Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Diario de campaña nº 106: El complejo de Vardek

Como el próximo domingo no podremos quedar, y para no perder comba con nuestras quedadas quincenales, hemos adelantado la partida una semana. Lo cual significa que esta entrada llega con retraso, pues ya hemos jugado otra partida mientras tanto. Sin embargo, nada a lo que no se pueda poner remedio.


Como pueden ver, el grupo reunido a mi mesa era lo bastante numeroso como para que la cosa no fluyera con la velocidad habitual. Además, parte del grupo no había venido en las últimas semanas, y nos dedicamos más a charlar de nuestras cosillas que a la partida.

Concretando un poco, el grupo seguía solucionando los problemas en el Valle del Roble Rojo (adaptación de Conquest of Bloodsworn Vale, de Paizo), para lo cual sólo les restaba deshacerse de un hechicero con ínfulas de grandeza.

Los aventureros se internaron en el complejo y despojaron el lugar de cualquier objeto digno de una venta posterior: tapiz, alfombra, cubertería de plata,... Tamaña rapiñería me hace pensar que echan de menos a su compañero Taffel, quien suele actuar de forma parecida.

El lugar estaba desierto, a excepción del propio hechicero y de un pequeño trasno que le servía como cocinero. El grupo se encontró con este último, se apiadaron de él y le dijeron que se escondiera hasta que pasar todo.

El combate final con el mago fue algo extraño: el malvado hechicero parecía poder esquivar casi todos los ataques de que era objeto, pero finalmente se rindió él solito, al sufrir un pequeño lapsus mental (que los dados caigan donde quieran: el mago sacó un 1 cuando intentaba lanzar un sortilegio, estaba muy herido y tampoco era un suicida). El mayor daño del grupo se lo llevó Alena: la maga había quedado en la retaguardia, y se llevó dos cuchillazos del pequeño cocinero, quien había engañado por completo al grupo.

Con el hechicero atado y amordazado y la mula con un buen montón de tesoro, los aventureros regresaron a la Fortaleza Robliza, donde fueron recibidos como héroes.

En breve postearé el resumen de la última partida. Incluye una sorpresita, que los lectores del blog de la Asociación PIFIA d100 ya conocen.

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