Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Reseña: Territorio comanche

La sexta novela de Pérez-Reverte fue publicada por Ollero y Ramos Editores en 1994. Aunque no se trata de una autobiografía (el autor lo ha negado en varias ocasiones), la historia bebe directamente de las experiencias de don Arturo como reportero de guerra.

No creo que, estrictamente, la obra pueda ser llamada 'novela', porque a su brevedad (algo más de 100 páginas) se une una ausencia casi completa de trama. Básicamente, la historia se centra en la larga espera hasta la demolición de un puente por las tropas croatas, donde, usando una disposición que trata de imitar el fluir de los pensamientos, se van interpolando diversos recuerdos, tanto de la presente guerra como de otras pasadas.

Y cada uno de esos recuerdos reflejan el horror de la guerra (mucho más, debido a su cercanía temporal, de lo que podrían hacerlo El húsar o La sombra del águila), y los bajos instintos que dominan a los seres humanos desesperados. Por supuesto, la ética profesional de los reporteros de guerra es fuertemente cuestionada.

La novela fue adaptada al cine en 1996 de la mano de Gerardo Herrero (con guión en parte del propio Pérez-Reverte), ganando el premio del Festival de Berlín al año siguiente. Entre el reparto aparecen Imanol Arias y Carmelo Gómez. La adaptación es bastante fiel, aunque para presentar las diversas escenas se le da mayor protagonismo a una reportera recién llegada, sobre la que recae el peso de la reflexión en cuanto a su trabajo. Si no les apetece leer, la verdad es que pueden visionarla, aunque prácticamente consumirán el mismo tiempo que si leyeran la novela.

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