Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, III-2: Los Jinetes de Rohan


Continuamos con la comparativa del segundo capítulo de Las dos torres.

En el libro:

Aragorn, Gimli y Legolas continúan la persecución de los orcos que se llevaron a Merry y Pippin. En un estrecho valle descubren cinco cadáveres de orcos, y el montaraz se percata de que proceden del Norte: «Entre estos cadáveres no hay ningún orco corpulento, con esas extrañas insignias». Ya de día, alcanzan las llanuras verdes de los rohirrim. Poco después, Aragorn encuentra el rastro de Pippin, y uno de los broches de las capas, dejado, piensa, como una señal.

Al caer la noche, los tres cazadores debaten. Aragorn consulta a sus compañeros si deben descansar. Legolas cree que es mejor continuar, pero Gimli expone diversas razones para detenerse: no encontrar las huellas si cambian de rumbo o si se produce algún intento de huida. Aragorn finalmente apoya esta decisión.

El siguiente día transcurre sin incidentes, y «Aragorn se asombraba a menudo de que no vieran ninguna señal de bestias o de hombres. (...) Pero ahora toda la tierra estaba desierta y había un silencio que no parecía ser la quietud de la paz». Tras otra noche de descanso, Legolas despierta a sus compañeros: «Es un amanecer rojo. Cosas extrañas nos esperan en los lindes del bosque. Buenas o malas, no lo sé, pero nos llaman».

Por fin, al día siguiente, son alcanzados por un centenar de jinetes, que siguen en sentido contrario el camino seguido por los orcos. Los tres se sientan a esperar, envueltos en sus capas. Cuando Aragorn anuncia su presencia, son rodeados por «un anillo de jinetes que se movían en círculos». Sobreviene un momento de cierta tensión, cuando Gimli se siente ofendido por la alusión a la Dama de Lórien, y tanto Eomer, el líder de los jinetes, como Legolas, se muestran amenazadores. Aragorn, sin embargo, logra poner paz y habla con el rohirrim de forma calmada, presentándose finalmente como el heredero de Elendil. Eomer les informa de que han destruido la partida de orcos, pero no encontraron a sus amigos entre los muertos. Además, les pone sobre aviso: desde que Gandalf les anunciara que Isengard preparaba una guerra, todo ha ido a peor en la tierra de Rohan. Ante sus dudas, Aragorn se muestra firme: «El mal y el bien no han cambiado desde ayer, ni tienen un sentido para los elfos y enanos y otro para los hombres. Corresponde al hombre discernir entre ellos, tanto en el Bosque de Oro como en su propia casa».

Eomer les permite partir, y de hecho les proporciona dos monturas: Hasufel, grande y de pelaje gris oscuro, para Aragorn; y Arod, pequeño y fogoso, para Legolas y Gimli. Aragorn promete acudir a Edoras, y Gimli asegura que le enseñará modales a Eomer; éste responde: «Se han visto tantas cosas extrañas que aprender a alabar a una hermosa dama bajo los amables hachazos de un enano no parecerá mucha maravilla».

Los tres compañeros parten de nuevo, alcanzando a la caída de la tarde los restos de una gran hoguera, donde los jinetes quemaron los cadáveres de los orcos. Allí cerca montan un campamento, para que con las luces del nuevo día Aragorn pueda buscar más pistas. Durante su guardia, Gimli ve «la figura encorvada de un anciano, un hombre apoyado en un bastón y envuelto en una capa amplia». Da un salto, pensando que es Saruman, y los otros se despiertan. Pero aunque le hablan, el anciano nada dice y desaparece. Además, sus caballos han arrancado las estacas y han huido.


En la peli:

Como ya indiqué en la primera entrada de esta parte, a diferencia de lo que ocurría con La Comunidad del Anillo, los capítulos de Las dos torres no se corresponden con escenas de su adaptación, que sigue un orden cronológico, al menos en su mayor parte. Tolkien juega aquí con la tensión provocada por la ignorancia del lector, no sólo por lo que comentábamos sobre el Libro IV, que se reserva enteramente para el viaje de Sam y Frodo, sino también, por ejemplo, en este capítulo, donde el lector va descubriendo al mismo tiempo que los tres cazadores las pistas sobre el destino de Merry y Pippin, así como sobre el mago blanco.

Así pues, no encontramos la adaptación de este capítulo hasta la quinta escena de la película, Los tres cazadores, y eso llega después de ver el prólogo sobre la lucha de Gandalf y el balrog, el encuentro de Sam y Frodo con Sméagol, y el transporte de los otros dos hobbits por los uruk-hai. Luego vendría la novena escena, Tras la pista de los uruk-hai, que llega después de ver diversas tomas sobre el poder de Saruman en la región de los rohirrim, y finalmente la undécima escena, Los Jinetes de Rohan.

Lo que sucede en esas escenas es básicamente lo mismo que en el libro, con algunos ligeros cambios, como cuando Aragorn no muestra su linaje (ya que en la película eso se reserva para la tercera entrega); cuando los tres cazadores se esconden tras una roca, en lugar de taparse con sus capas (ya que la "magia" de las capas élficas será mostrada más adelante); o cuando se hace que Gimli diga que llevan tres días de caza justo cuando alcanzan Rohan (supongo que para situar al espectador). Por cierto que el enano vuelve a mostrar esas trazas de personaje gracioso en que se convertirá en ciertos momentos de la película (ya lo hizo con aquello de «de la barba no», y ahora viene con «respirar, ésa es la clave»).

Lo que no me gusta, en absoluto, es su versión de Eomer. En el libro el pequeño conflicto con Gimli llega en relación a la Dama Galadriel, porque el enano se toma a mal unas simples palabras. Pero en la adaptación la frase del hijo de Eodred llega simplemente porque un extranjero requiere su identidad. Un poco exagerado. Por si fuera poco, Eomer cumple el papel de otro personaje (ya lo veremos) y resulta que ha sido exiliado, cuando en el libro dice claramente que él se encarga de las tierras orientales de Rohan, la ocupación del Tercer Mariscal de los rohirrim.

Así que como digo el capítulo está bien adaptado, pero los personajes han comenzado a sufrir pequeños cambios que irán aumentando conforme avance la trama. También es cierto que la gran cantidad de diálogos que se intercambian entre los cazadores, bien sobre la persecución, bien sobre la tierra de Rohan, han desaparecido, por lo que las escenas pierden mucha importancia.


El próximo día veremos qué sucedió con Los Uruk-hai.

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