Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Una de disculpas

Hace ya diez años que comencé a jugar a rol con mi grupo de la universidad. A los pocos meses ya estaba mastereando. Jugábamos en pocas ocasiones, pero de forma intensa. Aquellos fueron grandes tiempos, con tierras nuevas que hollar (para mí, claro).
Luego, sin que hubiera un cambio brusco, el grupo se fue fragmentando, y formé uno nuevo. Nuevos personajes, nuevas tramas, pero seguía siendo mi Edad Dorada.
Con el intento de comenzar a contar la historia de esos personajes, llegó mi error en cuanto a la campaña de juego. Al tratar de mantener coherentes los sucesos y las actitudes de los PNJs que iban apareciendo, me olvidé de que, más allá de la historia, el rol es un juego de personajes. Y por eso, creo que yo mismo he encontrado, volviendo a mis viejos manuales, la solución al problema que planteaba en la entrada anterior.
Así pues, con la ayuda de mi grupo de juego, trataré de comenzar mi Edad de Plata. No os sorprendáis si empezáis a pensar que el Narrador se ha debido de volver loco para entregaros ciertos objetos, o si os encontráis frente a frente con viejos enemigos.
Lüreon ha sido reinventada.

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