Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Reseña: Las naciones enanas, de Dan Parkinson


Hoy les traigo un vistazo a otra trilogía situada en el universo de Dragonlance. Y digo bien, trilogía, porque en esta ocasión no es una historia dividida en tres tomos, sino tres historias ocurridas en diferentes momentos temporales pero situadas en un mismo lugar: el famoso Thorbardin, o sus alrededores.

Su autor, Dan Parkinson, nació en 1935, pero publicó su primer libro a los 50 años. Ávido lector de los grandes clásicos, como Burroughs, Dickens o Poe, escribió fantasía, ciencia ficción, westerns e histórica. Es autor de series como The Gates of Time, donde los personajes van saltando de un punto a otro de la historia, o Patrick Dalton, novelas marítimas ambientadas en las colonias norteamericanas. En el mercado español, donde todo eso no ha sido publicado, es más conocido por sus obras franquiciadas bajo el sello de Dragonlance, más concretamente novelas centradas en los enanos: además de Las naciones enanas (1993-94), que tratamos aquí, también encontramos en su haber Las puertas de Thorbardin (1992) y Los enanos gully (2000). Dan Parkinson murió en el año 2001, con 66 años.

No había leído nada de Dan Parkinson, y debo confesar que me ha sorprendido gratamente. Sin caer en el defecto de un lenguaje excesivamente sencillo, su prosa logra transmitir velocidad e intensidad, sensación aumentada por la brevedad de los libros (poco más de 300 páginas cada uno) y su división en múltiples episodios de una decena de páginas. El autor explora poco o nada los sentimientos de sus personajes, centrándose mucho más en lo que ocurre a su alrededor, pero al menos consigue que el puñado de enanos protagonistas no sean todos iguales, lo cual ya es un mérito en sí mismo. Por supuesto, cualquier opinión sobre su estilo está condicionada por tratarse de una traducción; mas en este caso Mila López, traductora de los tres volúmenes, parece haber hecho un trabajo estupendo.

El primer volumen, El Pacto de la Forja, situada en los años 2692-2689 AC (Antes del Cataclismo), enfrenta a los calnars del reino de Thorin contra un ejército invasor dirigido por el típico mago malote. Aunque los enanos vencen esta amenaza, su ciudad queda tan destrozada que parte de los suyos se exilian en busca de una tierra profetizada por un anciano. La novela realiza entonces un salto, trasladando su acción a las montañas Kharolis, donde diversos thanes enanos compiten entre sí por los recursos, uniéndose tan sólo para expulsar a los extranjeros. La segunda mitad de la novela narra la llegada de los viajeros a este lugar, y el establecimiento de un nuevo reino enano, Kal-Thax, con Thorbardin como su capital. En mi opinión, El Pacto de la Forja es la mejor de las tres obras: aunque sufre la ausencia de tramas secundarias, muchos capítulos comienzan con algunas páginas que describen de una forma rápida y amena detalles sobre la cultura o la ingeniería enana; a pesar de la falta de continuidad entre sus diferentes partes, cuenta una historia interesante que llegó a engancharme bastante; y su relativa originalidad es un logro, habida cuenta de lo habitual entre estas novelas de franquicia.

La historia contada en la segunda obra, El reino de los thanes, tiene lugar noventa años después, en el 2596 AC. Toda la acción transcurre esta vez en el interior de Thorbardin o en sus inmediaciones, y de hecho su título original Hammer and axe hace referencia a las herramientas preferidas por las gentes del interior y del exterior de la montaña. En realidad, Thorbardin no es un reino, pues está controlado por un consejo de thanes, pero a lo largo de la novela se evidencia la necesidad de un líder claro en momentos de amenaza. Ésta viene definida por dos tramas diferentes, que comienzan desde un mismo punto: unos magos realizan un conjuro para situar el punto de construcción para una de las ocho torres de hechicería, liberando sin querer una extraña bestia del pasado; pero un par de enanos los interrumpen y se hacen con la gema necesaria para completar el proceso. Así que los dos peligros a los que se enfrenta Thorbardin son el asalto de un ejército dirigido por los otros magos, que intentan hacerse con la gema, y los ataques esporádicos de la bestia. Éste es el que menos me ha gustado de los tres: está bien escrito pero mal estructurado, como si las dos tramas hubieran sido escritas por separado y no con la intención de formar una única obra, y los detalles sobre la resistencia de los enanos a la magia no está bien explicada (se limita a ofrecer versiones de lo mismo, como si todos los conjuros mágicos fueran de tipo ilusorio).

El tercer libro, Derkin, el primer rey, transporta la narración varios siglos hacia adelante, pues se sitúa hacia 2230 AC y a lo largo de unos cuantos años. La portada (que, como las anteriores, es de Tim Hildebrandt) hace referencia a su título original, The Swordsheath Scroll («El Pergamino de la Vaina de la Espada»). Toda la historia está centrada en Derkin, descendiente de diversos líderes de la historia de Thorbardin, esclavizado por los humanos del imperio de Ergoth, y, en muchos aspectos, similar al personaje (histórico, novelizado y seriado) de Espartaco. Tras escapar de las minas, liberará a los otros presos, los convertirá en un ejército y, al no obtener ayuda de los enanos de Thorbardin (que han abandonado toda pretensión en la superficie), recuperará el territorio de Kal-Thax de manos ergothianas. Ciertamente el libro está repleto de pequeñas refriegas y grandes batallas, bien contadas pero excesivas, y la ausencia de los puntos de vista de los enanos de Thorbardin se me antoja un esquilmo arbitrario, como si al no mostrarlo se pudiera sorprender al lector con un final que, para mí, hubiera quedado mejor como el de Espartaco.

En definitiva, unos libros bien escritos, sin incoherencias, que pueden leerse con rapidez dejando un buen gusto en el paladar. Aunque, eso sí, como ya hemos indicado la primera está situada a un nivel muy superior si la comparamos con sus compañeras.

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