Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Otra partida

Una vez más, el grupo de las Garras del Fénix se reunió en nuestra casa para disfrutar de una tranquila partida de rol. En este caso, jugábamos nuestra campaña alternativa, la de los Cayados de Levante, ambientada en el Imperio de Zalisdonia. Para esta campaña, se nos ha unido Alex, que durante todo el año pasado estuvo en tierras italianas. Aquí aparece huyendo de la ira del Narrador, mientras mi querida Eva aprovecha el parón para apuntarse algún objeto en su hoja de personaje:

Aquí, el airado Narrador:

Y aquí, el grupo (con la excepción de Eva, que era la fotógrafa y jugaba con Idriel). De izquierda a derecha, el ya citado Alex (con el druida Meril), Karol (¿Karol? ¿Seguro que eres tú? Pero si esto era una partida de rol...; en realidad, no jugaba, pero se nos unió a la hora de comer), Alfredo (con el duergo Norath), Guille, que trataba de incluir a Alfredo en nuestro foro (llevaba a la hechicera Olië), Roberto (que llevaba al diplomático Jirebrak) -vaya carita, no sabe lo que le espera-, y Ana (con el caza-recompensas Lethan).

Y Robi, siempre posando con alguna carasa:

Durante la partida, que adaptaba el módulo D0 de Paizo (ambientado en el Darkmoon Dale de Golarion), el grupo penetró en la aldea de Albor (esquematizada a la izquierda en la pizarra) y tuvo que viajar hacia la arboleda de madera-oscura (a la derecha), con la misión de conseguir algunos ingredientes necesarios para desarrollar una cura a la plaga que asolaba el villorrio.

En el momento final, nuestros héroes se enfrentaron a un solitario duergo, cuyos hijos habían sido asesinados por albos. Así pues, habían encontrado el origen de la enfermedad. Sin embargo, la cosa no iba a ser tan fácil:

En una sala repleta de trampas que el enemigo conocía muy bien, el grupo trató de atacar tanto el centro como los flancos. Amenazado por Jirebrak, el maldito duergo movió una palanca que abrió un pozo, por donde el heroico arekí caía:

En su última tirada (la que calculaba el daño provocado por los treinta metros de caída y las estacas del fondo), Robi todavía sonreía:

Pero el cruel Narrador no tuvo piedad, y arrancó de sus manos la hoja de personaje mientras, encarnando a Dom-Tarien, disfrutaba viendo caer los últimos granos de su vida:

El colmo fue que, tras Jirebrak, el duergo empujó a dos personajes más (Meril e Idriel) al pozo. El resultado del combate: una baja (Jirebrak), una rodilla fracturada (Norath), un codo quebrado (Olië), un brazo roto (Idriel), unos nudillos magullados (Lethan), y un costado atravesado por una estaca (Meril). Al final, el enemigo tuvo que ser muerto por la maga, pero usando para ello un pequeño trabuco (y eso que las armas de fuego son francamente extrañas en Zalisdonia, e inexistentes en el resto de Lüreon).

3 comentarios:

  1. Jodidos nos dejó el jodido duergo, es lo que tiene conocer bien el terreno y por nuestra parte la confianza de que en combate no solemos encontrar trampas...
    Aun así tenemos que seguir adelante o más gente (que depende de nuestro éxito) morirá.

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  2. Freeedoooooooom...Digooo em, Hijos de frutaaaaaa T_T mi jire... Quiero que vuelvaaa...

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  3. Si mi hermana tiene a bien de pasarme las fotos, tal vez pueda enviarlas y podáis colgarlas. Tal vez.

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