Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Diario de campaña 127: el baluarte perdido

El grupo de marras
Si en el último resumen de partida comentábamos con Mr. P (ya saben, el dueño de El viejo zulo) las grandes diferencias en el número de jugadores entre una partida y la siguiente, el domingo pasado cumplimos las expectativas al respecto y tuvimos un pleno de jugadores en la mesa. Ya hemos comentado en alguna ocasión que los siete están muy bien compenetrados, las partidas transcurren sin incidentes y cuando tienen una decisión que tomar exponen rápidamente las diferentes opciones y votan sin mayores problemas. Sin embargo, siempre hemos dicho que, cuantos más somos, menos jugamos, y eso se debe a que una de las cosas pendientes de mejorar (en mí, el primero) es reducir la cantidad de cháchara ajena a la propia partida. Pero claro, somos un grupo de amigos que prácticamente sólo se reúne en estas sesiones, y eso se nota.

Y se notó en la sesión, por supuesto, que no dio para demasiado. Al grupo se le había encargado buscar la guarida del Guardián, una gruta cercana al nacimiento del Mirenio repleta de almas atrapadas en cristales. Así que continuaron ascendiendo por el curso alto del río, hasta encontrar una fortaleza abandonada. Les dejé caer, como quien no quiere, que tal vez fuera una buena base desde la que seguir explorando la zona, y decidieron comprobar que ciertamente no hubiera nadie en su interior.

La mesa, antes de la llegada de los jugadores.
No se me puede achacar que no lo tenga todo preparado.
La fortaleza, compuesta por un gran torreón central y unos lienzos de muralla defendidos por otras cinco torres mucho menores, había sido construida por unos nobles rebeldes en los primeros años de la Guerra de Independencia de Paël. Abandonada muy pronto, un año atrás una misión de exploración había intentado tomarla como base. Todos estos datos eran ignorados por los aventureros, por supuesto, que sin embargo encontraron diversos cadáveres de algunos meses atrás, y nada de tesoro o comida (salvo una habitación secreta, que había quedado sin desvalijar).

En cierto momento, y remedando la escena de Moria, pudieron oír un gran cuerno resonando en las montañas, y luego numerosos tambores en un ritmo febril. Suponiendo acertadamente que habían sido espiados a su llegada, y que iban a sufrir un ataque, se prepararon lo mejor que pudieron para defender, ellos siete, la fortaleza que ya había sido tomada anteriormente. Y no lo hicieron mal, pues colocaron diversas trampas y obstáculos que frenarían el avance de sus enemigos.

No contaron, empero, con que el medio centenar de tribales y agresivos gnolls (o hienántropos) con los que iban a enfrentarse acudían con escalas, conociendo la distribución general del lugar, y liderados por un avieso chamán, que se encargó de anular gran parte de las defensas y de crear una bruma densa que despistó a los aventureros.

La batalla se libró entre los pisos tercero y cuarto. En el tercero, cuatro de los personajes hacían frente en lo alto de las escaleras a la acometida principal, puesto que los gnolls se habían hecho enseguida con las murallas (situadas a la altura del segundo piso). En el cuarto, donde existía una pequeña entrada a una terraza almenada a la que también habían conseguido llegar los gnolls desde la muralla, se defendían otros tres. El primer asalto fue sin problemas para los PJ, porque los gnolls no eran rivales para ellos en un combate singular. Sin embargo, los dados tenían algo que decir. Si bien el chamán había enviado una bola de fuego contra los cuatro que defendían el tercer piso, sin mayores consecuencias, volvió a intentarlo en el segundo asalto, y aunque no hizo demasiado daño a sus rivales logró dejarlos aturdidos durante algunos segundos, que sin duda serán aprovechados por el resto de gnolls. Por su parte, en el cuarto piso Vilem sufrió un buen golpe en la cabeza, quedando inconsciente (y suerte que llevaba el yelmo encasquetado). La terraza, por tanto, deberá quedar defendida sólo por Nali, mientras Vaire trata de curar al caído.

Pero eso será el próximo día, porque todo se había alargado en exceso y era hora de terminar la sesión. Veremos cómo se les da, y si los dados tienen compasión de ellos.

2 comentarios:

  1. vilem recibiendo? no me lo puedo creer. aunque esta vez, por lo visto, llevaba su armadura encima

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    1. Jejeje. Sí, estaban bien preparados, pero no les sirvió de mucho...

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