Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Se acabó la cuarentena...

Cuarenta días hace que se jugó la partida cuyas fotos voy a colocar a continuación. No ha habido un motivo concreto para no colocarlas antes, pero allá vamos.
Desde los primeros años (que ya vamos por los cinco y pico) nuestro grupo de juego ha visto altas y bajas, pero nunca su número fue tan bajo. Tanto, que ese día la falta de Ana dejó un hueco en la mesa. En concreto, allí estábamos Guille y Roberto:

Y Alfredo, Eva y un servidor:

Como se nota que todavía hacía calor. Y éste era la causa de que, ya por la tarde, mi querida Eva tuviera algo de sueño:

Alfredo parecía querer raptarse a sí mismo, como el 'Esmirriao':

Rob ponía una de sus caras:

Y Guille quería competir:

Pero, ante esto, toda contestación es fatua:

Y después de ver a nuestro ogro particular, un par de imágenes de la partida. En la primera, el grupo a punto de asaltar a unos albos que han asaltado el Santuario de Hurion:

Y, poco después, se descubre, gracias a un Destructio Potestatis, que en realidad son imperiales:

3 comentarios:

  1. Eh! Que hemos sido menos todavía.
    Haz memoria haz.

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  2. Siii, tu y yo como jugadores, en aquella partida mítica en mi chalet, que luego se sumó mi hermana, creo recordar que adelantamos y todo...

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  3. No me refería a una única partida... sino a un período extenso.

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