Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Reseña: La Guerra de la Lanza


Este volumen es el sexto de la serie Cuentos de la Dragonlance, y en español cierra la Segunda Trilogía. Como en el caso de sus predecesores, El reino de Istar y El Cataclismo, los relatos están situados en un intervalo temporal cercano, centrado en el conflicto bélico narrado en Crónicas.

El esquema vuelve a repetirse, con un prólogo muy breve de Weis y Hickman que presenta los relatos. Éstos no tienen ninguna relación entre ellos (salvo la ambientación, claro), y a diferencia de los dos anteriores volúmenes, la lejanía temporal no permite que, excepto en un par de casos, exista relación con el resto de la trilogía.

Las once narraciones del volumen son las siguientes:

  • Lorac, de Michael Williams. Texto en verso, que se ocupa del rey elfo sumido en la pesadilla creada por el dragón verde. Para ser sólo una revisión de un episodio de La tumba de Huma resulta demasiado extenso.
  • Raistlin y el caballero de Solamnia, de Weis y Hickman. El mago le da una lección a un inflexible caballero. En el relato, Raistlin y Caramon conocen a Earwig, el kender que los acompaña en la novela Los hermanos Majere, el tercer volumen de Preludios.
  • El regreso, de Roger E. Moore. La venganza de un espectro. Lo interesante del relato es que está escrito en primera persona, bajo la visión del propio espectro, quien al principio no sabe que ya está más allá de la muerte, ni que cumplir su objetivo le liberará.
  • Máquinas de guerra, de Nick O'Donohoe. Una ladrona entra en el monte Noimporta en busca de algún ingenio que pueda ayudar a su pueblo contra el invasor. Si los gnomos de esta ambientación crean máquinas peligrosas y mortales cuando intentan hacer otra cosa, ¿por qué no aprovecharlas? Un relato entretenidillo una vez llega a la mitad de su recorrido.
  • El sitio prometido, de Dan Parkinson. Aunque no sigue a Día libre y Ogro desmemoriado, los dos relatos de este autor aparecidos en las antologías anteriores, sí se centra en el mismo clan de enanos gullys.
  • Héroe mecánico, de Jeff Grubb. Más gnomos, aunque en esta ocasión será la llegada de una persona ajena al poblado la que traiga problemas.
  • El lobo de la noche, de Nancy Varian Berberick. Tres amigos que comparten un oscuro secreto. Se supone que está situado trescientos años antes que el resto, y sería por tanto más cercano a los relatos aparecidos en El Cataclismo.
  • Los vendedores de pócimas, de Mark Anthony. Lo que les sucede a estos vendedores cuando la gente cree en sus remedios. Sobre todo si esa gente es draconiana.
  • La mano que provee, de Richard A. Knaak. Un perverso clérigo decide recuperar unos objetos mágicos del fondo del Mar Sangriento. Aquello no puede salir bien.
  • La campaña de Vingaard, de Douglas Niles. El escriba que aparece en los relatos que Niles escribió para los otros dos volúmenes se ocupa de revisar algunos movimientos de tropas durante la Guerra de la Lanza. Sin interés ni valor literario, al menos para mí.
  • La historia que Tasslehoff prometió no contar nunca, nunca, nunca de Weis y Hickman. Se supone que en cierto momento de La tumba de Huma, Tas y Fizban viven una pequeña aventura que no se cuenta en aquel volumen. Este relato revela lo que sucedió.

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