Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, I-10: Trancos


Una vez más, seguimos con esta serie de entradas. La narración se había interrumpido en el salón de El Poney Pisador.

En el libro:

Sam, Pippin y Frodo vuelven a su salita, y al avivar el fuego descubren que el extraño montaraz les ha seguido hasta allí. Va buscando a un tal Frodo Bolsón, que transporta un secreto que concierne a sus amigos, y justamente oyó a cuatro hobbits que se despedían de Bombadil cerca de la puerta de Bree. Desea acompañarlos en su camino, y les advierte de que los Jinetes Negros no han perdido la pista. «Nunca llegarán a Rivendel por sus propios medios y tenerme confianza es la única posibilidad que les queda».

Los interrumpe Cebadilla Mantecona, que acude con un mensaje de Gandalf. Él le pidió enviarla a la Comarca, pero el posadero no encontró a nadie y acabó olvidando el recado. También le pidió que estuviera atento a un hobbit que viajaba con el nombre de Sotomonte, así que finalmente ha logrado atar cabos, y le entrega el mensaje en persona.

Cebadilla los deja a solas, y Frodo abre la carta del mago. El mensaje dice básicamente que si encuentra a Trancos, confíe en él, pero debe asegurarse de que es el verdadero Trancos, cuyo nombre auténtico es Aragorn, y para quien fueron escritos unos versos que son muy conocidos: «No es oro todo lo que reluce, / ni toda la gente errante anda perdida; / a las raíces profundas no llega la escarcha; / el viejo vigoroso no se marchita. / De las cenizas subirá un fuego, / y una luz asomará en las sombras; / el descoronado será de nuevo rey, / forjarán otra vez la espada rota». Trancos, ignorando lo que pone en la nota y viendo que todavía no se fían, les dice que es Aragorn y les muestra la espada quebrada. También está preocupado por Gandalf, pero no les queda otra que partir hacia Rivendel.

Entonces llega Merry, que en su paseo nocturno ha vislumbrado a uno de los Jinetes. Al parecer, algunos de ellos han dejado los caballos y han penetrado en Bree, y por sus contactos (probablemente un sureño llamado Bill Helechal, y tal vez también Herry, el guardián de la puerta) saben que su presa está allí. Como ya sabrán dónde están alojados, Aragorn parte con Nob hacia las habitaciones de los hobbits, para traer los pertrechos y preparar las camas con una almohada en medio. Por último, atrancan la puerta de la salita y esperan a que llegue la mañana.


En la peli:

La charla entre Trancos y los hobbits aparece muy resumida en la segunda parte de la escena titulada A por la enseña del Poney Pisador, aunque no aparece Mantecona ni la nota de Gandalf, ni se sabe que el montaraz es Aragorn ni, por supuesto, lleva la espada rota. Tampoco parece que los Jinetes se hayan colado en Bree a pie, ni que tengan "amigos" entre los humanos, habida cuenta de que en la escena siguiente entran cargando contra la puerta (y chafando al pobre guardián). Sólo entonces conoce el espectador el engaño de las almohadas.

Así pues, una parte que se ha adaptado de forma demasiado breve, postergando para la visita a Rivendel parte de la información, y continuando con esa imagen espectral de los Jinetes, completamente ajenos a los hombres. Aunque, eso sí, se ha conservado de forma magistral la figura del montaraz encapuchado con aspecto peligroso.


En la próxima ocasión veremos Un cuchillo en la oscuridad.

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