Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Reseña: Huma y Kaz, de Richard A. Knaak


La leyenda de Huma y Kaz, el minotauro son la primera y la cuarta novelas de la serie de Dragonlance heroes, que en español pasaron a convertirse en dos "trilogías". Por tanto, estas dos obras que tratamos hoy quedaron como las primeras de ambas series, pero yo las he leído seguidas ya que comparten no sólo autor, sino también tramas y personajes. Tanto es así que, aunque la primera es independiente y concluye la historia de su personaje principal, la experiencia de la segunda será más gratificante si antes se ha leído la otra.

Richard A. Knaak, el autor de estas novelas, nació en 1961 en Chicago. Estudió en la universidad de Illinois, primero químicas, luego retórica. Después de ocupar diversos trabajos, en 1988 pasó a ser escritor a tiempo completo, y lo hizo justamente con La leyenda de Huma. Desde ese momento y hasta el año 2012, publicó dos trilogías y otras cuatro novelas individuales para la ambientación de Dragonlance, una trilogía y otras tres novelas para el universo de Diablo, dos trilogías y cuatro novelas sueltas para el universo de Warcraft, la trilogía Age of Conan, seis novelas independientes, y un total de dieciocho novelas para su ambientación propia, Dragonrealm. Pero en general estas participaciones fueron realizadas en paralelo, con varias novelas pertenecientes a mundos diferentes publicadas el mismo año.

Suma la friolera de 54 novelas en un cuarto de siglo, sin contar los relatos cortos que haya podido crear mientras tanto. Como habrán podido ver, aunque haya trabajado para algunas de las ambientaciones más productivas de los últimos años, no entra en lo que suelo llamar un "autor de franquicia", debido a que su trabajo propio ha sido llevado en paralelo a lo largo de toda su carrera, desde sus mismos inicios.

En cuanto a su estilo, incluso a través del filtro que impone toda traducción, puede verse que estas dos novelas buscan el sabor épico de un lenguaje elevado, con términos arcaicos y poco comunes. Esto queda muy bien, por ejemplo, en los diálogos de los caballeros de Solamnia, pero tiene un par de problemas. El primero es que en la descripción de los combates y batallas (y La leyenda de Huma es casi un combate continuo) el texto, que no rebaja su estilo, se hace bastante lento. Uno casi echa de menos al holliwoodense Salvatore. El otro es que ciertas escenas quedan bastante ridículas, aunque eso es un fallo que también podemos achacar a la épica real (quiero decir, a los cantares de gesta y demás). Si deseamos remedar un estilo, creo que sería mejor no copiar también sus posibles errores. Así, por ejemplo, considero innecesario ocupar un párrafo para decir que el personaje se tomó la medicina proporcionada por la enfermera, y terminarlo con: «Grande fue su satisfacción cuando se hubo agotado el fondo del pocillo». Epicidad que podría ayudar por ventura a algún niño al que le cueste acabarse el plato, pero que considero fuera de lugar en según qué escenas. Por supuesto, que esa fue su primera novela, y ya en Kaz, el minotauro, donde no hay tanta batalla, notamos que el estilo decae un tanto (aunque bien pudiera ser porque la traductora es diferente en esta ocasión).

La leyenda de Huma cuenta en unas 450 páginas la historia de Huma. Sí, una frase de perogrullo, pero es que poco más se puede decir de ella: toda la historia está centrada en este personaje, en su descubrimiento de las dragonlances y en su lucha contra Takhisis, la diosa del mal de la ambientación, transfigurada en el famoso dragón de cinco cabezas. La obra cuenta pocas cosas, centrándose exclusivamente en la defensa contra los ejércitos de la diosa maligna, y luego (tras narrar las tres pruebas que Huma debe llevar a cabo para encontrar las lanzas) en la contraofensiva de los caballeros de Solamnia. Su estructura es bastante simple, y llama la atención que todos sus capítulos tengan sin excepción entre 11 y 13 páginas. Todos los personajes sufren la división maníquea típica de estas novelas, entre "buenos" y "malos". No hay evolución psicológica en ellos, y sus posibles conflictos se resuelven simplemente continuando su "actitud honorable" (si es entre personajes del bando "bueno") o con un combate (si es entre uno "bueno" y uno "malvado"). La historia engancha bastante al inicio, luego pasa por ser bastante más modesta, y el último tercio da la sensación de extenderse en demasía. Tal vez (independientemente de la calidad de esta obra) hubiera sido mejor no contar con una historia de los hechos protagonizados por Huma, puesto que así el personaje nombrado en las novelas principales (hablo sobre todo de La lanza de Huma) hubiera quedado sumido en la leyenda.

Kaz y los hijos del dragón es un pequeño relato del mismo autor que puede encontrarse en la antología de cuentos titulada Los dragones de Krynn. Es una historia muy sencilla, ocurrida durante los vagabundeos de Kaz, finalizada la guerra. Básicamente, narra su encuentro con un mago que desea crear una raza de hombres-dragón (como luego lo serán los draconianos).

Kaz, el minotauro narra en poco más de trescientas páginas otra aventura protagonizada por el personaje, un poco más adelante en sus viajes. Han pasado cuatro años desde el final de la guerra, pero la tierra de Solamnia no se ha recuperado todavía del conflicto. Además, el alto mando de los Caballeros parece haberse vuelto loco, pues ha mandado perseguir a muchos de los que ayudaron a destruir a Takhisis (entre ellos, Kaz). El minotauro tendrá diversos encuentros en su viaje a la fortaleza de Vingaard, donde descubrirá que un artefacto usado por Galan Dracos (uno de los "malos" muertos en la novela anterior) está todavía haciendo de las suyas. En esta ocasión algunas escenas disfrutan del punto de vista de otros personajes, aunque la novela adolece de una estructura demasiado episódica, a la que le hubiera venido bien una revisión que añadiera algo de contenido, el cual ha quedado algo pobre. Lo mejor de la novela es el personaje de Delbin, primer kender que me encuentro y no resulta una copia barata de Tasslehoff.

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