Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Mitología fersa antigua (III)

Favonius
Dios de los vientos. Posee un carácter variable e imprevisible, capaz de enviar las más violentas tormentas e inundaciones a la humanidad por la más mínima falta de respeto. A él se encomiendan los marinos cuando inician una travesía. En general se mantiene apartado del resto de deidades, y su aparición en otros mitos es marginal.
Se cuenta que si una yegua respira su fecundante aura, quedará preñada y dará a luz un potro rapidísimo, pero de vida breve (tres años para unas fuentes, siete para otras). Así pues, cuando un corcel destaca por su velocidad, se atribuye a este dios su paternidad.

Frouida
Ninfa de torrentes y fuentes termales. Huyendo del deseo de Baelisto, se arrojó de las esferas celestiales, provocando con su caída el nacimiento de un gran río. Se la veneraba como protectora de la castidad, además de como diosa de los jardines y portadora de buena fortuna. Su imagen fue pervertida en ciertas comunidades, pasando a identificarse con la belleza y el deseo sexual. Es en esta faceta en la que más veces ha sido representada, generalmente con un vestido ceñido, sentada serenamente y rodeada de gatos (símbolo de la fertilidad).

Kernunnos
Dios de la sabiduría, y de los hechizos y conjuros, así como de la renovación estacional. En algunos mitos es el medidor del tiempo, y el escriba de Yaincoa y Vael. Poseía una cornamenta de ciervo, y solía ser representado con el disco solar a su espalda. Uno de los mitos contaba que, estando un día con Saur en su forja (según algunas fuentes habría ido allí para ayudarle en la creación del cadúceo), el herrero alzó el arma en la que estaba trabajando, al rojo vivo, y, olvidando el “tocado” de su compañero, cortó por accidente un trozo de su asta. Un cuervo enviado por Endovëliko lo recogió incluso antes de tocar el suelo, y se lo llevó a su amo, que posteriormente lo usaría para herir al enfurecido Baelisto.

Lida
Diosa de la caza; protectora de la vida salvaje. Vivía en lugares solitarios y dominaba todas las bestias. Se la representa sin excepción con un arco y un carcaj. El mito más característico en el que aparece es conocido como la caza de Arkoni. El dios–oso, trastornado por la muerte de su madre, mataba a todo el que se encontrara. Lida pudo derribarlo finalmente gracias al arco de Baelisto, que Endovëliko había robado para ella.

Lug
Dios del Sol; el herido, llamado en otros sitios Dares o Daruqu. También se le considera dios de la justicia, impartida en nombre de Yaincoa para saber a qué infierno debían ir los fallecidos. Se dice que las mujeres muertas durante el parto debían conducir a Lug en su nacimiento cada día, y los muertos en combate lo acompañaban a su morada nocturna, en el reino de los muertos. Uno de los mitos explica el color rojo del segundo de los soles: Con el cambio generacional que puso en el poder a Vael, hubo una gran trifulca en la sala de justicia, en relación a ciertas especificaciones de algunas leyes. Impacientado por las negativas de Lug, Vael le mordió, dejando su faz manchada de sangre.

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