Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Diario de campaña 129: Leze, la capital paelia


El pasado domingo volvimos a tener un pleno en torno a la mesa de juego, lo que supuso que, desarrollándose la aventura en una ciudad, en la práctica tuviéramos dos grupos de personajes en lugar de uno, además de algún personaje que iba por ahí en solitario.

Tenía planeado un día tranquilo y aburrido en Leze, y luego algo de exploración para continuar el viaje hacia el norte, pero no dio tiempo más que a lo primero (y por los pelos). El grupo llegaba a Leze escoltando a la sabia Enorga, rescatada de una de las gemas en la Guarida del Guardián. Siguiendo instrucciones de Trisio, la llevaron a Geolön, miembro de la Liga de Exploradores que había logrado traducir un fragmento de la Profecía Dracónica en el que se hallaba el nombre de la mujer. El grupo no parecía fiarse mucho, y menos para, simple y llanamente, entregarle a la mujer; pero el anciano ni se dio cuenta y les pidió un favor: recuperar unos libros robados por el grupo local de Centinelas Grises.

Como el grupo no tenía nada que hacer hasta la llegada de Trisio con el resto de la caravana, tras descansar en los Sables Cruzados (el edificio de la Liga ubicado en Leze) y hacer algunas compras menores, se dispusieron a cumplir la petición de Geolön. Aquí es donde se dividieron, aunque todos siguieron un procedimiento detectivesco: algunos tiraron del único hilo que tenían (según Geolön, el dueño de El caballo cornudo podía tener información sobre los Centinelas Grises) mientras otros montaban una pequeña trampa muy original, haciéndose pasar por vendedores de objetos mágicos. Tras muchas preguntas y un poco de paciencia, el primer grupo logró su objetivo y se hizo con los libros de Geolön. Si no hubiera sido así, los propios Centinelas habrían acudido durante la noche a intentar robar al grupo, y las Garras también habrían logrado su objetivo, así que repartí puntos por doquier: todos lo habían hecho muy bien.

Otro punto bueno fue que, a pesar de ser siete y de estar la aventura situada en una ciudad, la partida transcurrió con una velocidad moderada, sin demasiados parones ni charlas tengenciales.

Esta sesión finalizaba mi adaptación particular de The root of all evil y Coin's End (como ya comenté en en una entrada anterior había eliminado la aventura central y desordenado todo bastante). Al hablar de la preparación para la campaña durante el presente año, y antes siquiera de leerme las aventuras, pensé que me ocuparían unas cinco sesiones. Después de pensar en cómo adaptarlas me di cuenta de que serían menos, como es lógico, y al final han sido, efectivamente, sólo cuatro, incluso sumándole la Guarida del Guardián (que era todo invención mía).

Ahora las Garras del Fénix pueden ya marcharse de Leze, y enfrentarse de nuevo a los caminos del norte de Paël.

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