Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

El calor: una musa más

La pasada semana, el conocido poniente hizo de las suyas por las tierras de levante. Fueron días en que casi ni merecía salir a la calle; cuanto menos a trabajar o cargar con las bolsas de la compra.
Miren por dónde, me recordó el comienzo de la que, espero, sea mi primera novela: el norteño sufriendo los efectos del viento de sur, proveniente (al menos en Ilder) de las tierras del Desierto Pedregoso.
Espero que estos recuerdos puedan acicatar mi tan deseosa intención de escribir durante los próximos 30 días.

2 comentarios:

  1. ¡¡¡Leña al monoooo!!! Y no es que hiciera calor, es que se te secaban los ojos entre parpadeo y parpadeo...

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  2. Bueno, para la proxima si hay coche me llevo el ventilador :D. Pues, si te pones a escribir casi que mejor eh , jajaja! ya va siendo hora coñe!

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