me preocupa, ya que eso significa que se aburre (y eso, es culpa, entre otras posible causas, del Narrador). El método para resolverlo no es sólo darle otra tarea que hacer sino, sobre todo, acelerar el ritmo de la partida. Y eso es algo que, en general, hemos resuelto estas semanas.
Por último, pero no por ello menos importante, al siempre activo Roberto le añadí una tarea a la que ya tenía (manejar el tesoro), que consiste en organizar la iniciativa y los modificadores del combate. De esa forma, Robi se mantenía ocupado en las fases de investigación (con el tesoro) y en las fases de combate (con la iniciativa), y esas bromas suyas se reducirán. Que no digo yo que sus bromas sean contraproducentes en pequeñas dosis, pero es que cuando se queda demasiado tiempo desocupado, las risas llegan a parar en exceso la partida.
Y eso es todo por ahora; en una posterior entrada analizaré un poquito el juego de las últimas semanas. La verdad es que con estas pequeñas medidas, y una buena dedicación de un servidor, las dos últimas partidas han sido, si no tan buenas como las de los viejos tiempos, lo suficientemente entretenidas como para querer seguir adelante con la larga campaña que nuestro grupo está llevando a cabo (ya nos acercamos a los seis años).

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