Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Mitología cábira (y V)

Finalizo con esta entrada el repaso a las deidades adoradas desde antiguo en Nylia, la patria original de los cábiros y fuente de numerosísimas leyendas, luego extendidas por todo Lüreon.

Volqar
Este dios personifica los aspectos destructivos de la naturaleza. Es una deidad enojada y llena de furia que obra según sus impulsos y se regocija con la destrucción sin límites. Su culto es muy reducido, y está desperdigado, pues su veneración está en general prohibida en la mayor parte de naciones. Sus seguidores son aquellos que sienten un amor fanático por la destrucción. Sus clérigos suelen vivir casi como bandidos, vagando de un lugar a otro. Exigen botín de las poblaciones, amenazando con lanzar la destrucción sobre ellas, e intimidan a la gente para que aplaque a Volqar por puro miedo. Las fiestas en honor de esta deidad son grandes ceremonias que atraen a los rayos y las tormentas.

Zenüd
Dios artesano, patrón de los ingenios fértiles y tenaces. Su culto se esfuerza sin embargo por asegurar que los secretos de instrumentos o nuevos materiales sigan siendo patrimonio suyo, eliminando a los rivales por medio del sabotaje, la diplomacia o la influencia financiera. El culto acepta a cualquier persona, siempre que esté interesada en la fabricación y la artesanía; se les desanima a instalarse en un lugar, viajando para descubrir los inventos de otras tierras. Financian estas exploraciones vendiendo materiales manufacturados de alta calidad (campanas, lentes, relojes,...), o trabajando como ingenieros y artesanos. Los clérigos itinerantes establecen escondrijos para sus bienes, convierten a artesanos prometedores y adquieren o copian muestras de los nuevos inventos que encuentran. A comienzos de Crecimiento celebran una fiesta ritual, que es básicamente una muestra de inventos, donde pueden compartir innovaciones en torno a una mesa repleta de manjares.

Las furias
Se trata de tres deidades (generalmente representadas como mujeres, aunque los nombres varían de una región a otra) que representan diversos males de la humanidad. Muchas veces se identifican con las venganzas sangrientas y con los crímenes familiares.
Besia
Señora del infortunio. Mezquina y egocéntrica, disfruta engañando a todo tipo de individuos para que hagan cosas que arruinen sus vidas o les haga cometer errores fatales. Bebe de las lágrimas de los soñadores desilusionados y los amantes desolados. Su culto está empeñado en extender el conflicto y cometer asesinatos por todas partes, de modo que la gente crea en la mala suerte contenida en sus acciones y tema el poder de Besia. Apoya a los gobernantes crueles e intriga para que Lüreon se vea plagado por las guerras. A veces, el culto sufre por culpa de las puñaladas traperas y enemistades internas. Sus ritos son celebrados cuando un clérigo superior declara el momento adecuado, y en ellos aparecen cantos fatalistas, muchos ritmos de percusión y sacrificios de personas.
Lordra
Dama del dolor y de la tortura. Cruel y caprichosa, muchos la creen loca por fomentar los enfrentamientos entre sus propios fieles. Maliciosa en sus tratos, y malintencionada en el combate, codicia el poder concedido a las deidades veneradas por los pueblos civilizados. Puede ser amable y ayudar a aquellos de los que se encapricha, pero se alimenta de la muerte, la destrucción y la tortura, incluso de sus fieles. Sus cultistas llegan a amar y odiar al mismo tiempo a Lordra, temiéndola pero respetándola por los poderes que les otorga. De la misma forma promueven el miedo como vía al respeto y la adoración. La deidad se alimenta del dolor, por lo que los sacrificios mortales no son estrictamente necesarios; sin embargo, la mayoría de las víctimas de los cultistas son torturadas durante muchos días, hasta acabar con su vida.
Taline
Maestra de plagas y venenos. Misteriosa y desconocida, es poco lo que se sabe de sus cultistas, salvo que suelen tratar de entrar en las ciudades estando infectados de enfermedades mortales.

Las musas
Cuatro deidades, siempre mujeres, que tienen como misión inspirar a los artistas. Se dice que ellas mismas crearon las diferentes disciplinas artísticas, o bien que se hizo con su participación. Los atributos y los nombres de las cuatro jóvenes varían de una región a otra. Amantes de la belleza y la paz, son las deidades de los que desean la convivencia agradable en cualquier lugar. Sin embargo, no se muestran reacias a devolver el golpe a los que hacen daño a sus seguidores. Sus cultos se esfuerzan por alcanzar la armonía entre las diferentes especies y naciones.
Lieira
Maestra de la danza. Como señora de la felicidad, suele identificarse como la primera de las musas. Los miembros de su culto se dedican a la danza y la música, pero no deben obsesionarse con esta vida relajada, ya que también deben ayudar a los demás. Se alienta también la habilidad en la esgrima y en la caza. Sus rituales principales giran en torno a una cacería seguida de un festín y un baile.
Moanda
Dama de las artes plásticas, protectora de pintores y escultores.
Milël
Señora de los coros, creadora de la poesía y de la canción.
Deneïr
Patrona de escribas, inventora de las runas.

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