Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Notas de Inier Hojamarga (VI)

Como recordarán, el grupo de PJ encontró durante una aventura unos escritos de la mano del líder de los Hojamarga que trataban sobre una antigua ciudad voladora. Cinco siglos atrás surcó los cielos de Lüreon por última vez, y actualmente sólo es recordada en leyendas. Los personajes (y los jugadores, claro) han puesto su punto de mira en conseguir tan preciado botín, y para ello la caravana hacia el norte que se ha montado con la ayuda de la Liga de Exploradores les viene como anillo al dedo. Todavía queda mucho para que lleguen al valle, pero yo no dejo de recordarles de vez en cuando todo esto. Allá va el último trocito de esas notas.
Recuerden que son las palabras de un albo bastante borde... 

El lugar en que finalmente Kinaël posó el artilugio me reconcome cada vez más. Ignoro su posición exacta, mas he podido averiguar en parte su ruta.

Ärulen ignora todo esto, o eso dice, porque no se encontraba en Lustal por aquel entonces. Envié mensajeros a la corte, para que contactaran con nuestros primos Hojamarga y les entregaran un mensaje. Tal y como pensaba, el paso de la ciudad voladora no pasó inadvertido en el más antiguo de nuestros reductos. Al parecer, fue vista dirigiéndose al norte sobre el territorio que hoy forma la frontera con el Imperio de Braer.

La ciudad se internó en Kveldulf; y allí hubiera perdido la pista, pues en caso de que los kvelditas guardaran recuerdo de ello, sería raro que se lo contaran a quienes consideran prácticamente enemigos. Sin embargo, varios exploradores lograron seguirla durante decenas de leguas, hasta que el intenso frío de la larga noche invernal les hiciera regresar hacia el sur. Cuando la perdieron de vista, Kinaël seguía avanzando hacia el nornoroeste, acercándose cada vez más hacia la enormísima cordillera de las tierras inexploradas.

Eso es todo lo que conozco del tema. Yo mismo iría en su busca, o enviaría una expedición, si eso no llamara demasiado la atención y no fuera a encontrarse con excesivos peligros en una tierra tan hostil para nosotros. He conseguido, sin embargo, introducir a algunos de mis agentes entre los trabajadores de la caravana que marchará en pocas ochanas hacia el norte, simplemente pagando una importante suma a modo de patrocinio. Cuento con que, una vez en tierras de Kveldulf, puedan separarse de la marcha y buscar la ciudad de Kinaël por mí. Mi objetivo ya no está lejos...

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