Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Reseña: Leyendas de la Dragonlance


Después del éxito de las Crónicas (que reseñamos aquí), los prolíficos Weis y Hickman repetían su colaboración para crear una nueva trilogía ambientada en el mismo universo de Dragonlance.

Pero donde las Crónicas estaban compuestas en torno a los viajes de unos héroes que intentaban detener la invasión de los dragones del mal, las Leyendas se centran en los conflictos personales de algunos de estos mismos personajes y en la lucha entre la ambición y el amor fraternal. Donde aquéllas exploraban el mundo de Krynn, llevando a esos personajes a los hitos de importancia de las naciones principales, éstas visitan un par de momentos históricos.

Aunque en principio la historia tiene lugar durante la Guerra de la Dama Azul, en concreto cuando Kitiara ataca la ciudad de Palanthas, este arco argumental tiene importancia solo al principio y al final de la trilogía. El resto está ocupado por los viajes en el tiempo realizados por Raistlin, Caramon y Tas, junto a un nuevo personaje: la sacerdotisa Crysania. Los cuatro abandonarán su presente para visitar los días previos al Cataclismo (catástrofe que se encuentra al final del primer tomo, El Templo de Istar -en el original Time of the Twins-), y luego alterarán el desarrollo de La Guerra de los Enanos en el segundo tomo (War of the Twins). En el último, El Umbral del Poder (Test of the Twins en realidad), los personajes pasan por un futuro apocalíptico (el resultado final si no se cambia su presente) y por el Abismo.

Estos juegos con las líneas temporales son uno de los puntos fuertes de la trilogía, y los autores incluyen también un apéndice sobre el tema. Otros detalles interesantes podrían ser la lucha contra la alcoholemia por parte de Caramon, el rechazo a la tentación protagonizada por Crysania o el sacrificio de Raistlin. Sin embargo, en los dos primeros casos el tema se resuelve demasiado rápido; se pasa en un simple suspiro a la solución de una situación complicada, sostenida a lo largo de muchas páginas. Este es otro pequeño defecto que podría achacarse a las obras: la trama avanza despacio. Y no por simple acumulación de texto, si no porque algunas escenas no hacen avanzar la historia.

Aún así, la trilogía es una buena obra, superior a su predecesora en algunos lugares (aunque no en todos). Weis y Hickman no tenían ya la necesidad de ceñirse a los patrones establecidos por las aventuras de rol, ni estaban obligados a incluir un grupo variopinto de héroes. Aunque eso pueda cerrar la historia a ciertos asuntos, la profundidad psicológica que alcanzan estas obras deja muy atrás la desarrollada en las Crónicas.

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