Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Diario de campaña 148-150: viaje hacia Änsibar


Desde mediados de abril no escribía una entrada del tipo "actual play". Tampoco es que hayamos jugado mucho desde entonces, pero para solucionar un poco ese retraso hoy les traigo tres días de quedada. Así, de golpe. Corresponden al tiempo en que nuestro compañero Vilem se mantuvo tras la pantalla.

No recordarán que en el último diario de campaña dije que esperaba poder hacer un relato desde el punto de vista de mi personaje, el duergo Drar, Inspirado del Guerrero. Empero, creo que me llevaría demasiado tiempo, que prefiero aprovechar en otros menesteres. Así pues, un resumen muy rápido y algunas fotos de las partidas.

Vilem mantuvo la idea de la campaña, creando (o adaptando) un par de aventuras cortas dispuestas durante el viaje del grupo hacia tierras norteñas. Las Garras del Fénix ayudaron a vencer a un pequeño culto dedicado a la veneración de una suerte de dios-cucaracho y luego expulsaron de Lüreon a un peligroso ente que ponía en peligro la existencia de un puesto comercial mediante extrañas artes ilusorias centradas en una tienda plagada de maravillas (o de basura y podredumbre, según otros testigos). Parece ser que esto último fue adaptado por Vilem a partir de Bazaar of the bizarre (el relato de Lieber, no la sección de la revista Dragon).

Como jugador, la experiencia fue grata. Debido al corto tiempo disponible, sólo pude interpretar un par de sus rasgos más evidentes, pero al menos le di un toque personal al culto del Guerrero. Barrer de enemigos una zona del dungeon, al estilo Sauron, también ayudó a cogerle cariño al duergo.

Primera partida. Pleno de jugadores. Éramos tantos que ni siquiera cabíamos bien en una sola foto.
¡Había incluso un pequeño hobbit comiendo lo que sin duda era pan de lembas!

Segunda partida, esta vez con una afluencia más normal.

Toma del combate final contra los cultistas del cucaracho.

Tercera partida, con muchas bajas por problemas médicos o laborales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario