Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, I-12: Huyendo hacia el vado


Alcanzamos con este episodio (que, como el anterior, es aproximadamente un 50 % más largo que los diez primeros), el final del primero de los libros que componen El Señor de los Anillos. Estamos, pues, a mitad de camino de completar La Comunidad del Anillo.

En el libro:

Frodo recupera el sentido para descubrir que todavía están en la cañada, en la ladera de la Cima de los Vientos. Sus tres amigos le ponen al corriente de lo sucedido, y a su vez él les cuenta lo que vio con el Anillo puesto. Aragorn ha descubierto que los Jinetes parecen estar esperando la muerte de Frodo, y seguramente regresarán de nuevo por la noche. Explorando la zona ha encontrado una planta medicinal que llaman athelas, así que alivia un poco el dolor de Frodo. Sin embargo, éste no puede andar, así que lo colocan sobre el poney para partir hacia el sur, bordeando las colinas en una amplia curva.

Después de cinco días de viaje apresurado, alcanzan el río Fontegrís, que deben cruzar por el Puente Último. Encuentran allí un berilo, y Aragorn cree que indica que pueden cruzar a salvo. Más allá se extienden unas tierras que tardan varios días en cruzar, buscando siempre el vado para llegar a Rivendel. Retoman el camino, y Merry y Pippin se pegan un buen susto al encontrar por casualidad los trolls que, en el viaje de Bilbo, se convirtieron en piedra al ser alcanzados por la luz del sol. Mientras almuerzan, Sam, a petición de Merry, recita una poesía sobre un troll y un hueso viejo.

Esa misma noche, se encuentran con Glorfindel, enviado desde Rivendel en busca de Frodo. «El caballero llevaba quitado el capuchón; los cabellos dorados volaban al viento. Frodo tuvo la impresión de que una luz blanca brillaba a través de la forma y las vestiduras del jinete, como a través de un velo tenue». El elfo les cuenta que días atrás dejó en el Puente Último una señal para ellos, y que hizo huir a tres Jinetes, persiguiéndoles un trecho, antes de regresar y descubrir las huellas del grupo.

Después de dos días de viaje alcanzan el vado de Rivendel, pero tal y como temía Glorfindel, los otros cuatro Jinetes les están esperando, y cuando lanza al galope a su montura, sobre la que viaja Frodo («noro lim, noro lim, Asfaloth!»), se interponen en su camino: «se habían quitado las capuchas y los mantos negros y estaban vestidos de blanco y gris. Las manos pálidas esgrimían espadas desnudas y llevaban yelmos en las cabezas». Afortunadamente, el caballo élfico es lo bastante rápido como para llevarlo al otro lado sin peligro. Cuando tres de los Jinetes comienzan a cruzar, el río sufre una crecida repentina y se los lleva; los caballos de los otros seis son empujados hacia el agua por Glorfindel, Trancos y los hobbits, y sufren el mismo destino. Frodo, finalmente ya a salvo, se desmaya.


Sobre Glorfindel:

De este personaje se ha cuestionado muchas veces si se trata del mismo que, en una era anterior (véase Silmarillion) se había enfrentado con un balrog para proteger a los que huían de la ciudad de Gondolin. Muerto en esa gesta, el personaje se habría reencarnado después de su estancia junto con los valar y maiar (algo parecido a lo sucedido después por Gandalf). Durante un tiempo, mientras reescribía la novela, Tolkien se preguntó si eran en verdad el mismo personaje. Su decisión final fue que sí, ambos Glorfindel eran el mismo; primero, porque en ningún momento se repiten nombres élficos, ni siquiera entre diferentes eras (sí sucede entre las otras especies); segundo, por el aura de santidad que parece desprender, suficiente como para atemorizar a los Nueve.

En la peli:

Después del paso por Isengard, la escena titulada exactamente igual que este capítulo, Huyendo hacia el vado, y que ha sido ampliada en la versión extendida de la película, nos sitúa ya junto a las "estatuas" de los trolls de Bilbo, con un Frodo que no puede ni hablar. Aragorn le dice a Sam que busque la athelas u hoja de reyes, y mientras en ello están aparece Arwen.

Además de la fumada de que Frodo vea a Arwen de forma diferente (como si en el mundo espiritual del Anillo su esencia fuera siempre con ropas lujosas e impolutamente blancas), la escena tiene la gracia de que, por fin, podemos escuchar un poquillo de lengua élfica. Lo malo es que Glorfindel pasa a la lista de personajes no adaptados, tras Bolger, Gildor, Maggot, Bombadil y Bill Helechal. Lo gracioso es que este personaje tampoco pudo aparecer en la versión animada de Ralph Bakshi (que sólo llega hasta la batalla del Abismo de Helm), donde su papel fue adquirido por Legolas.

Arwen toma a Frodo y monta con él en Asfaloth, huyendo hacia Rivendel en una larga cabalgada en la que es perseguida por los Jinetes. La escena de la crecida del río es exactamente igual que la descrita en la novela, sólo que parece que sea la propia Arwen la que convoca el efecto (más adelante en el libro se descubre que es una protección del lugar, propiciada por uno de los Tres Anillos élficos). Cuando Frodo se desmaya podemos observar fugazmente a Elrond, aunque en ese momento de la película sólo vemos al sr. Smith con una diadema, ya que no se nos ha presentado al personaje.

Así pues, este capítulo se ha reducido a su mínima expresión, a lo que no podía eliminarse (el acoso de los Nueve y la crecida del río), modificando los diferentes días de viaje por la rápida escena de Arwen. No entiendo muy bien la necesidad de darle más papel a este personaje y de eliminar a Glorfindel (conozco las razones que están detrás, pero digo que yo no las entiendo ni las comparto).


En la próxima entrega, veremos Muchos encuentros.

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