Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Corrigiendo a medio camino

Como ya saben, sigo tratando de pintar, en mis escasos ratos libres, las figuras que utilizamos para representar a los héroes de las Garras del Fénix en nuestras quincenales partidas. Y, como los lectores atentos ya sabrán, el siguiente en la lista es Vilem von Landerer, I bäikaremli kideibas (para el que no esté versado en oretano, el primus inter pares, y para el que esté flojo en citas latinas, el primero entre iguales). El conocido caballero de la triste mirada gusta de vestir ropas oscuras, básicamente negras, y el rasgo que le caracteriza en combate es su arma, el Puño del Rey, que habitualmente lleva en su forma de ardiente espada. La miniatura que escogí es la de un capitán de la ciudad de Marienburgo, de la línea de Mordheim (Citadel).

Por supuesto, esa cabeza que, pintada, parece sacada del Planeta de los Simios no me servía. Así que busqué alguna que pudiera cuadrarme entre la cantidad de cabezas de mi caja de restos. La única que me gustaba, a pesar de ser pequeña, era la de un gondoriano (de la línea del Señor de los Anillos, también de Citadel), así que, tras limarle esas alas de cisne que llevan grabadas, la añadí al torso. En cuanto a las pistolas, aunque no cuadran con el momento exacto de la historia, no sería demasiado raro que Vilem pudiera conseguir un par, cuando dentro de unos meses el Imperio Zalí "se abra" al exterior. Para el brazo del arma en un primer momento usé varias piezas, pero al final me decidí por una de las manos del Hechicero Imperial (otra vez Citadel). Tras pegar las piezas, texturizar la peana, imprimar el conjunto, pintar la piel (con una única capa base muy fina) y pintar el faldón (de gris oscuro, con una franja en azul), me decidí a pintar el escudo y el arma. La espada, fue sencillísima de pintar, y obtuve un resultado espectacular: base de metal para el arma y blanco para las llamas, lavado de tinta naranja, pincel seco en las llamas, lavado de tinte amarillo y unos toques de púrpura y negro hacia el final de las llamas, y luego unos toques en blanco para la punta de la espada.

Como habrán podido observar, el fuego queda estupendo, aunque para el filo del arma me hubieran hecho falta más retoques. Para el caso del escudo traté de buscar el punto de unión con el resto de las Garras del Fénix usando el azul, y sabiendo que Vilem podía haber obtenido su escudo durante la Defensa de Canalburgo, intenté pintar a mano alzada la estrella de ocho puntas que representa a Paelia. El resultado, como podrán ver, es más que satisfactorio para un pintor amateur como yo.

Por cierto que me resulta gracioso pintar el símbolo de Paelia (y de Canalburgo, por intensión), en una figura de Marienburgo, por más que el módulo que sobre esta ciudad se ha editado en Warhammer FRPG sirvió como base para crear Canalburgo en aquel primer año de vida de las Garras. Como diría Morfeo: El destino, al parecer, no está carente de cierta ironía.
El caso, es que, tras estudiarlo, y apoyado por mi querida Eva, que, sin decirle nada, me había sugerido lo mismo que yo pensaba, decidí que ese naranja quedaba bastante mal. Piensen que la figura puede ser algo más clara, pero poco más, y que espada y escudo quedan apartados y formando una diferencia demasiado intensa. Así las cosas, y a pesar de que a Guille, jugador de Vilem, las llamas azules le recuerdan a Qunisp el Fénix, ese es el cambio que adelantaba en el título de la presente entrada. En este caso se ha pintado desde el metal de la espada al blanco de la parte baja de las llamas, de ahí al azul claro de las llamas medias, y luego al azul oscuro y al púrpura de la parte alta. También he avanzado algo en la cara (con la barba) y en la capa (mediante luces con verde muy oscuro, simulando el desgaste del tejido). Les dejo tres imágenes, lamentando que en este caso estén un pelín desenfocadas, y abandono mi verborrea de hoy.

2 comentarios:

  1. Lo cierto es que te ha quedado genial el fuego azul, aparte del hecho de que prefiera mil veces el azul al rojo, se podría decir que en el momento que se plasmó la figura de Vilem su arma estaba bajo algún hechizo para reforzar su poder o para aminorarlo, según le convenga al Narrador (el único que se escribe con mayúculas en esta historia...) XD

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  2. Hay un sólo Drunk Master of Metal, y esa miniatura lo representa fielmente. Excepto los detalles claro.
    Y me ha gustado eso que has dicho de las pistolas.

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