Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Una de agobios... y de cambios

Desde hace ya un tiempo, puedo decir con seguridad que desde antes de pillar la baja (y han sido cinco meses), tengo que confesar que estoy un pelín quemado de masterear. Me niego a aceptar que sea por mantener nuestra campaña durante casi 6 años, ya que sigo teniendo la ilusión de alcanzar ciertos objetivos. Tal vez me hayan afectado las sucesivas bajas de jugadores, aunque en realidad creo que hemos "purgado el sistema". Sin embargo, sea por una causa u otra, cada sábado pre-partida tengo ilusión porque llegue el día siguiente, y cada domingo, al caer la noche, me pregunto qué ha pasado con lo que yo había pensado que iba a ser el día. Y no creo que echar la culpa a los jugadores me alivie a mí de la carga, puesto que el DJ debe ser el alma de la partida.
Una de las razones pudiera ser (y por aquí es por donde voy a intentar solucionar nuestros problemas) la demasiada longitud de la sub-campaña con los Cayados de Levante, y la presencia de las Garras del Fénix en tierras de los albos (donde, lamentablemente, las misiones escasean). Además, siempre estoy intentado que la línea temporal de los Cayados se equipare a la principal, y justamente esos días siempre jugamos más lentamente. Así pues, he decidido que vamos a dejar en suspenso la partida con los Cayados, con el grupo dentro del refugio de los Mekranistas y a punto para re-comenzar cuando nos decidamos a darle caña. Eso nos dejará margen para centrarnos en las Garras, terminar pronto con el hilo narrativo que tenía pensado en Lustal, y continuar en otros lugares. ¡Kalmat está esperando!

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