Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Aorista y las Guerras Demoníacas

Hace ya mucho tiempo que deseo poner por escrito y de una manera ordenada las características de todas las naciones de Lüreon.

Con algunas variaciones en cuanto a nombres y extensión, la mayor parte de las ideas básicas ya se encontraban en el primer boceto de mapa que hice de ese mundo de fantasía (que también cambió de nombre un par de veces) hace ya casi tres lustros. A lo largo de ese tiempo he podido concretar los datos importantes sobre algunas de esas regiones, máxime en aquellas que han sido visitadas por los PJ de las dos campañas en las que hemos usado Lüreon como entorno de juego. Sin embargo, siempre he sentido que faltaba una descripción más exacta de algunas cosas. Tampoco busco algo completamente detallado, sino simplemente un poco más completo.

Atlas y el peso del mundo
Naturalmente, cuando uno desea realizar una descripción de las regiones de todo un mundo de fantasía encuentra una serie de problemas. Imagínense que tuvieran que resumir la información de un atlas de un continente completo, y tendrán una idea de la cantidad de información que debo manejar. Y además, lo difícil es «compartimentar» esta información: la cultura de un lugar y su régimen político están completamente imbricados, y en general dependen de variables históricas y geográficas que, al mismo tiempo, se relacionan entre ellas y con las anteriores de formas variadas. Por si fuera poco, uno debe estar atento a las relaciones entre diferentes naciones, lo que multiplica la dificultad de no dejar huecos.

Naturalmente, lo que toca es empezar por el principio y tomarse las cosas con calma. Hace mucho tiempo que, pensando hacia atrás en el tiempo, comencé a diseñar una sencilla historia de los siglos anteriores al estado actual de Lüreon. ¿Por qué las lenguas de la mayoría de naciones en la región central eran tan parecidas como para permitir la existencia de una Lengua de Comercio común? ¿Por qué las regiones meridionales eran salvajes o estaban directamente invadidas por la Oscuridad? Fue así como nació el Reino de Aorista y la invasión de demonios impulsada por Esveras, el Nigromante.

La nación de los oretanos logró forjar un gran imperio que se extendía desde su capital, Vortex, hasta el Mar Dulce (e incluso más al norte por la costa occidental). En Lüreon cumplieron así el papel que el Imperio Romano pudo hacer para las naciones europeas: el proceso de oretanización aumentó el nivel cultural de los pueblos subyugados, que con el tiempo adquirieron en mayor o menor medida la identidad de Aorista y las ventajas sociales y económicas que conllevaban. Sin embargo, en el Ciclo de los Soles 4000, las criaturas de la oscuridad avanzaron desde el sur de Vortex: un ejército de mórtidos y trasnos, dirigidos por el Nigromante y algunos de los demonios con los que se había asociado. Aunque la invasión fue finalmente controlada, el resultado final fue la destrucción del gobierno central de Aorista. De ese modo, las diferentes regiones que habían controlado sufrieron un tiempo convulso para finalmente convertirse en las naciones actuales.

Por supuesto, las otras circunstancias de esas regiones también se explicarán por razones históricas, pero podrá hacerse de forma separada para cada una de ellas. Pero tiempo al tiempo.

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