Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

FénixCon I (segunda parte)

Pues al final he tardado más de la cuenta...
La partida nocturna, como había mucho novato, fue una sencilla aventura introductoria, y para mayor gusto del personal, no hubo ninguna muerte ni ingreso en psiquiátrico alguno.Como director, mi estupendo Commaster Guille, que extrañamente en él, ni se trabucó ni parecía perdido. Un gran día para jugar, sí señor:



La verdad es que disfruté mucho haciendo de jugador por una vez.

Miguel, Pilar y Ana a mi lado izquierdo.

Karol, Alex y Rob enfrente de ellos.

Y por supuesto, mi querida Eva. ¡Brindemos por nosotros!

No sé si se habrán fijado en que, dos fotos atrás, el director aparecía con un extraño tocado. Aquello surgió de aquí: una linda representación de uno de los personajes...

... que algunos aprovecharon para que arreciara el buen humor.

Y otros momentos:


La verdad es que el cansancio ya apretaba, aunque el humor de Rob hacía que las horas pasaran volando.

Y en la próxima, el despertar y la partida de la resaca.

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