Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Agosto benidormiano

Mi bellísima Vaire y un servidor se van de vacaciones. ¡Cuiden el reino en nuestra ausencia!


 Me dejo un par de reseñas en el tintero, así que volveré con ellas en septiembre, junto con las correspondientes a las cuatro trilogías que llevo en la maleta.

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